Un estudio basado en datos de más de 38.000 personas calcula que los nuevos casos anuales de demencia pasarían de 11,4 millones en 2023 a 24,7 millones en 2050. Sus autores advierten sobre la necesidad de reforzar la prevención, en especial en regiones con menos recursos.
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- El estudio estima 24,7 millones de nuevos casos de demencia en 2050, más del 116% por encima de los 11,4 millones calculados para 2023.
- Las tasas de incidencia fueron mayores entre las mujeres y en países de ingresos bajos y medios, según el análisis.
- La prevención de factores de riesgo y la detección temprana son prioridades señaladas por los investigadores.
🧠 Un estudio proyecta 24,7 millones de nuevos casos anuales de demencia en 2050
La cifra subiría más del 116% frente a los 11,4 millones estimados para 2023.
El análisis reunió datos de más de 38.000 personas en 18 países y territorios. Halló mayor incidencia en mujeres y… pic.twitter.com/X1RlN9etrZ
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La demencia podría sumar más de 24 millones de nuevos casos anuales en 2050, de acuerdo con una estimación que subraya la urgencia de fortalecer la prevención y preparar los sistemas de atención. El cálculo compara los 24,7 millones proyectados para ese año con 11,4 millones en 2023, lo que representa un alza superior al 116%.
El análisis reunió datos de más de 38.000 personas en 18 países y territorios, y encontró diferencias en las tasas de incidencia según el género y el nivel de ingresos de los países. Sus resultados no describen un destino inevitable para cada persona, sino una proyección poblacional que permite dimensionar la demanda futura de diagnóstico y atención.
Una proyección que anticipa mayor demanda de atención
El estudio, publicado en JAMA Neurology el 12 de octubre, calculó que el número anual de nuevos casos en el mundo pasaría de 11,4 millones en 2023 a 24,7 millones en 2050. La diferencia supera los 13 millones de casos por año y equivale a un crecimiento de más del 116%, una escala que, según sus autores, podría aumentar la presión sobre pacientes, familias, servicios de salud y economías.
La cifra proyectada se refiere a casos nuevos por año, no al total de personas que vivirían con demencia en 2050. Esa distinción importa porque la incidencia mide la aparición de nuevos casos, mientras que la cantidad de personas afectadas en un momento dado también depende de cuánto tiempo viven con la condición y de otros factores que el dato anual, por sí solo, no detalla.
La Universidad de Nueva Gales del Sur en Sídney, cuyos investigadores lideraron el trabajo, indicó que más de 57 millones de personas en el mundo ya viven con demencia. La distancia entre ese total y la proyección anual muestra que el desafío no se limita a la atención de quienes reciben un diagnóstico, sino que también involucra a quienes podrían necesitar evaluación y apoyo en los próximos años.
Henry Brodaty, coautor del estudio, señaló que 24 millones de nuevos casos cada año supondrían una presión enorme para las personas, sus familias, los sistemas sanitarios y las economías. El investigador sostuvo que el envejecimiento poblacional hace insuficiente esperar a que aparezcan los síntomas y responder después, por lo que planteó actuar en distintas etapas, desde reducir riesgos hasta mejorar el diagnóstico, el tratamiento y la atención.
Diferencias por género e ingresos
El análisis encontró tasas de incidencia más altas entre las mujeres que entre los hombres, aunque la información divulgada no ofrece en el texto cifras desglosadas para cuantificar la distancia entre ambos grupos. El resultado identifica una diferencia poblacional relevante, pero no permite concluir por sí solo qué explica esa variación ni anticipar el riesgo individual de una persona.
Los investigadores también observaron tasas más elevadas en países de ingresos bajos y medios frente a las de países más ricos. Perminder Sachdev, autor principal del trabajo, calificó esa diferencia de especialmente preocupante porque varias de esas regiones atraviesan un rápido envejecimiento demográfico y, con frecuencia, disponen de menos recursos para prevención, diagnóstico y atención.
La incidencia ayuda a estimar cuántas personas podrían requerir evaluación clínica y servicios de cuidado, además de orientar la preparación de medidas preventivas. En ese sentido, los resultados no solo describen un problema médico: también apuntan a una necesidad de planificación para las familias y los sistemas de salud, que podrían enfrentar cargas distintas según los recursos disponibles en cada lugar.
La demencia es un término para describir el deterioro de las capacidades mentales cuando interfiere con la vida diaria, y la enfermedad de Alzheimer es su tipo más común. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos han señalado que un diagnóstico más temprano puede permitir iniciar antes el tratamiento para intentar frenar la progresión, una consideración que da contexto al llamado de los investigadores por ampliar la detección.
Prevención, factores de riesgo y detección temprana
Entre los factores de riesgo mencionados por los CDC figuran la falta de actividad física, el consumo de alcohol o tabaco, la presión arterial alta, la diabetes no controlada y la pérdida de audición. La agencia recomienda mantener actividad física regular para ayudar a prevenir, retrasar o manejar enfermedades crónicas, además de evitar o limitar el tabaco y el alcohol.
La presión arterial alta también requiere atención porque puede dañar los vasos sanguíneos, limitar el flujo de sangre al cerebro y elevar el riesgo de accidente cerebrovascular, según la explicación de los CDC. La agencia añade que mantener un peso saludable y tomar los medicamentos recetados para la presión arterial puede ayudar a reducir ese riesgo, aunque las recomendaciones no equivalen a una garantía de que una persona evitará la demencia.
En Estados Unidos, más de 6 millones de personas viven con demencia y la condición causa más de 100.000 muertes al año, según una publicación de los Institutos Nacionales de Salud de febrero de 2025. La misma institución estima que el 42% de los estadounidenses mayores de 55 años podría desarrollar demencia a lo largo de su vida y prevé que el envejecimiento poblacional duplique los nuevos casos anuales en el país para 2060.
Los investigadores también exploran herramientas para identificar riesgos antes de que aparezcan síntomas. Un estudio publicado en JAMA Network Open en marzo analizó muestras de sangre de mujeres mayores sin deterioro cognitivo al inicio, en busca de p-tau217 en plasma, una proteína vinculada con cambios cerebrales tempranos asociados al Alzheimer. El estudio encontró una asociación entre niveles basales más altos y un mayor riesgo de deterioro cognitivo leve o demencia.
Qué puede aportar una señal temprana
El análisis de p-tau217 se asoció con la posibilidad de anticipar el riesgo en mujeres hasta 25 años antes de la aparición de síntomas, según el estudio citado. La relación con el deterioro cognitivo leve o la demencia fue más marcada entre las mujeres mayores de 70 años, un resultado que destaca un posible camino de investigación, pero que no convierte por sí mismo al análisis en un diagnóstico definitivo.
La diferencia entre detectar una señal de riesgo y confirmar una enfermedad es importante para interpretar estos hallazgos. La información disponible describe una asociación observada en muestras de sangre y no afirma que la prueba pueda determinar con certeza quién desarrollará demencia, ni que reemplace una evaluación clínica o las herramientas de diagnóstico existentes.
Brodaty y Sachdev plantearon una respuesta que abarque varios momentos: reducir factores modificables, reconocer antes a quienes presentan riesgo y mejorar diagnóstico, tratamiento y atención. Esa estrategia enlaza la prevención individual con la capacidad de los sistemas sanitarios, porque una proyección de nuevos casos puede orientar decisiones sobre recursos, aunque la fuente no detalla qué medidas concretas adoptaría cada país.
La estimación global apunta a un incremento considerable, pero también deja claro por qué la prevención y la preparación deben formar parte de la conversación desde ahora. El reto será convertir las señales de incidencia y los avances en detección en respuestas accesibles, especialmente en las regiones que enfrentan tasas más altas y cuentan con menos recursos para atender a las personas afectadas.
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