Por Canuto  

Mira Murati, ex CTO de OpenAI y ahora al frente de Thinking Machines, presentó su apuesta para construir sistemas de IA más colaborativos y menos desligados de la experiencia humana. En una extensa entrevista, defendió modelos de interacción en tiempo real, pidió mejores controles institucionales para los laboratorios frontier y revisó su papel en la crisis de gobernanza que casi desestabiliza a OpenAI.
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  • Mira Murati dijo que Thinking Machines desarrolla “modelos de interacción” que procesan audio, texto y video de forma continua para reforzar la colaboración entre humanos e IA.
  • La fundadora sostuvo que la industria ha subestimado el valor de acercar la inteligencia artificial a la intención humana, la experiencia real y la gobernanza con controles y balances.
  • Murati afirmó que OpenAI probablemente habría implosionado si ella no hubiese actuado durante la crisis de 2023, y defendió una visión de IA menos centrada en remover a las personas del proceso.


Mira Murati, ex directora de tecnología de OpenAI y ahora fundadora de Thinking Machines, expuso una visión de desarrollo de inteligencia artificial que busca diferenciarse del enfoque dominante entre los grandes laboratorios del sector. Su planteamiento pone el acento en la colaboración entre humanos y máquinas, en vez de priorizar sistemas cada vez más autónomos y separados de la experiencia cotidiana.

Durante la entrevista Thinking Machines’ Murati on AI’s Next Chapter, realizada por Bloomberg Live, Murati explicó que su empresa lleva cerca de un año y medio construyendo las bases de un laboratorio frontier con una apuesta específica: diseñar modelos que mantengan a los humanos “en el circuito” de forma real y no solo como una aprobación final.

La ejecutiva señaló que los sistemas actuales suelen funcionar por turnos. En ese esquema, una persona escribe o habla, el modelo responde y luego espera una nueva instrucción. Según Murati, esa estructura deja por fuera señales clave de la interacción humana, como silencios, interrupciones, simultaneidad en la conversación y matices del tono.

Frente a eso, Thinking Machines trabaja en lo que denomina “modelos de interacción”. Murati los describió como sistemas basados en el tiempo y no en turnos, capaces de recibir continuamente audio, texto y video, al mismo tiempo que generan una respuesta continua. Afirmó que el procesamiento se divide en bloques de 200 milisegundos para captar con mayor precisión fenómenos conversacionales como las interrupciones y el habla simultánea.

Para la fundadora, ese tipo de interacción de alto ancho de banda es clave si la industria quiere crear herramientas que aumenten la agencia humana. En su visión, el objetivo no es que la IA avance sola y luego entregue resultados cerrados, sino que funcione como un sistema de colaboración permanente.

La apuesta de Thinking Machines frente a los gigantes de la IA

Murati reconoció que construir un laboratorio frontier desde cero en el actual entorno competitivo es extremadamente difícil. Mencionó que OpenAI, Anthropic, Google y Meta tienen una ventaja importante, y dio a entender que la barrera de entrada para nuevos actores sigue siendo muy alta.

Aun así, defendió que existe espacio para enfoques distintos. A su juicio, la pluralidad de perspectivas en el desarrollo de IA es algo positivo para el mundo, tanto a nivel técnico como en productos, gobernanza y formas de despliegue. También dijo que el avance de la frontera de la IA es, en términos generales, algo “increíblemente positivo”.

La diferencia de Thinking Machines, según explicó, está en llevar la inteligencia de las máquinas más cerca del lugar donde reside el conocimiento humano. Murati contrastó dos rutas posibles. Una es la del avance altamente autónomo, que reduce la dependencia de la “suciedad” de la realidad y de la experiencia humana diaria. La otra, que ella considera insuficientemente explorada, busca enfocarse en la intención humana, en la complejidad de la interacción y en el uso de la IA como herramienta para pensar.

En ese punto, Murati recurrió a una analogía histórica. Dijo que tecnologías profundas como el lenguaje escrito o los sistemas numéricos ya cambiaron antes la forma en que la humanidad piensa. Recordó, por ejemplo, que realizar multiplicaciones con números romanos sería miserable, y que la invención de los numerales modernos abrió nuevas posibilidades cognitivas y matemáticas incluso para los niños.

Su tesis es que la IA puede convertirse en una de las herramientas de pensamiento más poderosas jamás creadas. Pero, a diferencia de ciertas narrativas inevitabilistas, insistió en que el resultado no está predeterminado. La manera de construir y desplegar estos sistemas, sostuvo, influirá directamente en su impacto sobre la civilización.

Su salida de OpenAI y la crisis de gobernanza

Murati también habló de su salida de OpenAI. Dijo que no se alejó de la empresa para escapar de algo, sino para correr hacia una visión propia una vez que logró definirla con claridad. Describió su paso por OpenAI como una experiencia extraordinaria y dijo sentirse muy afortunada por haber trabajado con personas a las que considera de las más talentosas y comprometidas del mundo.

Al mismo tiempo, afirmó que con el tiempo desarrolló una visión muy fuerte sobre cómo debería desarrollarse esta tecnología. En su opinión, fundar Thinking Machines le dio la rara oportunidad de orientar una empresa completa alrededor de esa convicción.

Uno de los momentos más delicados de la conversación llegó cuando revisitó la crisis de junta directiva que golpeó a OpenAI en 2023. Murati recordó que se trató de una situación intensa y compleja, aunque para el público pareció suceder de la noche a la mañana. Según dijo, para ella había años de reflexión previa sobre misión, gobernanza y la manera de construir una organización capaz de desarrollar tecnologías transformacionales de forma duradera y responsable.

La fundadora explicó que cuando la junta le pidió retroalimentación sobre Sam Altman, ella la entregó y mantiene esa posición. Después, cuando se le pidió asumir como CEO interina, aceptó. Sin embargo, aseguró que en cuanto vio que la decisión de la junta podía ser catastrófica para la empresa y amenazaba con hacerla colapsar, sintió que debía actuar con rapidez para restaurar continuidad y estabilidad.

En retrospectiva, Murati dijo que habría sido mejor pausar más para entender el plan de transición. Con la ventaja de la distancia, señaló que no existía un plan real, ni suficiente transparencia, ni un esfuerzo adecuado por llevar al equipo con claridad a través del proceso. También apuntó que, a su juicio, de no haber actuado como lo hizo, OpenAI muy probablemente habría implosionado.

Gobernanza, carácter y controles institucionales

Consultada sobre cuánto importa el carácter de quienes controlan la tecnología más poderosa del mundo, Murati respondió que la integridad, los valores y el criterio de las personas importan mucho. Argumentó que en un laboratorio de IA se toman microdecisiones todos los días y que un equipo debe ser digno de confianza.

Pero agregó que la discusión pública suele quedarse demasiado en las personas y no presta suficiente atención al diseño institucional. Para Murati, hacen falta más controles y balances, más transparencia en la toma de decisiones y estructuras de gobernanza que no dependan de una sola figura de autoridad.

Su propuesta es que los usuarios y la sociedad dispongan de herramientas e información suficientes para formarse criterios propios, en vez de aceptar el juicio de una instancia central que simplemente declare que algo es seguro o adecuado. Sostuvo que la forma actual de construir IA sigue siendo muy concentrada, en parte por herencia de una época en la que el avance dependía de laboratorios aislados de la experiencia del mundo real.

Hoy, dijo, la situación es distinta. Afirmó que ya es posible aprender más de las capacidades, tensiones y limitaciones de los sistemas cuando se despliegan en condiciones reales, y usar esa información para orientar la investigación. En ese marco, defendió un enfoque más abierto en Thinking Machines.

Una IA como bicicleta tándem y no como piloto solitario

Murati sostuvo que la expresión “humanos en el circuito” incluso se queda corta. A su entender, la frase puede sugerir un simple punto de control donde una persona aprueba algo al final. Lo que ella imagina es un sistema más parecido a una bicicleta tándem, donde tanto el humano como la IA pedalean y ambos mantienen las manos sobre el manubrio.

En esa metáfora, cuando la pendiente se vuelve más dura, una de las partes puede aportar más fuerza. Pero la dirección sigue siendo compartida. Según Murati, esa arquitectura es esencial para diseñar sistemas de colaboración y no plataformas que avancen de manera autónoma dejando atrás a la civilización.

Además, planteó que ese enfoque no solo podría producir herramientas más útiles, sino también salidas más alineadas con valores humanos. Es decir, para ella la colaboración estrecha puede ser un mecanismo de alineación, no solo de utilidad práctica.

La ejecutiva no descartó que en algún momento del futuro los humanos puedan dejar de participar de forma tan directa. Sin embargo, advirtió que intentar acelerar hoy el retiro de las personas del proceso de desarrollo haría mucho menos probable que el sector logre alinear intención y valores cuando los sistemas sean todavía más capaces.

Talento, competencia y próximos pasos

Sobre la feroz competencia por talento en la industria, Murati admitió que contar con las personas correctas es una parte central de cualquier laboratorio frontier. No obstante, evitó describir la situación como una guerra en la que simplemente gana el mejor postor. Aseguró que, para muchos de los investigadores más buscados, el principal motor no es la compensación, sino el deseo de avanzar el campo.

Reconoció, de todos modos, que es una etapa “absolutamente loca” y sin precedentes. Construir una empresa desde cero ya es intenso, dijo, pero levantar además un laboratorio frontier en medio de una competencia extrema comprime en meses procesos que en otros emprendimientos ocurren a lo largo de cinco o diez años.

Murati también fue consultada por las predicciones sobre destrucción masiva de empleo de cuello blanco. Respondió que tanto la visión distópica como la utópica le parecen simplificaciones. En su lectura, la humanidad todavía tiene mucha agencia para decidir cómo construir y desplegar la IA, por lo que no considera que exista un desenlace inevitable.

Frente al tamaño del desafío competitivo, admitió que Thinking Machines ha recaudado mucho capital, aunque aclaró que no lo considera un logro en sí mismo. Dijo que la prueba real está en lo que la empresa haga con esos recursos, y recordó que una compañía de este tipo necesita grandes inversiones para infraestructura, ciencia básica y desarrollo de modelos diferenciados.

Sobre sus motivaciones, rechazó la idea del “instinto asesino” contra OpenAI, Anthropic, Meta, Google o China. Afirmó que la competencia sana mejora productos y eleva la vara, pero aseguró que no se despierta cada mañana pensando en destruir rivales, sino en capturar parte del potencial de una tecnología que considera casi infinita.

Murati adelantó que la demostración pública de los modelos de interacción es apenas un primer paso. Según dijo, en los próximos meses la empresa espera mostrar capacidades crecientes en el lado de modelos y también más productos en esa misma dirección.

Si Thinking Machines superara todas sus expectativas en cinco años, Murati no quiso dibujar una predicción cerrada. En cambio, dijo que su meta más importante sería ayudar a crear un futuro donde, sin importar cuántas horas trabajen las personas, se preserve una sensación de agencia, dignidad y posibilidad frente al porvenir.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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