El Congreso de Estados Unidos aprobó una prórroga que aplaza hasta el 11 de diciembre la prohibición de productos de THC derivados del cáñamo, mientras legisladores, la Casa Blanca y la industria disputan el futuro de un sector estadounidense del cáñamo valorado en USD $28.400 millones.
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- La Cámara de Representantes aprobó el retraso como parte de una ley de financiamiento para evitar un cierre del gobierno.
- La Casa Blanca defiende la demora para preservar el acceso a productos de CBD de espectro completo y estudiar un marco regulatorio.
- La industria afirma que necesita el mes adicional para impulsar normas contra productos dirigidos a menores, en lugar de una prohibición total.
La prohibición de varios productos populares de THC derivados del cáñamo no comenzará el próximo mes, después de que el Congreso de Estados Unidos aprobara una prórroga incluida en una ley de financiamiento gubernamental. La Cámara de Representantes respaldó la medida el martes como parte del paquete destinado a evitar un cierre del gobierno a finales de mes, mientras el Senado ya había aprobado el proyecto en agosto. Con la aprobación de ambas cámaras, la legislación quedó encaminada al escritorio del presidente Donald Trump.
El Congreso había establecido la prohibición el año pasado, después de que autoridades policiales de distintos lugares del país advirtieran sobre menores que compraban productos comercializados como una especie de marihuana en gasolineras y tiendas de conveniencia. Los críticos sostienen que algunos artículos pueden resultar peligrosos y que su presentación, en ocasiones parecida a la de dulces, facilita el acceso de los niños. Sin embargo, los legisladores habían aplazado originalmente la aplicación durante un año y ahora añadieron otros 30 días, hasta el 11 de diciembre, detallan reportes.
La prórroga fue incorporada por republicanos a petición de la Casa Blanca, lo que reabrió una disputa sobre el alcance de la política federal frente al cáñamo y sus derivados intoxicantes. El retraso no elimina la prohibición aprobada previamente ni garantiza que el Congreso vaya a reemplazarla con una regulación permanente, pero sí ofrece a los legisladores y a las empresas una ventana adicional para negociar. En la práctica, el mercado obtiene tiempo para operar mientras continúa la incertidumbre sobre qué productos podrán permanecer legales.
Según la información publicada por HuffPost, el presidente Trump había defendido en abril la conveniencia de posponer la medida para asegurar que los estadounidenses conservaran el acceso a productos de CBD de espectro completo en los que habían llegado a confiar. El mandatario también ha hablado sobre la utilidad de la marihuana medicinal para personas mayores y veteranos que enfrentan dolor crónico, una posición que contrasta con la preocupación de los legisladores que consideran que los productos de THC de venta minorista carecen de controles adecuados.
Una industria millonaria bajo presión regulatoria
El crecimiento del sector se remonta a 2018, cuando el Congreso aprobó una ley que legalizó el cáñamo a escala federal. Los emprendedores aprovecharon esa apertura para desarrollar una amplia gama de productos intoxicantes derivados de la planta, una consecuencia que los legisladores no habían previsto al diseñar el marco legal. La diferencia entre el cáñamo y la marihuana, junto con la forma en que la ley definió los límites del THC, permitió que aparecieran bebidas, comestibles y otros productos en mercados que no siempre aplican las mismas reglas que la industria tradicional del cannabis.
La U.S. Hemp Roundtable calcula que la industria estadounidense del cáñamo genera USD $28.400 millones y sostiene 328.000 empleos. Esas cifras explican por qué la prórroga tiene consecuencias económicas que van más allá de una disputa técnica sobre la definición legal del cáñamo, especialmente para fabricantes, minoristas y empresas de bebidas. También ayudan a entender la resistencia empresarial frente a una prohibición amplia, que podría eliminar de manera abrupta una categoría de productos construida durante los últimos años.
La administración Trump asegura que su postura no responde a los vínculos de un familiar de Susie Wiles, jefa de personal de la Casa Blanca, con la industria del cáñamo. Esa relación había generado preocupaciones sobre posibles conflictos de interés entre algunos legisladores, pero el portavoz presidencial Kush Desai afirmó que la única consideración de la administración es el interés público. En un comunicado enviado por correo electrónico, Desai dijo que el gobierno explora un marco basado en un Estándar Científico de Oro para ampliar las opciones de tratamiento de veteranos y pacientes estadounidenses.
La posición de la Casa Blanca mantiene abierta la posibilidad de una política que distinga entre productos dirigidos a adultos, artículos con potencial terapéutico y mercancía presentada de forma atractiva para menores. Esa diferenciación sería relevante para el sector de bebidas de cáñamo, que intenta evitar que los problemas atribuidos a ciertos vendedores arrastren a toda la categoría. Por ahora, el Congreso solo ha comprado tiempo: la fecha del 11 de diciembre conserva la presión política y obliga a ambas partes a presentar una alternativa antes de que expire la demora.
Seguridad infantil frente a regulación del mercado
Andy Harris, representante republicano por Maryland y uno de los mayores detractores de la marihuana en el Congreso, criticó la decisión de aplazar la prohibición. Harris dijo a HuffPost que la medida permitiría que la llamada “marihuana de gasolinera” continuara disponible para los niños y sostuvo que esos productos podían envenenarlos, además de acusar a la industria de obtener miles de millones de dólares. Cuando le preguntaron si la Casa Blanca compartía esa postura, respondió que no le importaba de dónde procedía la decisión porque, a su juicio, era una mala política.
Las objeciones de Harris reflejan el principal argumento de quienes respaldan una prohibición total: el mercado habría crecido más rápido que los controles de edad, etiquetado, potencia y comercialización. Desde esa perspectiva, la existencia de productos con apariencia de golosinas constituye un riesgo de salud pública que no se resuelve únicamente con advertencias en el empaque. La prórroga, por tanto, es vista por los críticos como una oportunidad para que los vendedores mantengan productos que deberían haber salido del mercado.
La industria plantea una respuesta diferente y afirma que puede aceptar reglas estrictas contra los malos actores sin renunciar a todos los productos derivados del cáñamo. Chris Lackner, presidente de la Hemp Beverage Alliance, señaló que el mes adicional puede permitir a los legisladores diseñar normas más benignas que una prohibición completa, al tiempo que se protege a los menores. Su propuesta busca que la regulación actúe sobre la potencia, la presentación y los canales de venta, en lugar de cerrar una categoría entera.
“Ese es un mes crucial y puede suceder mucho en ese tiempo. Sí sentimos que hay una oportunidad aquí”, dijo Lackner, quien añadió que el objetivo es un marco que proteja la salud pública y permita prosperar a las bebidas de cáñamo. La declaración muestra que el sector no rechaza toda intervención gubernamental, aunque sí se opone a que el Congreso trate de la misma manera a empresas que cumplen reglas y a negocios que comercializan productos potencialmente peligrosos. La discusión será definir qué controles resultan verificables y quién tendrá la responsabilidad de aplicarlos.
La Casa Blanca busca margen para una alternativa
El respaldo presidencial al retraso introduce una variable política adicional en un debate que hasta ahora se había concentrado en la seguridad de los consumidores. Trump ha expresado interés en conservar opciones de marihuana medicinal para personas mayores y veteranos con dolor crónico, y su administración vincula esa prioridad con el estudio de un marco basado en evidencia científica. No obstante, la información disponible no indica que la Casa Blanca haya presentado una propuesta legislativa completa capaz de sustituir la prohibición antes del 11 de diciembre.
La referencia al CBD de espectro completo también evidencia que el debate no se limita a productos con efectos intoxicantes. Para los consumidores, fabricantes y minoristas, la redacción final de la norma puede determinar si ciertos artículos quedan fuera del mercado por su contenido de THC, por su forma de comercialización o por la ausencia de requisitos de control. Esa precisión será decisiva, porque una prohibición formulada de manera amplia podría afectar productos que la administración considera potencialmente útiles para pacientes.
El retraso tampoco resuelve las acusaciones de conflicto de interés, aunque la Casa Blanca las rechace. La participación de un familiar de la jefa de personal en la industria alimentó las sospechas de algunos legisladores, mientras el gobierno insiste en que sus decisiones se basan exclusivamente en el mejor interés de los estadounidenses. La disputa política podría intensificarse si el Congreso no logra aprobar reglas claras y el mercado interpreta cada nueva prórroga como una señal de que el veto definitivo pierde viabilidad.
Durante los próximos 30 días, los legisladores enfrentarán una elección entre dos enfoques: mantener una prohibición diseñada para responder a riesgos concretos o construir un sistema regulatorio que permita conservar parte del mercado bajo condiciones más estrictas. La industria intentará demostrar que puede controlar la presentación y venta de sus productos, mientras sus detractores insistirán en que la intoxicación y el acceso de menores justifican una respuesta más severa. El 11 de diciembre funcionará como el próximo punto de presión para esa negociación.
La decisión del Congreso deja al sector del THC de cáñamo con alivio temporal, pero no con seguridad jurídica permanente. Mientras Washington debate la salida, una industria estadounidense del cáñamo valorada en USD $28.400 millones deberá convencer a los legisladores de que la regulación puede proteger a los niños sin destruir las opciones de tratamiento y el mercado de bebidas que ya se desarrolló alrededor del cáñamo.
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