Microsoft ha mejorado la velocidad de arranque del nuevo Outlook en Windows, pero un problema clave sigue sin resolverse: abrir un correo desde una notificación puede tardar cerca de 10 segundos, mientras Outlook Classic lo hace casi al instante. La diferencia reabre el debate sobre los límites de las aplicaciones basadas en WebView2.
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- El nuevo Outlook puede tardar alrededor de 10 segundos en abrir el correo asociado a una notificación de Windows 11.
- Outlook Classic abre ese mismo mensaje casi de inmediato y además consume mucha menos RAM y CPU en reposo.
- Microsoft sigue añadiendo funciones al nuevo Outlook, pero su arquitectura web mantiene dudas sobre su rendimiento.
🚨 La velocidad del nuevo Outlook en Windows 11 genera críticas.
Abrir correos desde notificaciones puede tomar hasta 10 segundos.
Outlook Classic realiza la misma acción casi al instante.
El nuevo Outlook, basado en WebView2, consume significativamente más RAM y CPU.… pic.twitter.com/E4NL3Goi6d
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 15, 2026
Microsoft vuelve a enfrentar críticas por el desempeño del nuevo Outlook en Windows 11, esta vez por una función tan básica como abrir un correo desde una notificación del sistema. Aunque la aplicación ha mejorado su tiempo de arranque, el problema aparece cuando el usuario hace clic sobre el aviso de un nuevo mensaje.
Según reportó Windows Latest, el nuevo Outlook puede tardar cerca de 10 segundos en mostrar el correo que originó la notificación. En Outlook Classic, esa misma acción ocurre casi al instante, lo que deja una diferencia difícil de justificar en un flujo de trabajo diario.
La comparación importa porque Windows 11 convive hoy con dos versiones de Outlook. Una es Outlook Classic, la veterana aplicación Win32 orientada a usuarios avanzados, y la otra es el nuevo Outlook, la apuesta de Microsoft para convertirse en la experiencia predeterminada de correo en Windows.
El caso también ilustra un debate más amplio sobre software nativo frente a aplicaciones web encapsuladas. En momentos en que grandes tecnológicas buscan unificar plataformas y acelerar despliegues, los sacrificios en rendimiento siguen siendo visibles para el usuario final.
Para quienes siguen la evolución del ecosistema tecnológico, el episodio es relevante porque muestra cómo decisiones de arquitectura de software pueden pesar tanto como las nuevas funciones. En este caso, el cuello de botella no parece ser una simple falla menor, sino una limitación asociada al diseño del producto.
Una tarea simple que sigue siendo más lenta en el nuevo Outlook
La mecánica debería ser sencilla. Cuando entra un correo nuevo en Windows 11, el sistema muestra un banner de notificación en la esquina inferior derecha para llevar al usuario directamente al mensaje correspondiente.
En Outlook Classic, ese comportamiento funciona casi de inmediato. Un clic en la notificación abre el correo sin una espera perceptible, lo que mantiene la experiencia alineada con lo que se espera de una aplicación de escritorio tradicional.
En el nuevo Outlook, el proceso es distinto. Al pulsar la notificación, primero se abre la aplicación, luego se carga la bandeja de entrada completa y solo después aparece el correo específico, con una espera que ronda los 10 segundos.
La comparación se vuelve más incómoda por un detalle adicional. Si el usuario ignora la notificación y abre Outlook manualmente desde el menú de inicio, puede localizar el mensaje y hacer clic sobre él en unos 5 segundos.
En otras palabras, abrir la app y buscar el correo manualmente puede ser más rápido que usar la función diseñada para ahorrar tiempo. Ese contraste alimenta la percepción de que la experiencia aún no está lista para reemplazar plenamente a la versión clásica.
Windows Latest señaló además que el nuevo Outlook ya no abre tan lentamente como en sus primeras versiones. En velocidad de arranque, la distancia con Outlook Classic se ha reducido, aunque la aplicación Win32 todavía conserva una ligera ventaja.
Sin embargo, ese progreso no se traduce por completo en el flujo que parte desde las notificaciones. Para muchos usuarios, ese punto de entrada es crucial, porque el correo corporativo suele gestionarse precisamente a partir de alertas y respuestas rápidas.
WebView2 y el costo de convertir el correo en una app casi web
La razón de fondo está en la arquitectura del producto. El nuevo Outlook está construido sobre WebView2, el entorno de ejecución de Microsoft Edge basado en Chromium, lo que en la práctica lo acerca más a una ventana de navegador que a una aplicación nativa tradicional.
Cada interacción importante debe pasar por varios pasos. Al hacer clic en una notificación, la app tiene que inicializar o reanudar su capa web, autenticarse, cargar el hilo correcto y renderizar el contenido dentro de ese motor.
Esa cadena de procesos introduce fricción. Aunque para el usuario solo se trate de abrir un mensaje, por debajo intervienen componentes propios de una app web moderna, con dependencias que añaden tiempo y consumo de recursos.
La publicación también recordó que Microsoft ya había reconocido esta clase de lentitud. En diciembre de 2025, la empresa estaba probando una API llamada Delayed Message Timing para diagnosticar problemas de rendimiento en apps construidas con WebView2.
Hasta ahora, no hay señales de que ese mecanismo haya corregido el comportamiento de Outlook al abrir correos desde notificaciones. El problema persiste en uno de los escenarios más visibles y cotidianos del uso del cliente de correo.
La diferencia con Outlook Classic también aparece en el Administrador de tareas. Mientras la versión clásica opera como un solo proceso compacto, el nuevo Outlook puede ejecutarse como 10 procesos separados.
Entre esos procesos figuran WebView2 Manager, varios procesos de utilidad, un proceso GPU, un Service Worker y otros componentes vinculados al motor web. Cada uno consume memoria por su cuenta y requiere tiempo adicional para reactivarse cuando la app sale de un estado suspendido.
Más memoria, más CPU y una experiencia menos eficiente
Las mediciones citadas por la fuente muestran una brecha notable en recursos. El nuevo Outlook consume entre 490 MB y 636 MB de RAM en reposo, con variaciones según el tamaño de la bandeja de entrada.
Outlook Classic, realizando el mismo trabajo, usa alrededor de 117 MB a 148 MB de RAM en estado inactivo. La diferencia equivale a cerca de cuatro veces más memoria en favor de la aplicación clásica.
La distancia también se observa en CPU. El nuevo Outlook utiliza alrededor de 4% en reposo, mientras Outlook Classic permanece por debajo de 1%, siempre según las mediciones realizadas con ambas aplicaciones abiertas al mismo tiempo.
Estos datos ayudan a explicar por qué la experiencia puede sentirse menos ágil incluso cuando la app ya no tarda tanto en abrir. Más procesos, más memoria ocupada y mayor actividad de CPU suelen traducirse en tiempos de respuesta más irregulares.
El caso no es aislado dentro de la industria. La misma lógica ha afectado a otras aplicaciones que abandonaron entornos nativos para adoptar contenedores basados en tecnologías web, una tendencia que simplifica desarrollo, pero a menudo penaliza eficiencia.
Como ejemplo, la fuente recordó que WhatsApp llegó a consumir 1,2 GB de RAM sin hacer prácticamente nada tras reemplazar su app nativa WinUI por un contenedor WebView2. El paralelismo refuerza la idea de que el problema no depende solo de Outlook, sino de la base tecnológica elegida.
También entra en juego la conectividad. Microsoft dedicó gran parte de 2024 a mejorar el funcionamiento sin conexión del nuevo Outlook, algo que Outlook Classic resuelve de forma nativa al almacenar correos localmente.
Una app web, por diseño, mantiene una relación más constante con el servidor. Eso no impide crear funciones offline, pero sí complica igualar la fluidez de una aplicación de escritorio que fue pensada desde su origen para trabajar con datos locales.
Microsoft suma funciones, pero retrasa la presión definitiva sobre empresas
Aun con estas críticas, el nuevo Outlook ha avanzado desde su lanzamiento. La actualización de marzo de 2026 incorporó mejores opciones para búsqueda de carpetas y mejor acceso a buzones compartidos, dos áreas donde todavía estaba rezagado frente a Classic.
Luego, la actualización de mayo de 2026 añadió soporte de calendario automapeado. Ese cambio evitó que al migrar desde Outlook Classic desaparecieran calendarios compartidos, y permitió que los calendarios de colegas aparezcan automáticamente en el panel de navegación.
Más recientemente, Microsoft confirmó una actualización de junio de 2026 con cinco adiciones relevantes. Entre ellas figuran la bandeja de entrada unificada prevista para agosto de 2026, mejoras en combinación de correo y soporte ampliado para archivos .PST.
La mejora sobre importación de .PST prevista para julio de 2026 permitirá llevar elementos de calendario y contactos desde archivos de archivo locales. Ese punto había sido una molestia persistente para usuarios que evaluaban dejar la versión clásica.
La empresa también intensificó su narrativa de migración. A inicios de junio de 2026, Microsoft enumeró 15 funciones de productividad como argumentos para pasar desde Outlook Classic al nuevo Outlook.
En esa lista aparecieron acceso sin conexión, integración más amplia con Copilot, búsqueda más rápida y mejores controles de calendario. El matiz incómodo es que varias de esas capacidades ya existían desde hace años en Outlook Classic, por lo que el argumento suena menos contundente de lo esperado.
La presión corporativa, de hecho, se moderó en el calendario. Microsoft aplazó hasta marzo de 2027 la fecha límite para la exclusión forzada en empresas, cuando antes estaba prevista para abril de 2026.
Ese retraso de casi un año sugiere que la propia compañía reconoce que la aplicación todavía no cubre todas las cargas de trabajo empresariales. La decisión da más tiempo a organizaciones que dependen de funciones maduras, estabilidad y tiempos de respuesta previsibles.
La brecha con Outlook Classic sigue abierta y no parece cerrarse pronto
El trasfondo de esta historia es que Microsoft quiere consolidar una experiencia unificada de correo para Windows. Sin embargo, la apuesta por una arquitectura web impone límites que no siempre se corrigen con una simple actualización de funciones.
Para usuarios que valoran la velocidad al gestionar correos desde notificaciones, Outlook Classic conserva una ventaja clara. No se trata solo de costumbre, sino de una diferencia medible en tiempo, consumo de recursos y forma de ejecutar tareas cotidianas.
La situación se vuelve más sensible porque parte del crecimiento del nuevo Outlook no provino de una preferencia espontánea del mercado. Muchos usuarios terminaron allí luego del cierre definitivo de las apps UWP Mail y Calendar a finales de 2024.
En ese sentido, la crítica no apunta únicamente a un bug, sino a una transición más amplia dentro de Windows. Cuando la alternativa más ligera desaparece y la nueva opción todavía responde más lento en tareas básicas, la frustración resulta comprensible.
Hay, eso sí, una posible salida de largo plazo. La propia cobertura citada recuerda que Microsoft ha mostrado un compromiso más claro con WinUI y con la creación de aplicaciones nativas para Windows, lo que podría abrir la puerta a un Outlook menos dependiente de WebView2.
Por ahora, esa posibilidad sigue siendo especulativa. En el presente, Outlook Classic continúa disponible para descarga y tendrá soporte hasta abril de 2029, lo que le da una vida útil relevante para usuarios que priorizan estabilidad.
El nuevo Outlook probablemente seguirá mejorando en funciones y compatibilidad. Pero mientras abrir un correo desde una notificación tarde el doble que buscarlo manualmente dentro de la app, la promesa de una experiencia superior seguirá bajo cuestionamiento.
Para un público técnico y corporativo, el episodio deja una lección conocida. La modernización visual y la convergencia multiplataforma pueden ser valiosas, pero si comprometen tareas esenciales, el costo operativo termina pesando más que el rediseño.
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