Por Canuto  

La campaña presidencial de Colombia de 2026 se convirtió en un laboratorio político para la inteligencia artificial. Los candidatos recurren a videos baratos, virales y abiertamente falsos para captar emociones, reforzar narrativas y disputar atención en redes, aunque los expertos advierten que el mayor peligro aún podría venir del audio sintético.
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  • Candidatos colombianos usan videos generados con IA para difundir campañas virales con tigres, frutas, gatos y personajes fantásticos.
  • Analistas señalan que estas piezas apelan más a las emociones que a la desinformación ultrarrealista, al menos por ahora.
  • Expertos advierten que el audio generado por IA sigue siendo un riesgo mayor que el video en la carrera electoral.


Colombia atraviesa su primera campaña presidencial en la que todos los candidatos tienen a la mano herramientas de inteligencia artificial. El resultado ha sido una avalancha de videos sintéticos que mezclan humor, caricatura, propaganda y ataques políticos, en una disputa por la atención digital que ya está moldeando la conversación pública.

La novedad no es solo tecnológica. También es económica. Los videos creados con IA son mucho más baratos que los anuncios tradicionales, por lo que incluso campañas rezagadas en las encuestas pueden producir piezas llamativas y circularlas con rapidez en redes sociales, sin depender de grandes presupuestos audiovisuales.

Según reportó EL PAÍS English, las campañas que más han inundado las redes con este tipo de material son las del candidato de extrema derecha Abelardo de la Espriella y la senadora Paloma Valencia, figura de la derecha tradicional. Ambos han convertido la IA en una herramienta central de su narrativa electoral.

De la Espriella, abogado penalista conocido como “El Tigre”, aparece en numerosos videos bailando frente a escenas de grandes felinos o directamente transformado en un tigre gigante que destruye un tren que simboliza a la política tradicional. Las piezas no intentan parecer reales. Al contrario, se apoyan en una estética deliberadamente artificial para reforzar una identidad de ruptura y fuerza.

Paloma Valencia, por su parte, llevó a su campaña una serie de “novelas de frutas”, un fenómeno viral de TikTok. En ese universo llamado Frutimbia, la candidata es una piña alegre que enfrenta a los plátanos de la izquierda y a los cocos asociados con De la Espriella. Es una apuesta que también usa la caricatura para ordenar el mapa político en términos emocionales y simples.

La lógica se repite en otras campañas. Sergio Fajardo, candidato de centro, publicó un video inspirado en personajes de Harry Potter. Mauricio Lizcano, exministro del presidente Gustavo Petro, lanzó una parodia de Encanto titulada Desencanto, con el mensaje de que sus rivales “viven en una Colombia irreal”. Incluso Iván Cepeda, senador de izquierda y puntero en las encuestas, difundió un video en el que una nevera dice estar feliz porque está completamente abastecida.

Una campaña guiada por emociones y viralidad

La mayoría de estos videos comparten un rasgo clave. No buscan engañar al público con un realismo perfecto, sino transmitir sensaciones rápidas y reconocibles. Tigres, frutas y personajes al estilo Disney bailan, atacan o celebran en clips que funcionan más como memes de campaña que como piezas clásicas de comunicación política.

Juan Diego Castañeda, codirector de la Fundación Karisma, resumió esa lógica al señalar que estos videos no intentan mostrar la realidad, sino una sensación. A su juicio, la política lleva mucho tiempo funcionando en torno a emociones antes que a propuestas, y la IA simplemente abarata una gramática visual que ya dominaban la publicidad y el entretenimiento.

Ese ahorro altera la competencia. Antes, solo las campañas con más recursos podían sostener una producción constante de contenidos de alto impacto. Ahora, los candidatos con menos respaldo también pueden fabricar universos narrativos completos para reforzar estereotipos, atacar rivales o consolidar una identidad propia con muy poco tiempo y dinero.

En el caso de De la Espriella, la estrategia ha sido eficaz para empujar la idea de que él es el único candidato fuera del establecimiento. Algunos de sus videos muestran al expresidente Álvaro Uribe aliado con Claudia López, Juan Manuel Santos y el ministro del Interior Armando Benedetti. Esa combinación sería políticamente inverosímil fuera de un clip generado por IA, pero sirve para alimentar una narrativa de conspiración entre “ellos” y “nosotros”.

Valencia aplica un mecanismo parecido desde otra dirección. En su universo de campaña, ella aparece como la figura capaz de unir a distintos sectores, como una ensalada de frutas. Los partidarios de Petro son plátanos podridos, mientras que Abelardo de la Espriella también es presentado como un plátano, aunque disfrazado de coco. De nuevo, la simplificación visual funciona como argumento político.

Otro de sus videos muestra a sus rivales como mazorcas que, al ser golpeadas por el “rayo” de Juan Daniel Oviedo, su fórmula vicepresidencial, explotan y se convierten en palomitas de maíz. El guiño apunta a los votantes de centroderecha que la senadora intenta atraer para pasar a segunda vuelta, utilizando humor y simbolismo para fijar un mensaje electoral.

Entre caricatura, prejuicio y riesgo político

Los especialistas consultados distinguen entre la exageración caricaturesca y los contenidos más problemáticos. Los videos de IA no solo consolidan clichés electorales, como retratar a Sergio Fajardo como un indeciso o a De la Espriella como un robot que repite “leal a la patria”. En algunos casos también reactivan prejuicios con una larga historia en Colombia.

En piezas difundidas por las campañas de Valencia y De la Espriella, Iván Cepeda aparece como guerrillero o como aliado de la guerrilla. Castañeda consideró preocupante esta tendencia porque refuerza la persecución simbólica contra partidos de izquierda, a los que durante años se ha acusado de tener vínculos con grupos armados. La caricatura, en ese punto, deja de ser solo humor y toca una memoria política sensible.

La excepción parcial a esta ola parece ser el propio Cepeda. Más allá de la reciente nevera parlante, el candidato no ha centrado su presencia digital en frutas ni animales, sino en discursos en plazas públicas. Para Carolina Botero, consultora independiente en inteligencia artificial y miembro de la junta de Karisma, esto podría responder a una lectura de su electorado, al que su campaña no ubicaría principalmente en redes sociales.

Botero comparó ese contraste con la Ola Verde de 2010, cuando Antanas Mockus apostó con fuerza por el mensaje digital y llegó a segunda vuelta, pero fue derrotado por Juan Manuel Santos, que pasó más tiempo recorriendo el país. En su lectura, la estrategia de Cepeda aún está por probarse, mientras que el electorado de De la Espriella sí es muy activo en redes y está enfrascado con el de Paloma Valencia en una disputa ruidosa por visibilidad.

La desinformación masiva todavía no llega, pero el audio preocupa

Pese al volumen de videos sintéticos, los analistas coinciden en una conclusión relativamente tranquilizadora. La gran pesadilla de los deepfakes ultrarrealistas aún no se ha materializado en Colombia. Hasta ahora, la IA ha intervenido sobre todo como una máquina de fantasías, memes y emociones, más que como un mecanismo decisivo de engaño visual de alta precisión.

Botero sostuvo que ese temor constante a videos hiperrealistas capaces de engañar a la población no ha derivado, por ahora, en ningún gran escándalo. Hay excepciones. Después del 8 de marzo, Colombiacheck identificó un video generado por IA que mostraba a Petro votando en una consulta interpartidista, a pesar de que había llamado a la abstención.

Juanita Vélez, periodista y codirectora de MioPÍA, explicó que el video generado por IA ha mejorado mucho, pero todavía está lejos de resultar plenamente convincente. Daniela Amaya, su colega en esa plataforma que monitorea el uso de esta tecnología en Colombia, añadió que engañar a la gente con audio sigue siendo bastante más fácil que hacerlo con video.

Ambas mencionaron como ejemplo un audio compartido por el ministro de Trabajo que supuestamente captaba al presidente del Senado y dirigente opositor Efraín Cepeda conspirando con el registrador nacional para cometer fraude de cara a las elecciones legislativas. Un caso parecido, difundido pocos días antes de una elección presidencial en Eslovaquia, terminó costándole la carrera a un candidato liberal.

En Colombia, ningún audio o video generado por IA ha tenido hasta ahora un efecto tan decisivo. En ese sentido, la campaña mantiene rasgos ya conocidos de ciclos anteriores, con memes, vallas y contenidos falsos circulando por canales informales. La diferencia es que ahora la producción sintética permite escalar ese ruido con más velocidad y a menor costo.

La viralidad, sin embargo, no garantiza votos. Mauricio Lizcano, uno de los candidatos más rezagados, aparece en uno de sus videos convertido en un gato adorable que afirma que “un gatito tiene hasta un 300% más alcance que el odio” mientras promociona sus propuestas. El clip alcanzó 2,7 millones de visualizaciones, pero ese impacto digital no necesariamente se traduce en fortaleza electoral.

Lo que sí parece claro es que Colombia ya entró en una nueva fase de comunicación política. La IA no reemplazó el debate de fondo, pero sí alteró los formatos, redujo costos y amplificó las emociones como insumo principal de la propaganda. La elección de 2026 muestra que la contienda por el poder también se libra en el terreno de las fantasías algorítmicas.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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