Por Canuto  

Australia propone una regla inédita para que los grandes centros de datos generen más energía de la que consumen, pero el crecimiento de las renovables podría no llegar a tiempo para sostener el auge de la inteligencia artificial.
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  • El plan australiano exigiría que los grandes centros de datos financien nueva capacidad renovable y asuman todos sus costos de conexión a la red.
  • Los proyectos solares y eólicos tardan entre tres y cinco años en aprobarse y construirse, mientras un centro de datos puede operar en apenas dos.
  • El consumo eléctrico de estos centros podría pasar de 3 TWh actuales a entre 15 y 30 TWh en una década.


Australia presentó un marco regulatorio que busca cambiar la relación entre los centros de datos y el sistema eléctrico. La propuesta exige que las instalaciones de mayor tamaño inyecten más energía a la red de la que extraen.

La iniciativa surge mientras la inteligencia artificial impulsa nuevas inversiones en infraestructura informática. Sin embargo, enfrenta un problema inmediato: la generación renovable necesaria para cubrir esa demanda no puede construirse con la misma rapidez.

Una obligación inédita para los centros de datos

El primer ministro Anthony Albanese estableció el marco el 15 de julio en la Universidad de Sídney. El anuncio forma parte de un impulso nacional más amplio sobre inteligencia artificial, que también contempla asuntos de derechos de autor y una nueva Oficina de IA.

La propuesta convertiría a los grandes centros de datos en generadores netos, en lugar de tratarlos únicamente como usuarios netos de electricidad. Para lograrlo, las empresas tendrían que financiar nueva capacidad renovable y no limitarse a comprar certificados verdes.

El plan también les exigiría pagar todos sus costos de conexión a la red. De esa manera, Canberra busca evitar que los hogares absorban gastos asociados con nuevas instalaciones de alto consumo.

La iniciativa incluye otras condiciones operativas. Los centros tendrían que minimizar su uso de agua y reducir su actividad cuando el sistema eléctrico enfrentara períodos de presión.

Una nueva Oficina de IA establecería reglas sobre la ubicación de los centros y los límites de energía y agua que podrían utilizar. Si la propuesta recibe aprobación, Australia sería el primer país en reunir todas esas obligaciones en una sola ley nacional.

El desfase entre la demanda y las renovables

El principal obstáculo aparece en los plazos de construcción. Los proyectos solares y eólicos en Nueva Gales del Sur y Victoria tardan aproximadamente entre tres y cinco años en aprobarse y construirse.

En contraste, un centro de datos puede levantarse en tan solo dos años. Esa diferencia crea una brecha entre la llegada de nuevas cargas informáticas y la entrada en operación de la generación destinada a abastecerlas.

El economista del Commonwealth Bank, John Oh, identificó ese desfase como el riesgo central del plan. Según su análisis, la demanda podría aparecer antes que las plantas renovables diseñadas para cubrirla.

En ese escenario, los operadores dependerían de la red existente mientras esperan la nueva generación. El resultado repetiría precisamente la dinámica que las reglas pretenden evitar: una transferencia de costos hacia el sistema y los usuarios ordinarios.

El problema adquiere relevancia porque los centros de datos todavía representan una fracción limitada del consumo nacional. Actualmente utilizan cerca de 3 TWh al año, equivalente a un par de puntos porcentuales de la demanda eléctrica de Australia.

Las previsiones apuntan a un crecimiento mucho mayor durante la próxima década. El consumo podría llegar a entre 15 y 30 TWh, impulsado por inversiones estimadas entre A$ 85.000 millones y A$ 135.000 millones.

La presión de la inteligencia artificial sobre la red

El interés de las empresas de inteligencia artificial explica parte de las proyecciones. Anthropic ha expresado un apetito energético que observadores de la industria estiman en aproximadamente 20 GW, aunque la compañía no se ha comprometido a construir infraestructura de esa escala.

Una demanda de 20 GW rivalizaría con una parte considerable de la generación actual del país. La cifra ilustra la magnitud del reto, aunque no representa un proyecto confirmado por Anthropic.

El gobierno federal no es la única institución australiana que intenta anticipar los riesgos. La Comisión del Mercado Energético de Australia propuso estándares técnicos propios para que las grandes cargas permanezcan conectadas y gestionen las fallas.

La propuesta busca impedir que los centros se desconecten de forma repentina. El regulador considera que una salida simultánea podría trasladar una perturbación significativa al resto de la red.

La presidenta de la comisión, Anna Collyer, describió a los centros de datos como participantes activos de la red, y no como cargas pasivas. La declaración acompañó la publicación del borrador técnico.

El regulador citó un incidente ocurrido en Virginia durante 2024. En aquella ocasión, alrededor de 60 centros de datos redujeron su demanda en aproximadamente 1.500 MW al mismo tiempo, una situación que desestabilizó la red.

Una discusión que ya se extiende a otros países

La consulta sobre los estándares técnicos australianos cerró en mayo. La Comisión del Mercado Energético de Australia espera emitir una determinación final alrededor de la mitad del año.

El debate internacional avanza con medidas distintas según cada jurisdicción. Nueva York impuso este mes una moratoria de un año para nuevos sitios hiperescalables.

Irlanda levantó su propia congelación con una condición específica. Los nuevos centros de datos deben obtener la mayor parte de su energía de fuentes renovables.

En Estados Unidos, el Congreso ha considerado que las grandes compañías tecnológicas paguen su parte de los costos energéticos asociados con la inteligencia artificial. El planteamiento responde a la preocupación por el impacto de las nuevas cargas sobre consumidores y sistemas eléctricos.

Los defensores de la energía limpia en Estados Unidos también han combatido durante gran parte del año el auge de nuevas plantas de gas. Según el enfoque australiano, una demanda sin restricciones podría provocar justamente ese resultado.

Canberra intenta vincular el crecimiento de los centros de datos con nueva generación renovable. Esa condición distingue su propuesta de otras respuestas regulatorias, porque combina obligaciones de infraestructura, costos, agua y operación de la red.

El calendario político todavía está abierto

La versión australiana es la más exigente entre las iniciativas mencionadas. Por esa razón, la pregunta sobre su viabilidad resulta tan importante como el objetivo ambiental que persigue.

Por ahora, el marco sigue siendo una promesa y no una ley vigente. Antes de llegar al Parlamento, debe pasar por el Gabinete Nacional.

El gobierno espera alcanzar un acuerdo en agosto. Después, la legislación podría llegar al Parlamento a comienzos de 2027.

Ese calendario deja abierta la discusión sobre cómo coordinar la expansión de la inteligencia artificial con la construcción de infraestructura eléctrica. Si los centros avanzan antes que las turbinas y los paneles, la regla podría enfrentar dificultades desde su primera aplicación.

La tensión también tiene una dimensión económica. Australia busca atraer inversiones de hasta A$ 135.000 millones, pero pretende evitar que los beneficios del sector se traduzcan en facturas más altas para los hogares.

En términos prácticos, el plan depende de que la generación renovable llegue a tiempo. Mientras esa capacidad no esté disponible, la exigencia de producir más energía de la consumida funcionará principalmente como una estructura contable pendiente de ejecución.

La información fue reportada por The Next Web, que señaló que el desafío de Australia consiste en alinear dos calendarios con velocidades distintas. El de los centros de datos avanza con rapidez, mientras el de la generación renovable requiere aprobaciones y obras más prolongadas.


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