Nueva York aprobó el primer veto estatal a la construcción de grandes centros de datos, mientras Seattle lo hará la próxima semana, en un giro regulatorio que refleja la creciente oposición pública al voraz consumo de recursos de la IA.
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- La legislatura neoyorquina votó una moratoria de un año para proyectos de centros de datos con demanda pico de al menos 20 MW, a la espera de la firma de la gobernadora Kathy Hochul.
- El consejo de la ciudad de Seattle tiene previsto aprobar un congelamiento idéntico el 9 de junio de 2026, con apoyo masivo de los residentes.
- Ambas medidas buscan estudiar el impacto sobre la red eléctrica, el agua y la contaminación antes de autorizar más desarrollos de IA.
🚨 Nueva York y Seattle ponen freno a la construcción de grandes centros de datos por un año
Ambas ciudades buscan evaluar el impacto ambiental y energético de estos proyectos.
El consumo de recursos de la IA ha levantado preocupaciones entre residentes.
Se prevé un… pic.twitter.com/aFtBv3H6Tk
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 5, 2026
La inteligencia artificial (IA) se ha topado con un muro inesperado en Estados Unidos.
El estado de Nueva York y la ciudad de Seattle aprobaron, en cuestión de días, sendas moratorias de un año para la construcción de grandes centros de datos, las infraestructuras que alimentan el auge de la IA.
La medida neoyorquina, votada por la Legislatura liderada por los demócratas en el último día de sesión, es la primera prohibición estatal de este tipo en el país. Seattle, por su parte, se convertirá en la mayor jurisdicción municipal en imponer un congelamiento cuando su consejo complete el trámite formal el martes 9 de junio de 2026.
Ambos movimientos comparten un objetivo: darse un respiro de doce meses para estudiar el impacto ambiental, energético y comunitario de los mega proyectos, ante la presión de ciudadanos hartos del ruido, el consumo de agua y la amenaza de facturas eléctricas más altas.
Nueva York: primer estado en decir “alto”
El proyecto de ley aprobado en Albany establece una pausa de un año para cualquier centro de datos nuevo que supere una demanda pico de 20 megavatios. El texto, que forma parte de un paquete ómnibus para regular el sector tecnológico, ordena a la agencia ambiental estatal elaborar un informe detallado sobre el uso de electricidad, agua, tierra y la contaminación generada.
Además, obliga a las empresas que quieran levantar estos complejos a organizar y costear una audiencia pública al menos tres meses antes de obtener la aprobación. La gobernadora Kathy Hochul tiene hasta diciembre de 2026 para firmar o vetar la ley y su oficina aún no ha comentado su posición.
La líder de la mayoría en el Senado, Andrea Stewart-Cousins, defendió la medida: “Estamos diciendo que no puedes construir aquí, pero sí queremos mirar todos los aspectos y todos los impactos, y eso es lo que haremos”. La pausa es más corta que una propuesta original de tres años, pero ha bastado para encender la polémica.
Según datos del Operador del Sistema Independiente de Nueva York, la entidad que vela por la fiabilidad de la red eléctrica, ya hay 24 propuestas de centros de datos en revisión que suman más de 9.000 MW. Un proyecto de 180 MW en Albany ya había levantado preocupación vecinal antes de la votación.
Seattle se suma al clamor vecinal
En la costa oeste, Seattle siguió un camino similar. Dos comités del consejo municipal dieron luz verde a la moratoria después de que The Seattle Times destapara en abril la existencia de planes para cinco grandes centros de datos en las afueras de la ciudad.
La alcaldesa Katie Wilson admitió que se enteró por la prensa y apoyó de inmediato la pausa: “Tanto yo como muchos miembros del consejo estábamos felices de avanzar hacia un moratorium, especialmente sabiendo que había un fuerte apoyo público para esa acción”. Más de 50 residentes hablaron a favor durante el período de comentarios públicos.
El año de parálisis servirá para definir estándares de contaminación, requisitos de conexión a la red eléctrica, exigencias laborales, cláusulas contractuales y, en palabras de Wilson, para decidir si estos proyectos representan un “buen uso del terreno urbano”.
Entre los temores que llevaron a los ciudadanos a respaldar la prohibición figuran el impacto climático de generadores auxiliares que funcionan con combustibles fósiles, la contaminación acústica de los equipos de refrigeración y la transformación de tierras agrícolas en campus industriales.
Preocupaciones convergentes: energía, agua y clima
El consumo descomunal de recursos está en el centro del debate. Los centros de datos de IA requieren cantidades ingentes de electricidad y agua para refrigerar los servidores, lo que puede disparar las tarifas de los hogares y tensionar redes ya de por sí envejecidas. En Seattle, la posibilidad de que estos proyectos operen “detrás del medidor”, con motores a reacción alimentados con combustibles fósiles, añadió una capa extra de inquietud.
El caso de Nueva York no es aislado. A principios de año, Maine aprobó un proyecto de ley que prohibía nuevos centros de datos hasta finales de 2027, pero la gobernadora Janet Mills lo vetó porque no incluía una exención para un proyecto previamente planeado. La moratoria neoyorquina aspira a ser más quirúrgica al exigir informes de impacto específicos.
El malestar ha cruzado las líneas partidistas. Las encuestas muestran que la mayoría de los estadounidenses se oponen a la instalación de centros de datos en sus comunidades, y las acaloradas reuniones municipales se han vuelto un fenómeno habitual.
La industria reacciona: críticas económicas y temores de desventaja
Los grupos empresariales, tecnológicos y de la construcción han criticado con dureza las moratorias.
Stacey Sikes, presidenta interina de la Long Island Association, declaró a Politico que la prohibición “en general sería perjudicial para la economía del estado, porque tener una moratoria general en lugar de examinarla caso por caso no permitiría que el estado avanzara en un proyecto de centro de datos que realmente podría ser útil para nuestra economía”.
Desde la bancada republicana, el asambleísta del North Country, Scott Gray, ironizó: “Nadie en esta cámara quiere un crecimiento imprudente, pero el moratorio no es una respuesta. Es un letrero colgado en la puerta de entrada de Nueva York que dice ‘estamos fuera para almorzar’ durante un año”. Gray subrayó que la decisión perjudica especialmente al norte del estado, que aspira a atraer inversiones.
Estas tensiones reflejan una batalla más amplia. Mientras algunos políticos locales se oponen, otros en estados como Indiana o Utah han apoyado proyectos a pesar de la oposición vecinal, con episodios que incluyen insultos a constituyentes e incluso la confiscación del teléfono de un periodista que investigaba presiones sobre negocios vinculados a un mega desarrollo de 40.000 acres en Box Elder County.
¿Qué significa para el futuro de la IA?
Las moratorias de Nueva York y Seattle marcan un posible punto de inflexión. La expansión de la inteligencia artificial depende directamente de estas infraestructuras, y detenerlas durante un año podría ralentizar algunos despliegues, aunque no se trata de una prohibición definitiva. La clave estará en los informes de impacto que se elaboren durante la pausa.
Si los resultados documentan costes ambientales elevados, es probable que las regulaciones se endurezcan y que otras ciudades sigan el ejemplo. Por el contrario, si las agencias concluyen que los beneficios pueden compensarse con medidas adecuadas, la moratoria podría convertirse en un mero trámite temporal.
Lo que ya resulta evidente es que la ciudadanía ha dejado de ver los centros de datos como simples naves industriales inocuas. La resistencia comunitaria, alimentada por el temor a apagones, sequía de recursos y contaminación, está transformando el paisaje político y podría redefinir el ritmo al que la IA se instala en los barrios.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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