Una encuesta nacional halló que una clara mayoría en Estados Unidos apoya obligar a las grandes empresas de IA a transferir parte de su propiedad a un fondo público. El dato emerge en un contexto de despidos tecnológicos, creciente ansiedad laboral y un debate más intenso sobre cómo repartir las ganancias de la automatización.
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- El 69% de los estadounidenses apoya forzar a las empresas de IA a transferir el 50% de sus acciones a un fondo soberano público.
- La propuesta tomó fuerza mientras aumentan los despidos tecnológicos y persiste la preocupación por la seguridad del empleo.
- Analistas advierten que estos fondos podrían impulsar capacidad nacional en IA, pero también enfrentar tensiones entre rentabilidad y estrategia.
🚨 Urge fondo soberano de IA en EE. UU. 🚨
El 69% de los estadounidenses apoya que las grandes empresas de IA transfieran el 50% de sus acciones a un fondo público.
Esto surge ante la ola de despidos tecnológicos y la ansiedad por la seguridad laboral.
El senador Bernie… pic.twitter.com/LAMIiPwRGO
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) July 12, 2026
Una mayoría de trabajadores y ciudadanos en Estados Unidos respalda una idea que hasta hace poco parecía marginal: obligar a las grandes empresas de inteligencia artificial a ceder parte sustancial de su propiedad a un fondo soberano de riqueza pública. El debate surge en un momento de ansiedad laboral, despidos en tecnología y mayores beneficios corporativos.
Según una encuesta nacional realizada en junio por la firma de investigación Verasight entre 1.690 adultos y publicada a inicios de este mes, el 69% de los estadounidenses apoya “forzar” a las compañías de IA a transferir el 50% de sus acciones a un vehículo público. La propuesta busca redistribuir parte de la riqueza generada por esta industria.
El resultado refleja un cambio de ánimo social ante la rápida expansión de la IA. Para muchos trabajadores, la promesa de productividad y nuevas oportunidades convive con el temor a perder el empleo en sectores expuestos a la automatización.
Ese malestar se ha intensificado por la ola de recortes en empresas tecnológicas de Estados Unidos. Mientras las corporaciones aumentan el gasto de capital para acelerar su expansión en IA, una parte del mercado laboral percibe que los beneficios del cambio no se están repartiendo de forma equilibrada.
En ese contexto, el fondo soberano de IA ha empezado a presentarse como una herramienta política y económica para canalizar parte de las ganancias privadas hacia el interés público. La idea también abre una discusión más amplia sobre propiedad, innovación y poder en la nueva economía digital.
Una encuesta que mide frustración y apoyo a la redistribución
La encuesta citada por CNBC sugiere que el respaldo popular a esta fórmula no es marginal ni simbólico. El dato de 69% apunta a una mayoría amplia favorable a que el Estado capture una participación directa en las mayores empresas de IA del país.
Benjamin Leff, director ejecutivo de Verasight, dijo que en la percepción pública los fondos soberanos de IA son vistos como una herramienta para devolver a la sociedad en general las ganancias de esta industria. Su comentario resume el eje político del debate actual.
La palabra clave es distribución. A diferencia de un subsidio puntual o de un impuesto específico, el planteamiento supone que la ciudadanía participe estructuralmente en la riqueza futura del sector mediante una tenencia accionaria colectiva.
El apoyo también parece estar vinculado al cansancio con un modelo en el que las empresas prometen eficiencia, pero al mismo tiempo reducen plantillas. Ese contraste ha ganado peso en la opinión pública a medida que la IA se vuelve más visible en la estrategia de las grandes tecnológicas.
La encuesta se realizó en junio, un momento en el que la conversación sobre automatización y trabajo ya había escalado. Por eso, el dato no solo mide afinidad con una política pública, sino también una reacción social ante la velocidad del cambio tecnológico.
La propuesta de Bernie Sanders y el argumento político detrás del fondo
En junio, el senador Bernie Sanders propuso la Ley del Fondo Soberano de Riqueza de IA Americana. De aprobarse, la iniciativa otorgaría al público una participación del 50% en las mayores empresas de inteligencia artificial de Estados Unidos.
Sanders sostuvo que esa estructura garantizaría que los beneficios económicos generados por la IA se utilicen para mejorar la vida de toda la población. En su planteamiento, el objetivo es evitar que la riqueza derivada de esta transición termine concentrada en un grupo ya privilegiado.
El senador fue todavía más lejos en su crítica al actual equilibrio de poder. Afirmó que el futuro de la IA y el destino de la humanidad no deben decidirse a puertas cerradas en Silicon Valley por multimillonarios enfocados en maximizar poder y ganancias.
Su propuesta encaja con una tradición política que busca tratar ciertas industrias estratégicas como motores de bienestar público, no solo como espacios de acumulación privada. En el caso de la IA, la discusión es especialmente sensible por su potencial para transformar empleo, productividad y seguridad nacional.
Sin embargo, el planteamiento también anticipa resistencia. Obligar a empresas privadas a transferir la mitad de sus acciones a un fondo público sería una medida de enorme alcance, con implicaciones legales, políticas y financieras que seguramente generarían un debate intenso en Washington y en el sector tecnológico.
Despidos tecnológicos y temor por la seguridad laboral
El creciente número de despidos tecnológicos en Estados Unidos ha dejado a muchos trabajadores frustrados y preocupados por la seguridad en el empleo. Esa preocupación aparece justo cuando las corporaciones siguen elevando sus inversiones en infraestructura y expansión asociadas a la IA.
Para buena parte del público, el choque es evidente. Por un lado, las empresas destacan el potencial de la inteligencia artificial para elevar productividad y márgenes; por otro, miles de empleados observan recortes en áreas que antes parecían estables.
La incertidumbre no se limita al sector tecnológico. La automatización basada en IA puede extenderse a finanzas, servicios, manufactura, atención al cliente, logística y tareas administrativas, por lo que la sensación de riesgo se expande más allá de Silicon Valley.
En ese marco, la propuesta de un fondo soberano funciona también como respuesta psicológica y política. No promete frenar el avance de la IA, pero sí crear una vía para que la población capture parte del valor que podría desplazar empleos durante la transición.
La discusión recuerda tensiones vistas en otras revoluciones tecnológicas. Cada ola de innovación produce ganadores y perdedores temporales, pero el ritmo y la escala de la IA han intensificado la demanda por mecanismos de compensación más directos.
El cálculo de Goldman Sachs sobre el impacto de la IA en el empleo
El economista global senior de Goldman Sachs, Joseph Briggs, estima que más del 9% de la fuerza laboral, o cerca de 15 millones de trabajadores, podría perder su empleo durante un período de transición de IA de 10 años. La cifra fue recogida en un informe publicado el mes pasado.
Briggs comparó este escenario con el shock de automatización y reasignación observado a fines de los años noventa y comienzos de los 2000. Su lectura ubica el actual ciclo como otro gran episodio de cambio tecnológico significativo.
Al mismo tiempo, el informe de Goldman Sachs señala que Briggs considera esas pérdidas como temporales. Su expectativa es que la inteligencia artificial destruya ciertos puestos, pero también cree muchos nuevos empleos en el largo plazo.
Ese matiz es importante porque resume uno de los núcleos del debate económico. El problema no es solo cuántos empleos desaparecen o nacen, sino cuánto dura la transición, qué habilidades exige y quién absorbe el costo social del ajuste.
Para los defensores del fondo soberano, ahí aparece la justificación central. Si la IA genera ganancias extraordinarias durante un proceso que desplaza trabajadores, una parte de esa riqueza podría servir para amortiguar el impacto y reforzar el contrato social.
Qué papel podrían jugar los fondos soberanos de riqueza en la era de la IA
Los fondos soberanos de riqueza pueden asumir varios roles en el desarrollo de la inteligencia artificial. De acuerdo con la firma de investigación Windfall Trust, estos vehículos pueden financiar infraestructura de IA intensiva en capital, tomar participaciones en compañías del sector y capturar parte de las ganancias para el tesoro público.
En términos prácticos, eso significa que un país podría usar un fondo de este tipo para costear centros de datos, capacidad computacional, chips, redes eléctricas y otras bases materiales necesarias para competir en la nueva carrera tecnológica. La IA no depende solo de software, sino también de infraestructura costosa.
Además, un fondo soberano puede convertirse en accionista relevante de empresas con alto potencial. Si esas firmas crecen y elevan su valoración, el rendimiento beneficiaría al Estado y, en teoría, al conjunto de la ciudadanía.
Este enfoque no es totalmente ajeno al mundo financiero contemporáneo. Varios países ya utilizan fondos soberanos para administrar riqueza nacional procedente de recursos naturales, superávits o inversiones estratégicas, aunque la adaptación al terreno de la IA plantea retos distintos.
En la economía digital, el activo crítico no es un pozo petrolero ni una reserva minera, sino la capacidad de producir modelos, entrenarlos, desplegarlos y monetizarlos a escala. Por eso, trasladar la lógica de un fondo soberano al universo de la IA exige nuevas reglas de gobernanza y ejecución.
Las tensiones entre bien público, rentabilidad y competencia global
Windfall Trust advirtió que los fondos soberanos de riqueza también enfrentarían desafíos para equilibrar el bien público con la carrera global por desarrollar capacidades de IA. Esa tensión puede definir si el modelo es políticamente atractivo, pero operativamente difícil.
La firma señaló además un conflicto entre el mandato financiero y el mandato estratégico. El primero busca maximizar retornos para los ciudadanos, mientras el segundo persigue desarrollar capacidad nacional de IA y mantener influencia sobre sistemas de frontera.
Ambos objetivos no siempre coinciden. La mejor inversión desde un punto de vista puramente financiero podría ser una empresa extranjera de IA, no una nacional, lo que complicaría la narrativa de soberanía tecnológica y seguridad económica.
Ese dilema es clave para Estados Unidos y para cualquier país que estudie herramientas parecidas. Si un fondo privilegia rentabilidad, puede terminar reforzando actores globales ya dominantes; si prioriza estrategia nacional, podría sacrificar eficiencia financiera o asumir mayores riesgos.
En otras palabras, la idea de socializar una porción de la riqueza de la IA es políticamente potente, pero su implementación requeriría definir quién decide, con qué criterios invierte y cómo se reparten los beneficios. Ese diseño institucional sería tan importante como la propuesta original.
Por ahora, la encuesta muestra que una mayoría del público estadounidense quiere una relación más directa entre el auge de la IA y el bienestar colectivo. El verdadero desafío será convertir esa intuición social en una política viable sin frenar innovación ni profundizar nuevas distorsiones.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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