La ley de Artistas Sintéticos de Nueva York entró en vigor el 9 de junio y ya enfrenta cuatro quejas contra anuncios que presuntamente omitieron revelar el uso de modelos generados por IA.
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- Cuatro quejas llegaron a la oficina del fiscal general de Nueva York por presuntos anuncios con modelos sintéticos no identificados.
- Athletifreak y Bloobloom aparecen entre las empresas señaladas en presentaciones anónimas obtenidas por medios estadounidenses.
- La ley contempla multas de USD $1.000 por una primera infracción y de hasta USD $5.000 por violaciones reiteradas.
Las primeras denuncias
La nueva ley de Nueva York que exige informar el uso de personas generadas por inteligencia artificial en anuncios ya enfrenta sus primeros casos de prueba. La oficina del fiscal general del estado recibió cuatro quejas relacionadas con campañas que presuntamente utilizaron modelos o artistas sintéticos sin ofrecer la divulgación exigida a los consumidores.
Las revisiones continúan abiertas en la oficina del fiscal general, de acuerdo con un reporte de Yahoo News que citó información difundida a finales de agosto. El proceso todavía no determina si las compañías infringieron la norma, por lo que las acusaciones deben entenderse como alegatos pendientes de verificación y no como sanciones ya impuestas.
Entre las presentaciones figuran dos quejas anónimas obtenidas por Straight Arrow News, relacionadas con la marca de ropa Athletifreak y la compañía londinense de gafas Bloobloom. Los reclamos sostienen que anuncios de ambas empresas habrían incluido modelos o artistas creados con IA sin una señal clara que permitiera al público reconocer su origen sintético.
La importancia de estos expedientes no depende únicamente de las marcas involucradas, sino de la rapidez con que aparecieron después de la entrada en vigor de la regulación. Para los anunciantes, el caso plantea una pregunta práctica: si una imagen parece mostrar a una persona real, ¿basta con que la empresa conozca internamente su origen artificial o debe advertirlo de manera visible al público?
La respuesta de Nueva York parte de una premisa sencilla, aunque con consecuencias relevantes para las campañas digitales: el uso de artistas sintéticos no está prohibido, pero sí debe comunicarse. La obligación busca evitar que un consumidor interprete como real una apariencia, una experiencia personal o un respaldo que en realidad fueron producidos mediante herramientas de IA.
Cómo funciona la ley
La ley de Artistas Sintéticos de Nueva York entró en vigencia el 9 de junio y alcanza a las compañías que hacen negocios en el estado. Su alcance convierte a Nueva York en un punto de referencia temprano para la publicidad generada por IA, especialmente porque muchas campañas de comercio electrónico, redes sociales y marketing de influencers llegan simultáneamente a consumidores de distintas jurisdicciones.
Las empresas que sean encontradas en incumplimiento pueden recibir una multa de USD $1.000 por una primera infracción. Las violaciones reiteradas pueden elevar la sanción hasta USD $5.000, una estructura que pretende combinar una advertencia inicial con un castigo mayor para las compañías que mantengan prácticas opacas después de haber sido notificadas.
Al anunciar la medida, la gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, afirmó: “En Nueva York, estamos estableciendo las reglas del camino en lugar de dejar que la IA lleve el mando”. La declaración resume el enfoque estatal: permitir que las empresas utilicen nuevas herramientas creativas, pero fijar un límite de transparencia cuando esas herramientas puedan alterar la percepción del consumidor.
La norma adquiere especial relevancia porque los anuncios sintéticos pueden producir rostros, cuerpos y testimonios visualmente convincentes sin contratar a una persona real. Esa capacidad reduce ciertos costos de producción y facilita crear campañas personalizadas, aunque también puede borrar la diferencia entre una representación publicitaria y la supuesta recomendación de un cliente, especialista o influencer.
El cumplimiento no se limita a una discusión estética sobre si una imagen fue retocada o generada desde cero. El problema regulatorio aparece cuando la presentación induce a creer que existe una persona real detrás de una experiencia, una apariencia o una declaración que nunca ocurrieron, particularmente en sectores donde la confianza influye en decisiones de salud y bienestar.
Transparencia, consumidores y regulación
La exigencia de revelar el uso de IA conecta con una preocupación más amplia sobre la confianza en la publicidad digital. Si una marca muestra a un supuesto cliente o experto generado artificialmente sin aclararlo, el público puede atribuirle una identidad, una historia personal o una autoridad que no existen, y esa confusión puede afectar directamente la decisión de compra.
El riesgo aumenta cuando el anuncio utiliza recursos asociados con testimonios personales, como fotografías de progreso, relatos de transformación o recomendaciones de productos vinculados con el bienestar. Una persona sintética puede parecer convincente, pero no tiene una experiencia propia que respalde el producto; presentarla como si la tuviera puede acercar la campaña a una forma de engaño que las normas de protección al consumidor buscan evitar.
Nueva York no parte desde cero en este terreno. Algunas reglas ya exigen reconocer la participación de actores pagados en determinados anuncios, mientras que la Comisión Federal de Comercio mantiene disposiciones contra reseñas y testimonios falsos que también podrían aplicarse a contenido producido mediante IA, según las circunstancias de cada caso.
La Comisión Federal de Comercio también ha planteado una declaración de política sobre la aplicación de las normas contra prácticas engañosas en sistemas de inteligencia artificial. El debate federal puede añadir tensión a la relación entre las protecciones locales y las prioridades nacionales, aunque el alcance de esa eventual política todavía debe precisarse.
Ese posible mosaico complica la planificación de las compañías que distribuyen una misma campaña en todo Estados Unidos. Una marca podría diseñar una etiqueta para cumplir con Nueva York y luego decidir aplicarla en otros mercados, o podría mantener versiones distintas de un anuncio; en ambos casos, la regulación aumenta la necesidad de revisar el origen del contenido antes de publicarlo.
El impacto para anunciantes y plataformas
La primera reacción empresarial parece orientarse hacia una mayor documentación del contenido generado por IA. Amazon, por ejemplo, comunicó a vendedores externos que el uso de IA en imágenes y videos de sus listados debía divulgarse, según el reporte citado, en referencia a legislación que exige transparencia sobre personas fotorrealistas generadas artificialmente en anuncios.
Esa clase de controles puede extenderse a los equipos de marketing, agencias creativas y plataformas de comercio electrónico. Antes de lanzar una campaña, las empresas tendrían que identificar si una imagen contiene una persona sintética, determinar qué aviso corresponde y conservar registros que les permitan explicar cómo se produjo el material en caso de una revisión.
Para los anunciantes, la dificultad no siempre estará en reconocer una creación completamente artificial. Las herramientas actuales pueden combinar fotografías reales con alteraciones generativas, cambiar rasgos físicos o producir nuevas escenas a partir de una imagen existente, de modo que las políticas internas deberán abordar tanto modelos creados desde cero como modificaciones capaces de cambiar la identidad o el contexto de una persona.
La presión también puede recaer sobre las agencias y los proveedores de software que preparan las campañas. Aunque la ley se aplica a compañías que hacen negocios en Nueva York, una cadena publicitaria con varios intermediarios necesitará distribuir responsabilidades claras para saber quién verifica la divulgación, quién aprueba el anuncio y quién responde si la señal requerida no aparece ante el público.
Por ahora, las cuatro quejas no muestran todavía cuán severa será la respuesta del estado. Sin embargo, si las autoridades convierten alguno de estos expedientes en una acción formal, podrían establecer criterios sobre el tamaño, la ubicación y la claridad de las etiquetas, además de precisar cuándo una modificación con IA transforma una imagen en un anuncio sujeto a la ley.
Causas de movimientos recientes
No se reporta un movimiento de mercado asociado con este caso. La información disponible se refiere a quejas regulatorias y a la entrada en vigor de la ley, no a una reacción confirmada de precios o de activos financieros.
Una prueba para el modelo regulatorio
Las primeras quejas podrían indicar con qué intensidad Nueva York pretende hacer cumplir la transparencia mientras crecen los influencers sintéticos y las campañas con estética de deepfake. Un cumplimiento débil reduciría el efecto práctico de la norma, mientras que una aplicación firme podría impulsar a otras jurisdicciones a adoptar requisitos similares para proteger a los consumidores.
La eventual expansión de estas reglas tendría consecuencias para empresas que operan en múltiples mercados y para plataformas que alojan anuncios de terceros. Los negocios deberán decidir si adaptan cada campaña según el estado donde se muestra o si adoptan una política nacional de divulgación, una elección que implicaría equilibrar costos operativos, claridad para el consumidor y riesgo legal.
El debate también puede influir en la evolución de la publicidad basada en IA, sin que la discusión dependa exclusivamente de prohibir la tecnología. La norma neoyorquina intenta conservar el uso creativo de modelos sintéticos, pero exige reconocerlo cuando la apariencia de una persona real pueda alterar la interpretación del mensaje comercial.
Para el público, la etiqueta representa una herramienta básica de información, no una garantía automática de que toda la campaña sea confiable. Aun con una divulgación visible, los consumidores seguirán necesitando distinguir entre una imagen generada, un testimonio pagado, una reseña auténtica y una afirmación comercial respaldada por evidencia.
El resultado de estos primeros expedientes definirá si la ley se convierte en una referencia nacional o en otra obligación limitada a un mercado estatal. Mientras tanto, la transparencia de la IA deja de ser una discusión abstracta sobre el futuro y se transforma en una exigencia concreta para anunciantes, compañías tecnológicas y reguladores.
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