António Guterres pidió a las empresas de inteligencia artificial revelar cuánta contaminación, agua y tierra consumen sus operaciones, en un momento en que la expansión de los centros de datos complica las metas climáticas globales y reabre el debate sobre cómo alimentar el auge de la IA.
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- Guterres propuso una Iniciativa de Transparencia Ambiental de la IA para medir y divulgar emisiones, uso de agua y de tierra.
- La ONU quiere que las empresas de IA alimenten sus instalaciones con energía renovable para 2030.
- Los centros de datos ligados a IA consumieron cerca del 1,5% de la electricidad mundial en 2025 y podrían rozar el 3% en 2030.
🌍⚡ ONU exige transparencia ambiental a empresas de IA y energía limpia
António Guterres insta a revelar impacto de sus operaciones para 2030
Se requieren datos sobre contaminación, uso de agua y tierra
Centros de datos de IA consumieron 1.5% de electricidad global en 2025… pic.twitter.com/OVwiEigcia
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 23, 2026
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, instó este martes a las empresas de inteligencia artificial a revelar con mayor claridad el impacto ambiental que generan sus operaciones.
Su llamado incluyó emisiones de carbono, consumo de agua y uso de tierra, tres variables que se han vuelto centrales en el debate sobre el rápido crecimiento de los centros de datos.
Durante un discurso pronunciado en la Semana de la Acción Climática de Londres, Guterres propuso la creación de una Iniciativa de Transparencia Ambiental de la IA. La idea, según explicó, es que las compañías midan y divulguen el costo ecológico de una tecnología cuyo despliegue se acelera a gran velocidad en todo el mundo.
El planteamiento llega en un momento de presión creciente desde gobiernos y comunidades locales, especialmente en zonas donde se instalan complejos de datos para sostener servicios y modelos de IA.
Para el jefe de la ONU, ya no basta con promesas generales sobre sostenibilidad. En su intervención, afirmó que las empresas también deberían comprometerse a abastecer sus instalaciones con electricidad generada por tecnologías renovables para 2030. Entre esas fuentes mencionó de forma explícita la energía eólica y la solar. Su mensaje fue directo: “Sin más costos ocultos”.
Guterres añadió otra frase que buscó poner el foco en las consecuencias distributivas del problema. “Sin más transferir la carga a los que menos pueden soportarla. Es hora de ser transparentes”, declaró.
El trasfondo es relevante incluso para lectores del ecosistema tecnológico y financiero, porque el avance de la IA ya influye en mercados energéticos, infraestructura crítica, política industrial y valoración de grandes tecnológicas.
En otras palabras, el auge de la IA no solo redefine productividad y automatización. También está reconfigurando la demanda mundial de electricidad y el ritmo de inversión en nuevas fuentes de energía.
La expansión de la IA choca con las metas climáticas
Muchas de las mayores tecnológicas ya habían prometido operar con energía más limpia antes del final de esta década. Sin embargo, la carrera por desplegar herramientas de IA ha complicado esas metas.
El motivo es simple: entrenar modelos, ejecutar inferencias y sostener servicios a escala masiva requiere enormes capacidades de cómputo. Eso se traduce en más centros de datos, más refrigeración y mayor consumo eléctrico.
De acuerdo con el reporte citado en la cobertura original de Associated Press, varias compañías planean apoyarse en energía solar y nuclear para cubrir su demanda futura.
Entre las firmas mencionadas figuran Amazon y Google. Aun así, el crecimiento del sector ha llevado las emisiones de gases de efecto invernadero a niveles mucho más altos, impulsadas por la quema de petróleo, carbón y gas.
Guterres remarcó que también existen barreras regulatorias que han frenado proyectos amigables con el clima. Ese obstáculo añade presión en un momento en que la demanda de energía sube más rápido que la capacidad limpia disponible.
Los centros de datos siguen dependiendo de una mezcla energética lejos de ser ideal. Según la Agencia Internacional de Energía, el carbón representa cerca del 30% de la electricidad que consumen a escala global. Las energías renovables, principalmente eólica, solar e hidroeléctrica, aportan alrededor del 27%. El gas natural cubre otro 26%, mientras la nuclear aporta el 15%.
Las perspectivas tampoco son del todo tranquilizadoras para quienes esperan una descarbonización rápida. Se prevé que las renovables solo satisfagan la mitad de esa nueva demanda durante los próximos cinco años. Ese desajuste explica por qué la conversación ya no gira solo en torno al potencial transformador de la IA. También se centra en el costo físico de sostener esa transformación.
Para comunidades cercanas a nuevos complejos de datos, la discusión no es abstracta. Involucra agua, uso de suelo, calidad del aire, presión sobre redes eléctricas y competencia por recursos locales.
Centros de datos, consumo eléctrico y presión local
Guterres reconoció que la IA puede acelerar soluciones climáticas. En distintos sectores, la tecnología podría ayudar a mejorar eficiencia energética, reducir emisiones y optimizar sistemas productivos.
Pero el problema, advirtió, es que ese potencial convive con una huella ambiental cada vez mayor. Un informe de la ONU publicado a comienzos de este mes sostuvo que la carga ecológica de los centros de datos ya rivaliza con la de algunos de los países más grandes del mundo.
Ese mismo documento indicó que el uso de agua, energía y la contaminación asociada con la inteligencia artificial se duplicará en apenas cuatro años. La cifra subraya la velocidad del fenómeno. Lo que hasta hace poco parecía una preocupación sectorial ahora se perfila como un tema estructural de política pública global.
Según los datos citados, los centros de datos necesarios para alimentar la IA representaron aproximadamente el 1,5% del consumo eléctrico mundial en 2025. Para 2030, esa proporción rozaría el 3% del uso proyectado de electricidad a escala global. En términos energéticos, se trata de una expansión notable en un periodo relativamente corto.
Guterres sostuvo que, pese a esas preocupaciones evidentes, muchas comunidades siguen sin acceso a información clara sobre el impacto de la infraestructura que se construye a su alrededor.
“A pesar de estas preocupaciones obvias, las comunidades a menudo quedan en la oscuridad sobre el impacto ambiental de la infraestructura que se levanta a su alrededor”, afirmó.
Ese punto resulta clave porque la oposición local a centros de datos ha empezado a crecer en varios lugares. Los reclamos suelen enfocarse en uso de agua, ruido, ocupación territorial y tensión sobre redes eléctricas regionales.
Para la ONU, un estándar de divulgación ayudaría a ordenar esa discusión. También daría a reguladores, inversionistas y ciudadanos una base más clara para evaluar beneficios y costos.
La advertencia climática más amplia de la ONU
El pronunciamiento sobre IA no fue un hecho aislado dentro del discurso. Guterres lo integró a una advertencia más amplia sobre la necesidad de acelerar la acción climática global.
El secretario general volverá a reunir a líderes en la Conferencia de las Partes de este año, que se celebrará en Turquía, con el fin de negociar nuevos planes. En ese contexto, recordó el objetivo de mantener al mundo por debajo del límite de calentamiento de 1,5 grados Celsius frente a los niveles preindustriales, una meta fijada en el Acuerdo de París de 2015.
También subrayó que el año pasado marcó la primera vez en que el promedio de temperatura de tres años superó ese umbral.
Para Guterres, la conclusión es que ya no hay margen para respuestas graduales. “Cada gran emisor debe acelerar la acción”, dijo.
En la misma línea, añadió que “cada país debe cumplir más allá de sus compromisos”. La frase apuntó tanto a gobiernos como a grandes actores corporativos. Su intervención incluyó otros frentes de acción climática. Entre ellos destacó la necesidad de reducir el metano, un gas de efecto invernadero responsable de cerca de un tercio del calentamiento global.
El metano es mucho más potente que el dióxido de carbono, aunque permanece menos tiempo en la atmósfera. Por eso, su reducción suele considerarse una vía de impacto rápido para contener el calentamiento.
Guterres también pidió disminuir la dependencia del carbón, el petróleo y el gas. Ese mensaje conecta directamente con el modelo energético que hoy sostiene buena parte del crecimiento de la IA.
En el fondo, su tesis es que no se puede hablar de futuro tecnológico sin hablar del sistema material que lo alimenta. La IA puede ser una herramienta para la transición, pero también puede agravarla si se apoya en combustibles fósiles.
Renovables en ascenso, pero con fuertes tensiones geopolíticas
Pese al tono de alarma, Guterres también dedicó parte de su discurso a resaltar avances en energías renovables. Señaló que la expansión de escala está reduciendo costos y favoreciendo la adopción.
Según expuso, la generación de energía limpia, impulsada sobre todo por la solar y la eólica, superó el crecimiento de la demanda global de electricidad el año pasado. Además, la participación de las renovables rebasó un tercio de la mezcla eléctrica mundial por primera vez en la historia moderna durante 2025.
Al mismo tiempo, la energía basada en carbón vio caer su participación por debajo de un tercio de la generación eléctrica global. Para la ONU, ese cambio confirma que la revolución renovable ya está en marcha.
Guterres destacó a China como el principal motor de la transición global hacia energía limpia. En Europa, añadió, la generación basada en combustibles fósiles también tiende a la baja.
No obstante, el panorama internacional sigue siendo desigual. Señaló que Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha abrazado el carbón, el petróleo y el gas.
También afirmó que Washington ha recortado el apoyo a las energías renovables y a una acción climática más amplia. Ese giro ocurre en medio de una crisis energética global agravada por la guerra de Estados Unidos en Irán.
Guterres describió ese conflicto como “la madre de todos los choques energéticos”. La frase buscó ilustrar hasta qué punto la dependencia fósil amplifica riesgos geopolíticos y económicos.
Para sintetizar el momento actual, recurrió a una metáfora literaria tomada de Charles Dickens y habló de “Un Cuento de Dos Crisis”, en alusión a “Un Cuento de Dos Ciudades”.
“Para la agenda climática, este es, de hecho, el mejor y el peor de los tiempos”, declaró. Luego explicó que es lo peor por la intensificación de los impactos climáticos y lo mejor porque la revolución de las renovables avanza con fuerza.
Esa dualidad atraviesa también el debate sobre inteligencia artificial. La misma tecnología que puede ayudar a reducir desperdicios y optimizar redes eléctricas hoy depende, en gran medida, de una infraestructura cuyo costo ambiental aún no se transparenta del todo.
Por eso, la propuesta de la ONU apunta menos a frenar la innovación que a hacer visible su factura real. En un sector acostumbrado a celebrar velocidad, escala y disrupción, la exigencia de transparencia ambiental podría convertirse en el próximo gran test de credibilidad.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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