Stani Kulechov, fundador de Aave, plantea que la próxima gran etapa de DeFi no será solo mover liquidez cripto entre protocolos, sino financiar infraestructura productiva tokenizada. En su visión, activos de “abundancia” como energía solar, baterías, robótica o semiconductores podrían convertirse en garantía en cadena y abrir un mercado de USD $30 a USD $50 billones hacia 2050, cambiando el foco de las finanzas globales desde la escasez hacia la expansión tecnológica.
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- El fundador de Aave afirma que DeFi ya resolvió la oferta de liquidez y ahora debe escalar la demanda incorporando nuevos activos productivos en cadena.
- Entre los candidatos clave menciona energía solar, baterías, robótica, agricultura vertical y semiconductores; estima que la solar podría sumar USD $15 a USD $30 billones a mediados de siglo.
- Sostiene que la tokenización permitiría usar capital o deuda de proyectos solares como garantía en protocolos como Aave y, a futuro, respaldar stablecoins con flujos de caja de infraestructura.
Stani Kulechov, fundador de Aave, afirmó que las finanzas descentralizadas (DeFi) podrían financiar una transición histórica hacia una “economía de la abundancia” impulsada por tecnología. En esa tesis, la tokenización de activos de infraestructura productiva abriría un mercado de financiamiento en cadena valorado entre USD $30 billones y USD $50 billones hacia el año 2050.
La idea central es que DeFi funcione como una capa global de agregación de capital. Según Kulechov, esa capa ya resolvió la oferta de liquidez, porque hoy existen grandes reservas de capital listas para prestarse. La siguiente etapa, aseguró, consiste en escalar la demanda incorporando a la cadena nuevos activos que generen flujos de caja en el mundo real.
La visión fue difundida por el propio Kulechov en una publicación en X fechada el 15 de febrero de 2026. Allí planteó que los activos más importantes para esta transición son tecnologías de “abundancia”, entre ellas energía solar, baterías, robótica, agricultura vertical y semiconductores. La nota original, publicada por BTCUSA, presentó estas ideas como una ruta posible para que DeFi amplíe su alcance más allá de la colateralización con criptoactivos.
¿Qué significa “economía de la abundancia” en el marco de DeFi?
Para entender el argumento, conviene separar dos conceptos: el tamaño del capital disponible y el tipo de activos que ese capital financia. Kulechov describió a DeFi como un entorno que, en la práctica, ya cuenta con liquidez significativa, en especial en protocolos de préstamos y mercados monetarios. Sin embargo, una parte relevante de esa liquidez todavía se apoya en garantías nativas del ecosistema cripto.
En términos simples, muchos préstamos en cadena se sostienen con colateral como tokens volátiles. Ese diseño permite eficiencia, pero también limita la base de usuarios y la variedad de actividades económicas que pueden financiarse. Por eso, la discusión sobre activos del mundo real tokenizados se ha vuelto una pieza recurrente del debate sobre cómo ampliar la utilidad de DeFi.
Kulechov sostuvo que el gran desafío ahora es “del lado de la demanda”. Es decir, encontrar usos productivos, escalables y relativamente estables para absorber la liquidez existente. En su marco, los activos de abundancia cumplen ese rol porque se vinculan con infraestructura que produce energía, computación o bienes, y que puede generar flujos de caja con horizontes largos.
Desde la perspectiva presentada por BTCUSA, el enfoque no se limita a tokenizar instrumentos financieros existentes. El objetivo sería financiar capacidades nuevas, como energía o automatización, y conectar la liquidez en cadena con despliegues físicos. En ese punto, la propuesta se parece más a un sistema de enrutamiento de capital que a un simple mercado de especulación.
De las finanzas de escasez a las finanzas de abundancia
Kulechov contrastó lo que llamó “finanzas de escasez” con “finanzas de abundancia”. Según su planteamiento, las finanzas tradicionales se han construido alrededor de activos asociados a la escasez, como deuda soberana, hipotecas y bonos corporativos. Esos instrumentos, en su lectura, derivan parte de su valor de recursos limitados o de una oferta restringida.
En cambio, los activos de abundancia se caracterizan por volverse más baratos y más productivos cuando su implementación se escala. Esa reducción de costos, junto con el aumento de rendimiento, se apalanca en economías de escala y mejoras tecnológicas. El resultado, en teoría, es un conjunto de activos que crece de forma distinta a los instrumentos basados en restricción u oferta limitada.
El fundador de Aave argumentó que las finanzas globales están “estructuralmente sobreexpuestas” a activos basados en la escasez. En ese contexto, el mayor crecimiento futuro, dijo, provendría del financiamiento de tecnologías que expanden la capacidad de energía, producción y computación. Su tesis sugiere un cambio de enfoque: del manejo de riesgos y retornos sobre deuda, hacia la colateralización de infraestructura productiva.
El planteamiento no implica, al menos en esta formulación, que los activos tradicionales desaparezcan. Lo que propone es que la asignación de capital podría cambiar de forma estructural, y que DeFi podría capturar una parte de ese giro si integra activos productivos tokenizados como garantías. En otras palabras, la innovación pasaría de la forma del mercado a la naturaleza del colateral.
La infraestructura solar como garantía ideal en cadena
Dentro de los activos de abundancia, Kulechov dio un lugar central a la energía solar. Explicó que los proyectos solares tienen características que facilitan su financiamiento: flujos de caja predecibles a largo plazo, alto potencial de apalancamiento, riesgo operativo relativamente bajo y acuerdos de compra de energía que pueden durar varias décadas. En su lectura, esas propiedades los vuelven estructuralmente parecidos a bonos, aunque ligados a infraestructura productiva.
En esa línea, estimó que la energía solar por sí sola podría representar entre USD $15 billones y USD $30 billones de activos de abundancia tokenizados hacia mediados de siglo. Ese rango no fue presentado como una cifra de corto plazo, sino como un horizonte ligado a la expansión tecnológica hasta 2050. La magnitud de la cifra ayuda a explicar por qué, en su narrativa, la solar sería una puerta de entrada al mercado de infraestructura tokenizada.
La tokenización, según este enfoque, permitiría que el capital o la deuda de proyectos solares se use como garantía dentro de protocolos de préstamo DeFi, incluyendo Aave. En lugar de tratarse solo de inversión pasiva, los tokens representarían exposición que podría colateralizarse. Así, un desarrollador podría obtener liquidez contra ese activo sin esperar los ritmos del financiamiento tradicional.
Kulechov planteó el contraste de tiempos como un beneficio: con garantía solar tokenizada, el acceso a stablecoins podría ocurrir en minutos, no en meses. Esa aceleración, dijo, permitiría ciclos más rápidos de implementación y rotación de capital. En la práctica, la propuesta apuesta a que la infraestructura pueda operar como colateral financiero líquido, con un mercado secundario más dinámico.
La restricción de demanda en DeFi y el rol de los activos productivos
En la visión del fundador de Aave, los mercados de préstamos en cadena ya agregaron grandes reservas de capital. Aun así, seguir dependiendo de garantías cripto limita la profundidad del sistema y concentra el riesgo en activos que pueden ser altamente volátiles. Por eso, la introducción de activos productivos del mundo real se presenta como una salida para absorber liquidez con oportunidades de rendimiento más predecibles.
La idea no es solo sumar más colateral, sino sumar colateral distinto. Un activo con flujo de caja de largo plazo, como un proyecto solar con acuerdos de compra de energía, encaja mejor con un mercado de crédito que busca estabilidad. Bajo esa lógica, DeFi pasaría de ser un circuito que recicla riesgo cripto a un circuito que financia actividad económica con retornos asociados a infraestructura.
Además, Kulechov sugirió que la tokenización podría transformar una limitación clásica de la inversión en infraestructura: la iliquidez. En muchos casos, el capital queda inmovilizado por largos periodos y los mercados secundarios son reducidos. Al representar esa exposición como tokens, el intercambio podría ser continuo y la colateralización se volvería más directa.
Según la lectura del fundador, esa mayor liquidez permitiría a un inversor financiar un proyecto solar, vender luego la exposición tokenizada cuando aumente su valor y reasignar capital a nueva infraestructura. Esa dinámica incrementaría la “velocidad” del capital al atravesar múltiples ciclos de desarrollo. El resultado, afirmó, podría expandir de forma significativa la capacidad de inversión global en infraestructura y acelerar la transición energética.
Stablecoins respaldadas por flujos de caja de infraestructura
Kulechov también conectó la tesis de los activos de abundancia con la evolución de las stablecoins. En su planteamiento, en el futuro podrían existir stablecoins respaldadas por flujos de caja de infraestructura productiva, en lugar de depender únicamente de deuda soberana. Con ello, estos instrumentos monetarios se vincularían más directamente con producción económica del mundo real.
El planteamiento es relevante porque buena parte de las stablecoins actuales se asocia a reservas tradicionales. En la visión presentada, el respaldo con infraestructura abriría la puerta a modelos monetarios alternativos, anclados en activos que generan ingresos. Ese cambio, en teoría, podría influir tanto en el perfil de riesgo como en la narrativa de sostenibilidad del respaldo.
El fundador de Aave también mencionó la posibilidad de stablecoins no basadas en el dólar estadounidense. Como ejemplo, señaló préstamos denominados en EUR que podrían respaldarse con activos solares distribuidos geográficamente. En ese marco, la tokenización funcionaría como una herramienta para empaquetar y verificar exposición, y para movilizarla dentro de la cadena.
En cualquier caso, el argumento depende de que la tokenización de infraestructura alcance madurez operativa. También requiere que la colateralización de esos activos funcione en condiciones de mercado diversas. La nota de BTCUSA presentó esta posibilidad como un escenario de evolución, no como una implementación ya resuelta en el presente.
Aave como posible capa de financiamiento para la transformación global
En su conclusión, Kulechov posicionó a Aave como un potencial motor de financiamiento para el cambio hacia energía abundante y automatización. Si incluso una fracción de la inversión proyectada en solar e infraestructura llega a la cadena, argumentó, la base de garantía de Aave podría expandirse a billones de dólares. Con ello, DeFi podría transformarse de mercados centrados en apalancamiento cripto a una capa para financiar infraestructura.
La ambición, según el relato, es ampliar el mercado direccionable de DeFi. El rango de USD $30 billones a USD $50 billones hacia 2050 actúa como un marco de escala, no como una proyección puntual. Bajo esa métrica, la oportunidad no se limita a mejorar eficiencia, sino a reorientar capital hacia activos que expanden capacidad productiva.
BTCUSA interpretó esta tesis como una forma de replantear la trayectoria de largo plazo de DeFi: no competir por activos existentes, sino financiar nueva capacidad tecnológica. En esa lectura, el paso decisivo sería que la garantía de infraestructura tokenizada se vuelva lo bastante robusta como para sostener crédito líquido en cadena. El resultado sería una integración más directa entre finanzas digitales y economía física.
La propuesta también deja una pregunta abierta: qué tan rápido puede resolverse el componente de incorporación de activos productivos al entorno on-chain con estándares aceptados. Aun así, el mensaje del fundador de Aave apunta a un objetivo claro: convertir la liquidez de DeFi en un mecanismo para acelerar despliegues reales de energía y automatización, y con ello empujar la economía hacia una lógica de abundancia tecnológica.
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