El Secretario del Tesoro, Scott Bessent, declara que la economía en forma de K ha terminado y que ahora estamos en una fase de recuperación para los más pobres. Sin embargo, la evidencia de la Reserva Federal de Atlanta, Moody’s y otros analistas sugiere lo contrario: la brecha entre ricos y pobres sigue ensanchándose.
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- Bessent asegura que la economía en K se acabó y que el extremo inferior recupera terreno, citando un alza salarial real del 2% para el cuartil más bajo.
- La Fed de Atlanta muestra que el cuartil más pobre crece al 3,6% anual, aún por debajo del 3,9% del cuartil más rico, y nunca lo ha superado en 2026.
- Moody’s y otros analistas señalan que la concentración de acciones en los ricos profundiza la forma de K, mientras que el efecto de la guerra con Irán cancela los beneficios fiscales.
🚨 Fin de la economía en K: ¿realidad o ilusión?
Scott Bessent asegura que la economía en forma de K ha terminado
Cita un aumento salarial real del 2% para el 25% más pobre
Datos de la Fed de Atlanta demuestran que el cuartil más rico sigue creciendo más rápido
La brecha… pic.twitter.com/Va1a8pr4pn
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) August 6, 2026
El Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó que la economía en forma de K ha terminado, frase que repitió con énfasis durante una entrevista con CNBC. Según Bessent, ya no existe esa brecha donde los ricos prosperan y los pobres se quedan atrás; en su lugar, dijo, estamos en una economía en forma de C, donde el extremo inferior finalmente recupera terreno.
“Puedo decir aquí definitivamente, la economía en forma de K ha terminado”, declaró Bessent, quien agregó que está “harto de oír hablar de esta economía en forma de K”. Sus comentarios llegan en un momento en que la inflación y los salarios siguen siendo temas centrales en el debate político.
El funcionario atribuyó el cambio a un aumento salarial real del 2% para el 25% más pobre de los trabajadores, citando datos del Tesoro para 2025 que mostraron un crecimiento del 1,7% en los primeros cinco meses de la presidencia de Trump. También mencionó la Ley One Big Beautiful Bill, que reduce impuestos sobre propinas y horas extra, así como para adultos mayores en el Seguro Social.
Sin embargo, la evidencia disponible no respalda la narrativa de Bessent. Datos de la Reserva Federal de Atlanta muestran que el cuartil más bajo de la distribución salarial tuvo un crecimiento del 3,6% en los últimos 12 meses, mientras que el cuartil superior alcanzó 3,9%. En ningún momento de 2026 el percentil inferior ha superado al superior.
La economía en forma de C: ¿realidad o deseo?
Bessent insiste en que el 25% inferior de los trabajadores ha visto un aumento salarial real del 2%, pero esa cifra se basa en un período específico y no refleja la tendencia general. Por ejemplo, el Banco de la Reserva Federal de Atlanta evalúa un promedio móvil de 12 meses del crecimiento salarial por cuartil de ingresos, y su actualización de junio mostró que el cuartil más bajo creció 3,6%, mientras que el más alto creció 3,9%.
El propio alto funcionario reconoció que “con todo lo que estamos viendo en los medios, es difícil discernir” los beneficios económicos. Pero los números que cita el Tesoro para respaldar su afirmación son parciales, ya que comparan solo cinco meses de 2025, un período con efectos de base favorables.
La Casa Blanca describe la Ley One Big Beautiful Bill como “la mayor reducción de impuestos en la historia”, prometiendo que los estadounidenses que ganan entre USD $15.000 y USD $80.000 recibirían un recorte promedio del 15%. Además, asegura que los trabajadores que reciben propinas u horas extra verían un aumento neto de USD $1.500 al año, y que una familia típica con dos hijos obtendría entre USD $7.600 y USD $10.900 adicionales.
Sin embargo, tanto Goldman Sachs como Morgan Stanley han señalado que el efecto secundario de la guerra con Irán en los precios de la gasolina ha cancelado casi por completo el beneficio prometido. Los precios del combustible subieron tras el conflicto, erosionando el poder de compra real de los hogares de menores ingresos, que gastan una mayor proporción de su presupuesto en combustible.
Lo que dicen los datos de la Fed y otros análisis
Los datos de la Fed de Atlanta son contundentes: en 2026, el cuartil con mayor crecimiento salarial ha sido el tercero, no el más bajo. El cuartil más pobre nunca ha superado al más rico en términos de crecimiento salarial, lo que contradice la idea de que la brecha se está cerrando.
Por otro lado, las ganancias de riqueza provenientes del mercado de valores, impulsadas por el auge de la inteligencia artificial, se concentran entre los asalariados de mayores ingresos. Joe Brusuelas, economista jefe de RSM, escribió en junio que 75 centavos de cada dólar gastado generado por el repunte de las acciones fluyen a través del quintil de ingresos más alto.
“Si contamos con el mercado de valores para sostener la economía del consumidor, nos apoyamos en un canal que profundiza la forma de K en lugar de compensarla”, advirtió Brusuelas. El economista añadió que, en cuanto al gasto general, no importa qué estimación de concentración del gasto se use, el canal de efecto riqueza está más sesgado hacia la cima.
BNP Paribas también abordó el tema en una nota del jueves: “Las tenencias de acciones se concentran entre individuos de mayores ingresos, donde la propensión marginal a consumir (PMC) tiende a ser menor, pero las ganancias generales han sido mucho más fuertes”. La PMC mide el ingreso extra que una persona gasta en lugar de ahorrar, y aunque es más baja entre los que más ganan, su consumo sigue siendo el principal motor de la demanda.
Bank of America ha observado algunos signos de mejora, pero con matices. Aditya Bhave, economista jefe para EE.UU., escribió la semana pasada que el gasto del consumidor (excluyendo gasolina) dejó de tener forma de K en términos interanuales, al menos durante las dos semanas anteriores. Bhave atribuyó esta tendencia a tres factores: un mayor crecimiento del empleo y/o menor retención de impuestos, la caída de los precios de la gasolina en junio, y el efecto base del año anterior.
El efecto riqueza y la concentración en la cima
Mark Zandi, economista jefe de Moody’s, es aún más categórico. En un análisis publicado el mes pasado, escribió: “La economía en forma de K—con los acomodados prosperando y todos los demás quedándose atrás—sigue firmemente intacta”. Citando datos de la Fed, destacó que en los 12 meses que terminaron en el primer trimestre de 2026, los desembolsos de quienes ganan USD $200.000 o más al año crecieron un estimado 6,5%, casi un 4% en términos reales. Mientras tanto, los desembolsos del 80% inferior no cambiaron después de la inflación.
Esa disparidad en el gasto es un reflejo del patrón de acumulación de activos. El 10% más rico de los hogares posee aproximadamente el 89% de las acciones corporativas, según la Reserva Federal. Con el repunte del mercado de valores, ese grupo ha visto multiplicar su riqueza, mientras que los hogares de menores ingresos dependen más de los salarios y transferencias gubernamentales, que no han seguido el mismo ritmo.
La medición del crecimiento salarial por percentil también muestra que la brecha se mantiene, aunque con una ligera mejora en el cuartil más bajo. La Fed de Atlanta reporta que el cuartil inferior creció 3,6% en términos anuales, pero eso no basta para compensar años de rezago. Además, ese crecimiento se concentra en sectores como la construcción y los servicios, que aún no recuperan los niveles prepandemia.
En contraste, el cuartil superior se beneficia de bonificaciones, compensación en acciones y mayores ingresos por inversiones, que crecen más rápido en períodos de auge bursátil. Así, aunque el salario por hora muestre convergencia, el ingreso total disponible sigue divergiendo.
¿Qué implica esto para los mercados y la política?
Las declaraciones de Bessent tienen implicaciones directas para los mercados. Si los inversores creen que la economía se está volviendo más igualitaria, podrían esperar un consumo más sostenible y menos presión para recortes de tasas. Sin embargo, los datos sugieren que el consumidor promedio sigue frágil, lo que podría llevar a la Fed a mantener una postura cautelosa.
Además, la mención de Bessent a la guerra con Irán como factor exógeno añade incertidumbre. Los precios del petróleo han subido desde el conflicto, y aunque cayeron en junio, el efecto neto en los bolsillos de los trabajadores ha sido negativo. Goldman Sachs estima que cada aumento de USD $10 en el barril reduce el crecimiento del PIB real en 0,1 puntos porcentuales, un golpe que afecta más a los hogares de bajos ingresos.
Todo esto ocurre mientras la administración Trump promueve recortes de impuestos masivos, pero los efectos aún no se sienten en la calle. El propio Bessent reconoció que es difícil percibir los beneficios económicos entre el ruido mediático, pero su optimismo no se refleja en las encuestas de confianza del consumidor, que siguen por debajo de los promedios históricos.
En conclusión, la declaración de Bessent sobre el fin de la economía en K parece más un deseo que una realidad. Los datos de la Fed, Moody’s y otros analistas coinciden en que la brecha entre los extremos no solo persiste, sino que se profundiza en áreas clave como el gasto y la riqueza. La única excepción es el gasto corriente excluyendo gasolina, que favorece a los más pobres por razones temporales, pero eso no cambia el panorama estructural.
La economía estadounidense sigue operando en dos velocidades, y el mensaje de Bessent no altera los hechos. Mientras los ricos acumulan más acciones y propiedades, los trabajadores de menores ingresos luchan contra la inflación, los costos de vivienda y la falta de ahorro. La era de la economía en K, lejos de terminar, parece consolidarse.
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