Por Canuto  

La Fed concluyó que los 32 bancos más grandes de Estados Unidos podrían soportar una recesión global severa, absorber más de USD $708.000 millones en pérdidas y seguir prestando. Tras el examen, varias entidades anunciaron aumentos de dividendos y recompras, mientras el mercado mira ahora hacia una posible flexibilización regulatoria.

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  • Los 32 bancos evaluados por la Reserva Federal se mantuvieron por encima de los requisitos mínimos de capital en el escenario adverso.
  • La prueba proyectó más de USD $708.000 millones en pérdidas, con fuertes impactos en tarjetas de crédito, préstamos comerciales e inmuebles comerciales.
  • Varios bancos, incluidos JPMorgan, Goldman Sachs y Morgan Stanley, anunciaron aumentos de dividendos tras los resultados.

 


La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) dijo el miércoles que los 32 bancos más grandes del país están bien posicionados para atravesar una recesión severa y seguir prestando a hogares y empresas. El resultado refuerza la idea de que la gran banca estadounidense mantiene colchones de capital robustos incluso bajo escenarios extremos.

El ejercicio anual de estrés concluyó que estas instituciones podrían absorber más de USD $708.000 millones en pérdidas hipotéticas. Aun así, todas permanecieron por encima de los requisitos mínimos de capital establecidos por el regulador.

Estas pruebas son relevantes porque sirven como una radiografía de la resistencia del sistema financiero ante choques simultáneos. También influyen en las decisiones de dividendos, recompra de acciones y, en algunos años, en cuánto capital adicional deben retener los bancos.

En esta ocasión, los resultados llegaron con una particularidad importante. A diferencia de años anteriores, el examen de 2026 no modificará el llamado buffer de capital de estrés de cada banco, una capa adicional de capital que normalmente puede subir o bajar según el desempeño de cada firma.

Tras conocerse los resultados, varios bancos anunciaron incrementos en dividendos y nuevas autorizaciones de recompra de acciones. Ese movimiento sugiere que, además de pasar la prueba regulatoria, varias entidades consideran que tienen espacio para devolver más capital a sus accionistas.

Qué evaluó la prueba de estrés de la Fed

El escenario hipotético diseñado por la Reserva Federal planteó una recesión mundial profunda y desordenada. Incluyó un aumento del desempleo en Estados Unidos hasta 10%, una caída de 30% en los precios de la vivienda y un descenso de 39% en los precios de bienes raíces comerciales.

Además, el examen asumió un contexto de caos en los mercados financieros. Bajo esa combinación, el regulador buscó medir si los bancos podían seguir operando y prestando dinero sin incumplir sus mínimos de capital.

Según los resultados, la ratio de capital ordinario de nivel 1, conocida como CET1, cayó 1,6 puntos porcentuales para el conjunto de la industria. Aun así, el nivel agregado se mantuvo cómodamente por encima de los umbrales exigidos.

En términos concretos, la ratio CET1 colectiva bajó de 12,8% a un mínimo de 11,2% durante el examen. Esa reducción reflejó pérdidas crediticias más elevadas y menores ganancias no realizadas proyectadas, aunque parte del golpe fue compensado por mayores ingresos por intereses.

La Reserva Federal explicó que esos mayores ingresos por intereses se debieron a caídas hipotéticas menores en las tasas de interés. Ese detalle ayuda a entender por qué el deterioro del capital fue relativamente acotado pese a un escenario macroeconómico muy severo.

Michelle Bowman, vicepresidenta de Supervisión de la Reserva Federal, resumió el mensaje oficial en una declaración. La funcionaria afirmó que “los resultados de hoy subrayan la fortaleza del sistema bancario”.

Las pérdidas proyectadas y los bancos con mejores y peores ratios

El examen proyectó pérdidas de aproximadamente USD $200.000 millones en tarjetas de crédito. También calculó cerca de USD $160.000 millones en pérdidas sobre préstamos comerciales e industriales.

El tercer gran foco de tensión fue el mercado inmobiliario comercial. En ese segmento, las pérdidas estimadas alcanzaron unos USD $75.000 millones. Estas cifras reflejan dónde ve mayores vulnerabilidades la autoridad monetaria bajo una recesión abrupta. El consumo financiado con crédito, la actividad corporativa y los inmuebles comerciales aparecen otra vez como los puntos de mayor presión.

Entre los 32 bancos evaluados hubo diferencias notables en las ratios de capital bajo estrés. First Citizens registró la ratio de estrés más baja, con 6,7%. En el extremo opuesto, Charles Schwab presentó la ratio más alta, con 32,2%. Esa brecha ilustra que el sistema en conjunto luce sólido, pero no todas las entidades enfrentan el mismo perfil de riesgo ni la misma estructura de balance.

La lectura de estos resultados suele ser seguida de cerca por analistas, reguladores e inversionistas. No solo permite comparar resiliencia relativa entre bancos, sino también anticipar la capacidad de cada entidad para distribuir capital sin comprometer su posición prudencial.

Dividendos y recompras: la reacción inmediata de los grandes bancos

Minutos después del anuncio oficial, varios gigantes financieros comunicaron mejoras en sus políticas de retorno al accionista. El caso más destacado fue JPMorgan, que elevará su dividendo trimestral de acciones ordinarias a USD $1,65 por acción en el tercer trimestre.

JPMorgan también autorizó un nuevo programa de recompra de acciones. Esa decisión fue leída por el mercado como una señal de confianza en su capacidad de generación de capital.

Goldman Sachs informó que aumentará su dividendo ordinario de USD $4,50 a USD $5 por acción a partir del próximo mes. La entidad indicó que esa cifra representa un incremento de 25% frente al año pasado.

Morgan Stanley anunció un aumento de 15% en su dividendo, hasta USD $1,15 por acción. Además, reautorizó un programa de recompra de acciones por USD $20.000 millones.

State Street dijo que incrementará su dividendo en 10%. Wells Fargo, por su parte, señaló que planea elevar su dividendo del tercer trimestre en 11%, hasta USD $0,50 por acción.

Este patrón de anuncios muestra cómo la prueba de estrés sigue funcionando como una referencia práctica para la asignación de capital. Aunque este año no cambie los buffers regulatorios, sí envía una señal pública sobre cuánta holgura perciben los bancos en sus balances.

Por qué este año los resultados tienen menos impacto regulatorio

Los resultados de 2026 fueron menos dramáticos que en ejercicios anteriores por una razón clave. En febrero, la Reserva Federal anunció que no usaría esta ronda para actualizar el buffer de capital de estrés de cada firma.

Ese buffer es una exigencia adicional que los grandes bancos deben mantener sobre sus mínimos básicos. Normalmente cambia según el desempeño de cada institución en la prueba anual.

El miércoles, el banco central reafirmó ese plan y dijo que espera actualizar esos buffers después de la prueba de 2027. Antes de hacerlo, los funcionarios quieren recopilar comentarios y renovar los modelos y escenarios usados en el examen.

La revisión responde a años de críticas de la industria bancaria, que ha descrito el proceso como opaco y subjetivo. En otras palabras, parte del debate no gira sobre si los bancos tienen capital, sino sobre cómo el regulador mide ese capital bajo estrés.

Según informó Reuters, la Reserva Federal está reformulando su proceso de pruebas de estrés precisamente en respuesta a esas objeciones. Ese rediseño podría alterar a futuro la forma en que se determina cuánto capital extra debe inmovilizar cada banco.

El cambio también reduce el impacto inmediato de los resultados de este año sobre el negocio bancario. Sin un ajuste automático en los buffers, las entidades tienen una fotografía de resiliencia, pero no una nueva carga regulatoria derivada del examen.

El trasfondo: Basilea, desregulación y capital excedente

Más allá de la prueba de 2026, los banqueros siguen esperando otras definiciones regulatorias de mayor alcance. Entre ellas destaca la propuesta vinculada al llamado Basel III Endgame sobre capital basado en riesgos.

Ese paquete podría redefinir cuánto capital deben mantener los grandes bancos frente a diferentes clases de activos y exposiciones. Dependiendo del resultado final, podría liberar miles de millones de dólares para usos corporativos o retornos a inversionistas.

Analistas de KBW ya habían anticipado el tono general del examen en una nota previa del 21 de junio. El equipo, liderado por Christopher McGratty, describió el ejercicio de este año como una “simple formalidad”.

CNBC señaló que, de haber contado estos resultados para los requisitos de capital, Morgan Stanley, Citigroup, Citizens Financial y KeyCorp habrían estado entre los bancos con mayores reducciones en sus buffers. Esa observación ayuda a dimensionar cuánto cambia la lectura del examen al dejar congeladas las exigencias hasta 2027.

En otra nota previa a la publicación de los resultados, los analistas de KBW escribieron que la industria está en buena forma en materia de capital. Añadieron que todos los nombres observados muestran capital en exceso frente a las ratios y requerimientos proforma implícitos.

Ese mismo análisis sostuvo que la industria sigue en posición de aprovechar el impulso de desregulación. Para el mercado, este punto es central porque conecta la salud actual de la banca con la posibilidad de reglas más flexibles en los próximos trimestres.

En síntesis, la prueba de estrés de 2026 deja dos mensajes simultáneos. Primero, que la gran banca estadounidense conserva capacidad para absorber un choque severo; segundo, que la verdadera discusión regulatoria ahora se desplaza hacia 2027 y hacia la revisión de las normas de capital más amplias.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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