El analista Jeremy Warner advierte que la frenética inversión en inteligencia artificial en Occidente podría convertirse en la próxima burbuja financiera, financiada por los gigantes tecnológicos pero susceptible a un colapso ante la competencia china, la volatilidad de los mercados y la creciente oposición pública.
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- El gasto de capital en IA alcanza el 1,5% del PIB de EE. UU., financiado en gran medida por los flujos de caja de las grandes tecnológicas.
- La competencia china con modelos como DeepSeek y Qwen de Alibaba amenaza el dominio occidental con costos significativamente más bajos.
- Las acciones de SpaceX caen un 27% por debajo de su precio de salida a bolsa tras anunciar la duplicación de su inversión en capacidad informática.
La inteligencia artificial ha desatado una ola de inversión sin precedentes en Occidente, pero el analista económico Jeremy Warner, en un artículo para The Telegraph, plantea una inquietante analogía: los auges tecnológicos históricos, desde los ferrocarriles hasta las puntocom, siempre terminaron en desplomes. Warner sostiene que el actual ritmo de gasto en IA, aunque financiado por las ganancias de las grandes empresas tecnológicas, contiene todas las señales de una burbuja especulativa.
Según su análisis, la inversión en centros de datos y hardware asociado representa aproximadamente el 1,5% del PIB de Estados Unidos, una cifra inferior al 20% que alcanzaron los ferrocarriles británicos en el siglo XIX o al 2% de la burbuja de banda ancha en los años 90. Sin embargo, la magnitud y la velocidad del desembolso actual generan preocupación por una mala asignación de capital a gran escala.
La volatilidad del mercado y sus señales
Los precios de las acciones de las principales empresas de IA han mostrado una volatilidad extrema, lo que refleja una falta de confianza en las promesas de rentabilidad futura. Un caso destacado es SpaceX, cuyo valor se desplomó un 42% desde su máximo tras su salida a bolsa, y ahora cotiza un 27% por debajo del precio de emisión.
La decisión de SpaceX de duplicar su inversión en potencia informática no fue bien recibida por los inversores, quienes esperaban una empresa de cohetes, no un gigante de centros de datos. Este hecho evidencia la tensión entre la expansión agresiva y la percepción del mercado.
Incluso el negocio de “picos y palas”, es decir, los fabricantes de chips de procesamiento y memoria, anticipa una eventual desaceleración de la demanda. Aunque los planes de gasto no muestran señales de freno, los temores de una parada repentina persisten entre los inversores y los mercados crediticios.
La incertidumbre se agrava con la llegada de nuevos competidores, especialmente de China, que lanzan modelos igualmente potentes a una fracción del costo estadounidense. Esto podría erosionar la ventaja del primer movimiento y alterar las expectativas de los inversores.
La competencia china: un desafío de bajo costo
La aparición de DeepSeek en enero de 2025 marcó un punto de inflexión, ya que se desarrolló a un costo significativamente menor que los modelos estadounidenses líderes. Desde entonces, empresas como Alibaba con su Qwen 3.8 Max y Moonshot AI con su Kimi K3 han seguido el mismo camino, ofreciendo capacidades comparables a las de los modelos occidentales.
China ya cuenta con menos de 500 centros de datos, pero de mayor escala, mientras que EE. UU. tiene alrededor de 5.400. Esta diferencia sugiere que el país asiático está gestionando la transición hacia la IA con un desembolso de capital mucho menor, limitando la presión sobre su economía.
Los modelos chinos, a menudo de código abierto, son percibidos como adecuados e incluso superiores para muchas necesidades, lo que les permite ganar incursiones significativas en los mercados occidentales. Esto replica el patrón de otras industrias donde los seguidores, no los pioneros, cosechan los mayores beneficios.
La respuesta de los hiperescaladores estadounidenses no ha sido la de reducir el gasto, sino todo lo contrario. Sin embargo, la entrada de competidores eficientes plantea dudas sobre la sostenibilidad de las inversiones masivas en infraestructura.
El artículo de Warner sugiere que la competencia china podría ser el catalizador que desinfle la burbuja, si los inversores comienzan a comparar costos y beneficios de manera más realista.
Reacción pública, regulación y presiones políticas
La construcción de centros de datos ha provocado una oposición local cada vez más vocal, incluso en Estados Unidos, donde tradicionalmente hay una actitud positiva hacia el desarrollo industrial. Los motivos incluyen la estética, el consumo energético y una aversión al poder de los gigantes tecnológicos.
El presidente Donald Trump, aunque consciente de los riesgos, prioriza ganar la carrera armamentista de la IA contra China. En una declaración reciente, afirmó: “No quiero restringirlos hasta el punto de que de repente quedemos en segundo lugar frente a China”. Esta postura refleja la presión geopolítica por mantener el liderazgo tecnológico.
Los incidentes de ciberseguridad asociados con modelos de OpenAI y Anthropic han aumentado, alimentando el escepticismo público. Aun así, el gobierno estadounidense evita imponer restricciones severas por temor a perder ventaja competitiva.
La tensión entre la necesidad de innovación y la protección de los intereses públicos es un tema recurrente. Warner señala que la IA se está convirtiendo en un “agujero negro que todo lo consume”, absorbiendo recursos de otras formas de inversión y generando desequilibrios en la economía.
La reacción de la “pequeña América” no es favorable a que Silicon Valley rehaga el mundo a su imagen, lo que añade una dimensión política y social al debate sobre la inversión en IA.
El futuro incierto: ¿hasta cuándo durará la música?
El acuerdo entre Google y Anthropic, que contempla el suministro de más de USD $150.000 millones en chips de IA, ha sido calificado como un esquema complejo de “yo te rasco la espalda y tú la mía”. Este tipo de acuerdos, según Warner, son una señal de advertencia que los inversores tienden a ignorar mientras la música siga sonando.
La historia de los auges financieros demuestra que la creencia en “esta vez es diferente” suele ser errónea. Warner cita al presidente de Citigroup justo antes de la crisis de 2008: “Mientras la música siga sonando, hay que levantarse y bailar”.
El autor no descarta que la IA sea una revolución tecnológica real, pero advierte que el ritmo y la escala de inversión actuales no son sostenibles. La falta de monetización clara, la competencia china y la oposición social podrían desencadenar una corrección abrupta.
Los inversores deberían preguntarse cuánto tiempo puede continuar este juego antes de que la “fría realidad” muerda. Warner sugiere que la respuesta podría llegar antes de lo esperado, especialmente si los mercados crediticios cierran los grifos.
En conclusión, el artículo deja una advertencia clara: el gasto en IA en Occidente está siguiendo los patrones clásicos de una burbuja, con consecuencias potencialmente devastadoras para la economía global.
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