En una conversación pública, Becca Rubenfield defendió que el ciclo de cuatro años de Bitcoin sigue vigente y que la entrada institucional no lo ha eliminado, sino que podría reforzar la volatilidad que alimenta derivados y estructuras corporativas. La ejecutiva también explicó cómo AnchorWatch evolucionó desde una idea de seguro para autocustodia retail hacia un modelo respaldado por Lloyd’s de Londres, apoyado en bóvedas con Miniscript para reducir riesgos y habilitar custodia e iniciativas futuras como seguros denominados en BTC.
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- Rubenfield sostiene que Bitcoin mantiene su patrón cíclico de cuatro años, y que los retrocesos recientes aún encajan en el comportamiento histórico y psicológico del mercado.
- AnchorWatch afirma que su tecnología de custodia basada en Miniscript fue clave para conseguir respaldo en Lloyd’s, al minimizar el riesgo de agregación y permitir seguros más viables para retail y empresas.
- La firma ve un futuro de seguros denominados en Bitcoin, donde reservas en BTC puedan generar rendimiento vía primas, aunque advierte que primero debe crecer el volumen de pólizas vendidas.
🚨 Bitcoin y su ciclo de 4 años siguen vigentes, afirma Becca Rubenfield.
Inst. no elimina volatilidad, puede incluso aumentarla.
AnchorWatch avanza en seguros del BTC, enfrentando retos regulatorios.
El futuro incluye pólizas en BTC y un modelo que busca minimizar riesgos.… pic.twitter.com/EoFiyMLIum
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) February 27, 2026
El debate: ¿sigue vivo el ciclo de cuatro años de Bitcoin?
Becca Rubenfield, ejecutiva vinculada al sector de seguros y custodia de Bitcoin, defendió que el ciclo de cuatro años “sigue en efecto” y que, hasta ahora, el comportamiento del precio se mantiene dentro de los rangos observados históricamente. En el diálogo, recordó que su predicción contradecía una narrativa que ganó fuerza con la llegada de actores institucionales: la idea de que la adopción profesional “aplanaría” la volatilidad y rompería los patrones del pasado.
Al referirse a la caída posterior al pico del ciclo, Rubenfield describió el retroceso como “en calendario”, subrayando que el mercado ya había marcado un máximo histórico “a tiempo”, aunque “decepcionante” en magnitud. En su lectura, la discusión sobre si el ciclo se rompería por un nuevo máximo en 2026 es hipotética por ahora. Para ella, la evidencia relevante es que todavía no ha ocurrido y, por lo tanto, el mercado se mantiene dentro de su marco cíclico.
Parte central de su argumento es que, con el tiempo, las causas originales pueden volverse menos importantes que la coordinación de expectativas. Como analogía, comparó el ciclo de Bitcoin con patrones de consumo en retail, donde los clientes aprenden a esperar rebajas en fechas recurrentes y ajustan su conducta. Una vez que el mercado interioriza un calendario, dijo, la interacción entre compradores y vendedores tiende a reforzarlo, incluso si el detonante inicial se diluye.
Rubenfield también señaló que los cambios estructurales no suelen ocurrir de forma instantánea. Aun si la institucionalización reduce extremos, ese tránsito sería gradual. En su visión, el mercado no pasa de un comportamiento altamente cíclico a uno no cíclico “en un año”. Si el final de los ciclos llegara, estimó que podría tomar “dos o tres ciclos”, lo que empujaría ese escenario hacia la década de 2030.
Instituciones, derivados y una volatilidad que puede subir y bajar
Durante la conversación, se discutió el rol de productos derivados y estructuras corporativas vinculadas a tesorerías con Bitcoin. Rubenfield sostuvo que muchos participantes institucionales llegaron precisamente porque existe volatilidad. Para ella, esa volatilidad permite que funcionen ciertos productos, incluidos bonos y estrategias de ingeniería financiera. En ese contexto, afirmó que estos jugadores también quedan atrapados en la “psicología” de necesitar un mercado que conserve movimientos bruscos y ciclos reconocibles.
El entrevistador mencionó la idea de Jeff Park sobre un posible incremento de volatilidad al alza, no solo a la baja. Rubenfield coincidió en el sentido general, pero lo matizó: el punto no sería si puede ocurrir, sino cuándo. Con un enfoque probabilístico, explicó que los cambios de comportamiento suelen ser graduales, por lo que no espera necesariamente “una sorpresa masiva” al alza en el año en curso si eso no encaja con el patrón humano observado hasta ahora.
La conversación también aludió a la velocidad de los movimientos recientes del precio, descritos como más agudos y rápidos que en caídas previas. Bajo esa lectura, la compresión histórica de volatilidad podría estar cambiando de forma. Aun así, Rubenfield distinguió entre profundidad y rapidez: un retroceso puede ser menos profundo que en ciclos anteriores, pero más veloz, lo que altera la experiencia del mercado y la percepción del riesgo.
Desde la óptica de inversión, Rubenfield sugirió que el año podría representar una oportunidad de compra “en general”, consistente con su tesis de ciclo. También habló de tácticas personales de trading vinculadas al calendario, reconociendo que la ejecución perfecta es difícil. En esa línea, compartió que ha utilizado crédito, como un HELOC, para comprar Bitcoin en fases bajas del ciclo anterior y que planea repetir estrategias similares, aunque admitió que el componente emocional puede afectar decisiones.
AnchorWatch: de asegurar la autocustodia retail a construir una plataforma institucional
El núcleo empresarial de la charla giró en torno a AnchorWatch, el proyecto asociado a Rubenfield. Ella explicó que la idea original era un seguro para autocustodia minorista. En términos simples, si una persona puede asegurar joyas u obras de arte, también debería poder asegurar la posesión de Bitcoin en un esquema de autocustodia, ya sea de firma única o multifirma. Ese fue el concepto inicial con el que la compañía comenzó a construir.
Sin embargo, al intentar llevar el producto al mercado, se toparon con barreras regulatorias y de capital. Rubenfield describió el seguro como un mercado de capitales con reglas propias: el asegurador mantiene reservas, diversifica riesgos, calcula probabilidades y busca retornos. Cuando presentaron el concepto a aseguradoras tradicionales, recibieron interés intelectual, pero también rechazo: “no tocamos cripto”, era una respuesta frecuente, además de un cuestionamiento de tamaño de mercado.
Según Rubenfield, un problema persistente es que la autocustodia retail, pese a su importancia ideológica dentro de la comunidad, no representa todavía un volumen lo suficientemente grande como para justificar el trabajo de suscripción de una póliza nueva para muchos jugadores tradicionales. De esa manera, la compañía ajustó su enfoque para seguir sirviendo a tenedores de Bitcoin, pero también para atraer capital capaz de suscribir el riesgo y escalar el producto.
En esa evolución, un hito clave fue convertirse en “coverholder” de Lloyd’s de Londres, una figura que les permite operar con respaldo de ese mercado. Rubenfield señaló que Lloyd’s había suscrito pólizas relacionadas con cripto desde 2014, pero de forma esporádica y orientada a clientes comerciales específicos. La disponibilidad para individuos, pymes y esquemas con precios más viables era limitada, y la empresa buscó llenar ese vacío con tecnología y un diseño de riesgo más atractivo para el reaseguro.
Miniscript, bóvedas y el objetivo de minimizar el riesgo de agregación
Rubenfield atribuyó el avance con Lloyd’s a la tecnología de custodia desarrollada por la empresa. En su relato, Lloyd’s recibe “tres a cinco” consultas por semana de compañías que buscan operar como coverholders en este nicho, pero solo habría aprobado dos en total. AnchorWatch se ubicaría como la segunda, y, según ella, la única autorizada a vender también a retail. La clave habría sido demostrar dominio de riesgos específicos de Bitcoin y de su arquitectura técnica.
La conversación destacó Miniscript como un componente que habilita configuraciones avanzadas de almacenamiento en frío. Rubenfield explicó que esto permite diseñar bóvedas que reflejen estructuras corporativas y reglas de gobierno interno. En su ejemplo, se pueden agrupar claves entre ejecutivos, sumar quórums con firmas de una firma contable o de un directorio, y añadir timelocks. Ese enfoque busca resolver escenarios de fallas múltiples, incluso eventos extremos como que directivos viajen juntos.
Un concepto central fue la reducción del “riesgo de agregación” para el asegurador. Rubenfield explicó que, si cada cliente tiene una bóveda independiente con claves que no se superponen con las de otros clientes, un incidente no debería propagarse a toda la base asegurada. En su narrativa, eso vuelve más viable el seguro para retail, porque la correlación entre pérdidas disminuye. Además, en el lado corporativo, permite incorporar controles y cumplimiento que alinean la custodia con requisitos legales y de gobernanza.
Rubenfield también afirmó que este tipo de póliza de “propiedad” sería no correlacionada con otros riesgos típicos de propiedad, como incendios, huracanes o incendios forestales. En su argumentación, incluso ante eventos físicos graves, la arquitectura con timelocks y planes de recuperación reduce la posibilidad de una pérdida permanente del acceso. Aun así, reconoció límites: ataques físicos, como los llamados “wrench attacks”, o el riesgo de un actor fraudulento dentro de la propia empresa requieren cobertura aseguradora en moneda fíat como última línea de defensa.
Hacia seguros denominados en Bitcoin y el rol de las tesorerías corporativas
Rubenfield describió un frente de innovación que, según ella, ha cobrado impulso en los últimos “seis u ocho meses”: el surgimiento de nuevos actores interesados en seguros denominados en Bitcoin y en usar BTC para suscribir riesgo. En esta visión, una reserva en BTC funcionaría como pool, y el activo se volvería “productivo” al generar primas. Para ella, la utilidad es clara: el seguro ofrece cobertura de riesgo, y esa cobertura produce ingresos.
Detalló dos variantes. En una, la empresa suscribe con su propio Bitcoin y conserva el total de las primas. En otra, capta BTC de inversionistas que aportan al pool y reciben una parte del rendimiento generado por las primas, asumiendo el riesgo de que un evento de pérdida reduzca el retorno esperado. En ambos casos, el concepto subyacente es que el capital en BTC puede generar flujo sin recurrir a operaciones especulativas.
Sin embargo, Rubenfield advirtió que este “flywheel” depende de un requisito previo: volumen de ventas. Si pocos compradores contratan pólizas, no hay suficientes primas para pagar rendimiento. Por eso, en su enfoque, la industria debe crear productos más ajustados al mercado, con más opciones y mejor adecuación a necesidades reales, antes de que la denominación en BTC se generalice. También mencionó que la firma cuenta con una entidad en Bermudas, preparada para esa dirección cuando el momento sea el correcto.
Al hablar de adopción, sostuvo que el seguro como concepto ya encontró product market fit en el ámbito comercial, donde la cobertura se compra desde hace años. El reto, dijo, es expandir catálogos para distintos perfiles y, en un horizonte de “tres años”, ver qué productos se consolidan. Recalcó que, pese al tamaño del mercado de Bitcoin, una parte relevante del ecosistema permanece “efectivamente no asegurada”, lo que deja a usuarios y empresas expuestos a pérdidas y procesos legales costosos.
Nuevos productos, custodia calificada y una crítica a la cobertura insuficiente
Rubenfield sostuvo que muchos custodios existentes operan con pólizas pequeñas respecto del volumen total bajo custodia. En su opinión, si ocurre un evento grave, el usuario se queda con poca protección más allá de disculpas o procesos de bancarrota. En la conversación se mencionó el caso de FTX como ejemplo de cómo, en ausencia de seguros adecuados, los afectados pueden enfrentar recuperaciones desfavorables y largos procesos con costos legales altos.
En cuanto a AnchorWatch, explicó que la estructura contractual previa con Lloyd’s les exigía que los clientes de custodia compraran al menos algo de seguro, lo que limitaba el alcance geográfico y el tipo de usuario. Según su relato, la empresa logró “desacoplar” custodia y seguro. Esto permitiría, “efectivamente de inmediato”, que un cliente use la custodia sin contratar seguro desde el primer día, además de habilitar atención a usuarios globales en países con pocos proveedores reputados.
También describió que la compañía ofrece “cuatro modelos” de custodia y un esquema “multi-institucional” donde las claves se distribuyen entre tres instituciones: AnchorWatch, BitGo y CoinCorner. En su presentación, esto aportaría diversificación jurisdiccional y técnica. Añadió que la plataforma, llamada Trident, puede licenciarse o integrarse para otros productos, incluidos préstamos respaldados con Bitcoin y derivados que requieran colateral custodiado con alto estándar de seguridad.
El entrevistador le planteó si, como mensaje de marketing, podría funcionar mejor la idea de “custodia asegurada” para retail. Rubenfield respondió que, en la práctica, ahora pueden servir tanto como proveedor de custodia como de seguros, y también armar pólizas personalizadas para empresas o fondos si el riesgo es asegurable. En su enfoque, la industria se beneficia de más competencia y más aprendizaje del cliente, porque el mercado de seguros en Bitcoin apenas comienza a expandirse.
Del corporativo a Bitcoin: el perfil de Rubenfield y su lectura sobre educación y macro
Rubenfield compartió parte de su historia profesional fuera de Bitcoin, incluyendo una década en Starbucks y experiencia previa en retail. Explicó que su carrera corporativa le dio habilidades para operar en organizaciones grandes, coordinar ritmos distintos entre equipos y lanzar productos de forma constante. Contrapuso esa dinámica con la vida en startups, que describió como más directa y veloz, sin la fricción que atribuyó a entornos de consenso y comunicación pasivo-agresiva.
Sobre su llegada a Bitcoin, relató que comenzó a operar en 2019 como trading, impulsada por un amigo que le advirtió que el precio estaba bajo. Dijo que utilizó una plataforma tradicional de trading y que, en ese momento, su aproximación no era técnica ni ideológica. Luego, durante 2020, encontró conversaciones intensas sobre Bitcoin en la app Clubhouse, donde pudo hacer preguntas y recibir explicaciones de figuras conocidas del sector, lo que describió como una “master class” de seis meses.
En un pasaje más personal, conectó su interés por la macroeconomía con una escena de su infancia: cuando el endeudamiento nacional de Estados Unidos alcanzó USD $3 billones alrededor de 1990 o 1991, vio un gráfico en televisión y preguntó cómo se pagaría. Afirmó que su padre, profesor de negocios, no tuvo respuesta, y esa falta de explicación la marcó. Años después, dijo, Bitcoin le pareció una posible solución a un sistema monetario que percibía roto desde pequeña.
La conversación cerró con un punto sobre comunidad y acceso. Rubenfield dijo apoyar espacios que faciliten el aprendizaje, incluso si no los necesita personalmente. En ese marco, mencionó su participación en el Women of Bitcoin Summit, un evento digital programado para el 5 y 6 de marzo que, según se dijo en la charla, superó las 1.000 inscripciones. En su visión, si ciertos públicos aprenden mejor en entornos específicos, eso es positivo para la adopción y para la maduración del mercado.
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