Donald Trump descartó desarrollar inteligencia artificial junto a China y sostuvo que esa cooperación expondría secretos estadounidenses. La negativa convive con un canal bilateral para prevenir malentendidos y nuevas conversaciones previstas para noviembre, mientras crecen las inquietudes públicas por los riesgos de la IA.
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- Trump rechazó cualquier empresa conjunta con China y dijo que compartir conocimientos equivaldría a entregar secretos a un competidor.
- Washington y Pekín anunciaron un diálogo sobre IA y un canal de comunicación para evitar malentendidos; las próximas conversaciones están previstas para noviembre.
- Una encuesta citada en el reporte encontró preocupación por riesgos existenciales y apoyo a pausar el desarrollo entre parte de los simpatizantes de Trump.
🚨 Trump descarta una alianza de IA con China
Afirma que compartir tecnología expondría secretos de EE. UU.
Ambos países prevén dialogar sobre IA en noviembre y habilitar un canal para evitar malentendidos.
Trump anticipa nombrar a un “zar de la Superinteligencia”. pic.twitter.com/dmoDXB7YTW
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 30, 2026
Donald Trump descartó que Estados Unidos y China creen una empresa conjunta para desarrollar inteligencia artificial, al argumentar que una iniciativa de ese tipo permitiría a Pekín acceder a conocimientos que Washington considera estratégicos. Durante un evento en la capital estadounidense, el presidente sostuvo que compartir esa tecnología sería equivalente a “regalar secretos” al principal rival económico del país. La postura deja clara su prioridad: mantener la ventaja estadounidense, incluso mientras ambos gobiernos preparan conversaciones sobre IA.
Trump habló el martes durante el lanzamiento de America.gov, un nuevo portal impulsado por inteligencia artificial que busca agilizar los servicios del gobierno de Estados Unidos. En ese acto, afirmó que su país lleva una amplia ventaja en el sector y que no quiere “mezclarse” con posibles competidores, pues teme que otros obtengan de inmediato información que, según él, todavía desconocen. También sostuvo que la competencia de mayor peso se concentra entre Washington y Pekín, y descartó que exista un tercer actor al mismo nivel.
El mandatario aseguró que la inteligencia artificial surgió durante su reunión con el presidente chino Xi Jinping la semana anterior, pero dijo que mantuvo su rechazo a cualquier fórmula de desarrollo conjunto. Su argumento no se limitó a la posibilidad de compartir productos terminados: también apuntó al acceso a lo que Estados Unidos ya sabe sobre la tecnología. “Entonces van a poder acceder de inmediato a cosas que nosotros sabemos y ellos no”, dijo, antes de reiterar que quiere conservar la ventaja frente a China y los demás países.
La negativa aparece junto a un esfuerzo diplomático para mantener comunicación entre las dos potencias. Después de la visita de Xi a la Casa Blanca, Washington y Pekín anunciaron un nuevo diálogo sobre inteligencia artificial, con conversaciones programadas para noviembre, además de un canal para prevenir malentendidos durante incidentes relacionados con esta tecnología. Esos mecanismos no equivalen a un acuerdo para compartir investigación ni a una empresa conjunta: la información disponible los presenta como espacios de conversación y gestión de posibles tensiones.
La diferencia entre conversar y colaborar en el desarrollo resulta central para entender el mensaje de Trump. Por un lado, ambos gobiernos reconocen la necesidad de comunicarse frente a incidentes vinculados con la IA; por otro, el presidente estadounidense rechaza una cooperación que, a su juicio, daría a China acceso inmediato a conocimientos sensibles. La tensión entre esos dos enfoques deja abierta una pregunta sobre el alcance práctico del diálogo: la fuente no detalla qué temas concretos abordarán las conversaciones previstas para noviembre.
Autorregulación, riesgos y señales políticas
La discusión de Trump sobre la cooperación internacional coincidió con un almuerzo en la Casa Blanca en el que participaron representantes de agencias gubernamentales y empresas tecnológicas, entre ellas OpenAI, Anthropic y Meta. El presidente dijo que entre los asistentes existía una convicción de que debía haber una “tremenda autorregulación” en la industria. Más tarde, al hablar con periodistas, describió un documento firmado por líderes tecnológicos como “vinculante moralmente” y lo presentó como una forma de protección frente a posibles riesgos de la IA.
Trump también señaló que probablemente se nombraría en los próximos días a un “zar de la Superinteligencia”, sin identificar a la persona que ocuparía el puesto. El martes por la tarde firmó una orden ejecutiva para cambiar formalmente el nombre de la inteligencia artificial a “Superinteligencia” en los documentos del gobierno estadounidense. El reporte no especifica qué cambios administrativos adicionales implicará esa decisión, por lo que el alcance conocido se limita a la denominación que utilizará el gobierno.
El énfasis en la autorregulación contrasta con las preocupaciones que enfrenta el presidente dentro de Estados Unidos sobre los riesgos potenciales de la tecnología y los llamados a establecer salvaguardas adicionales. Una encuesta publicada por Politico a finales de septiembre encontró que dos de cada tres estadounidenses consideran que existe al menos un riesgo moderado de que la IA pueda destruir a la humanidad. Además, el 44% de los simpatizantes de Trump consultados dijo que preferiría que fuera posible pausar el desarrollo de la inteligencia artificial.
Esos resultados reflejan inquietud entre sectores de la población, aunque por sí solos no determinan qué políticas deberían adoptar el gobierno o las empresas. Trump ha desestimado repetidamente las preocupaciones de seguridad, calificándolas de “engaño”, y las ha comparado con lo que llama la “estafa del calentamiento global”, que atribuye a los demócratas de la izquierda radical. Sus declaraciones ponen en evidencia la distancia entre el llamado público a considerar límites y la preferencia del presidente por evitar restricciones que, según él, podrían frenar el crecimiento futuro de la tecnología.
La posición estadounidense también contrasta con una advertencia previa del Ministerio de Exteriores chino, que sostuvo que las “narrativas de amenaza” y la confrontación obstaculizan la gobernanza de la inteligencia artificial. Esa declaración apunta a una diferencia de enfoque entre los dos gobiernos: Trump presenta la IA como un terreno de competencia en el que Estados Unidos debe proteger su ventaja, mientras Pekín cuestiona el efecto de la retórica confrontativa sobre la gestión internacional del sector. Ninguna de esas posturas, por sí sola, resuelve cómo se abordarán los riesgos compartidos.
Por ahora, la agenda combina un rechazo explícito a compartir el desarrollo de la tecnología con medidas para sostener el contacto entre Washington y Pekín. Las conversaciones previstas para noviembre y el nuevo canal de comunicación podrían servir para tratar incidentes o reducir errores de cálculo, aunque el reporte no anticipa acuerdos ni detalla sus procedimientos. En paralelo, la administración Trump promueve America.gov, plantea una figura dedicada a la “Superinteligencia” y apuesta por la autorregulación, en un contexto de debate público sobre salvaguardas y posibles daños.
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