Por Canuto  

La historiadora Jill Lepore advierte que Silicon Valley está reemplazando la democracia con un ‘estado artificial’ gobernado por corporaciones y máquinas, en su nuevo libro The Rise and Fall of the Artificial State.
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  • Jill Lepore critica a los líderes tecnológicos por asumir funciones estatales sin consentimiento.
  • Advierte que el ‘estado artificial’ fracasará porque destruye el mundo natural del que depende.
  • La resistencia democrática, como la oposición local a centros de datos, es clave para frenar este avance.

 


La historiadora Jill Lepore, de Harvard y redactora de The New Yorker, ha lanzado una advertencia contundente: las empresas tecnológicas están reemplazando cada vez más las funciones del gobierno democrático. En su nuevo libro “The Rise and Fall of the Artificial State”, Lepore describe este fenómeno como “un retorno a la tiranía y la mistificación en forma de gobierno por algoritmos, corporaciones y máquinas”.

En una entrevista con el pódcast Equity de TechCrunch, la historiadora explicó que su crítica no es contra la tecnología en sí, sino contra la forma en que las corporaciones privadas han asumido roles estatales sin que nadie los haya elegido. “Nadie consintió en eso”, afirmó.

El estado artificial y la usurpación corporativa

Lepore define el estado artificial como un tipo de estado que reemplaza al estado nación democrático liberal. Este proceso comenzó de manera gradual y accidental, pero en las últimas dos décadas se ha vuelto deliberado y calculado, dijo la historiadora.

Señaló que muchos empresarios tecnológicos han hablado abiertamente de querer ir más allá del estado nación. Los futuristas de los años 90, en su mayoría libertarios, buscaban usar internet para erradicar el estado, recordó Lepore.

La historiadora insistió en que no es antitecnológica. “Estoy casada con un científico de la computación. Estoy muy entusiasmada con todo tipo de revoluciones intelectuales”, explicó. Su queja se centra en la usurpación de funciones gubernamentales por parte de corporaciones privadas.

Lepore destacó ejemplos recientes como la contratación de un filósofo moral por parte de Anthropic para escribir una constitución, o la sugerencia de Sam Altman sobre un presidente de IA. “Son ejemplos tontos, pero muestran cómo estas empresas asumen los adornos del estado nación”, dijo.

La promesa incumplida de la tecnología

La historiadora rastreó el origen de la promesa de que la tecnología mejoraría la democracia hasta el anuncio del Macintosh de Apple en 1984. En ese anuncio, Apple representaba a IBM como un estado totalitario y a la computadora personal como un instrumento de liberación.

Pero Lepore señaló que esa era solo publicidad inteligente. “Dudo que alguien en Apple realmente creyera que la computadora personal iba a ser un instrumento de liberación personal”, afirmó. En cambio, con el tiempo, las empresas tecnológicas comenzaron a tomarse esta fantasía en serio.

La académica criticó la idea de que Twitter fuera una plaza pública digital. “Objetivamente, nada podría estar más lejos de la verdad”, dijo. En ese momento, uno de cada cinco estadounidenses tenía cuenta, pero más del 90% de los tuits políticos provenían de menos del 10% de los usuarios.

Twitter, según Lepore, se convirtió en una máquina de distorsión que amplificaba a los extremos hiperpartidistas. Los políticos que lo usaban para medir el electorado recibían información errónea, explicó.

La historiadora también mencionó que Facebook News estableció una especie de “Corte Suprema” en 2016, y que Sam Altman dijo en el podcast de Joe Rogan que un presidente de IA sería una gran idea. Todo esto refleja una tendencia preocupante.

La mala lectura de la ciencia ficción

Lepore dedicó parte de su libro a analizar cómo los líderes tecnológicos leen ciencia ficción. Señaló que muchos de ellos, especialmente Elon Musk, parecen anunciar un futuro extraído de cómics y ciencia ficción pulp mal leídos.

Según la historiadora, lo curioso de Musk es que sus gustos literarios contradicen por completo sus creencias políticas. “Lo que le gusta en realidad contradice y desafía por completo todas sus creencias políticas”, afirmó.

La académica trazó una tradición literaria de parábolas sobre el estado artificial, desde historias del siglo XIX hasta obras como “The Machine Stops” de E. M. Forster. Estas historias advierten sobre máquinas que asumen el control de la humanidad.

Lepore explicó que la ciencia ficción a menudo presenta el cambio tecnológico como equivalente a progreso. Pero esa idea es una invención del siglo XIX, que fusionó la evolución darwiniana con el avance tecnológico, dejando de lado el progreso moral.

Los líderes de Silicon Valley tratan estas historias de advertencia como manuales para el futuro. “Son muy malos lectores de ciencia ficción”, dijo, ya que ignoran el tono crítico y adoptan solo las partes que les convienen.

El inevitable fracaso del estado artificial

Lepore sostiene que el estado artificial está condenado al fracaso. La razón es que para erigir un estado artificial, se debe destruir el mundo natural, pero ese mundo natural es necesario para que el estado funcione.

La historiadora explicó que esta contradicción se prevé en toda la ciencia ficción que analiza. Las historias suelen enfrentar a los “derrochadores” con los “silvicultores”, como en la obra favorita de Asimov de su niñez.

El estado artificial necesita recursos naturales masivos para operar, como energía y agua para los centros de datos. Pero al mismo tiempo, su construcción destruye los ecosistemas que lo sustentan, llevándolo inevitablemente al colapso.

Lepore señaló que esta tensión es evidente en las crisis locales por centros de datos. “El estado artificial destruirá el mundo natural y, sin embargo, necesita los recursos del mundo natural para funcionar”, afirmó.

La historiadora no ofreció un manual para derrotar al estado artificial, pero insistió en que las decisiones deben tomarse en consulta con los gobernados. No se trata de desmantelar todas las empresas, sino de ponerlas bajo control democrático.

La resistencia democrática

Lepore destacó la creciente oposición a los centros de datos en comunidades locales. En lugares como Salt Lake City, más del 70% de la población se opuso a un centro de datos, pero sus representantes lo apoyaron, dijo.

Esta resistencia es una señal de que la democracia aún funciona. “Eso no es representar al pueblo”, afirmó, y señaló que habrá costos políticos para los representantes que ignoren a sus votantes.

La historiadora mencionó que parte del problema es el declive del periodismo local, que ha dejado a las comunidades sin información. Esto ha sido una consecuencia, quizás intencional, de las redes sociales, dijo.

Sin embargo, la gente está empezando a hacer preguntas sobre el consumo de agua, la generación de empleos y el impacto ambiental de los centros de datos. Estas preguntas son parte del proceso democrático.

Lepore cree que si el funcionamiento democrático está suficientemente intacto, los ciudadanos podrán responder a la mala conducta de sus representantes. La resistencia local es el primer paso hacia la rendición de cuentas.

La innovación disruptiva bajo la lupa

En la entrevista, Lepore también revisó su crítica de 2014 a la teoría de la innovación disruptiva de Clayton Christensen. Ella mantiene su posición de que esa teoría no es una ley de la naturaleza, sino solo una explicación de por qué fracasan las empresas.

La historiadora dijo que escribió ese artículo porque la innovación disruptiva es una teoría de la historia, pero se basa en evidencia inaceptable desde el punto de vista del método histórico. “Su uso de la evidencia es completamente inaceptable”, afirmó.

Lepore desearía que hubiera más conversación entre historiadores y tecnólogos. “La gente realmente quiere pensar: ¿Qué es esto? ¿Qué estoy haciendo?”, dijo, y cree que los historiadores pueden ofrecer perspectivas valiosas sobre cómo surgieron las salvaguardas para tecnologías anteriores.

La académica se mostró crítica con el hecho de que los historiadores no hayan interactuado más con las ideas tecnológicas. Esta falta de diálogo ha permitido que conceptos erróneos se difundan sin control.

Con su libro, Lepore espera abrir ese diálogo, ofreciendo una perspectiva histórica sobre las consecuencias del cambio tecnológico. “Decir que la tecnología es progreso es una simplificación excesiva”, dijo.

Al final, la historiadora agradeció la invitación a TechCrunch, señalando que es una oportunidad para que los historiadores conversen con los tecnólogos. “Gracias por invitarme”, concluyó.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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