Por Canuto  

Charles Hoskinson criticó con dureza los intentos de eliminar la Sección 604 de la Digital Asset Market Clarity Act, al considerar que abriría la puerta a responsabilizar legalmente a desarrolladores de código abierto por delitos cometidos por terceros. El debate enfrenta a defensores de la innovación blockchain con sectores policiales que temen perder herramientas contra el crimen financiero.
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  • Charles Hoskinson calificó como “locura” y “pesadilla distópica” la ofensiva contra la Sección 604.
  • La National Fraternal Order of Police pidió a senadores de EE. UU. reconsiderar esa disposición por riesgos para la persecución penal.
  • El caso podría impactar el futuro de DeFi, la innovación cripto y el desarrollo de software abierto en Estados Unidos.


Charles Hoskinson, fundador de Cardano, cuestionó con dureza los intentos de eliminar la Sección 604 de la propuesta Digital Asset Market Clarity Act en Estados Unidos. A su juicio, retirar esa disposición implicaría abrir un marco legal peligroso para el software de código abierto, al exponer a desarrolladores e infraestructura blockchain a responsabilidades por actos cometidos por terceros.

La controversia surgió después de que la National Fraternal Order of Police enviara una carta a los senadores Tim Scott y Elizabeth Warren. En ese documento, la organización pidió reconsiderar la disposición al advertir que podría debilitar la capacidad de las fuerzas del orden para perseguir delitos financieros vinculados con criptomonedas.

El debate no es menor para la industria. En el centro está la pregunta sobre si quienes crean herramientas abiertas para blockchain y finanzas descentralizadas deben ser tratados como simples autores de código o como potenciales intermediarios financieros responsables del uso que otros hagan de esas tecnologías.

Qué establece la Sección 604 y por qué genera tanta tensión

La Sección 604 se ha convertido en un punto de fricción entre reguladores, defensores del software libre y grupos ligados a la seguridad pública. Según la información publicada por U.Today, la disposición busca evitar que “desarrolladores o proveedores sin control” sean tratados automáticamente como transmisores de dinero.

Para los partidarios de esa protección, el punto es clave. Su argumento sostiene que publicar código abierto o brindar infraestructura sin custodiar activos ni controlar operaciones no equivale a operar como una entidad financiera tradicional. Bajo esa lectura, imponer las mismas cargas legales a desarrolladores sería una extralimitación regulatoria.

Quienes se oponen ven el tema de manera distinta. La National Fraternal Order of Police alertó que excluir a esos actores podría dificultar el trabajo de fiscales e investigadores frente a redes criminales que utilicen activos digitales, plataformas descentralizadas o herramientas blockchain con rasgos de anonimato.

El conflicto revela una tensión más amplia que ya atraviesa a Washington. Por un lado, existe presión para construir reglas que den certeza jurídica a la industria cripto. Por otro, persiste la preocupación oficial por posibles vacíos que permitan el lavado de dinero u otros delitos financieros en ecosistemas descentralizados.

La respuesta de Hoskinson: “locura” e infraestructura en riesgo

Hoskinson rechazó de forma tajante la idea de hacer responsables a desarrolladores por actos de personas con las que no tienen relación alguna. En su mensaje, sostuvo que esa lógica desborda “cualquier sentido de la razón”, porque implicaría castigar a quien crea software abierto por un uso indebido que ocurra luego, sin su conocimiento ni consentimiento.

Su crítica fue más allá del caso puntual. El empresario describió ese escenario como una “pesadilla distópica”, al considerar que establecería una responsabilidad permanente sobre autores de herramientas abiertas, incluso cuando no controlan a los usuarios, las transacciones ni la evolución posterior del software.

Desde su perspectiva, el resultado práctico sería devastador para el ecosistema. Si cada desarrollador pudiera quedar expuesto por la conducta de terceros, el incentivo para publicar código de acceso libre se reduciría de manera drástica. Eso afectaría no solo a proyectos cripto, sino al modelo más amplio de innovación abierta que ha sostenido buena parte del desarrollo tecnológico en internet.

Hoskinson también planteó que un marco así empujaría al sector hacia sistemas cerrados y con permisos. En lugar de redes públicas y descentralizadas, los proyectos tenderían a operar en entornos donde cada participante fuera monitoreado, identificado y aprobado de antemano para limitar el riesgo legal de sus creadores.

La analogía con los autores y el trasfondo para DeFi

Para ilustrar lo que considera un absurdo legal, Hoskinson comparó esa lógica con culpar a escritores por delitos inspirados en obras de ficción. La analogía apunta a remarcar la distancia entre crear una herramienta o un texto y ejecutar un acto criminal de forma independiente.

En el terreno blockchain, esa comparación toca un punto sensible. Muchas redes y aplicaciones descentralizadas funcionan mediante software que cualquiera puede revisar, copiar, modificar y utilizar. En ese contexto, atribuir responsabilidad penal o regulatoria al autor original por todo uso posterior implicaría redefinir la naturaleza misma del desarrollo abierto.

El impacto potencial sobre DeFi también es importante. Las finanzas descentralizadas dependen en gran medida de contratos inteligentes, protocolos abiertos y herramientas interoperables. Si la regulación eleva el riesgo jurídico para quienes publican ese código, parte de la innovación podría frenarse o trasladarse hacia otras jurisdicciones con normas más favorables.

Eso no significa que el debate carezca de matices. Los críticos de una protección amplia sostienen que algunos actores podrían escudarse en la etiqueta de software abierto para facilitar operaciones irregulares. Por eso, el diseño de la norma es decisivo: la cuestión no es solo si debe haber responsabilidad, sino cómo distinguir entre publicación de código y control real sobre actividades financieras.

Una disputa con consecuencias para Estados Unidos

La discusión alrededor de la Sección 604 podría tener efectos relevantes en la competitividad tecnológica de Estados Unidos. Si el país adopta estándares de responsabilidad más estrictos para desarrolladores e infraestructura blockchain, las empresas y comunidades de código abierto podrían optar por mudarse, restringir servicios o transformar sus modelos operativos.

Ese riesgo ha sido mencionado con frecuencia por actores de la industria cada vez que aparecen propuestas regulatorias amplias. La preocupación es que el exceso de responsabilidad no solo eleve costos legales, sino que modifique la arquitectura de los proyectos, debilitando rasgos como la descentralización, la neutralidad de la infraestructura y la innovación sin permisos.

Al mismo tiempo, el debate refleja una preocupación genuina de autoridades y cuerpos policiales. Las criptomonedas han sido utilizadas en algunos esquemas delictivos, y desde esa óptica resulta comprensible que exista presión para no limitar herramientas de investigación. El desafío regulatorio consiste en evitar que la respuesta contra esos riesgos termine afectando de forma desproporcionada a desarrolladores que no controlan la actividad criminal.

Por ahora, la disputa sigue abierta en Washington. Lo que ocurra con la Sección 604 servirá como señal para el ecosistema cripto y para el mundo del software libre. Más allá de Cardano o de Hoskinson, el desenlace podría ayudar a definir si Estados Unidos quiere fomentar redes abiertas de nueva generación o empujar la innovación hacia modelos más cerrados, vigilados y centralizados.


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