El telescopio James Webb encontró que el cometa interestelar 3I/ATLAS contiene diminutos granos de hielo mezclados con abundante polvo. Su composición, diferente a la de muchos cometas del sistema solar, también guarda semejanzas con algunos cuerpos helados que orbitan más allá de Neptuno.
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- Las observaciones del instrumento NIRSpec registraron una señal de hielo de agua, pero faltaron dos bandas espectrales que suelen aparecer en cometas del sistema solar.
- Los modelos apuntan a granos submicrónicos de hielo con polvo, una mezcla que ayudaría a reconstruir las condiciones de formación del objeto.
- El espectro de 3I/ATLAS se parece al de ciertos objetos transneptunianos, aunque todavía se desconoce alrededor de qué estrella nació.
🔭 Webb detecta hielo y polvo inusuales en 3I/ATLAS
NIRSpec halló una señal de hielo de agua, pero no dos bandas espectrales comunes en cometas del sistema solar.
Los modelos apuntan a granos submicrónicos mezclados con abundante polvo. Su estrella de origen sigue sin… pic.twitter.com/jQCKSZLeoy
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El cometa interestelar 3I/ATLAS no parece estar hecho de la misma clase de hielo que caracteriza a muchos cometas del sistema solar. Las observaciones del telescopio espacial James Webb indican que sus diminutos granos helados contienen una mezcla considerable de polvo, una composición que ofrece pistas sobre el entorno donde pudo formarse y que, a la vez, recuerda a ciertos cuerpos ubicados más allá de Neptuno.
El hallazgo no identifica la estrella de la que procede el objeto ni reconstruye por completo su recorrido antes de llegar hasta aquí. Sí aporta una comparación poco común entre materiales originados en otro sistema estelar y algunos de los cuerpos helados más distantes del nuestro, un contraste relevante para estudiar cómo se ensamblan los ingredientes de los planetas, informa Space.
Una visita excepcional desde el espacio interestelar
3I/ATLAS fue descubierto en julio de 2025 y se convirtió en el tercer objeto interestelar conocido que visita el sistema solar. Antes de su descubrimiento, los astrónomos habían observado a 1I/‘Oumuamua en 2017 y a 2I/Borisov en 2019; por eso, seguir a este nuevo visitante ofrecía una oportunidad excepcional para examinar material formado fuera de nuestro vecindario cósmico.
El interés no se limita a que el cometa haya viajado desde otro sistema. Los cuerpos helados conservan materiales vinculados con los discos de gas y polvo que rodean a estrellas jóvenes, de modo que estudiar su composición permite investigar qué condiciones pudieron acompañar la formación de planetas en diferentes lugares de la galaxia.
Martin Cordiner, investigador del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA y de la Universidad Católica de América, explicó que el programa de observación del James Webb se preparó para seguir cometas interestelares activos desde el momento en que fueran identificados. Cordiner lidera ese programa y figura como coautor de la investigación sobre 3I/ATLAS, según el reporte de Space.com.
El origen exacto del cometa sigue siendo desconocido: los científicos no han determinado alrededor de qué estrella nació ni cómo salió de su sistema original. La investigación plantea que pudo formarse en el disco de gas y polvo de una estrella joven, posiblemente hace entre 10.000 y 12.000 millones de años, más del doble de la edad del sistema solar.
Una señal de hielo que no encajaba con lo esperado
Como ocurre con otros cometas, el calentamiento solar de la superficie de 3I/ATLAS impulsa la salida de gas y arrastra granos de hielo y polvo. Ese material forma la coma, la nube que rodea al núcleo, y contribuye a la cola del cometa; ambas estructuras permiten a los instrumentos observar sustancias que salen de la superficie sin tener que visitar directamente el objeto.
El telescopio James Webb examinó el cometa con su espectrógrafo de infrarrojo cercano NIRSpec en tres ocasiones. Las observaciones se realizaron entre agosto de 2025, antes de su máximo acercamiento al Sol, y abril de 2026, después de ese punto, lo que permitió estudiar su señal en más de una etapa de su recorrido por el sistema solar.
En los cometas nativos del sistema solar, el hielo de agua suele producir una banda de absorción marcada alrededor de los tres micrones y otras señales menos intensas cerca de 1,5 y dos micrones. En el espectro de 3I/ATLAS, en cambio, la banda de tres micrones se mantuvo fuerte, pero las dos señales de longitudes de onda más cortas no aparecieron.
Silvia Protopapa, autora principal del trabajo e investigadora del Southwest Research Institute, describió esa combinación como un rompecabezas: la señal dominante apuntaba a hielo de agua en la coma, pero las bandas ausentes sugerían que no estaba presente de la manera habitual en cometas conocidos. La diferencia no significa que el objeto carezca de agua helada, sino que su estructura y su mezcla con otros materiales parecen distintas.
Granos helados mezclados con polvo
Para interpretar un espectro inusual, el equipo recurrió a modelos que relacionan las señales observadas con posibles características físicas del material. Los resultados apuntaron a granos de hielo de agua de tamaño submicrónico, es decir, inferiores a un micrón, mezclados con una cantidad importante de polvo; el análisis describe así una composición más «sucia» que la del hielo relativamente puro asociado con muchos cometas del sistema solar.
La diferencia clave está en cuánto polvo acompaña al hielo dentro de cada grano, según explicó Protopapa. En lugar de tratar el polvo como un detalle menor, los investigadores lo consideran una pista sobre las condiciones que prevalecían cuando se formó el material, aunque el análisis por sí solo no permite reconstruir todos los episodios de la historia del cometa.
El tamaño diminuto de los granos también importa para interpretar lo que ve el telescopio. Cuando el Sol calienta el cometa, el gas que escapa transporta parte de ese material hacia la coma, donde queda expuesto a la observación espectroscópica; por eso, la composición de la nube ofrece indicios sobre los sólidos que formaban el cuerpo antes de liberar sus gases.
Los cometas se componen de material primordial que estaba presente en los discos protoplanetarios, las regiones de gas y polvo donde nacen los sistemas planetarios. En nuestro sistema, esos restos pueden aportar información sobre los materiales disponibles durante la formación de los planetas; en un visitante interestelar, ofrecen una ventana indirecta a procesos ocurridos alrededor de una estrella distinta.
El parecido con mundos helados más allá de Neptuno
La composición de 3I/ATLAS no solo difiere de la de ciertos cometas conocidos: también presenta similitudes con algunos objetos transneptunianos, cuerpos que orbitan más allá de Neptuno. En particular, el espectro del cometa recuerda al de algunos objetos de tamaño mediano ricos en hielo de dióxido de carbono y compuestos orgánicos, una comparación que sitúa al visitante interestelar en un contexto más amplio de cuerpos helados.
Un estudio separado de 2025 liderado por Cordiner ya había encontrado en 3I/ATLAS una de las mayores abundancias de dióxido de carbono observadas en un cometa. Esa medición complementa el nuevo análisis del hielo y el polvo, aunque no determina por sí misma que el cometa tenga el mismo origen o trayectoria que los objetos transneptunianos con los que comparte rasgos espectrales.
Los objetos transneptunianos considerados en la comparación se habrían formado en una región del disco protoplanetario del Sol distinta de la que dio origen a la mayoría de los cometas. Sus diferencias de composición reflejan esos ambientes de formación, por lo que el parecido con 3I/ATLAS plantea que materiales similares pudieron aparecer también en el disco alrededor de su estrella de origen.
Protopapa señaló que el cometa parecía distinto cuando se comparaba únicamente con los cometas helados conocidos, pero que resultaba menos extraño al ponerlo junto a mundos helados distantes del sistema solar. La interpretación propuesta es que los ingredientes helados que construyen planetas podrían compartir propiedades entre sistemas, desde hielo relativamente puro hasta mezclas con polvo, con 3I/ATLAS hacia el extremo más polvoriento.
Lo que puede revelar sobre la formación planetaria
La semejanza no demuestra que 3I/ATLAS naciera en una región equivalente al cinturón de objetos transneptunianos ni permite señalar una estrella concreta como su hogar. Los investigadores plantean como posibilidad que sea un fragmento de un cuerpo similar a uno de esos objetos, destruido en una colisión, pero esa opción no equivale a una conclusión confirmada por las observaciones descritas.
El resultado también ayuda a pensar en la escala de los materiales que participan en la formación planetaria. Si los granos de hielo submicrónicos aparecen primero dentro de discos alrededor de estrellas jóvenes y luego se incorporan a cuerpos mayores, podrían conservar información sobre las primeras etapas de ensamblaje de cometas y protoplanetas.
La comparación entre un objeto interestelar y cuerpos de nuestro sistema solar aporta una referencia para evaluar qué características podrían ser comunes en distintos entornos planetarios. El hallazgo no establece que todos los sistemas formen cometas con la misma mezcla, pero sí sugiere que el hielo en granos diminutos, tanto limpio como mezclado con polvo, puede estar presente en más de un contexto de formación.
El equipo publicó sus resultados en The Astrophysical Journal Letters el lunes 26 de octubre, según la información disponible sobre el estudio. Mientras los científicos no identifiquen la estrella de origen de 3I/ATLAS, su composición seguirá siendo una de las principales herramientas para investigar su pasado y comparar los materiales que dieron forma a otros sistemas con los que participaron en la historia del nuestro.
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