Por Canuto  

Nuevos reportes apuntan a que la ofensiva de la Casa Blanca contra Anthropic no fue una reacción de último minuto al lanzamiento de Fable 5, sino una escalada que ya venía gestándose por el acceso otorgado a organizaciones externas, una presunta conexión con China y un posterior aviso de Amazon sobre fallas de seguridad. El episodio ahora alimenta críticas internacionales, malestar en la industria y dudas sobre la base legal de la decisión de Washington.

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  • La Casa Blanca habría estado lista para actuar contra Anthropic semanas antes de que Fable 5 fuera desconectado.
  • El acceso de una firma de telecomunicaciones en Corea del Sur, vista por Washington como cercana a China, agravó el conflicto.
  • Líderes del G7, expertos en ciberseguridad y analistas legales cuestionan el impacto global y la legalidad del veto.

 


La crisis alrededor de Anthropic y sus modelos Fable 5 y Claude Mythos sigue escalando. Lo que al inicio pareció una respuesta rápida del gobierno de Estados Unidos ante un riesgo de seguridad nacional ahora luce más bien como el desenlace de un choque que se venía incubando desde semanas antes.

Dos reportes recientes ayudan a reconstruir esa secuencia. Por un lado, se afirma que la Casa Blanca ya estaba preparada para actuar antes del lanzamiento de Fable 5. Por otro, aumentan las críticas dentro y fuera de Estados Unidos por el alcance internacional del veto y por las dudas sobre su fundamento legal.

Para lectores menos familiarizados con el caso, Fable 5 era el modelo insignia de consumo de Anthropic. Claude Mythos Preview, en cambio, se presentaba como un sistema con capacidades de ciberseguridad tan sensibles que solo podía ser probado por entidades consideradas confiables dentro del programa Proyecto Glasswing.

Ese programa quedó en el centro de la tormenta. Según la reconstrucción disponible, la administración Trump veía con creciente preocupación a quiénes se les estaba dando acceso y cómo se estaban gestionando esos permisos.

El resultado fue una directiva de control de exportaciones que terminó dejando fuera de acción a Fable 5 y Mythos 5 el viernes pasado. La medida abrió un frente político, comercial y regulatorio que ahora se discute incluso en el marco del G7.

Una confrontación que venía formándose antes del apagón

El 2 de junio, cerca de una semana antes del lanzamiento de Fable 5, Anthropic anunció que había añadido 150 nuevas organizaciones al Proyecto Glasswing. Ese programa permitía a empresas, gobiernos y otras entidades probar las capacidades de ciberseguridad de Claude Mythos Preview.

La importancia del anuncio era doble. Mythos Preview era descrito como un modelo demasiado peligroso para ser liberado de forma abierta, por lo que su acceso estaba limitado, al menos en teoría, a instituciones de confianza.

Según un nuevo reporte citado por Gizmodo, esa expansión del programa empujó a Anthropic hacia un curso de colisión con la directiva de la Casa Blanca. Dicha directiva fue la que finalmente hizo que Fable 5, el modelo de consumo de la empresa, quedara desconectado el viernes.

La misma reconstrucción añade un dato clave. Hace semanas, Anthropic habría mostrado a la administración Trump una lista de 111 organizaciones que planeaba sumar al Proyecto Glasswing.

Después de eso, la compañía aparentemente reveló que “aproximadamente 50 entidades adicionales ya habían recibido acceso”. Ese punto habría alterado aún más el ánimo de los funcionarios, porque implicaba que la apertura del programa ya era mayor de lo esperado.

Entre esas entidades figuraba, según el reporte, una empresa de telecomunicaciones en Corea del Sur. La administración Trump creía que esa organización tenía “vínculos con China”, una sospecha que informes previos habían mencionado solo de manera vaga.

Esa pieza ayuda a aclarar una zona gris que seguía abierta. Semafor había señalado el sábado que no estaba claro cómo se enteró la Casa Blanca, qué organización había accedido al modelo y cómo había obtenido acceso a Mythos.

Ahora la secuencia luce más precisa. Anthropic habría dado directamente acceso a esa organización, aunque luego revocó el permiso cuando surgieron objeciones desde Washington.

La revocación no habría calmado la situación. Según la misma versión, los funcionarios de la administración Trump se enfurecieron de todos modos, lo que refuerza la idea de que la directiva ya estaba esencialmente preparada antes del episodio final.

En ese marco, el aviso posterior de Amazon habría sido solo el detonante definitivo. No se trataría del origen del conflicto, sino de la gota que colmó el vaso en una disputa ya avanzada.

El papel de Amazon y la señal final para Washington

La relevancia de Amazon en esta historia es especialmente sensible. El reporte menciona que el evento desencadenante para la directiva de control de exportaciones fue un aviso del CEO de Amazon, Andy Jassy.

De acuerdo con una historia del Wall Street Journal citada por Gizmodo, Jassy comunicó que investigadores de Amazon habían demostrado que podían hackear Fable. También habrían logrado que el sistema realizara tareas de ciberseguridad que no se suponía que pudiera llevar a cabo.

Si esa evaluación fue la evidencia final presentada ante la Casa Blanca, entonces la administración ya contaba con un expediente previo. El punto de fricción por el acceso internacional a Mythos y la preocupación por posibles nexos con China ya habrían erosionado la relación con Anthropic.

El caso también trae un ángulo incómodo sobre influencia y percepción pública. Gizmodo subraya que el presidente ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, es dueño de The Washington Post, aunque la información de los reportes citados descansa en fuentes anónimas y en versiones aún no armonizadas.

Amazon no ha hecho comentarios amplios sobre el fondo del asunto. La única declaración pública atribuida a la empresa fue que no es raro que los gobiernos soliciten su consejo sobre posibles riesgos de seguridad.

Ese silencio contrasta con el enorme peso del señalamiento. Si una prueba de jailbreak realizada por Amazon ayudó a precipitar el cierre de Fable 5, entonces una empresa privada tuvo un rol significativo en una acción de alto impacto para el mercado global de IA.

Hasta ahora tampoco se conoce en detalle el tipo exacto de prueba realizada por esos investigadores. No se ha explicado públicamente qué capacidades fueron inducidas, bajo qué condiciones ni cómo comparan con otros modelos rivales.

Esa falta de claridad es central porque la administración argumentó seguridad nacional. Sin embargo, los críticos sostienen que una decisión tan amplia requeriría parámetros técnicos públicos, consistentes y comparables entre laboratorios.

La ausencia de esos detalles ha alimentado suspicacias. También ha permitido que tomen fuerza versiones sobre motivaciones políticas, rivalidades corporativas o incluso represalias ligadas a desacuerdos previos sobre límites éticos en el uso militar de la IA.

Choque de versiones, G7 y soberanía tecnológica

Mientras el caso se expandía en Washington, la controversia cruzó fronteras. Dario Amodei, de Anthropic, tenía previsto reunirse con otros directivos tecnológicos en el almuerzo del G7 en Francia, un contexto donde la decisión estadounidense difícilmente pasaría desapercibida.

La distancia entre las partes es notoria. Según fuentes en Washington citadas por Diginomica, Anthropic no tomó en serio las preocupaciones de la administración, no ejecutó las acciones solicitadas y “llegó a cada bifurcación del camino y tomó la bifurcación equivocada”.

La versión de Anthropic es diferente. La compañía sostiene que la directiva de Washington fue vaga y poco clara, y que antes del veto había estado trabajando con las autoridades bajo la creencia de que tenía aprobación para desplegar Fable 5 y Mythos 5.

En el plano geopolítico, el caso reforzó una preocupación que ya venía creciendo en economías aliadas de Estados Unidos. La interrupción de un servicio de IA por decisión presidencial intensificó el debate sobre la dependencia de plataformas tecnológicas extranjeras.

Mark Carney, primer ministro de Canadá, afirmó que la situación colectiva con Mythos y Fable muestra lo que puede ocurrir con una dependencia excesiva en ciertos modelos. También sostuvo que “nunca es una buena idea tener una sola opción”.

El episodio llegó pocos días después del lanzamiento en la Unión Europea del paquete European Technological Sovereignty Package. Ese conjunto de medidas busca reducir con fuerza la dependencia de tecnología desarrollada en Estados Unidos y China.

Thomas Reigner, de la European Commission for Tech Sovereignty, dijo que las medidas de contingencia adoptadas frente a este tipo de riesgos no deberían ser discriminatorias contra socios. Además, vinculó el caso con la necesidad de reforzar la soberanía tecnológica europea.

Reigner también remarcó la relevancia del marco regulatorio ya vigente en la Unión Europea. Mencionó la Ley de AI, la Ley de Ciber Resiliencia y la Directiva NIS2 como herramientas para gestionar estos riesgos bajo términos propios.

En Francia, aunque Emmanuel Macron no había reaccionado públicamente al momento del reporte, Gabriel Attal sí lanzó una frase cargada de simbolismo. Dijo que la guerra de la IA ya comenzó y que Anthropic se ha convertido para sus usuarios en un “Estrecho de Ormuz”.

Esa metáfora resume el problema. Si unos pocos proveedores concentran capacidades críticas de IA, cualquier interrupción abrupta puede convertirse en un cuello de botella estratégico para empresas, gobiernos y ecosistemas digitales enteros.

Reacción de la industria y debate sobre el estado de derecho

Dentro de Estados Unidos, la respuesta de la industria de ciberseguridad también ha sido dura. Un grupo de 87 expertos firmó una carta abierta pidiendo a la administración Trump suspender la orden de control de exportación contra los modelos de Anthropic.

Entre los firmantes figuran Joe Levy, CEO de Sophos; Chris Sandulow, CISO de Confluent; Feross Aboukhadijeh, CEO de Socket; Andy Grant, jefe de seguridad de aseguramiento en Zoom; y Erick Galinkin, científico de investigación de seguridad de IA en NVIDIA.

La carta sostiene que la acción retiró de las manos de los defensores los mejores modelos disponibles. También afirma que generó incertidumbre en el mercado y puso en riesgo el liderazgo de Estados Unidos en IA sin una amenaza real que lo justificara.

Los firmantes no niegan la posibilidad de regular la IA. Pero plantean que, si el objetivo es proteger infraestructura crítica, las reglas deben basarse en evaluaciones científicas, incluir aportes de industria y academia y surgir de un proceso democrático de elaboración normativa.

Además, reclaman transparencia, equidad, tiempo razonable para remediar problemas y el uso mínimo indispensable de ese poder. Ese enfoque contrasta con la percepción de que el gobierno actuó de forma abrupta y poco explicada.

Una de las críticas más elaboradas vino del Cato Institute. Kevin T. Frazier, investigador adjunto del centro, acusó a la administración de apartarse del estado de derecho al focalizarse en Anthropic con justificaciones que considera cuestionables.

Frazier planteó que el problema de fondo es cómo limitar el ejercicio de poder arbitrario en un dominio tan sensible. A su juicio, este episodio fortalece el argumento a favor de que el Congreso apruebe un marco de gobernanza de IA más estable y predecible.

También objetó la forma del anuncio. Sostuvo que decisiones de ejecución de semejante trascendencia no deberían divulgarse un viernes, en medio de un partido de la Copa del Mundo, ni a través de publicaciones en redes sociales.

Otro punto central de su análisis fue la opacidad. Según Frazier, la noticia de lo ocurrido llegó primero desde Anthropic, no desde el gobierno que activó la medida, y eso choca con la exigencia de claridad cuando millones de personas pueden perder acceso a tecnologías que ya moldean la economía.

El argumento final del Cato Institute toca una cuestión de consistencia regulatoria. Si la administración cree que restricciones de este tipo son legales y necesarias, entonces debería evaluar medidas comparables para otros laboratorios con capacidades cibernéticas avanzadas, no solo para Anthropic.

Ese señalamiento va directo al corazón del debate. Casos similares deberían recibir un trato similar, especialmente cuando el precedente puede redefinir la competencia, la innovación y el equilibrio de poder en el mercado global de IA.

Por ahora, lo que queda es un escenario cargado de preguntas. Faltan detalles técnicos, falta una explicación pública más completa y falta saber si el caso marcará un cambio estructural en la gobernanza de la IA o si quedará como un episodio de intervención excepcional.

Para los mercados tecnológicos, el mensaje ya es claro. Cuando un modelo clave puede ser retirado por una orden gubernamental súbita, la conversación deja de girar solo en torno a capacidades y seguridad, y pasa también por soberanía, previsibilidad jurídica y riesgo geopolítico.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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