David Shapiro abrió un nuevo frente en el debate sobre automatización y renta básica universal al cuestionar a la llamada tech right, un bloque de empresarios e inversionistas tecnológicos que, según su lectura, rechaza la UBI mientras impulsa la automatización total. Su argumento central es que la seguridad económica básica no destruye incentivos, sino que puede liberar creatividad, sostener la demanda y evitar que el progreso tecnológico concentre aún más poder.
***
- David Shapiro definió a la tech right como un grupo de fundadores e inversionistas de Silicon Valley alineados con posiciones conservadoras y favorables a la automatización total.
- El autor rebatió las críticas de figuras como Marc Andreessen y Gil Verdun, quienes sostienen que la UBI debilita incentivos, dependencia e innovación.
- Según Shapiro, una renta básica modesta podría reducir el fenómeno de los “Einstein perdidos”, sostener el consumo y acelerar una economía más abundante.
El debate sobre la renta básica universal, o UBI por sus siglas en inglés, volvió a ganar visibilidad tras una intervención del analista David Shapiro, quien cuestionó de forma directa la postura de un sector del poder tecnológico estadounidense al que denomina “tech right”. En su planteamiento, este grupo rechaza la UBI mientras asume que la tecnología siempre creará nuevos empleos, incluso cuando también promueve una automatización cada vez más agresiva.
En Techno-feudalists hate UBI, Shapiro define a la tech right como un conjunto de perfiles de Silicon Valley, entre ellos capitalistas de riesgo y fundadores, con inclinaciones pro-MAGA, pro-Trump y favorables al complejo militar-industrial. Entre los nombres que menciona figuran Marc Andreessen, de Andreessen Horowitz, y Beth Bezos, también identificada como Gil Verdun.
Shapiro aclara que su crítica no parte de una enemistad personal. Incluso afirma haber interactuado con algunos de ellos y considerarlos personas decentes. Su desacuerdo, explica, está en la forma de alcanzar metas que dice compartir con ese sector, como la paz, la prosperidad y la abundancia material.
El punto de fricción es relevante en un momento en el que la inteligencia artificial, la robótica y la automatización alimentan preguntas similares a las que ya atraviesan el mundo cripto y financiero. Si las máquinas desplazan tareas humanas a gran velocidad, la discusión sobre ingreso garantizado, incentivos, productividad y dependencia estatal deja de ser teórica y pasa a tocar el diseño mismo de la economía futura.
Las críticas de la tech right a la UBI
Según el resumen que ofrece Shapiro, una de las objeciones centrales de Gil Verdun es que la UBI “aplana los gradientes de incentivos”. En términos simples, eso significaría que si las personas reciben un ingreso garantizado, tendrían menos razones para aspirar a metas ambiciosas. Verdun, de acuerdo con esta lectura, también vincula su visión con la necesidad de maximizar la generación de entropía útil, es decir, la creación de información novedosa y valiosa, así como con el objetivo de escalar en la escala de Kardashev.
La escala de Kardashev es una forma de medir el desarrollo de una civilización según su capacidad para captar y usar energía. Shapiro sostiene que Verdun considera que la eliminación de empleos y la implementación de UBI interferirían con ese avance. En esa misma línea, presenta a Verdun como un defensor de una civilización más creativa, más inventiva y energéticamente más poderosa.
En el caso de Marc Andreessen, Shapiro dice ver una crítica más clásica y conservadora. La resume en dos ideas. La primera es que el trabajo es bueno y necesario para la vida humana. La segunda es que la UBI volvería a la población dependiente del Estado, algo que considera indeseable.
Shapiro agrega una observación adicional. A su juicio, existe una admisión tácita en el hecho de que estas figuras insistan tanto en que la tecnología siempre creará nuevos empleos. Si lo creyeran de forma plena, sugiere, no sentirían la necesidad de defenderlo con tanta intensidad. Además, subraya que se trata de actores que apoyan la automatización máxima y que, en su descripción, están dispuestos a automatizarlo todo para alcanzar una economía de abundancia.
La respuesta de Shapiro: seguridad económica, innovación y “Einstein perdidos”
La primera réplica de Shapiro apunta al vínculo entre seguridad material y creatividad histórica. Para contradecir la idea de que la UBI debilita la generación de valor, menciona ejemplos de grandes innovadores y científicos que contaron con respaldo económico. Entre ellos cita a Bill Gates, Steve Jobs, Elon Musk y J. Robert Oppenheimer, todos, según su exposición, provenientes de entornos con algún grado de riqueza o estabilidad.
Su ejemplo favorito es Charles Darwin. Shapiro recuerda que el naturalista pasó buena parte de su vida con problemas crónicos de salud y que solo pudo dedicar años de trabajo a la teoría de la evolución porque pertenecía a la gentry británica y podía permitirse largos periodos de reposo sin quedar fuera de la subsistencia material.
Desde esa óptica, la seguridad financiera no sería un freno para la innovación, sino una condición que históricamente la ha facilitado. Shapiro conecta este punto con el llamado fenómeno de los “Einstein perdidos”, una idea según la cual muchas personas con alto potencial creativo o científico nunca desarrollan sus capacidades porque la precariedad económica las obliga a priorizar la supervivencia inmediata.
Para él, una UBI universal ayudaría a reducir ese costo oculto. En lugar de destruir la ambición, daría espacio para que más personas experimenten, estudien, creen empresas o desarrollen ideas sin quedar completamente bloqueadas por la inseguridad económica.
¿La UBI elimina incentivos?
La segunda gran objeción que rebate Shapiro es la del supuesto colapso de incentivos. Su respuesta es que una renta básica universal no equivale a un ingreso alto. Pone como contraste la idea de un ingreso de USD $300.000 al año sin trabajar, escenario que sí podría desincentivar en mayor medida el emprendimiento o la búsqueda de ingresos adicionales.
Pero eso, remarca, no es lo que suele entenderse por UBI. En su exposición habla de montos como USD $1.000 o USD $2.000 al mes. Según afirma, eso ni siquiera bastaría para cubrir el alquiler. Por lo tanto, seguirían existiendo fuertes razones para trabajar, emprender y generar más valor.
Shapiro añade que este argumento sobre incentivos suele formularse desde la perspectiva de personas que buscan construir compañías multimillonarias. En ese plano, dice, una UBI modesta no compite en absoluto con la recompensa potencial de lograr una empresa valuada en miles de millones de dólares o alcanzar una salida personal de siete, ocho, nueve o diez cifras.
Su conclusión es que la UBI no elimina la ambición extraordinaria. A lo sumo, suaviza la presión de la escasez extrema. Esa diferencia, en su lectura, no reduce la innovación, sino que puede ampliarla al incorporar a más personas a la posibilidad real de intentarlo.
Demanda, energía y escala de Kardashev
Shapiro también responde a la idea de que la UBI impediría avanzar hacia una civilización de mayor consumo energético. Su tesis es la contraria. Si más hogares reciben ingresos adicionales y pueden gastar más, la demanda agregada aumenta. Y si la demanda sube, la economía necesita producir más bienes y servicios.
Esa expansión, explica, elevaría el presupuesto energético per cápita y presionaría al sistema a generar más energía, más infraestructura y más innovación. Desde ese punto de vista, la UBI no sería un freno a la escala de Kardashev, sino un mecanismo que podría acelerarla al activar capacidad productiva subutilizada.
Para sostener este argumento, Shapiro describe la situación actual como una economía restringida por la demanda. Es decir, una economía en la que la infraestructura, los bienes, los servicios y hasta los robots podrían producir más riqueza, pero los hogares no cuentan con la capacidad de pago suficiente para absorber esa oferta.
Si cada hogar estadounidense dispusiera de varios miles de dólares extra por año, argumenta, la economía tendría que responder con más producción y eso, a su vez, implicaría más uso de energía y más incentivos para innovar. En ese esquema, la renta básica no sería solo una red de seguridad social, sino también una palanca macroeconómica.
Trabajo, dignidad y dependencia del Estado
Con Andreessen, el choque es más filosófico. Shapiro reconoce que las personas necesitan esfuerzo significativo, actividad mental y física, y una forma de lucha con sentido para llevar vidas plenas. Sin embargo, rechaza que eso implique defender el empleo asalariado precario como si fuera la mejor vía para satisfacer esa necesidad.
Para ilustrarlo, compara esa lógica con decir que la prisión es buena para la vida social. Sí, puede obligar a interactuar con otros, pero lo hace en un entorno tóxico y poco saludable. De manera similar, sostiene que el trabajo mal remunerado puede forzar cierta disciplina o propósito, pero eso no significa que sea la mejor estructura para una vida digna.
En uno de los pasajes más duros de su intervención, Shapiro conecta esta visión con el concepto de tecnofeudalismo. Sostiene que, cuando figuras influyentes del capital tecnológico defienden que “la gente debe seguir trabajando”, esa idea puede sonar como la voz de nuevos señores feudales hablando sobre lo que conviene a los demás.
Aun así, admite un punto de coincidencia parcial con Andreessen. Considera que sería negativo que una ciudadanía dependiera al 100% del gobierno. En ese aspecto, acepta que concentrar toda la seguridad económica en una sola fuente crea riesgos estructurales.
También rechaza, no obstante, la idea de que ya exista una UBI de facto. Shapiro menciona que Andreessen habla de salud, comida y vivienda gratis como si eso equivaliera a una renta básica efectiva. Su respuesta es que, aunque existe una dependencia considerable de transferencias, eso no es lo mismo que una dependencia total.
Para ilustrarlo, compara dos momentos históricos. Afirma que la dependencia de transferencias estaba cerca de 8% en las décadas de 1950 y 1960, y que ahora ronda 18%. A su juicio, 18% está muy lejos de 100%, por lo que considera exagerado presentar el panorama actual como si fuera ya una versión funcional de UBI.
UBI, tokens y el futuro del ingreso básico
En la parte final, Shapiro cuestiona también las alternativas propuestas por algunos de sus críticos. Señala, por ejemplo, que la idea más reciente de Gil Verdun sería UBT, o universal basic tokens. A su juicio, eso no es más que UBI con pasos extra.
Verdun, según Shapiro, describe esa propuesta como “neuro capital” y la vincula con la socialización del cómputo. El analista responde con ironía que un dólar ya es, en esencia, un token. Por eso, sugiere que ese tipo de reformulaciones no altera el problema de fondo y solo cambia el envoltorio conceptual.
Más allá del tono provocador, la discusión revela una tensión central para la economía digital. El mismo ecosistema que promueve automatización radical, inteligencia artificial, tokenización y nuevas capas de infraestructura financiera sigue sin consenso sobre cómo distribuir los beneficios de una productividad cada vez más concentrada.
En ese sentido, el planteamiento de Shapiro se inserta en una pregunta mayor. Si la innovación elimina puestos, concentra ingresos y abarata la producción, ¿debe la sociedad confiar en que el mercado creará nuevas tareas a tiempo, o conviene diseñar un piso económico universal para evitar que la abundancia tecnológica conviva con exclusión masiva?
Por ahora, la intervención no resuelve ese conflicto. Pero sí muestra que el debate ya no enfrenta solo a progresistas contra conservadores. También divide a quienes, desde el propio sector tecnológico, imaginan futuros distintos para el trabajo, la energía, el poder y la distribución del valor en una economía cada vez más automatizada.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.
Suscríbete a nuestro boletín
Artículos Relacionados
Empresas
Amazon Quick: AWS lanza un asistente de IA de escritorio conectado a archivos, correo y apps
IA
DeepSeek V4 Pro llega a Fireworks tras corregir fallas críticas en su ruta de serving
Artículos
El 35% de los nuevos sitios web ya usan texto generado por IA, encuentra estudio
Análisis de mercado