Por Canuto  

Observaciones de radio recopiladas entre 2021 y 2026 muestran cambios en la forma de la atmósfera de Betelgeuse compatibles con la influencia de Siwarha, su compañera, que orbita dentro de la envoltura extendida de la supergigante.
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  • Siwarha orbita tan cerca de Betelgeuse que su trayectoria atraviesa su atmósfera extendida; su presencia se infiere por los efectos observables, pues es demasiado tenue para detectarla directamente en radio.
  • Los datos de VLA y ALMA muestran que la atmósfera se ve más alargada cuando la compañera está más separada y más redondeada cuando pasa por delante o por detrás de la estrella.
  • Betelgeuse se recuperó en gran medida del gran oscurecimiento de 2020, aunque las observaciones no establecen que Siwarha lo causara.


Betelgeuse muestra la huella de Siwarha en su atmósfera

Betelgeuse tiene una compañera estelar que no necesita brillar con fuerza para hacerse notar: su paso parece alterar la forma de la atmósfera extendida de la supergigante roja. Observaciones de radio recopiladas durante varios años muestran cambios compatibles con la influencia de Siwarha, una pista que puede ayudar a estudiar la actividad atmosférica de la estrella.

Una compañera que cruza la atmósfera

Siwarha orbita tan cerca de Betelgeuse que su trayectoria la lleva a través de la atmósfera extendida de la estrella. Lynn Matthews, investigadora principal del Haystack Observatory del Instituto de Tecnología de Massachusetts y directora de las nuevas observaciones, describió esa proximidad como el rasgo central del hallazgo: la compañera no solo rodea a Betelgeuse desde fuera, sino que atraviesa su envoltura gaseosa.

La comparación que acompaña a los resultados ayuda a visualizar el fenómeno: el paso de Siwarha se parece al de una lancha que corta la superficie de un lago y deja una estela detrás. En este caso, la huella no aparece como una marca visible en una fotografía convencional, sino como cambios en la forma de la atmósfera que pueden estudiarse con instrumentos de radio.

El nombre de la supergigante tiene un origen árabe y significa “la mano de al-Jawza”, una referencia asociada con su posición en la constelación de Orión, donde Betelgeuse marca el hombro. A partir de esa relación, los investigadores llamaron Siwarha a la compañera, nombre que significa “su pulsera”. El contraste entre ambos nombres acompaña una relación orbital que ahora empieza a observarse con mayor detalle.

La compañera es demasiado tenue para que los investigadores la detecten directamente en longitudes de onda de radio, de acuerdo con el equipo. Su presencia se infiere por el efecto que ejerce sobre Betelgeuse, en particular por los cambios registrados en la forma de la atmósfera. Esa diferencia importa: el resultado no es una imagen directa de Siwarha, sino evidencia de su posible influencia en el entorno de la estrella.

Qué muestran los datos de radio

El equipo analizó observaciones obtenidas entre 2021 y 2026 con el Very Large Array Karl G. Jansky, en Nuevo México, y el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, en Chile. La combinación de registros a lo largo de ese periodo permitió comparar cómo cambia la atmósfera de Betelgeuse en distintas fases de la órbita de su compañera, en lugar de basarse en una única observación aislada.

Según ese análisis, la atmósfera de Betelgeuse adquiere una forma alargada, similar a un huevo, cuando Siwarha se encuentra más lejos de la estrella. En cambio, la región observada se ve más redondeada cuando la compañera pasa por delante o por detrás de Betelgeuse. La diferencia entre esas configuraciones es compatible con la idea de que el movimiento orbital de Siwarha perturba la envoltura gaseosa.

El cambio de forma es importante porque aporta una vía indirecta para estudiar un objeto que, por su escaso brillo en radio, no aparece de manera directa en las observaciones descritas. En vez de separar visualmente ambas estrellas, los astrónomos siguen la respuesta de la supergigante a medida que la compañera cambia de posición. Así, la estructura de Betelgeuse funciona como indicador de un movimiento que ocurre dentro de su atmósfera extendida.

Los hallazgos se relacionan con un enigma que llevaba tiempo bajo estudio: un ciclo de aclaramiento y oscurecimiento de Betelgeuse que dura cerca de 2.100 días. Investigaciones anteriores habían señalado la posibilidad de una compañera de baja masa que orbitara profundamente dentro de la atmósfera, y su existencia quedó confirmada a comienzos de 2026. Las observaciones recientes muestran cómo esa compañera puede dejar una señal en el entorno de la estrella.

El oscurecimiento de 2020 y las preguntas pendientes

Los mismos datos indican que Betelgeuse se recuperó en gran medida del gran oscurecimiento que acaparó titulares en 2020. Durante ese episodio, la supergigante expulsó gas y polvo de forma drástica, un proceso descrito como un “estornudo” estelar, y se atenuó hasta alcanzar su nivel más bajo en más de un siglo. La recuperación registrada en las observaciones no elimina el interés por aquel evento, pero sitúa el estado de la estrella en una etapa distinta.

La expulsión de material y el paso de Siwarha son aspectos relacionados por el interés que despiertan en torno a la atmósfera de Betelgeuse, aunque los resultados no demuestran que la compañera causara el oscurecimiento de 2020. Lo que el estudio observa son cambios en la forma de la envoltura compatibles con la influencia de la compañera. Distinguir esa evidencia de una explicación más amplia evita atribuir a Siwarha fenómenos que las observaciones no establecen.

Para confirmar con mayor precisión el efecto orbital, el equipo considera necesario seguir observando a Siwarha durante más tiempo. En particular, Matthews y sus colegas señalan que hacen falta más mediciones en frecuencias de radio, que hasta ahora se han muestreado de manera esporádica. Una serie de observaciones más regular ayudaría a determinar cómo evoluciona la estela y si las variaciones de forma siguen el movimiento previsto de la compañera.

El Next Generation Very Large Array, un telescopio planeado, podría facilitar ese tipo de seguimiento sistemático y ofrecer una visión más nítida de la región. El equipo espera que mejores observaciones permitan estudiar cómo las supergigantes rojas expulsan material cerca del final de sus vidas y de qué manera una compañera cercana puede influir al tirar de ese material. La investigación apareció en un artículo publicado en The Astronomical Journal, y sus conclusiones abren una ruta de observación, no una respuesta definitiva a todos los enigmas de Betelgeuse.


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