El ejército de EE. UU. ha utilizado ‘prácticamente todos’ sus misiles de precisión de largo alcance durante la guerra de cinco meses con Irán, según fuentes. Esta escasez podría comprometer la preparación militar para futuros conflictos, incluyendo un posible enfrentamiento con China.
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- Fuentes indican que EE. UU. usó ‘prácticamente todos’ sus misiles ATACMS y PrSM en la guerra contra Irán.
- Cada misil tiene un costo superior a USD $1.000.000 y son vitales para ataques de precisión a larga distancia.
- El Pentágono insiste en que posee ‘muchísimas más municiones que cualquiera en el mundo’ y ‘mucho más de lo que necesitamos’.
El Ejército de Estados Unidos ha gastado la mayor parte de sus misiles de largo alcance de alta precisión durante los cinco meses de guerra con Irán, según tres fuentes con conocimiento de los datos. Esta situación ha encendido alarmas sobre la capacidad de respuesta militar en futuros conflictos.
De acuerdo con el informe del South China Morning Post, los misiles involucrados son principalmente los sistemas superficie-tierra del Ejército: ATACMS (Sistema de Misiles Tácticos del Ejército) y PrSM (Misiles de Ataque de Precisión). Dos de las fuentes aseguran que se ha utilizado “prácticamente todos” de estos armamentos.
Contexto: ¿Qué son los misiles ATACMS y PrSM?
Los ATACMS son misiles balísticos tácticos de corto alcance, con capacidad de lanzamiento desde tierra y ampliamente utilizados por las fuerzas armadas de EE. UU. desde la Guerra del Golfo. Su precisión y alcance los convierten en herramientas clave para atacar objetivos estratégicos detrás de las líneas enemigas.
Los PrSM son la generación más nueva, diseñados para reemplazar a los ATACMS, con mayor alcance y capacidad de maniobra. Ambos sistemas permiten ataques devastadores desde una distancia segura, reduciendo el riesgo para las tropas propias.
El costo de cada unidad supera el millón de dólares, y su producción no es rápida ni barata. En el conflicto con Irán, el uso intensivo de estos misiles ha provocado un agotamiento casi total de las reservas disponibles, según las fuentes.
La escasez no solo afecta a EE. UU., sino también a sus aliados, como Ucrania, que han dependido de los ATACMS suministrados por Washington para ataques dentro de territorio ruso. La reducción del inventario genera incertidumbre sobre el apoyo futuro a otras naciones.
Preocupaciones sobre la preparación militar
Analistas militares han señalado que este agotamiento podría limitar la capacidad de EE. UU. para responder a una crisis en otro frente, especialmente en el Indo-Pacífico. Un conflicto con China requeriría un arsenal de misiles de precisión mucho mayor que el utilizado en Irán.
El Pentágono no ha revelado cifras específicas sobre cuántos misiles quedan en inventario. Pero las fuentes confirman que la situación es crítica y que la industria de defensa está bajo presión para acelerar la producción.
La preocupación no es solo por la cantidad absoluta, sino por la capacidad de reposición. Se necesitan meses, incluso años, para fabricar y probar estos sistemas, lo que crea una ventana de vulnerabilidad estratégica.
En el ámbito del derecho internacional, el uso de misiles de largo alcance en Irán ha sido cuestionado por algunas naciones, pero el gobierno de Trump defiende su necesidad para proteger sus intereses y los de Israel. La guerra, lanzada en febrero, fue presentada como una operación breve, pero se ha prolongado más de lo previsto.
Respuesta oficial de EE. UU.
Washington, sin embargo, ha rechazado las preocupaciones sobre el agotamiento de misiles. Un portavoz del Pentágono afirmó que EE. UU. tiene “muchísimas más municiones que cualquiera en el mundo” y que posee “mucho más de lo que necesitamos”.
Esta declaración contrasta con los informes internos que indican que las reservas están al límite. La discrepancia entre la percepción pública y la realidad operativa es común en tiempos de guerra, pero en este caso la magnitud del gasto parece haber tomado por sorpresa a algunos sectores.
Además, las fuentes se negaron a especificar cuántas unidades de cada tipo quedan, lo que añade incertidumbre. La falta de transparencia dificulta evaluaciones independientes sobre la preparación real del ejército.
La producción de nuevos misiles se ha incrementado, pero los expertos dudan que se alcance el ritmo necesario para reponer el arsenal en el corto plazo. La cadena de suministro de componentes electrónicos y propulsores es compleja y sujeta a cuellos de botella.
Implicaciones para futuros conflictos
Un escenario de guerra con China, que posee una extensa red de defensa aérea, exigiría una cantidad masiva de misiles de precisión para neutralizarla. Los analistas señalan que el agotamiento actual dejaría a EE. UU. en una posición débil si estallara un conflicto en el Indo-Pacífico.
La doctrina militar moderna depende de la capacidad de realizar ataques quirúrgicos desde larga distancia. Sin estos misiles, las fuerzas convencionales tendrían que acercarse más al enemigo, aumentando el riesgo de bajas y fallas en la misión.
El senador estadounidense Jim Inhofe, exmiembro del Comité de Servicios Armados, calificó la noticia como “alarmante” y pidió una revisión inmediata de los niveles de inventario.
La guerra en Ucrania ya había revelado la importancia de los ATACMS para atacar bases rusas sin exponer a las tropas ucranianas. El agotamiento afecta directamente la capacidad de continuar ese apoyo.
Mientras tanto, Irán ha mostrado una resiliencia inesperada, lo que ha prolongado el conflicto y ha forzado a EE. UU. a intensificar los bombardeos. Este desgaste de recursos es un recordatorio de que las guerras modernas se libran tanto en el frente como en las fábricas.
Reacciones y perspectivas
El informe del South China Morning Post ha generado debate en círculos de defensa sobre la necesidad de invertir más en producción de municiones. Algunos legisladores proponen aumentar el presupuesto para acelerar las líneas de ensamblaje.
Expertos independientes sugieren que la cifra exacta de misiles restantes es un secreto de estado, pero la probabilidad de que sea baja es alta. La credibilidad de EE. UU. como garante de seguridad para sus aliados podría verse afectada si se confirma la escasez.
En el ámbito estratégico, esta situación juega a favor de adversarios como China y Rusia, que observan con atención la capacidad militar estadounidense. La ventana de oportunidad para una acción agresiva podría ampliarse si la reposición no se acelera.
La realidad es que la guerra con Irán ha consumido un recurso vital en un tiempo récord. El gobierno de Trump ha evitado comentar sobre detalles específicos, pero la presión política para aumentar la producción ya se siente en Washington.
A largo plazo, el ejército estadounidense deberá reevaluar su estrategia de uso de municiones de precisión y buscar alternativas, como bombas guiadas por GPS de menor costo o drones. Pero ninguna de estas opciones ofrece la misma combinación de alcance, poder y precisión que los misiles agotados.
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