La nave LINK logró acercarse entre 12 y 15 kilómetros del Observatorio Swift de la NASA, pero un problema con el control de sus propulsores obligó a cancelar el intento de rescate. Mientras Swift se encamina a una eventual reentrada y LINK enfrenta el final de su misión, NASA y Katalyst Space buscan aprovechar los últimos datos y probar tecnologías de servicio orbital.
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- NASA canceló el encuentro de LINK con el Observatorio Neil Gehrels Swift después de detectar un problema en el control de los propulsores.
- La nave consiguió encender sus tres propulsores eléctricos, modificar su órbita y acercarse entre 12 y 15 kilómetros de Swift.
- Katalyst Space desplegó los tres brazos robóticos de LINK y trabaja con NASA en demostraciones tecnológicas antes del final de ambas misiones.
🚀 NASA cancela el rescate del observatorio Swift
LINK se acercó a 12-15 km, pero un fallo en sus propulsores impidió capturarlo.
Swift podría reingresar este año. LINK, en semanas.
NASA y Katalyst Space probarán tecnología orbital. pic.twitter.com/9ODOLJOqcs
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La misión diseñada para salvar al Observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA terminó convertida en una carrera contra el tiempo. La nave robótica LINK, desarrollada y operada por Katalyst Space, logró modificar su trayectoria y aproximarse al observatorio, pero no pudo llegar a la distancia necesaria para sujetarlo y elevarlo a una órbita más estable.
El desenlace deja a las dos naves en una situación crítica: Swift se encamina a reingresar en la atmósfera terrestre más adelante este año, mientras que LINK podría seguir un destino similar durante las próximas semanas. Aun así, NASA y Katalyst Space intentan extraer datos útiles y completar demostraciones tecnológicas que podrían servir en futuras misiones de mantenimiento orbital.
Una misión concebida contra el reloj
LINK fue entregada a la órbita el 3 de julio mediante un cohete Northrop Grumman Pegasus XL, lanzado desde el aire. La nave debía encontrarse con Swift, sujetarlo mediante sus brazos robóticos y elevarlo a una altitud más estable para prolongar la vida operativa del observatorio, cuya órbita había comenzado a deteriorarse con mayor rapidez.
El descenso orbital de Swift se aceleró durante el año anterior debido a una mayor actividad solar, que incrementó la resistencia atmosférica sobre la nave. Como consecuencia, Katalyst Space, una empresa con sede en Arizona, dispuso de menos de un año para diseñar, fabricar y probar LINK antes de enviarla al espacio.
Desde el comienzo, la misión Swift Boost fue considerada un intento desesperado, comparable con una última jugada para evitar la pérdida de un activo científico valioso. El margen de tiempo reducido obligó a concentrar en una sola misión el desarrollo de una nave de servicio, las pruebas de vuelo y la coordinación con un observatorio que ya descendía más rápido de lo previsto.
Sin embargo, aproximadamente tres semanas después de llegar al espacio, LINK comenzó a girar sin control. El problema afectó el control de sus propulsores y llevó a la NASA a cancelar el encuentro previsto, porque la nave ya no podía garantizar una aproximación segura ni ejecutar las maniobras necesarias para capturar a Swift.
El acercamiento que no alcanzó para el rescate
El fallo no significó que LINK quedara completamente inutilizada. Katalyst Space consiguió encender sus tres propulsores eléctricos y ajustar la órbita para que la nave pasara a una distancia de entre 7,5 y 9 millas, equivalentes a entre 12 y 15 kilómetros, del Observatorio Swift.
Ese acercamiento permitió recopilar información sobre el comportamiento de la nave y sus sistemas en una situación anómala, pero resultó insuficiente para ejecutar la maniobra principal. Para rescatar a Swift, LINK necesitaba llegar, estabilizarse junto al observatorio y utilizar sus mecanismos de sujeción sin generar un riesgo adicional para ambas plataformas.
La compañía también pudo desplegar los tres brazos robóticos de LINK, que originalmente habían sido concebidos para agarrar a Swift y ayudar a ajustar su órbita. El despliegue representa una demostración parcial de las capacidades de la nave, aunque no compensa la pérdida de control que impidió completar el encuentro.
La diferencia entre acercarse y capturar un satélite resulta decisiva en este tipo de operaciones. Una nave de servicio debe coordinar navegación, propulsión, orientación y mecanismos robóticos con una precisión extrema, especialmente cuando el objetivo gira alrededor de la Tierra y cuenta con estructuras delicadas como paneles solares e instrumentos científicos.
El legado científico de Swift queda amenazado
El Observatorio Neil Gehrels Swift fue lanzado en noviembre de 2004 y durante más de 20 años estudió fenómenos de alta energía en el universo. Entre sus objetivos estuvieron los estallidos de rayos gamma, las supernovas, las eyecciones asociadas con agujeros negros y los estallidos rápidos de radio.
La misión acumuló una trayectoria extensa de observaciones astronómicas desde la órbita terrestre, lo que convirtió su eventual pérdida en una preocupación científica además de operativa. La aceleración de su descenso por efecto de la actividad solar redujo las opciones disponibles para prolongar su permanencia en el espacio.
Antes de que el intento de impulso orbital quedara descartado, dos de los tres instrumentos científicos de Swift fueron reactivados a finales de agosto. El Telescopio de Rayos X y el Telescopio Ultravioleta/Óptico habían sido apagados en febrero para reducir la resistencia atmosférica sobre la nave mientras se preparaba la intervención de LINK.
La reactivación permite que Swift continúe realizando observaciones durante el tiempo que le reste en órbita, aunque su reentrada se considera probable más adelante este año. La nave no solo enfrenta la pérdida de altitud, sino también una ventana operativa limitada para transmitir datos antes de que las condiciones orbitales impidan mantener la misión.
Qué puede rescatarse de LINK
Con la opción de elevar la órbita de Swift fuera de la mesa, NASA y Katalyst Space cambiaron el objetivo de la misión. Ahora buscan realizar tantas demostraciones tecnológicas como sea posible a bordo de LINK, con la expectativa de que la experiencia ayude a desarrollar futuras operaciones de servicio para otros satélites.
El encendido de los tres propulsores eléctricos y el despliegue de los tres brazos robóticos ofrecen datos relevantes sobre subsistemas centrales de una nave de mantenimiento orbital. Aunque la misión no cumplió su finalidad principal, esas pruebas pueden aportar información sobre navegación, maniobras, control de actitud y operación de herramientas robóticas en el entorno espacial.
El caso también muestra los desafíos de responder rápidamente a una amenaza orbital que evoluciona más deprisa de lo previsto. La actividad solar alteró la tasa de descenso de Swift, y el tiempo disponible para construir LINK fue tan limitado que la misión debió avanzar bajo condiciones de alto riesgo desde su concepción.
Según la información publicada por Space.com, la prioridad actual consiste en aprovechar los vehículos antes de que ambos terminen su descenso. La nave LINK podría reingresar a la atmósfera en las próximas semanas, mientras Swift se dirige a una reentrada prevista para más adelante este año, cerrando una misión de rescate que terminó como prueba experimental.
El fracaso no elimina el valor de la tecnología demostrada, pero sí confirma que el servicio orbital depende de ventanas de tiempo, control preciso y condiciones ambientales difíciles de anticipar. Para NASA y Katalyst Space, los últimos días de LINK serán una oportunidad para convertir una misión perdida en conocimiento aplicable a futuros satélites.
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