Even Realities quiere diferenciarse del resto del mercado con unas gafas inteligentes sin cámara ni altavoces, centradas en productividad y privacidad. El problema es que, aunque el hardware del G2 convence por ligereza, pantalla y autonomía, su utilidad diaria todavía depende de un software y una app móvil que siguen sin estar a la altura.
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- El Even G2 cuesta USD $599, prescinde de cámara y altavoces, y apuesta por traducción, teleprompter, notas y navegación.
- La pantalla mejora frente al G1 con 1.200 nits, tasa de refresco de 60 Hz, cuatro micrófonos y un área visual 75% mayor.
- Aunque la conectividad ha mejorado, persisten problemas de notificaciones, navegación, asistente de IA y dependencia del teléfono.
👓⚠️ Even Realities presenta el G2, unas gafas inteligentes sin cámara ni altavoces centradas en productividad y privacidad.
El costo es de USD $599, destacándose por su pantalla de 1.200 nits y duración de batería de hasta dos días.
Sin embargo, limita su utilidad diaria a un… pic.twitter.com/zDwuCvtAqj
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) July 12, 2026
Las gafas inteligentes siguen buscando su lugar en el mercado de consumo, y cada fabricante intenta responder una pregunta distinta sobre su utilidad real. En ese escenario, Even Realities eligió una ruta menos llamativa que la de varios rivales: renunciar a la cámara para priorizar productividad y privacidad.
Su modelo más reciente, el Even G2, llega como una evolución del G1 y plantea una tesis clara. La empresa cree que unas gafas que ayuden en reuniones, presentaciones, viajes y traducción pueden resultar más aceptables para el usuario y para quienes lo rodean que un dispositivo pensado para grabarlo todo.
La propuesta contrasta con la de firmas como Meta, que han impulsado modelos sin pantalla pero equipados con cámara. En cambio, Even apuesta por una pantalla holográfica monocromática en verde, sin altavoces y sin sensores orientados a capturar imágenes.
Según reportó TechCrunch en su reseña, esa decisión no se siente arbitraria. La compañía busca evitar la incomodidad social que generan los dispositivos portables capaces de grabar video o tomar fotos en cualquier momento.
Sin embargo, el problema central del G2 no parece estar en su filosofía de diseño. El verdadero reto sigue siendo convertir un hardware atractivo en una herramienta que la gente quiera usar todos los días sin depender de una aplicación móvil inconsistente.
Un diseño ligero con mejoras claras frente al G1
El G2 es el segundo par de gafas inteligentes de Even Realities y mejora varios apartados técnicos respecto al G1. La nueva versión eleva el brillo de la pantalla a 1.200 nits, frente a los 1.000 nits del modelo anterior.
También suma cuatro micrófonos, cuando el G1 contaba con dos. A eso se añade un área de pantalla 75% mayor y una frecuencia de actualización de 60 Hz, muy por encima de los 20 Hz del dispositivo previo.
En términos físicos, las gafas apuestan por materiales ligeros y de apariencia premium. El armazón está fabricado con aleación de magnesio, mientras que las patillas usan aleación de titanio.
El peso total es de apenas 35 gramos, una cifra que favorece la comodidad durante el uso prolongado. La reseña señala que el ajuste resultó cómodo, aunque ese beneficio no necesariamente se tradujo en una necesidad de llevarlas puestas todo el día.
Las lentes incluyen protección UV, por lo que incluso sin explotar las funciones inteligentes pueden servir como gafas de uso exterior. Ese detalle refuerza la idea de que Even intenta vender un accesorio funcional y discreto, más cercano a unas gafas tradicionales que a un gadget extravagante.
La batería es otro punto donde la empresa intenta marcar distancia. Even asegura que, con un uso típico, el G2 puede durar hasta dos días con una sola carga.
Además, el estuche protector sirve como base de recarga portátil y puede cargar las gafas hasta siete veces antes de necesitar conectarse a la corriente. Aunque no se verificó de forma exacta la promesa de dos días, la autonomía sí pareció suficiente para devolver el dispositivo al estuche sin agotar la batería.
Ese estuche, sin embargo, no es pequeño. La reseña lo describe como sólido y práctico, pero demasiado grande para guardarlo cómodamente en un bolsillo.
Productividad, traducción y reuniones como núcleo de la experiencia
El enfoque del G2 gira alrededor de funciones de asistencia personal y productividad. Las gafas pueden mostrar horarios, recordatorios, notas y notificaciones del teléfono mediante una interfaz holográfica activada desde controles táctiles en la patilla.
Con dos toques en esa superficie aparece un tablero con elementos como próximas reuniones, acciones y titulares de noticias. Sobre el papel, esa capa informativa convierte al dispositivo en una pantalla secundaria siempre disponible frente a los ojos del usuario.
La utilidad real de las notificaciones, no obstante, parece limitada. La reseña indica que las alertas emergentes no siempre fueron confiables y que, cuando el teléfono ya está al alcance de la mano, la ventaja práctica de verlas en las gafas se reduce bastante.
Mantener pulsado el control táctil abre un menú con varias herramientas. Allí aparecen la bandeja de notificaciones, Traducir, Conversar, Teleprompter, una lista de tareas y Navegar.
Traducir figura entre las funciones más convincentes del producto. El usuario puede fijar un idioma de destino y seguir una conversación con otra persona mientras las frases aparecen en tiempo real sobre la pantalla.
Durante el reciente Global Connect Show en China, esa herramienta permitió seguir conversaciones con representantes de la empresa que hablaban chino. También fue probada con periodistas que usaban idiomas como francés y español.
La reseña considera que el resultado fue lo bastante bueno como para mantener el ritmo de la conversación. Aun así, detecta una limitación importante: la otra persona no sabe lo que el usuario está diciendo en su propio idioma, salvo que también utilice la aplicación.
Teleprompter y las utilidades vinculadas a reuniones apuntan al mismo perfil de usuario. Even parece imaginar a profesionales que viven entre presentaciones, viajes y encuentros de trabajo, más que a consumidores que buscan entretenimiento portátil.
IA, navegación y notas contextuales con resultados desiguales
Una de las funciones más llamativas del G2 es Conversar. En un inicio, esta herramienta solo mostraba una transcripción en vivo de lo que se decía durante una reunión o charla.
Esa capacidad, por sí sola, parecía poco diferencial frente a una aplicación de grabación o un servicio externo para tomar notas. Más adelante, Even añadió una opción llamada “notas de preparación”, y allí el concepto empezó a cobrar más sentido.
Con esa función, el usuario puede cargar manualmente documentos o apuntes antes de una reunión para que la IA los consulte en tiempo real. También puede dejar que el sistema escuche la conversación y despliegue explicaciones contextuales sobre conceptos que vayan apareciendo.
La reseña ofrece un ejemplo concreto durante una sesión informativa sobre energía. Cuando surgió el término “Hidrógeno Verde”, las gafas mostraron una burbuja explicativa y, al tocarla, desplegaron una definición frente a los ojos del usuario.
Ese detalle fue considerado realmente útil, aunque no para cualquier interacción cotidiana. La crítica deja claro que no querría recibir transcripciones o burbujas explicativas en cada conversación del día, lo que sugiere que la función todavía depende mucho del contexto.
En el centro de esa experiencia está Even AI, el asistente integrado del dispositivo. Como en otros asistentes de voz, se activa con una palabra clave y permite formular preguntas o añadir elementos a una lista de tareas.
El desempeño del asistente no siempre estuvo a la altura. Varias solicitudes para la lista de tareas fueron malinterpretadas y las respuestas a preguntas generales tendían a desplegarse como párrafos largos en pantalla, sin opción para interrumpirlas o saltar adelante.
La precisión del reconocimiento de voz tampoco convenció. Pese a integrar cuatro micrófonos, Even AI con frecuencia no se activó o escuchó mal cuando se utilizó en exteriores.
El ruido ambiental en India pudo influir en esos fallos, pero la conclusión de la reseña es que un dispositivo moderno debería resolver mejor ese escenario. En un producto centrado en asistencia contextual, ese punto pesa bastante porque la interacción por voz es parte del valor prometido.
La navegación también deja sensaciones mixtas. Navegar muestra direcciones paso a paso sobre la pantalla holográfica, una idea atractiva para caminar, pedalear o desplazarse en moto sin apartar la vista del camino.
El inconveniente es que no funciona con Google Maps ni con Apple Maps. La ruta debe configurarse desde la propia aplicación de Even Realities, lo que limita la comodidad y añade dependencia a un software que todavía comete errores.
En las pruebas descritas en la reseña, las indicaciones aparecieron correctamente en la pantalla, pero la app siguió confundiendo las direcciones. Por eso, la función no resultó lo bastante confiable para lugares desconocidos.
Aun así, se reconoce un potencial claro para ciclistas o motociclistas si la empresa mejora la precisión. Es una señal de que varias ideas del G2 funcionan como promesa tecnológica, pero aún no como herramienta madura.
Privacidad como ventaja, dependencia del teléfono como debilidad
La principal apuesta estratégica de Even es prescindir de cámara y altavoces. En un mercado donde muchas gafas inteligentes se promocionan por su capacidad para registrar imágenes o audio, esa renuncia se convierte en una declaración de intenciones.
La empresa sostiene que un dispositivo enfocado en productividad no necesita grabar a todo el mundo alrededor. Esa lógica puede darle una ventaja reputacional frente a consumidores que valoran la privacidad o frente a personas que desconfían de ser filmadas sin saberlo.
La reseña no discute esa dirección y, de hecho, coincide con ella. El problema es que renunciar a funciones llamativas obliga a que el resto de la experiencia sea excelente, y ahí el G2 todavía no termina de cerrar la ecuación.
Buena parte de sus funciones depende de la conectividad con el teléfono. Durante los primeros meses de uso, las desconexiones frecuentes con la aplicación generaron una experiencia frustrante al punto de casi abandonar el dispositivo.
Tras varias actualizaciones de software, ese problema mejoró de forma importante. Aun así, el hecho de que el avance llegara después de meses de uso subraya cuánto depende el producto de un ecosistema móvil que todavía se está afinando.
La pantalla, por su parte, fue legible en la mayoría de condiciones. En una sala muy iluminada, sin embargo, hizo falta ajustar el brillo manualmente desde la aplicación del teléfono.
Even todavía no incorpora un sensor de brillo automático. La reseña plantea que, como mínimo, sería deseable un control manual de brillo integrado directamente en las gafas y no escondido dentro de la app.
Esa observación resume uno de los problemas del G2. El hardware transmite solidez, pero demasiadas decisiones funcionales siguen remitiendo al teléfono, justo cuando unas gafas inteligentes deberían justificar por qué merecen una interacción más inmediata y autónoma.
El anillo R1 y el desafío de encontrar un uso cotidiano convincente
Junto con el G2, Even lanzó un accesorio complementario llamado R1. Se trata de un anillo con superficie táctil pensado para controlar las gafas sin tocar las patillas.
En la práctica, el anillo funcionó bien y no presentó problemas de uso. El inconveniente es otro: cuesta entender por qué sería necesario cuando los controles táctiles integrados en las propias gafas ya realizan la misma tarea.
El R1 añade además funciones de seguimiento de salud, como frecuencia cardíaca, calorías, pasos, sueño y SpO2. Esa mezcla de controlador para gafas y monitor de bienestar intenta ampliar su atractivo, pero también complica su propuesta de valor.
La reseña sostiene que quien quiera un anillo para salud probablemente prefiera uno dedicado, como los de Oura o Ultrahuman. Del mismo modo, quien ya use un rastreador de actividad difícilmente querrá pagar por un anillo donde el monitoreo físico es casi una función secundaria.
Esa combinación eleva el precio del R1 a USD $249. Para un accesorio opcional, la cifra luce alta, sobre todo cuando no aporta un caso de uso claramente superior al método de control incluido de serie en las gafas.
La crítica incluso plantea una alternativa más lógica. Si el anillo fuera más barato y añadiera un micrófono para emitir comandos al asistente de IA, podría justificar mejor su existencia.
Tal como está, la recomendación es omitirlo. Esa conclusión también se extiende, en cierta forma, al producto principal: fuera de escenarios específicos como traducción constante o uso de teleprompter, sigue siendo difícil encontrar un caso de uso universal que haga del G2 un accesorio diario imprescindible.
Eso no significa que el hardware carezca de mérito. El Even G2 cuesta USD $599, ofrece una construcción sólida y un diseño ligero y atractivo, mientras la compañía trabaja para volverlo más personalizable mediante aplicaciones de terceros.
El problema es que ninguna de esas aplicaciones pareció lo bastante convincente como para impulsar un uso más frecuente. Even Realities ya alcanzó estatus de unicornio, pero ahora necesita fortalecer su software de primera parte para convertir una buena idea en un producto verdaderamente indispensable.
En otras palabras, el G2 sugiere que la vía de la productividad y la privacidad puede tener más futuro que la simple grabación permanente. Pero también deja claro que, en gafas inteligentes, una tesis correcta no basta si la experiencia diaria todavía exige paciencia.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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