El primer Zhuque-3 de LandSpace alcanzó la órbita, pero su intento de recuperación terminó en una anomalía y un incendio. Meses después, la empresa china corrigió el rumbo y logró posar la primera etapa durante la segunda misión del cohete.
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- El Zhuque-3 debutó el 3 de diciembre de 2025 y cumplió su objetivo de alcanzar la órbita.
- La primera etapa sufrió una anomalía durante el descenso y no logró aterrizar suavemente en la zona designada.
- El 18 de agosto de 2026, LandSpace consiguió recuperar en tierra la primera etapa de un cohete orbital privado chino.
El primer intento de LandSpace por recuperar una etapa de su cohete Zhuque-3 terminó con una anomalía y un incendio, aunque la misión había conseguido alcanzar la órbita. La compañía privada con sede en Pekín puso a prueba el lanzador durante su debut del 3 de diciembre de 2025, en una operación que perseguía dos objetivos: colocar una carga en el espacio y demostrar que la primera etapa podía regresar de forma controlada. El primer objetivo se cumplió, pero el segundo quedó marcado por un descenso que no terminó con un aterrizaje suave.
Las imágenes publicadas por la televisora estatal china CCTV permiten observar el episodio desde una perspectiva poco habitual, incluida la señal captada por una cámara instalada en el propio propulsor. El material muestra el suelo acercándose rápidamente a través de las aletas de rejilla del cohete, antes de que una anomalía durante las etapas finales del regreso condujera a un incendio y a la pérdida de la primera etapa cerca de la zona designada para el aterrizaje. Según Space.com, el registro ofrece una mirada cercana a un intento que terminó mal, pero que también aportó información para la siguiente misión.
Un debut orbital con un objetivo incompleto
El Zhuque-3 alcanzó la órbita en su primera misión, un resultado relevante para cualquier vehículo de lanzamiento que enfrenta por primera vez las exigencias de un vuelo orbital. Sin embargo, LandSpace había planteado un desafío más ambicioso que el simple despegue, porque buscaba combinar la colocación de una carga con la recuperación de la primera etapa. La anomalía ocurrida durante el regreso impidió que el cohete completara esa demostración tecnológica, aunque no borró el avance conseguido durante el ascenso.
La reutilización exige que una etapa sobreviva a varias fases consecutivas, desde la separación del resto del lanzador hasta la reentrada, el descenso y el contacto final con una superficie preparada. Cada tramo introduce riesgos distintos relacionados con el control de actitud, la velocidad y la gestión de la energía, por lo que un vuelo puede ser exitoso en términos orbitales y fracasar en la recuperación. Eso fue precisamente lo que ocurrió con el primer Zhuque-3: el vehículo llegó al espacio, pero no logró regresar intacto.
El video de CCTV muestra que el problema no apareció únicamente en el instante del contacto con el suelo. Durante el descenso se observa una anomalía con fuego en el propulsor, y la primera etapa enfrentó un incendio considerable durante la fase final del regreso sobre tierra firme. La secuencia indica que la etapa no pudo estabilizarse y completar una toma segura.
La grabación también permite identificar elementos visuales que acercan al Zhuque-3 al diseño de otros cohetes reutilizables, especialmente el Falcon 9 de SpaceX. Entre ellos destacan las aletas de rejilla hipersónicas, estructuras metálicas empleadas para ayudar a controlar la orientación durante el descenso, que el sistema de SpaceX popularizó en sus operaciones de recuperación. La semejanza no significa que ambos vehículos sean idénticos, pero sí refleja cómo ciertas soluciones se han convertido en referencias dentro de la industria.
Desde la cámara a bordo, las imágenes tienen el aspecto de una toma de acción en primera persona: el terreno se aproxima a gran velocidad mientras la estructura del cohete intenta mantenerse alineada. Esa perspectiva convierte el fallo en un registro especialmente útil para analizar el comportamiento del vehículo, porque permite observar tanto el entorno inmediato como la evolución del incidente antes de la pérdida de la etapa. Para una empresa que busca dominar la reutilización, ese tipo de información puede ser tan importante como el resultado visible del aterrizaje.
La corrección que llegó en la segunda misión
La segunda misión del Zhuque-3 se realizó el 18 de agosto de 2026. En esa ocasión, el cohete volvió a poner un satélite en órbita y, además, su primera etapa consiguió aterrizar con éxito. El resultado transformó la historia del vehículo en pocos meses: de un regreso fallido pasó a una demostración completa de lanzamiento y recuperación.
Con una altura de 216 pies, equivalentes a 66 metros, el Zhuque-3 pertenece a una clase de lanzadores cuyo desempeño depende de coordinar estructuras, motores, navegación y software durante todo el vuelo. La recuperación de la primera etapa no representa un detalle secundario, porque busca preservar una parte central del vehículo para reducir el costo y acelerar futuras operaciones. El aterrizaje exitoso del 18 de agosto mostró que LandSpace pudo superar, al menos en esa misión, el obstáculo que había frustrado su debut.
El logro tuvo una importancia adicional dentro del sector espacial chino, ya que se convirtió en el primer aterrizaje sobre tierra de la primera etapa de un cohete orbital privado del país. La referencia es específica: no se trata del primer aterrizaje exitoso de cualquier vehículo espacial chino, sino del primero realizado por la primera etapa de un lanzador orbital privado chino. Esa distinción ayuda a dimensionar el avance de LandSpace dentro de una competencia tecnológica que también involucra a programas estatales y empresas con distintos niveles de experiencia.
El primer aterrizaje de una etapa perteneciente a un cohete orbital chino de cualquier tipo había ocurrido el 10 de julio, cuando la primera etapa de un Long March 10B descendió suavemente sobre un dispositivo similar a una red instalado en un barco en el mar. El aterrizaje de LandSpace ocurrió sobre tierra y correspondió a una compañía privada, por lo que añadió dos elementos nuevos a ese precedente. La diferencia entre una plataforma marítima y una zona terrestre también implica condiciones operativas distintas, aunque ambas buscan recuperar una etapa orbital.
La sucesión de un fracaso espectacular y una recuperación exitosa ilustra cómo los ensayos de reutilización pueden avanzar mediante ciclos de prueba, análisis y corrección. El primer vuelo del Zhuque-3 no alcanzó todos sus objetivos, pero suministró datos sobre el descenso, la anomalía y el comportamiento de la etapa antes de su pérdida; la segunda misión, en cambio, confirmó que la empresa podía ejecutar la maniobra completa. El episodio deja a LandSpace con un hito conseguido y con nuevos desafíos para demostrar que el resultado puede repetirse de manera confiable.
Una carrera tecnológica bajo observación
La recuperación de cohetes se ha convertido en uno de los principales puntos de comparación dentro de la industria de lanzamientos, porque puede modificar la economía de las misiones y la frecuencia con que se utilizan los vehículos. Para las compañías privadas, alcanzar la órbita ya exige resolver problemas de propulsión, navegación y resistencia estructural; aterrizar después una etapa añade una segunda operación crítica al mismo vuelo. El caso del Zhuque-3 muestra que ambas capacidades deben evaluarse por separado, incluso cuando forman parte de una misma misión.
El parecido visual entre el Zhuque-3 y el Falcon 9, visible especialmente en las aletas de rejilla, también refleja la influencia que los sistemas reutilizables exitosos ejercen sobre los nuevos diseños. Estas estructuras permiten modificar la orientación del vehículo durante el descenso, pero no eliminan la necesidad de coordinar motores, sensores y algoritmos en tiempo real. La anomalía observada durante el primer regreso demuestra que disponer de una arquitectura similar no garantiza por sí solo un aterrizaje seguro.
La publicación del video por parte de CCTV añadió una dimensión pública a un episodio que, de otro modo, habría quedado reducido a los datos de la misión y al resultado final. Las tomas muestran con claridad que la primera etapa enfrentó dificultades antes de llegar al suelo y que el fuego acompañó parte del regreso sobre tierra firme. Para observadores del sector, el valor de la secuencia no reside únicamente en lo dramático de la pérdida, sino en los indicios que ofrece sobre la fase más delicada del vuelo.
El aterrizaje logrado durante la segunda misión no convierte automáticamente al Zhuque-3 en un sistema plenamente reutilizable o rutinario, porque la fuente no informa cuántas veces podrá volar una etapa ni qué nivel de recuperación pretende alcanzar LandSpace. Lo que sí confirma el resultado es que la empresa pasó de un intento fallido a una recuperación terrestre exitosa en una misión posterior. Esa progresión proporciona una señal concreta de aprendizaje técnico, sin justificar conclusiones más amplias que todavía no están respaldadas por los datos disponibles.
Por ahora, la historia del Zhuque-3 combina un debut orbital satisfactorio, un aterrizaje frustrado por una anomalía y una segunda oportunidad culminada con precisión. El contraste explica por qué la reutilización sigue siendo una de las pruebas más exigentes para los nuevos lanzadores, incluso cuando el despegue y la colocación de satélites ya están bajo control. LandSpace consiguió convertir un fracaso visible en un paso hacia la madurez de su programa, pero la repetición consistente de ese éxito será la próxima medida de su progreso.
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