Por Canuto  

Marathon Fusion asegura que enriqueció litio-6 e isótopos de hidrógeno en laboratorio mediante una centrífuga de plasma, un avance que podría atender uno de los mayores cuellos de botella de la energía de fusión: la escasez de combustible. La startup de San Francisco prepara una Serie A y proyecta una planta piloto comercial con producción a gran escala desde 2029.
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  • Marathon Fusion probó en laboratorio una tecnología para enriquecer litio-6 e isótopos de hidrógeno, aunque aún no trabaja con tritio real.
  • Un reactor de fusión de 1 gigavatio podría necesitar 56 kilogramos de tritio al año, frente a los pocos kilogramos que se producen comercialmente.
  • La startup busca capital para construir una instalación piloto y prevé producir decenas de toneladas de litio-6 anuales desde 2029.


La energía de fusión suele asociarse con reactores capaces de generar electricidad comercial durante la próxima década, pero su desarrollo depende de una cadena de suministro que todavía no existe a la escala necesaria. Entre los insumos más delicados están los isótopos de hidrógeno que alimentan la reacción y el litio-6, utilizado para producir nuevo tritio dentro del reactor. Marathon Fusion, una startup en etapa semilla con sede en San Francisco, asegura haber dado un paso en esa dirección.

La empresa anunció el jueves que utilizó una tecnología propia de centrífuga de plasma para enriquecer litio-6 e isótopos de hidrógeno en el laboratorio. El resultado sustenta sus planes de levantar una ronda Serie A y construir una primera instalación piloto comercial, aunque la compañía todavía debe escalar sus sistemas, validar parte de sus resultados y trabajar bajo las restricciones que aplican a los materiales radiactivos.

El combustible que la fusión necesita

La mayoría de los proyectos de fusión prevé utilizar plasmas formados por deuterio y tritio, dos isótopos del hidrógeno, porque esa combinación facilita la reacción a las temperaturas previstas por los diseños actuales. El proceso, sin embargo, aprovecha únicamente una fracción pequeña del combustible que atraviesa el reactor, mientras el resto sale por el escape y conserva tritio que todavía puede recuperarse.

El tritio resulta especialmente problemático porque es radiactivo, se desintegra con relativa rapidez y no se encuentra en la naturaleza en cantidades significativas. En la actualidad se produce comercialmente como subproducto de algunos reactores de fisión, pero el suministro total alcanza apenas unos pocos kilogramos anuales, una escala muy inferior a la que exigiría una industria de fusión.

Según la estimación citada por Kyle Schiller, director ejecutivo de Marathon Fusion, un reactor comercial de 1 gigavatio necesitaría aproximadamente 56 kilogramos de tritio cada año. La diferencia entre esa demanda y la producción disponible obliga a los desarrolladores a crear el isótopo dentro del propio reactor, además de reciclar el combustible que no se consume durante la reacción.

Ese proceso de generación utiliza neutrones producidos por la fusión para impactar núcleos de litio-6, que se dividen y forman tritio y helio. Por ello, el litio enriquecido no es un insumo secundario, sino una pieza necesaria para sostener el ciclo de combustible de una futura planta, mientras que los sistemas de separación podrían determinar cuánto material se pierde y cuánto vuelve al reactor.

Una separación difícil de escalar

Las centrífugas convencionales separan isótopos aprovechando las diferencias de masa y la fuerza generada al hacer girar un gas a velocidades muy elevadas. Las centrífugas de plasma siguen el mismo principio general y han sido estudiadas desde el Proyecto Manhattan, pero hasta ahora el método no ha alcanzado una comercialización significativa para litio e hidrógeno.

El obstáculo físico está en que los isótopos de esos elementos tienen masas muy parecidas, por lo que la separación exige velocidades extremas. Históricamente, el calor producido durante ese funcionamiento terminaba debilitando el propio proceso, una dificultad que se vuelve más importante cuando el objetivo deja de ser un experimento de bajo volumen y pasa a ser el suministro de una industria energética.

Marathon dice que su diseño utiliza un plasma parcialmente ionizado, en el que algunos átomos pierden sus electrones mientras otros permanecen neutros. La empresa sostiene que esa configuración permite operar a temperaturas más bajas, una característica que podría ayudar a preservar la separación, aunque el anuncio por sí solo no demuestra que la tecnología pueda alcanzar los volúmenes comerciales proyectados.

La validación disponible tampoco es idéntica para todos los resultados. El laboratorio de pruebas de materiales Covalent certificó el enriquecimiento de litio-6, pero la separación de hidrógeno de Marathon aún no cuenta con una verificación independiente, aunque un profesor de ingeniería nuclear del Instituto de Tecnología de Massachusetts revisó el diseño del dispositivo.

De la prueba de laboratorio al negocio

La startup no ha probado todavía su tecnología con tritio real, debido a que el isótopo es costoso, radiactivo y está estrictamente regulado por la Comisión Reguladora Nuclear. Para validar la física de separación, Marathon utiliza deuterio y protio, sustitutos no radiactivos del tritio que permiten evaluar el comportamiento del sistema sin afrontar de inmediato las exigencias regulatorias y operativas del material.

Marathon también participa en el programa Vision OPEN de ARPA-E, iniciativa que solicita y respalda proyectos energéticos ambiciosos. La empresa presentó su metodología y sus resultados de separación de hidrógeno durante una reunión de programas de fusión de ARPA-E celebrada en junio, una exposición que le permitió someter su enfoque al escrutinio de la comunidad técnica, aunque no equivale a una certificación independiente.

El siguiente reto consiste en ampliar los componentes centrales de la máquina, según explicó Schiller. El ejecutivo mencionó la necesidad de imanes más grandes, sistemas de refrigeración mejorados y equipos de suministro eléctrico de mayor capacidad, inversiones que demandarán tiempo y nuevo capital incluso si la física observada en el laboratorio mantiene su desempeño al aumentar la escala.

La compañía busca financiar una instalación piloto comercial y apunta a iniciar la producción a gran escala en 2029. Schiller indicó que la primera planta de gran tamaño podría fabricar decenas de toneladas de litio-6 cada año, volumen que, de acuerdo con la proyección de la empresa, bastaría para alimentar aproximadamente una nueva planta de fusión de escala gigavatio cada dos años.

Una cadena de suministro todavía inexistente

La magnitud del desafío aparece en la comparación que Schiller hizo sobre el litio-6: una sola planta de energía de fusión necesitaría unas 1.000 veces más de ese isótopo que la producción actual de cualquier país. Aunque sería posible obtenerlo mediante el enriquecimiento de litio extraído de roca, la economía del proceso tendría que cambiar radicalmente para que el combustible no encarezca de forma prohibitiva la construcción de los reactores.

La propuesta de Marathon incluye también recuperar y reutilizar unos 560 kilogramos de tritio al año. Esa cifra representa, según la empresa, aproximadamente la cantidad que circula anualmente por el sistema de combustible de un reactor de 1 gigavatio, aunque la mayor parte abandona el reactor sin fusionarse y tendría que separarse nuevamente antes de regresar al ciclo.

Para Schiller, el atractivo de esta infraestructura consiste en que no depende de un diseño específico de reactor. El director ejecutivo sostiene que todos los enfoques que utilicen deuterio y tritio necesitarán alguna combinación de producción, recuperación y separación de isótopos, por lo que Marathon intenta comercializar un componente común antes de que la generación eléctrica por fusión llegue a una etapa industrial.

La startup también contempla un negocio posterior de producción de isótopos, aprovechando el gran volumen de neutrones de alta energía que generarían los reactores de fusión. Marathon ha afirmado que esos neutrones podrían transmutar mercurio en un isótopo inestable que finalmente se desintegraría en oro, una idea que potencialmente duplicaría la producción económica de un reactor, pero que sigue basada en simulaciones informáticas y no en experimentos validados o trabajos revisados por pares.

Las promesas y los riesgos del escalamiento

El anuncio llega en una etapa en la que las empresas de fusión intentan atraer capital no solo para construir reactores, sino también para desarrollar materiales, sistemas de mantenimiento y fuentes de combustible. La estrategia de Marathon refleja esa transición: la startup pretende demostrar que la industria puede levantar proveedores especializados en paralelo con el avance científico, en lugar de esperar una década adicional después de cada logro experimental.

Sin embargo, el salto entre enriquecer muestras en un laboratorio y producir decenas de toneladas anuales implica resolver problemas técnicos, energéticos, regulatorios y financieros. La compañía reconoce que aún necesita ampliar imanes, refrigeración y sistemas de potencia, mientras que la ausencia de tritio real en las pruebas significa que una parte crucial del desempeño todavía se evalúa mediante sustitutos no radiactivos.

La certificación del litio-6 aporta una referencia externa para uno de los componentes del proceso, pero la separación de hidrógeno requiere mayor verificación antes de que los potenciales clientes puedan considerar la tecnología como una solución industrial. En ese punto, la confianza de inversionistas y operadores dependerá de resultados reproducibles, costos competitivos y una ruta clara para cumplir las normas que controlan el manejo del tritio.

Marathon apuesta a que la demanda futura justifica comenzar ahora, incluso mientras los reactores comerciales siguen siendo una promesa en desarrollo. La empresa quiere que la cadena de suministro esté preparada cuando lleguen los avances científicos, pero tendrá que demostrar que su centrífuga puede convertir una solución de laboratorio en una infraestructura segura, verificable y económicamente viable.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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