La venta de una modesta inversión de Alameda Research en la startup de IA Cursor se ha convertido en un nuevo foco de controversia para la quiebra de FTX. Lo que en 2023 se liquidó por apenas USD $200.000, hoy tendría un valor cercano a USD $3.000 millones tras el acuerdo anunciado por SpaceX, reabriendo el debate sobre si los administradores del colapso sacrificaron demasiado valor para los acreedores.
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- La participación del 5% en Cursor que FTX vendió en 2023 por USD $200.000 valdría hoy cerca de USD $3.000 millones.
- El nuevo cálculo surge tras el acuerdo de SpaceX para adquirir Cursor con una valoración de USD $60.000 millones, o pagar USD $10.000 millones si no se concreta la compra total.
- El caso fortalece las críticas contra la gestión de la quiebra de FTX y podría ser usado por Sam Bankman-Fried en su campaña por revisar su condena.
La quiebra de FTX vuelve a quedar bajo escrutinio por una operación que, vista con los precios actuales, parece extraordinariamente costosa para sus acreedores. Una participación del 5% en Anysphere, la empresa detrás de la herramienta de codificación con inteligencia artificial Cursor, fue vendida por el patrimonio en quiebra en abril de 2023 por apenas USD $200.000. Hoy, tras el acuerdo anunciado por SpaceX, esa misma participación tendría un valor aproximado de USD $3.000 millones.
La diferencia entre ambos montos ha reavivado un debate que persigue a la administración del caso FTX desde hace meses. El punto central es si los responsables del proceso concursal actuaron con exceso de prisa al liquidar activos en un momento de fuerte presión, renunciando al potencial alcista de posiciones que luego se beneficiaron del repunte tecnológico y del renovado apetito por activos de crecimiento.
Según reportó CoinDesk, el detonante de este nuevo cálculo fue el anuncio de SpaceX realizado el lunes. La compañía dijo que tiene derecho a comprar Cursor más adelante este año con una valoración de USD $60.000 millones, o en su defecto pagar USD $10.000 millones si la adquisición total no termina ejecutándose.
La operación coloca a Cursor en el centro de una de las historias más llamativas surgidas del colapso de FTX. También conecta dos temas que dominan el mercado actual: las consecuencias financieras de la gran quiebra cripto de 2022 y el ascenso meteórico de las startups de inteligencia artificial enfocadas en productividad y desarrollo de software.
Para entender el caso, hay que retroceder a abril de 2022. En ese momento, Alameda Research, la firma de trading fundada por Sam Bankman-Fried y operada junto con FTX, invirtió USD $200.000 en Anysphere. Esa suma compró aproximadamente el 5% de la empresa, con una valoración cercana a USD $4 millones.
Un año más tarde, el panorama era totalmente distinto. FTX y Alameda ya estaban en quiebra, y los administradores designados por el tribunal comenzaron a vender activos con el objetivo de maximizar la recuperación inmediata y ordenar el proceso de distribución a clientes y acreedores. En ese contexto, la participación en Cursor se vendió por el mismo precio que Alameda había pagado originalmente: USD $200.000.
Con la valoración de USD $60.000 millones asociada al acuerdo con SpaceX, ese 5% equivaldría ahora a cerca de USD $3.000 millones. En términos de retorno, la distancia entre el precio de venta y el valor actual implicaría una apreciación de alrededor de 15.000 veces.
La ganancia extraordinaria, sin embargo, no irá a los acreedores de FTX. Beneficiará a quien compró la participación en la liquidación de la quiebra. Ese detalle ha intensificado las críticas contra los administradores del caso, porque el mandato de un patrimonio concursal suele medirse por su capacidad para preservar y maximizar valor en favor de quienes tienen reclamaciones pendientes.
SpaceX, Musk y el salto de Cursor
El contexto corporativo detrás del nuevo valor atribuido a Cursor también es relevante. SpaceX indicó que la estructura acordada contempla la opción de adquirir la compañía más adelante este año por USD $60.000 millones. Si la compra completa no sigue adelante, la empresa pagaría USD $10.000 millones como tarifa de ruptura.
De acuerdo con la información disponible, la maniobra forma parte del esfuerzo de Elon Musk por cerrar la brecha con OpenAI y Anthropic en herramientas de codificación con IA. Se trata de un segmento especialmente estratégico, porque estas plataformas se han convertido en una vía directa para monetizar modelos de lenguaje dentro del flujo de trabajo de programadores y empresas.
SpaceX estaría aplazando la adquisición inmediata debido a su oferta pública inicial prevista, que apunta a una valoración de USD $2 billones. En ese marco, el pago de USD $10.000 millones funcionaría como un mecanismo de compensación si el acuerdo final no llega a concretarse.
La evolución de Cursor ayuda a explicar por qué esta inversión luce hoy tan extraordinaria. La empresa lanzó su producto de codificación con IA a inicios de 2023, precisamente el mismo año en que la participación fue vendida por la quiebra de FTX. En apenas tres años, su trayectoria la ubicó entre los ascensos más pronunciados vistos en la historia reciente de las startups de software.
Para el ecosistema tecnológico, esta revalorización encaja con una tendencia mayor. Varias compañías de IA han pasado de rondas tempranas a valoraciones masivas en plazos muy cortos, impulsadas por la demanda empresarial, la presión competitiva entre gigantes del sector y el interés del capital de riesgo por capturar categorías emergentes.
Un argumento incómodo para la administración de FTX
El momento del caso Cursor resulta especialmente incómodo para quienes han gestionado la quiebra de FTX. Sam Bankman-Fried, hoy cumpliendo una condena federal de 25 años, ha insistido desde prisión en que el patrimonio destruyó miles de millones de dólares en valor al vender activos demasiado pronto durante 2023 y 2024.
Su argumento ha sido que, si el proceso hubiera retenido ciertas posiciones en lugar de liquidarlas cerca del piso del mercado cripto, los clientes podrían haber recuperado mucho más. En febrero, Bankman-Fried compartió una proyección según la cual el valor neto de los activos de FTX habría alcanzado USD $78.000 millones si el patrimonio hubiese mantenido esas posiciones durante la posterior recuperación del mercado.
El episodio de Cursor encaja casi de forma perfecta con esa narrativa. A diferencia de otros activos cuyo valor futuro podía parecer más incierto, aquí la diferencia entre el precio de liquidación y el valor implícito actual es clara, cuantificable y extraordinariamente grande. Eso lo convierte en un ejemplo fácil de comunicar para sus defensores.
La familia de Bankman-Fried ya ha intentado posicionar ese discurso en el debate público. Sus padres aparecieron en CNN en marzo para pedir un indulto y argumentar que, al final, los clientes de FTX fueron reembolsados. Sostienen que el caso contra su hijo merece ser revisado a la luz del resultado final del proceso de recuperación.
Es probable que la cifra asociada a Cursor se convierta en una pieza central de esa campaña. También podría aparecer en futuras cartas o declaraciones desde prisión, como ilustración del tipo de valor que, según Bankman-Fried, fue destruido por ventas forzadas y por una estrategia excesivamente enfocada en la liquidez inmediata.
Lo que recibieron los clientes y lo que quedó fuera
Conviene hacer una distinción importante. Los clientes de FTX sí han sido compensados completamente en términos de dólares bajo el plan de distribución de la quiebra. Además del valor de sus reclamaciones, han recibido intereses, lo que marca una diferencia notable frente a otros procesos de insolvencia en el sector cripto.
Pero ese resultado no significa que hayan capturado todo el potencial económico de los activos liquidados. Lo que no recibieron fue la ganancia generada entre la fecha de la presentación de la quiebra y el momento actual. En el caso de Cursor, esa brecha equivale a una recuperación perdida de alrededor de USD $3.000 millones frente a los USD $200.000 efectivamente obtenidos.
Ese matiz importa porque toca uno de los dilemas clásicos de cualquier proceso concursal. Los administradores deben equilibrar rapidez, certeza jurídica y preservación de valor. Esperar demasiado puede exponer a los acreedores a nuevas pérdidas. Vender demasiado pronto, en cambio, puede cerrar la puerta a subidas futuras de enorme magnitud.
En mercados emergentes y volátiles, como el cripto y ahora la inteligencia artificial, ese dilema se vuelve todavía más agudo. Los activos pueden parecer ilíquidos, especulativos o marginales en un momento dado, y luego experimentar una apreciación explosiva si cambian las condiciones del mercado o si un actor estratégico decide pagar una prima muy superior.
El caso de Cursor probablemente seguirá alimentando el debate sobre cómo deben administrarse patrimonios en quiebra con exposición a tecnología de alto crecimiento. También servirá como recordatorio de que, incluso dentro del colapso de FTX, todavía aparecen historias capaces de alterar la percepción sobre cuánto valor se perdió realmente en el camino.
Por ahora, el hecho concreto es contundente. Una inversión de USD $200.000 hecha por Alameda en 2022, y vendida por la quiebra de FTX en 2023 por el mismo monto, hoy estaría asociada a un valor cercano a USD $3.000 millones gracias al acuerdo impulsado por SpaceX. Esa distancia resume por sí sola por qué la operación ya es vista como una de las mayores recuperaciones perdidas en la historia de las criptomonedas.
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