Blacksmith afirma que su infraestructura redujo de 15 a 20 minutos a 10 a 15 segundos la espera de LangChain para obtener capacidad de cómputo de CI. La startup recaudó USD $66 millones en una Serie C liderada por Sequoia, con una valoración de USD $1.000 millones.
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- Blacksmith enfoca su infraestructura en acelerar la integración continua, un proceso de pruebas que puede frenar la entrega de software.
- La empresa atribuye parte de su velocidad al uso de procesadores de alto rendimiento y a la proximidad entre caché y cómputo.
- La startup también desarrolla funciones de QA autónoma y busca ampliar su capacidad ante los picos de demanda vinculados con nuevos modelos de IA.
⚡ Blacksmith alcanza valoración de USD 1.000 millones
La startup recaudó USD 66 millones en una Serie C liderada por Sequoia.
Afirma que redujo de 15-20 minutos a 10-15 segundos la espera de LangChain para obtener capacidad de cómputo de CI.
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— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) November 3, 2026
La validación de código, el nuevo cuello de botella
La expansión de las herramientas de codificación con agentes de inteligencia artificial está multiplicando la cantidad de código que pueden producir los equipos, pero ese aumento no garantiza entregas más rápidas. Cada cambio todavía debe pasar por pruebas que confirmen que el software funciona y no rompe otras funciones; cuando esas verificaciones se demoran, la velocidad de escritura pierde parte de su valor. Esa espera es el problema que Blacksmith intenta atacar con infraestructura especializada para integración continua, conocida como CI.
En el video La compañía de USD $1.000 millones que busca resolver el cuello de botella del software de IA, publicado por Y Combinator y fechado el 2 de noviembre de 2026, integrantes de la empresa describen su apuesta: hacer que las tareas de CI se ejecuten con mucha mayor rapidez. La compañía asegura que mejoró su rendimiento 20 veces durante el último año. También anunció una Serie C liderada por Sequoia, que recaudó USD $66 millones y valoró a Blacksmith en USD $1.000 millones. Según el comunicado de la ronda, la financiación total de la compañía llegó a USD $125 millones.
La CI reúne comprobaciones automatizadas que los desarrolladores ejecutan cuando modifican el código, entre ellas pruebas para detectar fallos antes de integrar o publicar cambios. No se trata solamente de disponer de servidores, sino de asignar capacidad de cómputo con rapidez y de ejecutar cada tarea de forma eficiente. Si el equipo debe esperar para iniciar una prueba, o recibe tarde sus resultados, la automatización puede convertirse en una nueva cola que limita el ritmo de desarrollo.
Los fundadores sostienen que ese límite gana importancia a medida que los sistemas de IA ayudan a escribir más software. Su argumento no es que la generación de código deje de importar, sino que la capacidad de validarlo y entregar cambios puede quedarse atrás si las herramientas de prueba no escalan al mismo ritmo. Blacksmith busca que los equipos obtengan evidencia de que sus modificaciones funcionan con menos espera, y presenta esa meta como una forma de acercar la entrega de software a la velocidad con que se crea.
Una nube diseñada para las cargas de CI
Los tres fundadores eran amigos de la universidad y, cuando empezaron a explorar la idea, vivían en Toronto. Habían trabajado como ingenieros, pero ninguno se consideraba especialista en DevOps ni había operado antes un pipeline de CI; dos de ellos venían de la ingeniería de bases de datos y otro trabajaba en infraestructura de búsqueda. Según el relato de la compañía, esa falta de experiencia directa en el área los llevó a cuestionar las soluciones existentes en lugar de asumir que el problema debía resolverse de la misma manera.
La experiencia común en sus empleos anteriores era que la CI resultaba lenta y difícil de gestionar. Los fundadores concluyeron que la forma de esas cargas de trabajo no coincidía bien con lo que suelen optimizar proveedores de nube como AWS, GCP y Azure, por lo que propusieron construir una infraestructura enfocada específicamente en ellas. Uno de los cofundadores explicó que las tareas se parecen, en ciertos aspectos, a aplicaciones de escritorio y videojuegos: suelen beneficiarse especialmente de un hilo de ejecución muy rápido, más que de una gran cantidad de tipos de hilos.
En los primeros tiempos, Blacksmith alquiló servidores a una empresa alemana de centros de datos conocida por alojar servidores de Minecraft y Call of Duty. La compañía fue asumiendo gradualmente más partes de su infraestructura y, a medida que creció, pasó de comprar máquinas individuales a negociar acuerdos de mayor escala con centros de datos, incluidos compromisos de capacidad medidos en megavatios. La elección de procesadores asociados con equipos para videojuegos llamó la atención de un inversionista, quien dijo que no había visto a otra empresa aplicar esa solución a la CI.
La arquitectura también busca reducir el trabajo repetido mediante el uso de caché, que permite reutilizar resultados o artefactos generados en tareas anteriores. Blacksmith destaca que acerca esos artefactos a los nodos de cómputo para que no tengan que recorrer grandes distancias dentro de la infraestructura antes de usarse. Esa combinación de procesadores rápidos y caché próxima forma parte de su argumento de rendimiento, aunque la empresa también debe administrar una flota creciente de servidores y responder a las variaciones de demanda.
Clientes, expansión y nuevos desafíos
Conseguir los primeros 200 clientes fue difícil, según los fundadores. Al comienzo, pidieron a amigos que trabajaban en otras compañías que probaran el servicio y les permitieran usar sus logotipos como referencia; después, uno de ellos contactó directamente a directores de tecnología, vicepresidentes de ingeniería e ingenieros de plataforma para ofrecerles el producto. Sus primeros usuarios eran empresas pequeñas, atraídas por la posibilidad de moverse rápido y por una integración que, de acuerdo con Blacksmith, permite migrar la CI con un solo clic.
La empresa afirma que logró acuerdos de cinco o seis cifras sin contar inicialmente con un equipo de ventas, porque el producto facilitaba optimizar y ejecutar la CI con rapidez. Como ejemplo, mencionó a LangChain, que antes ejecutaba sus pruebas en GCP: sus desarrolladores esperaban habitualmente entre 15 y 20 minutos solo para obtener capacidad de cómputo. Blacksmith dice que redujo ese intervalo a entre 10 y 15 segundos al ofrecer acceso a un conjunto de cómputo que describió como prácticamente ilimitado, lo que permitió a los equipos publicar código con mayor rapidez.
La startup pasó de un equipo de alrededor de cinco personas y un clúster pequeño de unos cientos de servidores a una operación de mucha mayor escala, con 30 integrantes, incluidos 12 ingenieros. Para crecer sin multiplicar el tamaño del equipo, desarrolló software propio para administrar su flota y herramientas de observabilidad en distintas capas. Sus responsables también dicen que mantienen acotada la superficie del producto y evitan aceptar requisitos puntuales de clientes que puedan volver más compleja su operación.
El crecimiento, sin embargo, también trae presión sobre la capacidad disponible. Blacksmith observa aumentos de uso de CI cuando se lanza un nuevo modelo de lenguaje, porque los equipos se apresuran a probarlo y publicar más código; como pedir e instalar máquinas toma tiempo, la empresa trabaja en algoritmos de asignación, empaquetamiento de tareas y topologías de red más eficientes. Una interrupción en Phoenix, donde la instalación que alojaba la región perdió refrigeración en medio de fluctuaciones del suministro eléctrico y cortes en la red, también llevó a la compañía a subrayar la importancia de distribuir geográficamente su infraestructura.
Además de acelerar las pruebas, Blacksmith trabaja en una función de QA autónoma que recopile elementos como capturas de pantalla o fragmentos de video para dar evidencia sobre un cambio de código. La empresa plantea que, ante el volumen de software generado, los desarrolladores quizá no puedan revisar manualmente cada modificación y busquen señales que les ayuden a decidir si pueden integrarla. En paralelo, anunció una campaña de marketing en San Francisco y Nueva York que incluye presencia en 15 estaciones del metro neoyorquino y un tren cubierto con su característico color amarillo.
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