El Banco Central Europeo quiere dejar listos este verano los estándares técnicos clave para un posible euro digital. La definición de esas reglas busca dar tiempo a bancos, comercios y proveedores de pagos para adaptar sus sistemas antes de una eventual aprobación legal en la Unión Europea, con piloto previsto para 2027 y una posible emisión hacia 2029.
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- Piero Cipollone dijo que el BCE espera anunciar este verano los estándares europeos para un posible euro digital.
- El banco central prevé un piloto de 12 meses desde la segunda mitad de 2027, con pruebas entre personas y en puntos de venta.
- El proyecto apunta a reducir la dependencia de esquemas internacionales de tarjetas y reforzar la infraestructura paneuropea de pagos.
El Banco Central Europeo, o BCE, espera anunciar este verano los estándares europeos que utilizaría un posible euro digital. La meta, según explicó Piero Cipollone ante legisladores de la Unión Europea, es que bancos, proveedores de pagos y comercios puedan empezar a preparar sus sistemas antes de que exista una decisión final sobre la emisión.
La definición técnica anticipada es una pieza importante dentro de una discusión más amplia sobre el futuro del dinero en Europa. Aunque el euro digital todavía no ha sido aprobado por los legisladores, el BCE quiere evitar que una eventual luz verde encuentre al sector sin capacidad operativa para integrarlo en terminales, aplicaciones y servicios de pago.
En términos prácticos, el mensaje del organismo es que la infraestructura debe avanzar en paralelo al debate legal. Cipollone planteó que, una vez se publiquen esos estándares, el BCE trabajará con los participantes del mercado para que empiecen a incorporarlos lo antes posible en terminales de pago y otras soluciones, detalla Cointelegraph.
Ese enfoque busca acortar los tiempos de despliegue futuro. También pretende que los nuevos dispositivos y aplicaciones que salgan al mercado puedan incluir desde el origen la infraestructura necesaria, lo que daría a las empresas europeas una ventaja inicial cuando la legislación comunitaria entre en vigor.
Calendario del proyecto y próximos hitos
El cronograma descrito por Cipollone muestra que el BCE está pensando en un proceso de varios años. La autoridad monetaria espera que la legislación de la Unión Europea quede vigente en 2026, aunque ese paso depende de la aprobación de los legisladores y no de una decisión unilateral del banco central.
Después de esa etapa legal, el proyecto avanzaría a una fase piloto más concreta. Cipollone indicó que la prueba del euro digital se desarrollará durante 12 meses a partir de la segunda mitad de 2027, en un entorno controlado y con la participación de proveedores de servicios de pago autorizados.
El ejercicio incluirá pagos entre personas y pagos en puntos de venta. El objetivo de esa fase no es solo probar la experiencia de uso, sino también verificar que la infraestructura técnica pueda responder con fiabilidad a escenarios reales antes de una posible implementación a escala.
Si el marco legal es aprobado por los legisladores, la institución estima que podría estar técnicamente preparada para una posible emisión en torno a 2029. Eso no significa que el euro digital esté decidido, sino que el BCE quiere llegar a esa fecha con la base operativa lista para actuar si recibe respaldo político y normativo.
A principios de marzo, el BCE abrió una convocatoria para proveedores de servicios de pago autorizados en el contexto de este piloto. Ese paso confirmó que la institución ya está tratando de construir un ecosistema de participantes con experiencia directa en pagos, integración tecnológica y atención al usuario final.
El costo para la banca y el argumento del BCE
Uno de los aspectos más sensibles del debate es el costo de adaptación para el sistema financiero. Un análisis previo del BCE estimó que un euro digital podría costar a los bancos de la Unión Europea entre € 4.000 millones y € 6.000 millones durante cuatro años.
Esa cifra fue descrita por el banco central como aproximadamente el 3% del presupuesto anual de mantenimiento de tecnologías de la información de esas entidades. Aunque no se trata de un monto menor, Cipollone sostuvo ante los legisladores que ese gasto debe evaluarse frente a los beneficios de largo plazo.
Entre esos beneficios mencionó la retención de una mayor parte de las comisiones pagadas por los comercios y la expansión de los esquemas de pago europeos. En otras palabras, el BCE cree que una red paneuropea más sólida podría reducir costos estructurales y mejorar la autonomía del bloque en materia de pagos digitales.
Este punto conecta con una preocupación recurrente en Europa. Buena parte de los pagos digitales del continente depende hoy de redes internacionales de tarjetas, por lo que el euro digital es presentado por algunos responsables políticos como una forma de reforzar la soberanía financiera y tecnológica regional.
El planteamiento del BCE no elimina las dudas del sector bancario sobre inversión, integración y retorno. Sin embargo, la institución insiste en que el análisis debe hacerse en horizontes largos y no solo con base en los costos iniciales de implementación.
Qué papel tendrían bancos, comercios y usuarios
Cipollone reiteró que el euro digital no está pensado como un producto directo del BCE para consumidores finales. Según explicó, funcionaría como una infraestructura pública de pagos sobre la cual intermediarios privados, como bancos y proveedores de servicios de pago, ofrecerían billeteras y otros servicios.
Ese matiz es importante para entender el modelo propuesto. El banco central emitiría la base monetaria y la infraestructura común, pero la relación cotidiana con usuarios y comercios seguiría pasando por actores privados ya establecidos dentro del sistema financiero europeo.
El objetivo es crear una red paneuropea que permita a tarjetas con doble marca y billeteras bancarias alternar entre esquemas nacionales y el euro digital en toda la zona euro. Esa interoperabilidad sería clave para evitar fragmentación entre países y para ofrecer una experiencia homogénea dentro del bloque.
Desde la perspectiva del comercio, el BCE argumenta que la preparación temprana permitiría que nuevos terminales y aplicaciones lleguen al mercado con esa capacidad ya integrada. Así, una eventual adopción sería menos disruptiva y más compatible con la renovación normal del hardware y del software de pagos.
Para los lectores menos familiarizados con el tema, una moneda digital de banco central, o CBDC, es una representación digital del dinero emitido por una autoridad monetaria. En este caso, la idea no es reemplazar automáticamente medios existentes, sino añadir una opción pública digital al ecosistema de pagos europeo.
Complemento del efectivo y vínculo con la tokenización
El directivo del BCE también subrayó que el euro digital está concebido para complementar el efectivo y los depósitos bancarios, no para sustituirlos. Esa aclaratoria responde a una de las críticas más comunes de quienes temen que una moneda digital oficial termine desplazando otras formas de dinero ampliamente usadas hoy.
Dentro del diseño de la aplicación de referencia, el BCE dice estar incorporando desde el inicio funciones de accesibilidad. Cipollone mencionó comandos de voz y pantallas con tipografía grande como parte del esfuerzo por asegurar inclusión y facilitar el acceso a personas con distintas necesidades.
Más allá de los pagos minoristas, el banco central también quiere que el dinero del banco central siga siendo el ancla de los futuros mercados mayoristas. Ese concepto es relevante porque la digitalización financiera ya no se limita a pagos cotidianos, sino que se extiende a la liquidación de activos tokenizados y nuevas formas de infraestructura de mercado.
En ese contexto, Cipollone señaló el proyecto Pontes, con el que el BCE prueba la liquidación de valores tokenizados en dinero del banco central a través de distintas plataformas de tecnología de registro distribuido. También citó la hoja de ruta Appia, centrada en el desarrollo de un ecosistema financiero europeo tokenizado.
En un discurso separado pronunciado el lunes, explicó además cómo el dinero tokenizado del banco central podría servir como activo de liquidación para stablecoins y depósitos tokenizados. Esa observación sugiere que el BCE está pensando el euro digital no solo como medio de pago minorista, sino también como capa de confianza para nuevos mercados financieros digitales.
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