Por Canuto  

Tras años de recortes, retrasos y una amenaza de cancelación, NASA fijó nuevas fechas para DAVINCI y VERITAS. Las misiones podrían abrir una nueva etapa de exploración de Venus junto con proyectos europeos y privados.
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  • DAVINCI apunta ahora a despegar en diciembre de 2030 y desplegar una sonda de descenso en Venus en octubre de 2032.
  • VERITAS tiene como objetivo el lanzamiento en noviembre de 2032. Envision apunta a 2032, aunque la ESA contempla también oportunidades de lanzamiento en 2031 y 2033.
  • Los presupuestos y los retrasos pusieron en riesgo los proyectos, pero NASA afirma que ambas misiones avanzan.


NASA recuperó el impulso para explorar Venus después de que los recortes presupuestarios y los retrasos pusieran en duda dos misiones que marcarán su regreso al planeta. DAVINCI tiene ahora como objetivo un lanzamiento en diciembre de 2030, mientras que VERITAS apunta a despegar en noviembre de 2032; ambas fechas acercan una nueva etapa de investigación a un mundo que la agencia no visita con una misión propia desde Magellan.

El calendario también contempla al orbitador europeo Envision, con 2032 como fecha objetivo, y una sonda privada de Rocket Lab que podría partir a finales de 2027 para buscar indicios de material orgánico en las nubes venusianas. La ESA señala que Envision tendrá una primera oportunidad de lanzamiento en 2031, con otras opciones en 2032 y 2033. Ars Technica informó sobre las fechas y los avances presentados ante el Venus Exploration Analysis Group, una reunión de científicos dedicada al estudio del planeta. Aunque los anuncios reflejan una mejora, los proyectos aún dependen de decisiones presupuestarias y del cumplimiento de sus planes técnicos.

Un planeta cercano que sigue siendo un misterio

Venus es uno de los vecinos planetarios de la Tierra y tiene un tamaño parecido, pero su entorno actual resulta extremo para cualquier nave que intente llegar a la superficie. Su atmósfera está compuesta casi por completo de dióxido de carbono y contiene nubes de ácido sulfúrico; en el suelo, la temperatura ronda los 467 grados Celsius, suficiente para fundir plomo. Esa combinación convierte al planeta en un destino accesible en términos de distancia, pero muy difícil para aterrizar y operar.

La presión atmosférica en la superficie equivale a unas 93 veces la presión al nivel del mar en la Tierra, una carga comparable a encontrarse a unos 914 metros bajo el agua. Además de esas condiciones, los científicos todavía no saben con precisión qué desencadenó el efecto invernadero desbocado que transformó a Venus. Comprender cómo evolucionó un planeta de tamaño similar al nuestro puede aportar pistas sobre su clima pasado y sobre los procesos que moldean los mundos rocosos.

La última misión de NASA dedicada a estudiar Venus fue Magellan, que despegó en 1989 y concluyó su trabajo en 1994. Su radar permitió observar a través de las nubes opacas y construir el primer mapa general de la superficie, aunque la resolución solo distinguía rasgos de aproximadamente el tamaño de un campo de fútbol o mayores. Japón y Europa enviaron orbitadores en 2005 y 2010 para investigar principalmente la atmósfera, pero durante décadas no hubo una misión que renovara de forma sustancial el mapa de Magellan.

El interés por Venus resurgió en junio de 2021, cuando NASA y la Agencia Espacial Europea seleccionaron tres misiones para avanzar en un periodo de apenas ocho días. La comunidad científica recibió el anuncio con entusiasmo, según recordó Ellen Stofan, investigadora de Venus y subsecretaria de Ciencia e Investigación de la Smithsonian Institution. Sin embargo, aquel impulso inicial no eliminó los obstáculos: las limitaciones de presupuesto y los problemas de otros proyectos de exploración volvieron a poner en riesgo el calendario.

Recortes y retrasos pusieron a prueba los proyectos

La situación más delicada afectó a VERITAS, una misión de NASA que estuvo bajo amenaza de cancelación menos de dos años después de su selección. La presión financiera de la división de ciencia planetaria se vinculó en buena medida con los retrasos y sobrecostos de Psyche, una nave diseñada para explorar un asteroide metálico. VERITAS sobrevivió a esa revisión, pero perdió tiempo mientras la agencia y sus equipos intentaban ajustar sus planes a los recursos disponibles.

El Jet Propulsion Laboratory, responsable de Psyche y VERITAS, también atravesó dificultades que incluyeron despidos y la cancelación de Mars Sample Return, un proyecto que se perfilaba como el más costoso en la historia del laboratorio. Esos problemas ilustran cómo las presiones sobre una misión pueden propagarse a otros programas de ciencia planetaria. Para Venus, el resultado fue una combinación de retrasos, incertidumbre sobre el financiamiento y la necesidad de revisar qué componentes podían sostenerse.

La misión europea Envision también perdió el respaldo técnico que NASA había comprometido: la agencia estadounidense se retiró del acuerdo para aportar un instrumento de radar. Nick Lang, científico de programa en la división de ciencia planetaria de NASA, atribuyó la decisión a las limitaciones presupuestarias y reconoció que no había sido fácil. La Agencia Espacial Europea decidió seguir adelante con un radar de desarrollo europeo, una salida que mantiene el proyecto en marcha, aunque cambia el reparto de responsabilidades previsto.

La administración Trump propuso en dos ocasiones recortes profundos para la ciencia planetaria, mientras el Congreso restituyó la mayor parte de los fondos para el año fiscal 2026. Se esperaba que los legisladores hicieran lo mismo para el presupuesto de 2027, pero esa previsión no equivale a una garantía para cada misión. La cancelación de Mars Sample Return y el fin del apoyo de NASA a Envision liberaron recursos que la agencia puede dirigir a DAVINCI y VERITAS, según la información presentada por los responsables de los proyectos.

DAVINCI prepara un descenso de una sola oportunidad

DAVINCI, sigla de Deep Atmosphere Venus Investigation of Noble gases, Chemistry, and Imaging, busca analizar la atmósfera y obtener imágenes durante un descenso asistido por paracaídas. Su lanzamiento está programado para diciembre de 2030, un año antes que en el plan anterior. Jim Garvin, científico planetario del Goddard Space Flight Center de NASA e investigador principal de la misión, explicó que el nuevo escenario reduce costos y aprovecha una trayectoria que requiere relativamente poca energía.

El itinerario revisado contempla un sobrevuelo de Venus a principios de 2032 y la liberación de la sonda para su descenso el 3 de octubre de ese año. La nave portadora seguirá recorriendo el sistema solar interior y, si dispone del combustible suficiente, podrá entrar en órbita alrededor de Venus durante un paso posterior. Garvin indicó que esa posibilidad no siempre estuvo asegurada en los planes previos, por lo que la trayectoria optimizada podría ampliar las oportunidades científicas de la misión.

La sonda de descenso, fabricada en titanio y alimentada por baterías, tardará alrededor de una hora en viajar desde el espacio hasta la superficie. Durante ese trayecto deberá transmitir imágenes y mediciones a la nave portadora, que a su vez enviará los datos a la Tierra antes de que Venus quede oculto bajo el horizonte. La ventana más crítica ocurrirá durante los últimos ocho a diez minutos, cuando la sonda atraviese las capas atmosféricas más extremas y el equipo deba priorizar qué información recuperar.

Los ingenieros ya realizaron pruebas para comprobar cómo las cámaras y los instrumentos capturarán datos durante el descenso, que no podrá repetirse. También sometieron un prototipo de la sonda a temperaturas extremas y comprobaron que su aislamiento mantuvo los componentes internos por debajo de los 30 grados Celsius, dentro de los requisitos establecidos. Garvin señaló que su equipo comunicó los resultados a responsables de NASA y de la Casa Blanca.

VERITAS y las misiones que completan el calendario

VERITAS, cuyo nombre corresponde a Venus Emissivity, Radio science, InSAR, Topography, And Spectroscopy, estudiará el planeta desde la órbita y cartografiará su superficie mediante radar. El instrumento permitirá mejorar ampliamente los mapas de Magellan y observar con especial atención regiones donde podrían existir volcanes activos. Dan Nunes, científico adjunto del proyecto en el Jet Propulsion Laboratory, confirmó que la misión cuenta con financiamiento y una fecha objetivo de lanzamiento en noviembre de 2032.

Si mantiene ese calendario, VERITAS partirá el mes en que DAVINCI llegue a Venus y alcanzará el planeta hacia mediados de 2033. Antes de iniciar sus observaciones científicas rutinarias, la nave tendrá que realizar una fase de aerofrenado, una maniobra que utiliza la atmósfera para ajustar su órbita. Nunes describió el proyecto como una iniciativa que vuelve a contratar personal y acelera su trabajo, aunque aclaró que su ritmo no es tan rápido como el de DAVINCI.

La misión europea Envision tiene 2032 como fecha objetivo de lanzamiento y estudiará Venus desde la órbita con objetivos relacionados con los de VERITAS. La ESA indica que la primera oportunidad de lanzamiento será en 2031, con otras opciones posibles en 2032 y 2033. La salida de NASA de la colaboración para construir su radar no canceló el proyecto, porque la Agencia Espacial Europea optó por continuar con un instrumento europeo. Así, las dos agencias mantendrán planes de observación del planeta, aunque cada una avance con equipos y responsabilidades diferentes.

El calendario podría empezar antes con una iniciativa privada: Rocket Lab apunta a lanzar a finales de 2027 una sonda para buscar indicios de material orgánico en las nubes de gran altitud. La propuesta no sustituye las misiones orbitales ni el descenso de DAVINCI, pero añadiría una investigación centrada en la química de las nubes venusianas. Su fecha sigue siendo un objetivo, mientras que NASA y los equipos europeos preparan proyectos con lanzamientos previstos para la siguiente década.

El regreso dependerá de sostener el impulso

La recuperación de DAVINCI y VERITAS muestra que una misión puede superar una amenaza de cancelación, pero no elimina la presión que afronta la ciencia planetaria de NASA. Los planes anunciados dependen de fondos suficientes para desarrollar instrumentos, probar las naves y mantener equipos especializados durante varios años. En el caso de Envision, la decisión de avanzar con tecnología europea demuestra además que una colaboración internacional puede cambiar de forma sin abandonar necesariamente su objetivo principal.

Para Venus, el valor de estas misiones está en reunir perspectivas distintas sobre un planeta poco conocido. DAVINCI examinará directamente la atmósfera durante su descenso, mientras VERITAS medirá la superficie desde la órbita y Envision aportará otra plataforma de observación. Si Rocket Lab concreta su lanzamiento, la búsqueda de material orgánico en las nubes sumará una línea de investigación adicional, aunque por ahora se trata de una misión privada todavía proyectada.

Los equipos también tendrán que resolver desafíos técnicos que no aparecen en una fecha de lanzamiento: la resistencia de los instrumentos al calor y la presión, la comunicación durante el descenso y la precisión de los sistemas de radar. En DAVINCI, la transmisión de datos en una ventana de tiempo limitada vuelve decisiva la preparación de cada instrumento. En VERITAS, la mejora de los mapas dependerá del funcionamiento del radar y de la capacidad de la nave para completar su maniobra de aerofrenado.

Jim Garvin resumió el ánimo de los investigadores al señalar que había buenas noticias para Venus, y Nunes agradeció el respaldo de VEXAG, The Planetary Society y otros defensores de la exploración planetaria. Ese apoyo ayudó a mantener vivo VERITAS y a asegurar una fecha de lanzamiento, según el científico del proyecto. Después de décadas sin una misión de NASA dedicada al planeta, el siguiente paso será convertir el calendario revisado en naves listas para despegar.


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