Por Canuto  

La AIE quiere acelerar las entregas pendientes de petróleo de emergencia comprometidas en marzo y priorizar el diésel. Mientras tanto, la reserva estratégica de EE.UU. se sitúa en torno a 284 millones de barriles, su nivel más bajo desde 1982. Un informe de la GAO advierte que el país también enfrenta infraestructura envejecida y carece de una meta de largo plazo para su inventario.
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  • Los países de la AIE acordaron en marzo poner 400 millones de barriles a disposición del mercado; para octubre quedaban cerca de 100 millones pendientes de liberar.
  • La reserva estratégica de EE.UU. ronda los 284 millones de barriles y podría descender a unos 243 millones cuando se completen las entregas pendientes.
  • La GAO señaló que la falta de una meta de tamaño y el mantenimiento atrasado complican la planificación y el uso futuro de la reserva.


La AIE acelera las entregas de reservas de petróleo y crece la alerta por el inventario de EE.UU.

Los gobiernos que recurren a sus reservas de petróleo de emergencia para responder a la interrupción de suministros tienen ahora menos margen para prolongar esa estrategia. El 7 de octubre, los miembros de la Agencia Internacional de Energía (AIE) acordaron acelerar las entregas de crudo comprometidas en marzo y dar prioridad al diésel, cuyo mercado enfrenta una tensión particular.

La medida adelanta barriles que los países ya habían prometido liberar, en vez de constituir una nueva extracción colectiva. Unos 100 millones de barriles de los 400 millones comprometidos en marzo seguían pendientes de entrega, según El País. El desafío se vuelve más visible en Estados Unidos: su reserva estratégica ha caído a su nivel más bajo desde 1982 y, además de la cantidad disponible, preocupan el desgaste de sus instalaciones y la falta de una planificación de largo plazo.

Una liberación histórica con menos margen disponible

La acción colectiva de marzo respondió a la guerra con Irán y a la interrupción del tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz. Los miembros de la AIE acordaron entonces poner 400 millones de barriles a disposición del mercado, una operación sin precedentes por su volumen y apenas la sexta liberación coordinada desde la creación de la agencia en 1974.

Siete meses después, los gobiernos miembros conservaban aproximadamente 1.100 millones de barriles en reservas estratégicas públicas de emergencia, incluidos más de 200 millones de barriles de diésel, de acuerdo con la AIE. En marzo, las reservas públicas superaban los 1.200 millones de barriles, una disminución que muestra cómo las medidas para amortiguar la escasez también reducen el colchón que podría usarse ante otra interrupción.

El cálculo global puede ser aún mayor si se incluyen los inventarios de empresas. Amin Nasser, CEO de Saudi Aramco, estimó esta semana que se han extraído más de 1.000 millones de barriles de las reservas de todo el mundo; la cifra abarca existencias comerciales y públicas, por lo que no equivale únicamente a las reservas estratégicas de los gobiernos.

La AIE pidió a sus miembros que aceleren las entregas ya acordadas, en lugar de anunciar una nueva extracción colectiva. La agencia también instó a los países a considerar más liberaciones de diésel, incluso si ya completaron los compromisos iniciales.

El G7 enfoca su respuesta en el diésel

La decisión de la AIE llegó después de una videoconferencia de líderes del G7 convocada por el presidente francés Emmanuel Macron el 2 de octubre. En un comunicado conjunto, los gobiernos dijeron que coordinarían medidas para estabilizar el suministro inmediato de energía y proteger a hogares y empresas de los choques de precios.

El plan anunciado por el G7 contempla liberar hasta 100 millones de barriles a través de la AIE durante cuatro meses, con una parte importante del diésel concentrada en los primeros 20 días. Por separado, la AIE instó a acelerar las entregas pendientes del compromiso colectivo de marzo, también estimadas en unos 100 millones de barriles. Estas cifras corresponden a anuncios distintos y no deben sumarse sin confirmar que representan volúmenes adicionales. Los integrantes del G7 también acordaron distribuir el mantenimiento de las refinerías para evitar que varias plantas queden fuera de servicio al mismo tiempo.

Además, los gobiernos dijeron que alentarían a las refinerías a operar a mayor capacidad cuando fuera viable y pedirían a los países con capacidad significativa que elevaran la producción de diésel. También reafirmaron que no restringirían las exportaciones energéticas entre ellos, un compromiso destinado a evitar que las respuestas nacionales agraven la escasez de sus socios.

El diésel concentra buena parte de la preocupación porque los daños a refinerías y las alteraciones del transporte marítimo asociadas con las guerras en Irán y Ucrania han llevado sus precios a máximos históricos en muchos mercados. El combustible incide directamente en el transporte, la agricultura y los fletes, de modo que una oferta estrecha puede trasladar la presión energética a los costos de numerosos sectores.

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, escribió el domingo a los gobiernos miembros antes de la reunión de la Junta de Gobierno prevista para el 15 de octubre. Les pidió evaluar si necesitan extraer más diésel de sus reservas, incluidos aquellos países que ya completaron las liberaciones comprometidas.

La reserva de EE.UU. baja y enfrenta problemas estructurales

En Estados Unidos, la administración Trump inició en marzo una liberación de emergencia de 172 millones de barriles como parte del esfuerzo coordinado por la AIE. Desde entonces, la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por sus siglas en inglés) ha descendido a unos 284 millones de barriles, su nivel más bajo desde 1982, y podría llegar a cerca de 243 millones cuando se entreguen los últimos barriles previstos.

El secretario de Energía, Chris Wright, advirtió que reducir demasiado el inventario podría dañar las cavernas de sal donde se almacena el crudo. Esa preocupación contrasta con el compromiso previo de la administración de rellenar la reserva hasta su capacidad máxima y pone de relieve la dificultad de equilibrar una respuesta inmediata con la conservación de las instalaciones.

Un informe de la Oficina de Responsabilidad del Gobierno (GAO), publicado en mayo y divulgado públicamente en junio, examina el uso de la SPR desde 1985. El Departamento de Energía ha liberado más de 500 millones de barriles desde entonces, y más de la mitad de ese volumen respondió a emergencias como guerras; casi el 70% de todas las liberaciones se produjo entre 2014 y 2025.

Antes de la operación de este año, el retiro más grande había sido la venta de emergencia de 180 millones de barriles en 2022, después de la invasión rusa de Ucrania. La sucesión de extracciones coincide con una infraestructura envejecida y con inversiones que, según el informe, no cubren las necesidades de mantenimiento de la reserva.

El Departamento de Energía advirtió que el envejecimiento de los equipos limitará cada vez más la capacidad de la SPR para responder tanto a órdenes de extracción como a operaciones de llenado. Esto significa que la discusión no se reduce a cuántos barriles quedan: también importa a qué ritmo puede moverse el petróleo y cuánto puede sostenerse la operación del sistema.

La planificación y la reposición, los próximos desafíos

La GAO identificó una brecha estratégica: el Departamento de Energía no completa una revisión de largo plazo de la SPR desde 2016 y el Congreso nunca ha fijado un tamaño objetivo para la reserva. Sin esas referencias, el gobierno debe tomar decisiones de operación e inversión sin una definición actualizada de las capacidades que necesita hoy o de las que deberá tener en el futuro.

El informe sostuvo que la falta de un plan y de un objetivo deja al Departamento de Energía y al Congreso en incertidumbre sobre las capacidades actuales de la SPR, las necesidades futuras de Estados Unidos y las inversiones necesarias para cerrar cualquier brecha. La GAO pidió al Congreso que exija al departamento completar planes de largo plazo dentro de un calendario determinado.

El organismo también recomendó revisar los criterios técnicos que rigen la velocidad con que la reserva puede extraer y reponer petróleo. El Departamento de Energía estuvo de acuerdo con las recomendaciones, aunque el informe no establece por sí mismo un calendario para completar la revisión ni un nuevo nivel de inventario objetivo.

Las reglas de la AIE exigen a los países miembros mantener reservas equivalentes a al menos 90 días de importaciones netas de petróleo, mientras que los exportadores netos están exentos. Los gobiernos pueden cumplir esa obligación mediante una combinación de inventarios públicos, agencias especializadas de almacenamiento y existencias que las empresas deben conservar.

La reposición es la siguiente incógnita para los gobiernos que han recurrido a sus reservas. El G7 pidió a la AIE un informe de seguimiento en un plazo de 20 días, con recomendaciones para mejorar futuras respuestas y explicar cómo reconstruir los inventarios; los miembros también revisarían la situación en la reunión de la Junta de Gobierno del 15 de octubre.

Recuperar los niveles de reserva no será una operación rápida ni barata. Analistas han advertido que la reconstrucción de inventarios, quizá por encima de los niveles previos a la guerra, añadiría demanda de petróleo al consumo habitual y podría mantener los precios elevados incluso después de que cesen los combates.

Por ahora, los gobiernos cuentan con un amortiguador que ya han reducido para responder a la crisis. La AIE dijo que está dispuesta a liberar más petróleo si resulta necesario, pero el volumen disponible, el estado de las instalaciones y la velocidad de reposición definirán cuánto margen conserva esa respuesta.


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