Google afirma que una técnica probada en su chip Willow redujo 40 veces los errores al producir estados mágicos, recursos esenciales para cálculos cuánticos avanzados. El resultado mejora una ruta para hacer más eficientes estas máquinas, aunque la distancia entre el experimento y romper la criptografía de Bitcoin sigue siendo enorme.
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- El equipo de Google Quantum AI reportó estados T con una fidelidad lógica de 99,99% y una reducción de errores de 40 veces frente a estados sin cultivar.
- Solo cerca de 8% de los intentos superó las comprobaciones, mientras que Google estima que producir estados mágicos puede consumir hasta 95% de la capacidad de una computadora cuántica.
- El experimento no permite atacar carteras: factorizar RSA-2048 exigiría estados mágicos con errores cercanos a uno en 10.000 millones, alrededor de un millón de veces más limpios que los logrados.
Google Quantum AI afirma que convirtió en una demostración sobre hardware una técnica que hasta ahora se había explorado en teoría y simulaciones. En un artículo publicado en Science, el equipo informó que el llamado cultivo de estados mágicos redujo los errores unas 40 veces en su procesador cuántico Willow y produjo estados T con una fidelidad lógica de 99,99%.
El resultado importa porque la producción de esos recursos puede consumir una parte desproporcionada de una computadora cuántica, limitando el espacio disponible para ejecutar cálculos útiles. Sin embargo, el avance no significa que Google pueda romper ahora el cifrado de Bitcoin o RSA: la propia compañía señala que para esos objetivos se necesitarían estados muchísimo más precisos que los obtenidos en esta prueba.
El costo oculto de los cálculos cuánticos
Las computadoras cuánticas procesan información con qubits, unidades que pueden representar una combinación de 0 y 1, en vez de limitarse a los valores binarios clásicos. Esa capacidad abre la puerta a operaciones distintas, pero los qubits son extremadamente sensibles al calor y al ruido eléctrico, factores que pueden alterar los resultados y echar a perder un cálculo.
Por esa fragilidad, la industria dedica una parte importante de su esfuerzo a la corrección de errores, que distribuye información entre varios qubits para detectar y corregir fallas. El método ayuda con operaciones relativamente simples, pero los programas cuánticos de mayor alcance también requieren operaciones difíciles de proteger de la misma manera, y allí aparecen los estados mágicos.
Estos estados funcionan como recursos de un solo uso: la computadora los consume al ejecutar ciertas operaciones avanzadas. Google sostiene que algunas estimaciones sitúan su producción en hasta 95% de la capacidad total de una máquina cuántica, una proporción que deja poco margen para realizar el cálculo que el sistema debería resolver.
La técnica convencional propuesta por Sergei Bravyi y Alexei Kitaev en 2004, conocida como destilación de estados mágicos, combina numerosos estados ruidosos para obtener una cantidad menor de estados limpios. Aunque ese enfoque funciona, demanda grandes conjuntos de qubits dedicados a fabricar recursos, en lugar de participar directamente en la tarea principal de la computadora.
Qué probó Google con el chip Willow
En 2024, investigadores de Google propusieron una alternativa llamada cultivo de estados mágicos. En vez de depender de una gran fábrica de qubits, el método introduce un estado inicial en una zona pequeña del chip y lo somete a una serie de comprobaciones, con el objetivo de identificar defectos y conservar los intentos que las superan.
La propuesta se parece a un filtro: el sistema no limpia todos los estados de entrada, sino que descarta los que fallan en las verificaciones y sigue trabajando con los supervivientes. El artículo inicial incluso planteó que, en la práctica, quizá no fuera necesario añadir una etapa posterior de destilación, aunque esa posibilidad requería una demostración experimental para dejar de ser solo una expectativa teórica.
Según Google, el protocolo ejecutado en Willow consiguió una reducción de errores de 40 veces frente a los estados no cultivados y alcanzó una fidelidad lógica récord de 99,99% para estados T. La cifra viene acompañada de un costo operativo visible: cerca de 8% de los intentos pasó todas las comprobaciones, por lo que se desecharon más de nueve de cada diez para conservar un estado limpio.
La prueba utilizó como máximo 54 de los 105 qubits disponibles en Willow, de acuerdo con el reporte de Decrypt. Por eso, el resultado valida que el cultivo puede funcionar en hardware real, pero no demuestra todavía que el procedimiento pueda escalar sin obstáculos ni que alcance el volumen de recursos necesario para ejecutar cálculos criptográficos de gran tamaño.
La brecha entre el laboratorio y la criptografía
El cultivo de estados mágicos también forma parte de las estimaciones sobre el costo futuro de ciertos ataques cuánticos. En 2025, una estimación de Gidney planteó que el cifrado RSA-2048 podría romperse con menos de un millón de qubits ruidosos, frente a una cifra de 20 millones calculada en 2019; se trata de proyecciones sobre requisitos, no de una capacidad demostrada por Willow.
La diferencia entre esas estimaciones y el experimento actual sigue siendo sustancial. El artículo señala que factorizar una clave RSA-2048 exigiría estados mágicos con errores de alrededor de uno en 10.000 millones, aproximadamente un millón de veces más limpios que los alcanzados en la prueba de Google.
En marzo de 2026, un documento técnico de Google Quantum AI, elaborado junto con Justin Drake, investigador de la Ethereum Foundation, y Dan Boneh, criptógrafo de Stanford, calculó que romper la criptografía de curva elíptica de Bitcoin podría requerir menos de 500.000 qubits físicos. Esa estimación se refiere a las matemáticas que impiden derivar una clave privada a partir de una dirección pública, pero no significa que exista hoy una máquina capaz de hacerlo.
El experimento tampoco permite afirmar que las carteras estén siendo vaciadas o que las claves de Bitcoin hayan quedado expuestas. La nota de Decrypt vincula este avance con Quantum Echoes, un experimento de Google realizado en octubre de 2025 que la compañía presentó como el primer incremento de velocidad cuántico verificado en hardware real, pero ambos hitos deben entenderse como resultados de investigación, no como una amenaza operativa inmediata.
El siguiente reto es escalar sin perder precisión
Google plantea que el paso siguiente consiste en ejecutar el cultivo a mayor escala y reducir el ruido del hardware que sirve de base al proceso. El equipo proyecta que una reducción a la mitad del ruido de Willow llevaría los errores de los estados mágicos a cerca de dos en 100.000, porque, según su explicación, los errores del procedimiento disminuyen con el cubo del nivel de ruido del chip.
Ese pronóstico muestra por qué la calidad física de los qubits importa tanto como la estrategia de corrección: una mejora en el hardware podría traducirse en recursos lógicos más precisos y, por esa vía, aumentar la eficiencia de los cálculos. Pero la proyección no equivale a un resultado ya alcanzado, y la diferencia frente al nivel de error requerido para factorizar RSA-2048 continúa siendo de varios órdenes de magnitud.
La relevancia del anuncio, por ahora, está en haber trasladado una propuesta de las simulaciones a un procesador real y en medir su costo de descarte. Si el equipo consigue ampliar el procedimiento y mejorar la fidelidad, la técnica podría reducir una de las cargas que limitan las computadoras cuánticas; el propio experimento, sin embargo, deja claro que todavía falta trabajo antes de acercarse a aplicaciones criptográficas de esa escala.
En términos prácticos, el logro de Google es un avance de ingeniería cuántica, no una alarma inmediata para usuarios de Bitcoin o servicios que emplean cifrado RSA. La brecha entre producir un estado mágico con 99,99% de fidelidad y alcanzar errores cercanos a uno en 10.000 millones permite dimensionar cuánto separa una demostración prometedora de una capacidad para comprometer claves.
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