Canadá presentó una estrategia para impulsar un nuevo ciclo de energía nuclear con hasta 10 reactores en 15 años, una apuesta que busca duplicar la red eléctrica hacia 2050, expandir exportaciones de tecnología Candu y reforzar la posición geopolítica del país, aunque con un costo que podría superar los USD $100.000 millones y sin una ruta de financiamiento definida.
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- El gobierno federal plantea construir hasta 10 nuevos reactores nucleares en los próximos 15 años, con al menos uno fuera de Ontario.
- Funcionarios de Recursos Naturales de Canadá estiman que el plan podría costar más de USD $100.000 millones.
- La estrategia también busca vender más reactores Candu en el extranjero y duplicar las exportaciones de uranio.
Canadá quiere abrir una nueva etapa para su industria nuclear. El gobierno federal presentó una estrategia que contempla la construcción de hasta 10 nuevos reactores en los próximos 15 años, con la meta de reforzar la oferta eléctrica y apoyar la transición hacia una economía de bajas emisiones.
El anuncio fue realizado por el ministro de Energía y Recursos Naturales, Tim Hodgson, quien describió la iniciativa como un “nuevo renacimiento nuclear civil”. Según explicó, el plan responde al objetivo nacional de duplicar la capacidad de la red eléctrica para 2050.
La propuesta llega en un momento en que varios países vuelven a mirar la energía nuclear como fuente de base limpia y estable. Para Ottawa, esa capacidad resulta clave si el país quiere ampliar su infraestructura energética sin depender solo de fuentes intermitentes.
De acuerdo con la información reportada por CBC News, la estrategia prevé no solo nuevos reactores, sino también una expansión de las exportaciones de uranio y una ofensiva comercial para vender tecnología nuclear canadiense a más mercados.
El plan, sin embargo, también abre preguntas sobre tiempos, costos y ejecución. Funcionarios de Recursos Naturales de Canadá dijeron que desarrollar los reactores contemplados podría requerir más de USD $100.000 millones.
Qué propone la nueva estrategia nuclear
La hoja de ruta plantea que la construcción de dos reactores de gran escala comience para 2035. Además, otros cinco deberían estar planificados o en desarrollo para 2040.
El documento también fija como objetivo que al menos un reactor esté en construcción fuera de Ontario para 2035. Ese punto es relevante porque hoy la capacidad nuclear canadiense se concentra principalmente en esa provincia.
La estrategia suma un componente de innovación con la meta de finalizar un microreactor fabricado en Canadá para 2035. Ese sistema debería desplegarse en una comunidad remota antes de que termine la década de 2030.
En paralelo, Canadá ya tiene en marcha una instalación en Darlington, Ontario, donde se espera levantar el primer reactor modular pequeño del G7. Cada unidad podría producir hasta 300 megavatios.
Saskatchewan también estudia la posibilidad de activar pequeños reactores nucleares hacia mediados de la década de 2030. Alberta, por su parte, firmó un acuerdo energético con Ottawa que incluye colaboración para desarrollar una estrategia de construcción de una planta nuclear.
En la actualidad, Canadá cuenta con cuatro plantas de energía nuclear. Tres están en Ontario y una en Nueva Brunswick.
Esas instalaciones generan cerca del 15 por ciento de la electricidad del país. Esa base explica por qué el gobierno considera que la expansión nuclear puede jugar un papel estructural en la red del futuro.
La apuesta por empleo, red eléctrica y autonomía energética
Hodgson defendió la estrategia con un argumento directo. Dijo que no existe un plan creíble para duplicar la red y construir una economía de bajas emisiones en menos de 25 años sin energía nuclear.
También afirmó que Canadá no puede aspirar a convertirse en una superpotencia energética si decide no aprovechar una de sus mayores ventajas en materia de recursos y tecnología. El mensaje buscó presentar la energía nuclear como infraestructura estratégica, no como proyecto marginal.
Otro eje del anuncio fue el empleo. Según el ministro, la estrategia podría duplicar la cantidad de puestos de trabajo del sector nuclear durante las próximas décadas.
La estimación oficial sitúa el empleo actual del sector en unos 90.000 trabajadores. Con la expansión prevista, la cifra superaría los 180.000 empleos en el largo plazo.
Para lectores que siguen mercados energéticos, el trasfondo es claro. La expansión de redes eléctricas, centros de datos, electrificación industrial y transporte limpio está elevando la presión sobre la generación firme, un segmento donde la energía nuclear compite con gas, hidroeléctrica y almacenamiento.
En ese contexto, la estrategia canadiense intenta combinar seguridad energética, metas climáticas y política industrial. El desafío será convertir objetivos de largo plazo en obras concretas dentro de calendarios históricamente complejos para la industria nuclear.
Más de USD $100.000 millones y sin ruta de financiamiento cerrada
El mayor interrogante gira alrededor del costo. Funcionarios federales dijeron en una sesión informativa que construir los reactores incluidos en la estrategia nacional podría costar más de USD $100.000 millones.
El documento no detalla cómo se cubrirá esa factura. Esa ausencia deja abierta una de las preguntas más sensibles para provincias, contribuyentes e inversionistas.
Entre las posibles fuentes de apoyo, un funcionario mencionó al Banco de Infraestructura de Canadá y al Fondo de Crecimiento de Canadá. No obstante, la estrategia no presenta un esquema de financiamiento definitivo ni un reparto cerrado entre fondos públicos y capital privado.
Ese punto puede resultar decisivo para medir la credibilidad del plan. En proyectos nucleares, los plazos largos y los riesgos regulatorios suelen elevar los costos de capital, por lo que el acceso a financiamiento estable puede definir la viabilidad real de cada reactor.
La discusión no es menor en un momento de presión fiscal y de competencia por recursos para otras infraestructuras críticas. Redes eléctricas, almacenamiento, transporte y vivienda también demandan grandes desembolsos públicos y privados.
En el terreno político, el líder conservador Pierre Poilievre cuestionó el anuncio antes de que se realizara formalmente. Desde Vancouver, dijo que no estaba convencido del plan y resumió su crítica con una frase tajante: “Un anuncio no construirá nada”.
Poilievre agregó que ese ha sido, a su juicio, el problema con los liberales de Carney. Según sostuvo, las promesas se están reportando como resultados cuando todavía no existen resultados concretos.
Candu, uranio y ambición exportadora
La estrategia no se limita al mercado interno. También busca ampliar la venta de reactores Candu a nuevos destinos internacionales y consolidar a Canadá como socio preferente en países que quieran iniciar o expandir programas nucleares.
El documento indica que el gobierno quiere entrar al menos en cuatro nuevos mercados internacionales para 2040. Además, plantea participar en entre seis y 10 nuevos mercados de entrada nuclear en un horizonte de 15 años.
Hoy operan 30 reactores Candu en el mundo. Están ubicados en Corea del Sur, China, India, Argentina, Pakistán y Rumanía, y existen planes para construir otros dos.
Ottawa considera que estas ventas tienen una dimensión geopolítica de largo plazo. La estrategia sostiene que las exportaciones de reactores no son transaccionales, sino que crean alianzas de varias décadas y relaciones comerciales duraderas que apoyan los intereses de política exterior de Canadá.
En esa lógica, la tecnología Candu aparece como herramienta para diversificar vínculos comerciales y estrechar relaciones con potencias medias. La visión oficial intenta convertir la industria nuclear en una palanca diplomática, industrial y energética al mismo tiempo.
El plan también busca duplicar las exportaciones de uranio. Esa meta se conecta con la intención de fortalecer a Canadá como proveedor confiable en un contexto donde varios aliados occidentales intentan reducir su dependencia de Rusia en la cadena del uranio enriquecido.
Si Ottawa no logra vender más reactores Candu, la estrategia sugiere otra alternativa. Canadá podría considerar aumentar el enriquecimiento doméstico de uranio para abastecer otros tipos de reactores.
Ese detalle es importante porque los reactores Candu, a diferencia de muchos otros diseños nucleares, no requieren uranio enriquecido. Por eso, ampliar la capacidad de enriquecimiento abriría otra línea de negocio y una mayor flexibilidad industrial para el país.
Debate político, pantalla ética y regulación
La presentación de la estrategia también quedó atravesada por el debate político alrededor del primer ministro Mark Carney. El documento señala que Carney no vio la estrategia y que no tuvo participación en su desarrollo debido a la pantalla ética que mantiene en vigor.
El trasfondo de esa precaución está en sus intereses previos en Brookfield. Carney tenía opciones sobre acciones y acciones diferidas en Brookfield Corporation y en Brookfield Asset Management, las cuales fueron colocadas en un fideicomiso ciego tras convertirse en primer ministro.
La sensibilidad del tema surge porque Candu compite con un modelo de reactor copropiedad de Brookfield. Por esa razón, el gobierno buscó marcar distancia institucional entre el diseño de la estrategia y cualquier posible conflicto de interés.
En paralelo, Ottawa revisa el marco regulatorio para proyectos nucleares. A comienzos de este año, el gobierno lanzó un documento de discusión que proponía trasladar las evaluaciones de impacto de los proyectos nucleares desde la Agencia de Evaluación de Impacto de Canadá hacia la Comisión Canadiense de Seguridad Nuclear.
La nueva estrategia reafirma esa propuesta. Sin embargo, la medida todavía no se ha implementado porque el gobierno sigue en fase de consultas.
El periodo de consulta fue extendido el mes pasado tras la oposición de grupos ambientales e indígenas. Esa resistencia muestra que, incluso con un nuevo impulso político, la expansión nuclear seguirá enfrentando disputas sobre gobernanza, evaluación ambiental y consentimiento territorial.
Poilievre aprovechó ese frente para endurecer su crítica. Dijo que su enfoque sería derogar leyes que considera anti desarrollo, despolitizar la Comisión de Seguridad Nuclear de Canadá y eliminar lo que calificó como obstáculos liberales para producir más electricidad asequible y abundante.
Con ese cruce, la estrategia queda ubicada en el centro de una discusión más amplia sobre crecimiento, clima, seguridad energética y capacidad del Estado para ejecutar megaproyectos. El verdadero examen llegará cuando deban aterrizarse licencias, contratos, obras y fuentes de capital.
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