Por Canuto  

La idea de ver Bitcoin en el balance de un banco como Morgan Stanley dejó de sonar imposible. Sin embargo, detrás de esa posibilidad aparece un entramado regulatorio complejo, donde el tratamiento de capital, la supervisión de la Reserva Federal y las reglas de Basilea siguen siendo el verdadero filtro para la adopción bancaria directa.

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  • Amy Oldenburg, de Morgan Stanley, afirmó que ver Bitcoin en el balance de grandes bancos “no está totalmente fuera de cuestión”.
  • El principal obstáculo no sería solo la SEC, sino también la Fed, Basilea y la coordinación entre múltiples supervisores.
  • La ponderación de riesgo de 1.250% para criptoactivos no respaldados sigue haciendo antieconómica la exposición directa para grandes bancos.

 


La posibilidad de que un banco de Wall Street como Morgan Stanley mantenga Bitcoin (BTC) como activo de tesorería todavía no es una realidad inmediata, pero ya tampoco parece una hipótesis descartada.

Durante un panel en la conferencia Bitcoin 2026, Amy Oldenburg, ejecutiva de la entidad, planteó que ese escenario podría materializarse en el futuro si continúa el avance regulatorio observado en los últimos 16 meses.

No es “totalmente descabellado” que los bancos mantengan $BTC en sus balances, pero las normas de capital de Basilea y la coordinación entre los distintos organismos reguladores siguen siendo los principales obstáculos, destacó la ejecutiva, según la cobertura de CoinDesk.

Su comentario llamó la atención no porque anunciara un cambio inminente, sino porque reconoció que la idea ya entra dentro de lo procesalmente posible. En el debate institucional sobre Bitcoin, esa diferencia es relevante. No se trata solo de ofrecer exposición a clientes o custodiar criptoactivos, sino de decidir si una entidad sistémica puede asumir BTC como parte de su propio balance.

Ese paso representa uno de los niveles más altos de adopción institucional. Implica lidiar con reglas de capital, criterios contables, requerimientos de liquidez, expectativas de supervisores y decisiones de riesgo aprobadas a nivel de directorio. Por eso, la discusión va mucho más allá del apetito comercial o de la demanda de clientes.

Oldenburg respondió a una pregunta directa sobre qué tendría que ocurrir para que Morgan Stanley, u otro banco regulado, pasara de ofrecer acceso a Bitcoin a incorporarlo como activo corporativo. Su respuesta fue cautelosa, pero clara: si el progreso regulatorio sigue su curso, es algo que podría verse en el futuro y no está totalmente fuera de cuestión.

Un cambio de tono, pero no una señal de adopción inmediata

La relevancia de esa declaración radica en el tono. Durante años, la idea de Bitcoin en el balance de grandes bancos se había mantenido en el extremo más lejano del espectro institucional. Primero llegaron los productos de inversión, luego la custodia y más tarde el acceso para clientes. La tenencia directa por parte del banco siempre pareció un umbral mucho más difícil de cruzar.

Oldenburg dejó claro que la limitación no proviene de una sola norma. Mencionó en primer lugar el antiguo SAB 121 de la SEC, una guía contable que había dificultado la custodia masiva de criptoactivos por parte de los bancos antes de su retiro. Ese cambio mejoró parte del panorama, pero no resolvió el problema de fondo.

La ejecutiva explicó que no es solo el tratamiento vinculado a SAB 121 lo que frena a los grandes bancos. También pesan la guía de la Reserva Federal y las normas de Basilea. En sus palabras, cuando una entidad es un gran banco G-sub, no reporta ante una sola agencia. Eso obliga a pensar cualquier exposición a Bitcoin desde una lógica multinivel de cumplimiento y supervisión.

Esa observación resume el dilema central. Un banco global de importancia sistémica no puede evaluar Bitcoin únicamente como un activo con volatilidad o potencial de apreciación. Debe demostrar ante varios reguladores que la exposición encaja con sus exigencias de solvencia, gestión operativa, controles internos y planificación de capital.

Basilea sigue siendo el mayor cuello de botella

Entre todos los factores mencionados, el punto de Basilea aparece como uno de los más determinantes. El estándar del Comité de Basilea para criptoactivos impone el tratamiento más conservador a los criptoactivos no respaldados, categoría en la que entra Bitcoin. Para la industria, ese diseño prudencial ha sido uno de los principales desincentivos a la tenencia directa por parte de la banca.

El problema se concentra en la ponderación de riesgo de 1.250%. Distintos defensores del sector han argumentado que ese nivel vuelve antieconómica la exposición directa a Bitcoin en el balance de los bancos. En la práctica, el costo regulatorio de mantener BTC bajo ese esquema puede superar ampliamente cualquier incentivo financiero, incluso si existe demanda del mercado o interés estratégico.

El Comité de Basilea informó en febrero de 2026 que aceleró una revisión específica de su estándar prudencial para las exposiciones bancarias a criptoactivos. Según lo señalado en la información original, se espera una actualización para más adelante este año. Ese proceso es observado con atención porque podría redefinir si los bancos sistémicos tienen algún margen real para incorporar Bitcoin a su tesorería.

En Estados Unidos, el Bitcoin Policy Institute ha intentado influir en esa discusión. En marzo, el grupo dijo que planeaba revisar y comentar la próxima propuesta de Basilea de la Reserva Federal. Su postura es que el tratamiento actual desalienta a los bancos a mantener o prestar servicios relacionados con Bitcoin debido al carácter punitivo de la ponderación de riesgo vigente.

La Reserva Federal y otras agencias también han movido piezas

El frente estadounidense también ha mostrado cambios, aunque todavía no en una línea recta hacia bancos comprando Bitcoin para sí mismos. En abril de 2025, la Reserva Federal retiró una guía anterior relacionada con actividades de bancos que involucraban criptoactivos y tokens denominados en dólares. La autoridad dijo entonces que esa decisión ayudaría a mantener las expectativas alineadas con la evolución de los riesgos y a respaldar la innovación dentro del sistema bancario.

La FDIC y la OCC siguieron una dirección parecida al alejarse de marcos de aprobación previa para actividades cripto permitidas. Sin embargo, ambas mantuvieron que los bancos continúan obligados a aplicar una gestión de riesgos robusta. Es decir, hubo mayor apertura operativa, pero no una autorización general para asumir exposición sin límites.

Más recientemente, las agencias bancarias estadounidenses también aclararon que los valores tokenizados elegibles deberían recibir, en general, el mismo tratamiento de capital que sus equivalentes no tokenizados. En esa aclaración, la regla de capital fue descrita como tecnológicamente neutral. El mensaje fue importante porque muestra un intento regulatorio por separar la infraestructura blockchain del riesgo económico propio del activo.

Aun así, esa precisión no resuelve el caso de Bitcoin en balance. Bitcoin no es una versión tokenizada de un valor tradicional, por lo que no entra en ese mismo carril regulatorio. La diferencia es clave: una cosa es permitir que instrumentos financieros conocidos se representen sobre blockchain, y otra muy distinta es aceptar BTC como activo de tesorería para un banco global.

Por qué el comentario de Morgan Stanley importa al mercado

La observación de Oldenburg ayuda a entender que el camino no depende solo de un cambio de humor político o de un ambiente más favorable hacia las criptomonedas. Lo que se necesita es un marco más coherente entre agencias, reglas de capital menos prohibitivas y criterios de supervisión estables sobre seguridad y solidez bancaria.

Para un G-SIB, la pregunta no es si hay clientes interesados en Bitcoin. La pregunta es si mantenerlo en balance puede justificarse ante supervisores, auditores y comités de riesgo sin castigar desproporcionadamente los índices de capital. Mientras Basilea conserve el tratamiento más severo, los incentivos económicos seguirán siendo débiles.

También queda pendiente la dimensión de la supervisión de la Fed. Incluso tras los retiros recientes de ciertas guías, los grandes bancos necesitan saber cómo será evaluada una exposición a Bitcoin en materias como liquidez, riesgo operativo, planeación de capital y seguridad y solidez. Sin ese marco, la incertidumbre sigue siendo demasiado alta para avanzar hacia una adopción directa.

En ese contexto, la frase de Oldenburg no debe leerse como una promesa, sino como una señal. Morgan Stanley no anunció compras de BTC ni un cambio de política corporativa. Lo que sí hizo fue reconocer públicamente que, bajo ciertas condiciones regulatorias, Bitcoin en el balance de un gran banco ya no es una idea imposible.

De acuerdo con la cobertura de NewsBTC, esa es la parte verdaderamente interesante del mensaje. La puerta no está abierta del todo, pero ya dejó de estar completamente cerrada. Al momento de la publicación citada en la nota original, BTC cotizaba a USD $1,3716.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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