Por Canuto  

El caso de Here Now Health ilustra cómo la inteligencia artificial ya está acelerando la creación de empresas fuera del sector tecnológico, mientras la Reserva Federal y grandes firmas de inversión intentan medir si esta ola traerá más productividad y crecimiento, o una transición laboral dolorosa para millones de trabajadores.

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  • Michelle Turner utilizó herramientas de IA para aprender cultura startup, crear su plan de negocios y perfeccionar su pitch a inversionistas.
  • Here Now Health, lanzada en enero de 2025, ya cuenta con 16 empleados y certificación en tres estados para ofrecer asesoría de salud mental financiada por Medicaid.
  • La historia se cruza con un debate mayor en EE. UU. sobre productividad, inflación, inversión, escasez laboral y posible desplazamiento de empleos por IA.

 


La inteligencia artificial (IA) ya no solo impulsa a grandes tecnológicas o laboratorios de investigación. También está reduciendo barreras para pequeños emprendedores que antes necesitaban redes, credenciales y capital humano especializado para convertir una idea en una empresa funcional.

Ese es el trasfondo de Here Now Health, una plataforma de salud mental para niños en familias de acogida que pasó de ser una idea personal de Michelle Turner a una empresa operativa en pocos meses, apoyada de forma intensa por herramientas de IA.

Según reportó Reuters, Turner trabajó desde su casa en Virginia Beach y utilizó sistemas de IA para educarse en la cultura de startups, elaborar un plan de negocios y refinar una presentación dirigida a inversionistas en etapa temprana.

El resultado fue una aceleración inusual para una fundadora primeriza. El financiamiento comenzó a llegar, y la empresa, lanzada en enero de 2025, ya suma 16 empleados y certificación en tres estados para ofrecer asesoría de salud mental financiada por Medicaid a niños que ingresan al sistema de acogida.

El caso no convierte a Here Now Health en una empresa de IA en sentido estricto. Más bien la ubica en una categoría que gana fuerza en la economía estadounidense: negocios tradicionales que usan IA como multiplicador de capacidades para arrancar más rápido y crecer con menos fricción inicial.

Una startup nacida de una necesidad real

Turner identificó la brecha de atención desde su propia experiencia como madre de acogida. A partir de ese contacto directo con el sistema, detectó la falta de servicios de salud mental para niños que llegan a hogares temporales.

Esa vivencia personal fue la base del modelo de negocio. La propuesta buscó resolver un problema concreto de acceso a tratamiento, en lugar de construir primero una tecnología y luego buscarle una aplicación comercial.

La fundadora destacó que su perfil no encajaba con el estereotipo clásico de Silicon Valley. Se describió como madre de seis hijos, fundadora por primera vez y única fundadora mujer, además de no tener un MBA ni otras credenciales tradicionales de respaldo.

En sus palabras, una persona con esas características “no debería poder recaudar” capital de riesgo. Justamente por eso, el apoyo de la IA funcionó para ella como una forma de nivelar el terreno frente a emprendedores con más conexiones o formación empresarial previa.

Turner dijo que desarrollar su propuesta de financiamiento con ayuda de IA fue como asistir todos los días a una clase de nivel de maestría impartida por un robot. También resumió esa experiencia con una frase que condensa el momento actual: “Era mi consejero de startups”.

La IA como reducción del costo de entrada

La historia de Here Now Health encaja con una discusión más amplia sobre cómo la IA está reconfigurando la economía de Estados Unidos. Una de las ideas centrales es que muchas tareas que antes exigían tiempo, consultores o equipos completos ahora pueden resolverse con software conversacional y automatización.

John Bailey, investigador senior no residente del American Enterprise Institute y asesor de una de las firmas que invirtió en Here Now Health, sostuvo que este tipo de casos se está volviendo más común. Su lectura es que el precio de acceso para emprender cayó casi a cero en múltiples frentes operativos.

Bailey ayudó a Turner desde una etapa temprana a desarrollar las herramientas de IA de las que dependía. A su juicio, eso está empoderando a los emprendedores para escalar con mayor rapidez y contratar personas más pronto.

Su punto es importante porque desplaza el foco del debate. No habla de compañías nativas de IA, sino de empresas tradicionales que intentan ofrecer servicios reales de forma más rápida y más barata gracias a estas herramientas.

Desde esa perspectiva, la IA funciona como una capa de productividad inicial. Sirve para investigación, redacción, aprendizaje empresarial, preparación de materiales para inversión y otras funciones que antes resultaban prohibitivas para fundadores sin estructura previa.

La Fed intenta medir el impacto económico

La rápida expansión de la IA ya se convirtió en un tema central para los funcionarios de la Reserva Federal. El interés no es teórico, porque la tecnología puede alterar productividad, crecimiento, inflación y demanda de mano de obra al mismo tiempo.

Dentro de una revisión amplia iniciada por el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, uno de los paneles estará dedicado solo a la IA y sus implicaciones para la productividad. Ese enfoque refleja la relevancia que el banco central le atribuye al fenómeno.

Una mejora sostenida de productividad permitiría que la economía creciera más rápido con menos inflación. Sin embargo, esa misma mejora también puede implicar que se necesiten menos trabajadores para generar el mismo nivel de producción.

Algunos funcionarios de la Fed ya han planteado la posibilidad de una economía de IA con desempleo estructuralmente más alto. Otros analistas han observado la caída continua de la participación laboral en el ingreso nacional y se preguntan si un mayor retorno del capital será parte del nuevo equilibrio.

Ese debate no se limita a curvas macroeconómicas. También abre una discusión política y social sobre quién capturará los beneficios de la automatización, y qué tan distribuido será el crecimiento si la inversión y las ganancias se concentran en pocos actores.

Escasez contra abundancia

Jean Boivin, director del Instituto de Inversión de BlackRock, resumió el momento como un choque entre narrativas muy distintas. En un seminario con periodistas, explicó que los mercados se enfrentan a historias competidoras sobre escasez y abundancia.

La escasez, dijo, es la historia dominante por ahora. El auge de inversión en IA está elevando algunos costos y generando una fuerte demanda de capital, sobre todo por los centros de datos que sostienen los nuevos modelos.

Esas inversiones ya están impulsando parte del crecimiento general. En ciertos casos, además, están presionando al alza los costos de energía y mano de obra asociados con la infraestructura necesaria para desplegar sistemas avanzados.

Pero Boivin también planteó la narrativa de abundancia. Bajo esa visión, la IA puede conducir a avances significativos y a un ritmo de crecimiento que rompa con el mundo del 2% al que muchas economías desarrolladas se habían acostumbrado.

La tensión entre ambas visiones ayuda a entender por qué el tema domina conversaciones en mercados, bancos, agencias gubernamentales y fuerzas armadas. Todos buscan aprovechar las nuevas herramientas, pero también protegerse de sus posibles efectos desestabilizadores.

Empleo, despidos y reorganización del trabajo

El debate público sigue concentrado en la capacidad de la IA para interrumpir empleos. Esa preocupación se ha intensificado tras rondas de despidos en la industria tecnológica y por la evidencia de que algunas empresas ya reducen personal administrativo y de oficina.

Bailey, sin embargo, dijo que ahora está más convencido de que la economía de IA no eliminará empleos en términos netos tanto como los cambiará y reorganizará. Su argumento remite a transiciones tecnológicas anteriores, donde el impacto final fue más complejo que una simple destrucción laboral.

Torsten Slok, economista jefe de Apollo Global Management, reforzó el costado optimista. Atribuyó a la IA parte del reciente aumento en la formación de nuevas empresas, que ya era alta, porque la tecnología reduce de forma drástica el costo y la complejidad de lanzar un negocio.

En su visión, a medida que esas nuevas empresas se expandan, terminarán creando empleos. Ese razonamiento sugiere que el saldo laboral dependerá menos de la automatización de tareas aisladas y más de la velocidad con que nazcan sectores, servicios y compañías nuevas.

Aun así, el desenlace podría tardar años en aclararse. Un repunte reciente en la creación de empleo ayudó a aliviar el temor de que Estados Unidos ya estuviera entrando en una etapa donde la tecnología reemplazara trabajo a tal ritmo que elevara el desempleo de forma persistente.

La transición puede ser desigual y dolorosa

Thomas Barkin, presidente de la Fed de Richmond, dijo a comienzos de este año que sigue lidiando con los riesgos que la IA podría representar para el empleo. Al mismo tiempo, señaló que varias empresas le han comentado que la tecnología está aliviando escaseces de mano de obra en ocupaciones cualificadas.

Su lectura es menos lineal que la de muchos críticos. Barkin afirmó que todos son rápidos para ver los desastres, es decir, los empleos que se reemplazan, pero recordó que en sectores como reparación de automóviles o manufactura todavía hay empresas que no consiguen suficientes trabajadores.

En esos casos, la IA estaría sirviendo para elevar la productividad de cualquier persona que logren contratar. Eso convierte a la tecnología en un refuerzo de oferta laboral, más que en un sustituto inmediato de trabajadores en cada actividad.

Barkin reconoció, no obstante, que la transición seguirá siendo un desafío. Advirtió sobre un “riesgo del cinturón óxido” para algunas ocupaciones de cuello blanco, en especial aquellas más expuestas a automatización de tareas repetitivas y administrativas.

La comparación con shocks anteriores no es casual. La globalización del comercio en la década de 1990 devastó clústeres manufactureros en Estados Unidos, y los programas para recolocar trabajadores en nuevas ocupaciones no lograron compensar el golpe social y regional.

Con el tiempo, esas oportunidades perdidas en partes del Medio Oeste y el Sur han sido vistas como uno de los factores detrás del giro político hacia la derecha y del fenómeno de las llamadas muertes de desesperación asociadas al abuso de sustancias.

Los 23 millones de trabajadores en zona de riesgo

Un estudio reciente de Brookings Institution y Opportunity@Work advirtió que un shock parecido podría estar gestándose para trabajadores clericales, administrativos y otros perfiles similares. El riesgo sería mayor para personas sin título universitario que dependen más de la experiencia laboral para avanzar.

La investigación estimó que cerca de 23 millones de personas tienen como siguiente paso lógico en su carrera un empleo altamente expuesto al reemplazo por IA. En la práctica, eso puede dejarlas atrapadas en roles de menor remuneración si la escalera de ascenso se rompe.

Los autores señalaron que las disrupciones en esos puestos pueden tener efectos desproporcionados sobre la capacidad de los trabajadores para moverse hacia empleos mejor pagados. El problema, por tanto, no es solo perder un cargo, sino perder la vía de progresión profesional.

El impacto geográfico también sería particular. El estudio ubicó riesgos regionales concentrados en Florida, el Nordeste, Texas y California, zonas con alta presencia de trabajos susceptibles a interrupción por IA.

Esa distribución es distinta a la vivida durante el golpe manufacturero de décadas anteriores. Por eso, el mapa político y económico de una eventual disrupción por IA podría diferir del observado en episodios previos de desindustrialización.

Una economía en plena definición

Para la Reserva Federal, tanto el resultado como la velocidad de esta transición serán decisivos. Los efectos de corto plazo pueden ser muy distintos a los de largo plazo, cuando se vea con más claridad si la IA realmente desencadena un auge de productividad.

En su primera conferencia de prensa, Kevin Warsh describió a la IA como el cambio económico más importante que ha visto en su vida adulta. También afirmó que Estados Unidos estará en última instancia mejor gracias a esta transformación.

Sin embargo, Warsh añadió una advertencia clave. Dijo que eso no significa en absoluto que el proceso no vaya a ser disruptivo, una idea que conecta con las tensiones entre inversión, empleo, productividad y distribución del ingreso.

El trayecto de Turner parece ubicarse en un punto intermedio entre el optimismo y la cautela. No representa una utopía tecnológica, pero sí un ejemplo concreto de cómo la IA puede ampliar acceso, bajar costos de entrada y ayudar a construir servicios con impacto social fuera del núcleo tecnológico.

Para lectores interesados en IA, mercados y emprendimiento, el mensaje es claro. La próxima gran ola económica no se decidirá solo en los gigantes del software, sino también en miles de empresas convencionales que usarán estas herramientas para nacer, competir y contratar más rápido.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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