La economía de Estados Unidos cerró el cuarto trimestre con una expansión mucho más débil de lo previsto. La revisión del PIB a 0.7% refleja el impacto del cierre gubernamental, un menor dinamismo del consumo, caída de exportaciones y un trasfondo laboral cada vez más frágil.
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- El PIB de EE. UU. fue revisado desde 1.4% hasta 0.7% en el cuarto trimestre de 2025.
- El gasto e inversión del gobierno federal cayó 16.7% y restó 1.16 puntos al crecimiento.
- El mercado laboral sumó menos de 10.000 empleos mensuales en 2025, su peor ritmo fuera de recesión desde 2002.
La economía de Estados Unidos avanzó a un ritmo anual de apenas 0.7% entre octubre y diciembre de 2025, según la segunda estimación del Departamento de Comercio. La cifra representa una fuerte revisión a la baja frente al cálculo inicial de 1.4% y sorprendió a economistas, que esperaban un ajuste en sentido contrario.
El dato confirma una desaceleración marcada frente a trimestres anteriores. En el tercer trimestre, el producto interno bruto creció 4.4%, mientras que en el segundo avanzó 3.8%, lo que deja al cierre de año con una pérdida de impulso mucho más brusca de lo esperado.
Para los mercados, el PIB es una señal clave sobre la salud general de la economía, ya que resume la producción de bienes y servicios del país. En este caso, la revisión negativa refuerza la percepción de que el cierre de 43 días del gobierno federal durante el otoño tuvo un impacto mayor al previsto sobre la actividad económica.
De acuerdo con información citada por Yahoo Finance, el gasto y la inversión del gobierno federal se desplomaron a una tasa anual de 16.7% en el cuarto trimestre. Ese retroceso, golpeado por el cierre gubernamental, restó 1.16 puntos porcentuales al crecimiento total del período.
En el balance anual, la mayor economía del mundo creció 2.1% en 2025. Aunque sigue siendo una expansión sólida en términos generales, el dato quedó por debajo de la estimación inicial de 2.2%, y también de los registros de 2.8% en 2024 y 2.9% en 2023.
El deterioro no se concentró en un solo frente. El gasto del consumidor, que suele ser el principal motor de la actividad en Estados Unidos, aumentó a un ritmo de 2% en el cuarto trimestre. Esa cifra quedó por debajo del 3.5% del trimestre anterior y también del 2.4% calculado inicialmente por el gobierno.
La moderación del consumo es relevante porque este componente explica una porción sustancial del PIB estadounidense. Cuando los hogares reducen el ritmo de gasto, el efecto tiende a sentirse en comercio, servicios, manufactura y empleo.
La inversión empresarial fuera del sector vivienda también mostró desaceleración. Aunque avanzó a una tasa saludable de 2.2%, una dinámica que probablemente refleje parte del impulso asociado a la inteligencia artificial, el dato quedó por debajo del 3.2% del tercer trimestre y del 3.7% estimado inicialmente por el Departamento de Comercio.
Ese matiz resulta importante para los inversionistas que siguen de cerca el efecto de la IA sobre la economía real. Si bien el sector tecnológico sigue aportando inversión, los números sugieren que ese impulso no fue suficiente para compensar la debilidad observada en otras áreas de la economía.
Las exportaciones también empeoraron el panorama. En el cuarto trimestre cayeron a una tasa anual de 3.3%, una contracción mayor a la estimada originalmente por el gobierno. Un retroceso en este frente suele reflejar menor demanda externa o pérdida de dinamismo comercial, dos factores que pesan sobre el crecimiento agregado.
Otro indicador seguido de cerca por analistas es la categoría del PIB que busca medir la fortaleza subyacente de la economía. Ese componente, que incluye el gasto del consumidor y la inversión privada, pero excluye elementos volátiles como exportaciones, inventarios y gasto gubernamental, creció a una tasa anual de 1.9%.
La cifra también fue peor que la reportada antes. En el tercer trimestre ese mismo indicador había avanzado 2.9%, y la primera estimación para el cuarto trimestre lo ubicaba en 2.4%. La revisión refuerza la idea de una desaceleración más profunda en la demanda interna privada.
En términos de contexto, la economía de Estados Unidos ha mostrado resistencia en los últimos años pese a un entorno político y geopolítico complejo. Las políticas del presidente Donald Trump, incluidos impuestos significativos a las importaciones y deportaciones masivas, no habían derivado hasta ahora en un colapso económico, pero sí han mantenido un entorno de fricción e incertidumbre.
A ese cuadro se suma la guerra con Irán, que ha impulsado los precios del petróleo y del gas. Un aumento sostenido en la energía suele trasladarse a costos más altos para empresas y consumidores, y además complica las perspectivas de inflación, crecimiento y política monetaria.
El mercado laboral aporta otra señal inquietante. Según el reporte, empresas, organizaciones sin fines de lucro y agencias gubernamentales recortaron 92.000 empleos el mes pasado. Además, durante 2025 la economía agregó menos de 10.000 puestos de trabajo por mes.
Ese ritmo de contratación es especialmente débil. De hecho, se trata del nivel más bajo de creación de empleo fuera de años de recesión desde 2002, un dato que sugiere que la desaceleración ya no se limita a los indicadores de producción, sino que también empieza a sentirse con fuerza en el empleo.
Para lectores vinculados a los mercados financieros, una economía estadounidense más frágil puede tener efectos amplios. Puede alterar las expectativas sobre tasas de interés, modificar el apetito por riesgo e impactar activos como acciones, materias primas, divisas y criptomonedas, que suelen reaccionar con fuerza ante cambios en el panorama macroeconómico.
En el caso del ecosistema cripto, un enfriamiento económico en Estados Unidos puede generar lecturas mixtas. Por un lado, la debilidad de la actividad y del empleo podría aumentar las apuestas por políticas monetarias más flexibles. Por otro, un deterioro del crecimiento también puede reducir el apetito por activos volátiles en períodos de aversión al riesgo.
La revisión del PIB del viernes corresponde a la segunda de tres estimaciones oficiales para el cuarto trimestre. El informe final será publicado el 9 de abril, por lo que todavía podría haber ajustes adicionales, aunque por ahora la señal dominante es la de una economía que cerró 2025 con menos fuerza de la que sugerían los datos preliminares.
Con un crecimiento trimestral de solo 0.7%, menor consumo, caída de exportaciones, contracción del gasto federal y un mercado laboral en depresión, la nueva fotografía macroeconómica de Estados Unidos deja más preguntas que certezas. El dato no implica por sí solo una recesión, pero sí eleva la preocupación sobre la fragilidad del ciclo económico actual.
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