Por Canuto  

Alex Wissner, junto a Peter Diamandis, publicó un extenso plan titulado Solve Everything: Achieving Abundance by 2035, donde sostiene que la superinteligencia puede orientarse para resolver en una década problemas históricos de salud, energía, educación, alimentos y longevidad, siempre que gobiernos, empresas y filántropos actúen antes de que se cierre una estrecha ventana regulatoria.
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  • El texto propone una “Pila Industrial de Inteligencia” de nueve capas para convertir áreas complejas del mundo real en sistemas resolubles con cómputo.
  • Los autores describen tres fases entre 2026 y 2035, desde la conquista de la información pura hasta la industrialización de sistemas planetarios.
  • El ensayo advierte sobre una ventana regulatoria de unos 18 meses y plantea tres escenarios: abundancia, captura burocrática de la IA o congelamiento por seguridad.

 


El empresario tecnológico @alexwg anunció la publicación de Solve Everything: Achieving Abundance by 2035, un texto elaborado junto a Peter Diamandis que presenta una tesis ambiciosa: la superinteligencia dejó de ser una posibilidad abstracta y ahora el debate central pasa por decidir hacia qué objetivos será dirigida.

Según el planteamiento de ambos autores, la llamada Revolución de la Inteligencia debe entenderse como una guerra contra el cuello de botella final de la economía moderna: la escasez de atención experta. En ese marco, el “token” aparece como el arma clave, definido como una forma de cognición artificial cuyo costo se aproxima cada vez más al costo de la electricidad.

El documento intenta traducir la aceleración exponencial de la inteligencia artificial en un cronograma operativo. Su premisa es que problemas que antes parecían demasiado complejos, costosos o desordenados podrían convertirse en dominios industrializables si se los estructura correctamente y se les asigna suficiente capacidad de cómputo.

La propuesta busca abarcar prácticamente toda la civilización humana. El texto menciona explícitamente áreas que van desde la dermatología hasta el confinamiento de fusión, con la idea de transformar cada una en un sistema resoluble de manera similar a como hoy se ejecuta una obra de ingeniería a gran escala.

Una pila de inteligencia para convertir caos en sistemas resolubles

En el centro de la propuesta aparece la llamada “Pila Industrial de Inteligencia”, un marco de nueve capas diseñado para tomar dominios complejos del mundo real y volverlos tratables mediante software, medición y asignación de capital. La lógica es comparable a la industrialización de una infraestructura, pero aplicada a campos del conocimiento y de la producción.

Los autores también describen una “Curva de Maduración” de seis etapas. Esta va desde L0, denominado “El Embrollo”, que representa un estado donde ni siquiera existe consenso sobre las reglas del dominio, hasta L5, llamado “Resuelto”, donde el servicio se vuelve tan aburrido y confiable como abrir el grifo del agua.

La idea de fondo es que cada sector humano estaría avanzando por esa escalera en tiempos previsibles. Bajo esa lectura, la inteligencia artificial no solo automatiza tareas, sino que reordena sectores enteros hasta colapsar actividades artesanales o altamente especializadas en servicios estandarizados y de bajo costo.

Ese punto es relevante para lectores del ecosistema tecnológico y financiero porque sugiere una compresión drástica del valor capturado por expertos, intermediarios y estructuras lentas. En otras palabras, el texto describe una futura abundancia basada en la caída acelerada del precio de la cognición útil.

Otro componente central es el “Sistema de Objetivos”, que el ensayo distingue de una simple tabla de clasificación o benchmark. Mientras una medición tradicional registra quién va ganando, este sistema buscaría crear el futuro al hacer que los objetivos sean legibles, adversariales y remunerables.

Bajo esa lógica, si la medición es clara y existe una recompensa alineada, tanto el capital como la cognición fluirían de forma automática hacia el objetivo. Ese mecanismo daría forma a lo que los autores llaman el “Volante de la Abundancia”, una dinámica de reinversión continua en la que el excedente generado por resolver un problema se usa para atacar el siguiente.

Las tres fases del frente de onda de soluciones

El texto organiza su cronograma en un “Frente de Onda de Soluciones” con tres fases. La primera ocurriría entre 2026 y 2027, cuando la inteligencia artificial conquiste la información pura y convierta matemáticas, código y física en utilidades de verificación formal.

La segunda fase se ubica entre 2028 y 2031. En ese tramo, el foco pasa al mundo físico, con química, ciencia de materiales y biología cayendo bajo esta nueva lógica una vez que la “Célula Virtual” entre en línea y vuelva al cuerpo humano un problema de software.

La tercera fase estaría prevista para 2032 a 2035. Allí el objetivo ya no sería un laboratorio o una disciplina particular, sino sistemas a escala planetaria como energía, clima, alimentos e infraestructura, que serían industrializados hasta convertirse en servicios tan confiables como el tono de marcado.

Los autores no presentan este esquema solo como una visión futurista. También lo convierten en una guía para distintos actores, incluidos CTO, responsables de políticas públicas y filántropos, con recomendaciones sobre qué tipo de decisiones deberían considerar ante el ritmo de cambio que describen.

Para un público interesado en IA, mercados y tecnología profunda, la tesis tiene una implicación fuerte: el principal factor de ventaja ya no sería únicamente tener mejores modelos, sino construir rieles institucionales y métricas capaces de atraer talento, cómputo y financiamiento hacia problemas concretos y verificables.

Quince moonshots para salud, educación, energía y mente

El corazón operativo del documento está formado por quince “moonshots” agrupados en cuatro grandes bloques: Necesidades Humanas, la Frontera de la Mente, el Sustrato Planetario y la Frontera de la Física. Cada uno incluye benchmarks específicos, fechas de hitos, guardarraíles y una teoría de derrame.

Esa teoría sostiene que resolver el problema más difícil dentro de un campo construye, de manera indirecta, las herramientas necesarias para resolver muchos otros problemas del mismo sector. Es una idea cercana a la noción de plataformas tecnológicas, pero llevada a una escala civilizatoria.

Entre los objetivos concretos citados en el texto está la fabricación de órganos humanos bajo demanda. El documento llega a describir las listas de espera para trasplantes como “un error de gestión de inventario”, enfatizando una visión donde la biotecnología eliminaría cuellos de botella hoy considerados estructurales.

También se menciona la posibilidad de duplicar la esperanza de vida humana saludable, acabar con el hambre mediante sistemas alimentarios sintéticos, desplegar tutores de IA personalizados para cada niño de la Tierra y construir interfaces cerebro-computadora de alto ancho de banda.

La lista continúa con metas como demostrar la carga mental humana, descifrar la comunicación interespecies, lograr el diseño inverso de materiales y entregar fusión comercial. En conjunto, el ensayo intenta mostrar que las fronteras entre software, biología, energía y neurotecnología se están volviendo cada vez menos nítidas.

Ese punto resulta especialmente importante porque revela un cambio de narrativa. En vez de hablar solo de automatización del trabajo de oficina, el texto plantea una reconversión profunda de sectores físicos y biológicos que, hasta hace poco, se consideraban inmunes a ciclos rápidos de innovación computacional.

La lucha entre “los rieles” y “el embrollo”

Pese a su tono optimista, los autores sostienen que el principal obstáculo no es tecnológico. Identifican el problema como “El Embrollo”, una capa de burocracia atrincherada, precios basados en insumos e instituciones con mentalidad de escasez que, a su juicio, gobiernan gran parte del mundo actual.

El ensayo se estructura como una carrera entre “Los Rieles” y “El Embrollo”. La primera fuerza representa la infraestructura institucional, técnica y financiera necesaria para canalizar el avance de la inteligencia artificial hacia resultados concretos. La segunda encarna fricción, captura y retraso.

De acuerdo con el texto, existe una “Ventana de Fundición Regulatoria” de aproximadamente 18 meses. La metáfora sugiere que las reglas del próximo siglo todavía están maleables, pero podrían endurecerse pronto, como metal enfriándose, si se consolidan malas dependencias de trayectoria.

A partir de esa bifurcación, el ensayo describe tres escenarios. El primero es “La Senda Brillante”, donde la abundancia llega hacia 2035. El segundo es “La Senda del Embrollo”, donde la IA termina capturada por la optimización de anuncios y el teatro de subvenciones. El tercero es “La Senda Oscura”, dominada por un incidente de seguridad que congela por completo el progreso.

Más allá del lenguaje aspiracional, ese esquema resume un debate real dentro de la industria. La tensión entre innovación rápida, regulación, seguridad y captura por incentivos publicitarios ya atraviesa buena parte de la conversación pública sobre modelos fundacionales y despliegue de IA.

Del estudiante con una pizza al “zumbido silencioso” de 2035

El documento abre con tres viñetas inmersivas que buscan dar textura narrativa a su cronograma. La primera sitúa al lector en 2026, con un estudiante de segundo año del MIT superando a un contratista de defensa por el costo de una pizza, una imagen pensada para ilustrar la caída del costo de la capacidad técnica.

La segunda escena se desarrolla en 2030 y retrata un mundo físico “licuado”, donde una persona ya no compra pastillas, sino que se suscribe a “Función Hepática Normal”. La idea apunta a una medicina y una biología convertidas en servicios continuos, programables y personalizados.

La tercera viñeta se ubica en 2035 y presenta el llamado “Zumbido Silencioso”. En ese escenario, la humanidad ya habría superado la Velocidad de Escape de la Longevidad y cada ciudadano llevaría una Billetera de Cómputo, una formulación que sugiere acceso individual a recursos de inteligencia y capacidad de resolución.

El cierre del texto, titulado “Construyan los Rieles”, funciona como un manual operativo. Allí se detalla lo que cada actor debería hacer “antes del mediodía del lunes”, en una señal de urgencia que intenta mover la discusión desde la especulación futurista hacia la ejecución inmediata.

En suma, Solve Everything: Achieving Abundance by 2035 se presenta como el intento más detallado de sus autores para convertir la curva exponencial de la inteligencia artificial en un programa de construcción institucional, tecnológica y económica. La singularidad, sostienen, ya tiene muchos autores. Lo que le falta es un contratista general.


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