Por Canuto  

La invasión rusa de Ucrania ha desatado una espiral salarial insostenible: mientras el gasto militar atrae trabajadores con sueldos elevados, las empresas civiles no pueden mantener el ritmo, generando una brecha entre salarios y productividad que amenaza la estabilidad económica.
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  • La brecha salarial en Rusia supera en 5 puntos porcentuales a la productividad desde 2022, según Bloomberg Economics.
  • El sector militar ha captado unos 510.000 trabajadores, elevando los costos laborales y erosionando la competitividad civil.
  • Las altas tasas de interés del banco central no logran reasignar recursos de manera eficiente, atrapando a la economía en un círculo vicioso.


La guerra en Ucrania, que ya completa su quinto año, ha transformado la economía rusa hasta llevarla a un punto crítico. La escasez de mano de obra, agravada por el reclutamiento militar, ha disparado los salarios muy por encima de la productividad, creando una presión insostenible para las empresas civiles.

Según estimaciones de Bloomberg Economics, los salarios han superado a la productividad en unos 5 puntos porcentuales desde el inicio de la invasión en 2022. Esta brecha se aproxima a la registrada durante el auge petrolero de la década de 2000 y duplica el promedio histórico de 1 punto porcentual entre 2009 y 2021.

El fenómeno se asemeja a una versión en tiempos de guerra de la llamada enfermedad holandesa. El enorme gasto militar está atrayendo a los trabajadores hacia las industrias de defensa, lo que eleva los costos laborales y merma la competitividad del sector civil.

La escasez de mano de obra y el auge salarial

El desempleo en Rusia se encuentra en un mínimo histórico de poco más del 2%, mientras la guerra absorbe cantidades significativas de hombres cada año. El país se ha fijado el objetivo de reclutar a 409.000 soldados contratados para este año, lo que implica la salida mensual de hasta 34.000 hombres de la fuerza laboral civil.

Este flujo constante de trabajadores hacia el ejército ha provocado que los salarios sigan creciendo a tasas de dos dígitos, incluso cuando la expansión económica se ha estancado. La producción se contrae en muchas industrias y la inversión se derrumba, según datos del Servicio Federal de Estadísticas.

La escasez es tan severa que el monopolio estatal Ferrocarriles Rusos ofrece a los soldadores salarios más altos que algunos jefes de estación. Las tarifas de carga se incrementan, trasladando el costo a todos los clientes y propagando la inflación salarial a toda la cadena productiva.

El empleo en la producción militar ha aumentado en unos 510.000 puestos desde finales de 2021, llegando a 2,8 millones según Oxford Economics. Esto ha generado un desequilibrio que las empresas civiles no pueden compensar fácilmente.

El Kremlin, para evitar una movilización impopular, ofrece altos salarios y bonificaciones por firma a los voluntarios. El salario mensual de un soldado contratado pasó de ser aproximadamente cuatro veces el promedio en 2022 a cerca del doble actualmente, lo que mantiene la presión sobre los empleadores civiles.

La espiral de costos para las empresas civiles

Dmitry Polevoy, director de inversiones de Astra Asset Management, advierte que el sector civil no puede operar así indefinidamente. “Cuando los salarios aumentan más rápido que la productividad, las ganancias inevitablemente sufren, y eso es exactamente lo que estamos viendo”, señala.

Las empresas menos eficientes, incapaces de competir en salarios con el sector estatal, perderán trabajadores clave. Esta fuga de talento agrava aún más su situación, creando un círculo vicioso de baja productividad y mayores costos.

El peso de esta dinámica se refleja en el incremento del salario mensual promedio, que subió a 101.784 rublos (USD $1.280) en 2025, frente a los 57.244 rublos de 2021. Ajustado por paridad de poder adquisitivo, Rusia supera a Grecia, Eslovaquia y Hungría en la clasificación salarial de la OCDE.

La prima salarial militar se ha reducido de cuatro veces el promedio a dos veces, pero los nuevos aumentos en las bonificaciones de reclutamiento podrían revertir esa tendencia. Bloomberg Economics advierte que esto obligaría a los empleadores civiles a subir de nuevo los salarios, perpetuando el ciclo inflacionario.

Las empresas se ven forzadas a recortar costos en otras áreas para sobrevivir, lo que lleva a una reducción de la inversión y a una menor capacidad de modernización. Esto profundiza el rezago de productividad y limita las opciones para escapar de la crisis.

El papel del banco central y las políticas fallidas

La gobernadora del Banco de Rusia, Elvira Nabiullina, ha defendido el uso de altas tasas de interés como una herramienta para reubicar trabajadores escasos hacia sectores más productivos. Sin embargo, el apoyo estatal a grandes empresas ineficientes parece estar impidiendo esa reasignación.

Nabiullina reconoció en julio que todavía existe una “reasignación insuficiente de recursos escasos hacia sectores más productivos”, lo que obstaculiza el progreso en la desaceleración del crecimiento de los precios y el alivio de las condiciones financieras.

Tatiana Orlova, economista de Oxford Economics, describe un círculo vicioso: la escasez de mano de obra requiere una mayor productividad, que solo se logra con inversión, pero las altas tasas de interés limitan ese gasto. Los únicos sectores favorecidos son los considerados “prioritarios” por el estado, que se benefician de préstamos subsidiados.

Las distorsiones de la guerra dejan poco margen para trasladar a los trabajadores a donde son más productivos. La economía queda atrapada en un equilibrio ineficiente, con una asignación de recursos que favorece al sector militar en detrimento de la economía civil.

La inflación persistente, impulsada por el aumento de los ingresos de los hogares sin un crecimiento correspondiente de bienes y servicios, atenúa el impacto de las políticas restrictivas. El banco central se enfrenta a un dilema: subir aún más las tasas para enfriar la demanda, o permitir que la inflación siga comiendo el poder adquisitivo.

Consecuencias para la economía rusa

La economía de guerra ha creado una situación en la que el crecimiento salarial se ha desvinculado de la productividad, generando una burbuja que eventualmente podría estallar. Las empresas civiles, al no poder sostener los aumentos, se ven obligadas a despidos o a reducir su participación en el mercado laboral.

La estrategia del Kremlin de financiar la guerra con gasto fiscal ha inyectado dinero en la economía, pero ha distorsionado los incentivos. Los trabajadores prefieren empleos militares bien remunerados, dejando vacantes en sectores fundamentales para el desarrollo económico a largo plazo.

La comparación con la enfermedad holandesa es precisa: así como el petróleo vació otros sectores en la década de 2000, ahora el gasto militar está drenando la fuerza laboral y el capital de la economía productiva. La diferencia es que este auge tiene un costo humano y político mucho más alto.

La falta de inversión en infraestructura, tecnología y capital humano fuera de la defensa amenaza con dejar secuelas permanentes en la economía rusa. Incluso si la guerra terminara mañana, la reasignación de recursos sería lenta y dolorosa.

Bloomberg Economics advierte que esta dinámica refuerza el argumento económico a favor de otra movilización, pues una mayor presión militar obligaría a los empleadores civiles a subir aún más los salarios, reduciendo la prima militar. Sin embargo, cualquier decisión dependerá de cálculos militares y políticos, dada la interrupción y la desilusión pública que causaría otra movilización.


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