Por Canuto  

Rocket Lab impugnó ante la GAO la decisión de la NASA de entregar a Blue Origin un contrato de USD $700 millones para construir, lanzar y operar el próximo orbitador de comunicaciones de Marte. La empresa sostiene que la adjudicación incumple criterios fijados por el Congreso y que la agencia evaluó de forma incorrecta su propuesta técnica.
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  • Rocket Lab presentó una protesta formal contra la adjudicación de la NASA a Blue Origin.
  • El contrato exige entregar la nave a más tardar el 31 de diciembre de 2028 y prevé su operación en Marte para 2030.
  • La misión busca reemplazar o complementar a Mars Odyssey y Mars Reconnaissance Orbiter, los actuales enlaces de comunicaciones de la NASA.

 


Rocket Lab presentó una protesta formal ante la Government Accountability Office, conocida como GAO, contra la decisión de la NASA de adjudicar a Blue Origin un contrato de USD $700 millones para la Mars Telecommunications Network. La empresa estadounidense todavía aspira a construir el próximo orbitador de comunicaciones de Marte, pese a que la agencia seleccionó a la compañía de Jeff Bezos a comienzos de septiembre de 2026. El acuerdo contempla desarrollar, lanzar y operar la nave espacial.

La disputa no cuestiona solamente qué compañía fabricará el vehículo, sino también el proceso mediante el cual la NASA evaluó las propuestas recibidas. Rocket Lab sostiene que la decisión contradice criterios de elegibilidad establecidos por el Congreso y afirma que la agencia examinó de manera punitiva su volumen técnico. La protesta abre una revisión administrativa sobre una infraestructura considerada estratégica para las futuras operaciones estadounidenses en el Planeta Rojo, informa Space.

Rocket Lab cuestiona la evaluación

En una declaración difundida el 11 de septiembre de 2026, Rocket Lab afirmó que la adjudicación parece incompatible con las condiciones de elegibilidad exigidas por el Congreso. La compañía también alegó que la revisión de su propuesta técnica incluyó afirmaciones y conclusiones incorrectas, una acusación que apunta directamente a la metodología usada por la NASA para comparar a los competidores.

La empresa defendió su decisión de acudir a la GAO como una forma de proteger la competencia en las adquisiciones públicas. Según Rocket Lab, los estándares de contratación deben garantizar un proceso justo y resguardar la inversión de los contribuyentes, especialmente cuando el resultado financiará una pieza de infraestructura que respaldará la exploración de Marte durante las próximas décadas.

La protesta todavía representa un alegato de Rocket Lab y no una conclusión de la autoridad revisora. La GAO deberá analizar los argumentos de la compañía y la respuesta de la NASA antes de determinar si la adjudicación se ajustó a las reglas aplicables, si corresponde corregir algún aspecto del procedimiento o si la selección de Blue Origin puede mantenerse sin cambios.

Space.com informó que Blue Origin y Rocket Lab eran consideradas las principales favoritas para obtener el contrato, después de que la NASA emitiera su solicitud de propuestas en mayo. La competencia privada refleja el creciente papel de las empresas espaciales comerciales en proyectos de exploración científica, aunque el dinero y la misión siguen dependiendo de decisiones institucionales de la agencia y de la financiación aprobada por el Congreso.

Una red para sostener las comunicaciones en Marte

A pesar de su nombre, la Mars Telecommunications Network no será una red formada por varias naves, sino un único orbitador. Su función será actuar como enlace entre los controladores de misión ubicados en la Tierra y otras naves de la NASA que estudian la superficie, la atmósfera y el entorno orbital de Marte.

Ese papel resulta esencial porque las misiones marcianas no siempre pueden comunicarse directamente con la Tierra. Un orbitador de retransmisión puede recibir datos de vehículos situados en el planeta, almacenar o redirigir la información y mantener un canal más eficiente con los equipos de control, aunque la fuente no detalla las capacidades técnicas definitivas que tendrá la futura nave.

En la actualidad, la NASA cuenta con dos orbitadores que cumplen tareas de retransmisión para sus operaciones marcianas. Mars Odyssey fue lanzado en 2001, mientras que Mars Reconnaissance Orbiter despegó en 2005; ambos continúan siendo piezas relevantes del sistema, pero su antigüedad ha convertido la necesidad de un relevo en una prioridad de planificación para la agencia.

La llegada de un nuevo orbitador permitiría ampliar la capacidad de comunicaciones disponible para las misiones presentes y futuras. También reduciría la dependencia de dos vehículos que llevan muchos años en el espacio, aunque la noticia no establece que Mars Odyssey o Mars Reconnaissance Orbiter vayan a retirarse cuando la nueva nave entre en funcionamiento.

Fechas y alcance del contrato

La NASA llevaba varios años considerando la creación de un nuevo orbitador de telecomunicaciones para Marte. El Congreso aprobó finalmente una financiación de USD $700 millones en julio de 2025, lo que permitió a la agencia avanzar hacia una contratación específica y abrir la competencia a compañías privadas interesadas en diseñar y operar la misión.

La solicitud de propuestas se publicó en mayo, y el proceso atrajo un interés considerable del sector espacial comercial. Tras evaluar las ofertas, la NASA escogió a Blue Origin, que ahora debe asumir el desarrollo integral de la nave, organizar su lanzamiento y encargarse de las operaciones necesarias para que el sistema cumpla su función alrededor de Marte.

El contrato establece que Blue Origin deberá entregar la Mars Telecommunications Network a la NASA a más tardar el 31 de diciembre de 2028. La planificación divulgada también prevé que el orbitador esté operativo en el Planeta Rojo para 2030, una meta que deja un calendario exigente entre la entrega del vehículo y su entrada efectiva en servicio.

La protesta de Rocket Lab introduce incertidumbre sobre el calendario administrativo, aunque la información disponible no indica que la misión haya sido suspendida ni que la NASA haya cancelado la adjudicación. El desenlace dependerá de la revisión de la GAO y de las medidas que la agencia pueda adoptar si la autoridad encuentra problemas en los criterios de elegibilidad o en la evaluación técnica.

Un antecedente que involucra a Blue Origin

Blue Origin ya enfrentó una situación similar después de perder una competencia de la NASA. En 2021, la empresa de Bezos presentó una protesta ante la GAO luego de que la agencia seleccionara a SpaceX para proporcionar el primer aterrizador lunar tripulado del programa Artemis, una decisión que la compañía consideró objetable.

La GAO rechazó aquella protesta en julio de 2021. Blue Origin llevó después su disputa a los tribunales, pero perdió el caso en noviembre del mismo año, por lo que SpaceX mantuvo el contrato inicial para el aterrizador lunar tripulado vinculado al programa Artemis.

El episodio, sin embargo, no cerró las oportunidades de Blue Origin dentro del programa lunar de la NASA. La agencia decidió seleccionar también un segundo aterrizador de Artemis y, en 2023, la empresa ganó ese contrato, lo que convirtió una derrota inicial en un resultado favorable dentro de una competencia posterior.

Ese antecedente no permite anticipar el resultado de la protesta de Rocket Lab, porque cada contratación tiene requisitos, evaluaciones y circunstancias propias. Sí muestra que una impugnación puede formar parte de una disputa más amplia por acceder a proyectos estratégicos, mientras la NASA intenta equilibrar competencia privada, objetivos científicos y uso responsable de fondos públicos.

Por ahora, Blue Origin conserva la adjudicación para desarrollar, lanzar y operar el orbitador, mientras Rocket Lab busca que la GAO revise la decisión. El caso pondrá a prueba tanto los argumentos técnicos de la empresa protestante como la solidez del proceso que llevó a la NASA a elegir a la compañía de Bezos para reforzar las comunicaciones con Marte.


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