Por Canuto  

La tensión geopolítica en Oriente Medio volvió a escalar después de que Donald Trump amenazara con destruir cualquier barco iraní que se acerque al bloqueo estadounidense en el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio mundial de petróleo. El episodio coincide con nuevas disrupciones en la oferta energética y un mercado que sigue mostrando señales de fuerte estrés.
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  • Trump advirtió que cualquier barco iraní que se acerque al bloqueo de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz será eliminado de inmediato.
  • El bloqueo comenzó el lunes a las 10 a. m. ET y busca limitar la capacidad de Irán para exportar petróleo tras el fracaso de conversaciones de paz.
  • Aunque los futuros del crudo subieron cerca de 1%, analistas señalan que los precios físicos del petróleo siguen siendo mucho más altos.


El presidente Donald Trump amenazó con destruir barcos iraníes en el estrecho de Ormuz este lunes, apenas minutos después de la hora prevista para el inicio de un bloqueo estadounidense sobre esa ruta marítima estratégica. La advertencia elevó de nuevo la tensión en una de las zonas más sensibles para el comercio energético global.

En una publicación difundida durante la mañana, Trump aseguró que la Marina de Irán “yace en el fondo del mar, completamente aniquilada: 158 barcos”. También afirmó que Estados Unidos no ha atacado a un pequeño número de lo que describió como “barcos de ataque rápido”, porque, según dijo, no los considera una gran amenaza.

Acto seguido, el mandatario lanzó una nueva advertencia. Señaló que si cualquiera de esas embarcaciones se acerca siquiera al bloqueo estadounidense, será eliminado de inmediato, utilizando el mismo sistema de muerte que, según sus palabras, ha sido usado contra narcotraficantes en botes en el mar.

La nueva declaración se produjo en el contexto del bloqueo anunciado por Trump durante el fin de semana. La medida, programada para arrancar el lunes a las 10 a. m. ET, restringe a las embarcaciones que entran y salen del estrecho de Ormuz, una arteria crítica para el transporte mundial de crudo.

Para los lectores menos familiarizados con el tema, el estrecho de Ormuz conecta al golfo Pérsico con mercados internacionales y ha sido durante años uno de los puntos más vigilados del sistema energético mundial. Cualquier alteración importante en esa zona suele tener impacto inmediato en precios, flujos comerciales y expectativas de inflación.

La intención declarada de Washington es cortar la capacidad de Irán para exportar petróleo y reducir el control del país sobre el paso marítimo. La decisión llega después de que fracasaran recientes conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán, lo que deja a la vía militar y a la presión económica como ejes centrales del conflicto actual.

Mercado petrolero bajo presión

Poco después de la amenaza, el petróleo recortó parte de las ganancias previas, aunque siguió al alza. Los futuros del crudo West Texas Intermediate subían más de 1% y se ubicaban por debajo de USD $98 por barril, mientras el Brent avanzaba cerca de 1% para cotizar apenas por encima de USD $98.

Sin embargo, la evolución de los futuros no parece reflejar toda la tensión que vive el mercado físico. De acuerdo con datos citados por Yahoo Finance, el Brent fechado se negoció el viernes en USD $126 por barril, después de haber alcanzado un récord de USD $144 a comienzos de este mes.

Esa divergencia entre el mercado de futuros y el mercado físico se volvió uno de los puntos más relevantes para los analistas. Tom Kloza, principal asesor energético de Gulf Oil, explicó que los futuros no son realmente indicativos de los precios muy elevados que se están observando en cargamentos disponibles de forma casi inmediata.

Kloza agregó que, históricamente, el diferencial entre el mercado físico y los contratos de futuros del Brent suele ser modesto, normalmente de entre USD $1 y USD $2 por barril. En el contexto actual, dijo, las refinerías y otros compradores están pagando bastante más de lo que sugieren las pantallas del mercado de derivados.

La diferencia importa porque muestra que el estrés logístico y la escasez inmediata pueden ser más severos de lo que aparentan los precios de referencia. Cuando el mercado físico se desacopla de esa manera, las señales apuntan a problemas reales de suministro y no solo a volatilidad financiera pasajera.

Escasez, inventarios y destrucción de demanda

El bloqueo y la guerra con Irán han contribuido a paralizar casi por completo el estrecho desde que comenzó el conflicto el 28 de febrero. Ese freno ha obligado a los países importadores de combustible a competir agresivamente por cargamentos disponibles, elevando el costo del abastecimiento en distintas regiones.

La presión sobre la oferta también ha derivado en retiros intensivos de inventarios. Natasha Kaneva, de JPMorgan, y su equipo advirtieron el domingo por la noche que la escasez está provocando una “destrucción involuntaria de la demanda”, a medida que el combustible se vuelve cada vez más difícil de conseguir.

Según ese análisis, ya están apareciendo señales de que el sistema podría estar sometiéndose a una presión creciente. La expresión no es menor. En el lenguaje del mercado energético, implica que parte del consumo está siendo desplazado no por eficiencia ni por sustitución tecnológica, sino porque los precios y la falta de disponibilidad vuelven inviable seguir comprando.

Ese fenómeno suele trasladarse con rapidez al resto de la economía. Un crudo más caro o más difícil de conseguir encarece gasolina, transporte, insumos industriales y bienes de consumo. También complica la tarea de bancos centrales y gobiernos, sobre todo si el shock se extiende por varias semanas.

En este contexto, la evolución del estrecho de Ormuz adquiere un valor sistémico. No se trata solo de una confrontación militar puntual. El episodio afecta la percepción de riesgo global, las cadenas de suministro y la confianza de empresas y hogares frente a un entorno internacional ya presionado.

Trump dice que Irán buscó un acuerdo

Horas después de su publicación inicial, Trump declaró ante periodistas en la Casa Blanca que su administración fue contactada por Irán esa misma mañana para “llegar a un acuerdo”. La afirmación introduce un matiz diplomático en medio de una narrativa dominada por amenazas militares y bloqueo comercial.

Por ahora, no se conocen detalles adicionales sobre el contenido de ese posible acercamiento. Tampoco está claro si se trata de un canal formal, un contacto indirecto o un intento preliminar por reducir la escalada. Aun así, el comentario sugiere que, pese al endurecimiento del discurso, el espacio para una negociación no estaría completamente cerrado.

La combinación de presión militar, sanción económica y posibilidad de diálogo ha sido una constante en varios episodios recientes de política exterior estadounidense. En este caso, el elemento más inmediato para los mercados sigue siendo operativo: cuánto tiempo puede sostenerse el bloqueo y qué consecuencias tendrá sobre la circulación de crudo.

Mientras tanto, el foco permanece sobre los movimientos en el golfo Pérsico, la respuesta iraní y la capacidad del sistema energético para absorber nuevas interrupciones. Si el flujo de petróleo sigue restringido, la volatilidad podría mantenerse elevada incluso si los contratos de futuros no reflejan todavía toda la magnitud del problema.

La situación también será observada de cerca por inversionistas de otras clases de activos, incluidos mercados de divisas, renta variable y activos alternativos. En escenarios de conflicto prolongado, el petróleo suele convertirse en un termómetro de riesgo, inflación y expectativas macroeconómicas globales.

Por ahora, los hechos centrales son claros: Estados Unidos activó un bloqueo en el estrecho de Ormuz, Trump amenazó con destruir cualquier barco iraní que se acerque a esa operación, e Irán, según el presidente, habría buscado contacto para alcanzar un acuerdo. Todo ocurre con el mercado físico del crudo bajo una tensión mucho mayor que la reflejada por los futuros.


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