El Banco Central Europeo endureció su mensaje ante el repunte inflacionario en la eurozona, impulsado por el shock energético derivado de la guerra con Irán. François Villeroy de Galhau aseguró que la institución hará “lo que sea necesario” para devolver la inflación al objetivo de 2%, mientras los mercados ya descuentan una próxima subida de tasas.
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- François Villeroy de Galhau dijo que el BCE actuará cuanto sea necesario para regresar la inflación al 2% a medio plazo.
- La inflación de la eurozona pasó de 1,9% antes del conflicto a 3% en abril, impulsada por el encarecimiento de la energía.
- Los mercados anticipan ampliamente una subida de tasas en la próxima reunión del BCE y al menos 50 puntos básicos adicionales para fin de año.
El Banco Central Europeo endureció su tono frente al rebrote inflacionario que atraviesa la eurozona tras la guerra con Irán. François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia y miembro del Consejo de Gobierno del BCE, afirmó que la entidad “hará lo que sea necesario” para devolver la inflación al objetivo de 2% a medio plazo.
Sus declaraciones llegan en un momento de fuerte nerviosismo en los mercados de deuda soberana. El encarecimiento del petróleo, asociado al cierre efectivo del estrecho de Ormuz, reactivó el temor a una nueva crisis energética en Europa, una región especialmente expuesta por su condición de gran importador neto de energía.
Para los inversionistas, el mensaje del BCE importa más allá de Europa. La trayectoria de las tasas en la zona euro afecta al euro, a los bonos soberanos, a las acciones globales y a la liquidez internacional. También influye sobre activos de riesgo como bitcoin y otras criptomonedas, que suelen reaccionar ante cambios en el costo del dinero y en las expectativas de inflación.
De acuerdo con CNBC, Villeroy habló el martes en Singapur con la periodista Lisa Kim y buscó tranquilizar a los mercados al asegurar que los banqueros centrales europeos están comprometidos con reducir al mínimo el impacto económico del conflicto en Oriente Medio. En ese contexto, insistió en que los mercados pueden confiar en la determinación del BCE.
La inflación volvió a subir tras el shock energético
Antes del estallido de la guerra en Oriente Medio, la inflación de la eurozona había logrado caer por debajo de la meta del BCE. El indicador se ubicaba en 1,9% antes de que comenzara el conflicto con los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero.
Sin embargo, el panorama cambió con rapidez. La inflación de la eurozona saltó a 3% en abril, frente a 2,6% en marzo. El repunte coincidió con la escalada de los precios energéticos, en especial de la gasolina, el diésel y el combustible para aviones, que se dispararon durante los últimos meses.
Ese aumento ya provocó intervenciones gubernamentales en algunos países europeos. También surgieron advertencias sobre posibles cancelaciones de vuelos durante el verano, una señal de que el shock energético no solo afecta al índice de precios, sino también a la operatividad de sectores clave de la economía.
Villeroy subrayó que el impacto del conflicto es claro. Señaló que, en el corto plazo, existen importantes efectos de primera ronda que generan presión alcista por la energía. Aun así, remarcó que la responsabilidad del BCE es impedir que esa presión se transforme en un problema más amplio y persistente para toda la economía.
El BCE teme efectos de segunda ronda
La principal preocupación del banco central no es únicamente el aumento inicial de los precios del petróleo. El verdadero riesgo es que ese shock termine filtrándose a salarios, expectativas de inflación y fijación de precios en toda la economía, lo que en política monetaria se conoce como efectos de segunda ronda.
Villeroy explicó que esa transmisión también puede verse en los mercados financieros, algo especialmente visible en los bonos gubernamentales. Cuando los inversionistas comienzan a anticipar inflación más alta por más tiempo, exigen mayores rendimientos para mantener deuda pública. Eso encarece el financiamiento de los Estados y endurece las condiciones financieras generales.
Según el funcionario, los datos disponibles hasta ahora indican que el fenómeno sigue siendo principalmente de primera ronda. Pese a ello, dijo que el BCE debe mantenerse “extremadamente vigilante” frente a cualquier señal de contagio más profundo hacia la inflación subyacente, las expectativas de hogares y empresas, y el crecimiento salarial.
En ese marco, reiteró su mensaje central con una formulación contundente. “No tengan ninguna duda: actuaremos tanto como sea necesario”, afirmó, al insistir en que el BCE, como banco central independiente, está comprometido con regresar la inflación al 2% en el mediano plazo.
Mercados ya descuentan nuevas subidas de tasas
El mensaje del mercado es claro. Los operadores descuentan de forma abrumadora una subida de tasas en la próxima reunión de junio del BCE, según datos de LSEG citados en la cobertura. La mayoría también anticipa al menos 50 puntos básicos adicionales de endurecimiento monetario para finales de año.
Esa expectativa ayuda a explicar la reciente volatilidad en los bonos de la eurozona. El bund alemán a 10 años, referencia para la región, ha subido alrededor de 32 puntos básicos desde que comenzó la guerra. Otros bonos soberanos del bloque registraron oscilaciones incluso mayores.
Como suele ocurrir, el movimiento respondió a una combinación de factores. Los rendimientos de los bonos aumentaron porque los inversionistas incorporaron un escenario de inflación más elevada y una política monetaria más agresiva. Dado que rendimientos y precios se mueven en direcciones opuestas, ello implicó caídas en los precios de varios títulos soberanos.
Para quienes siguen los mercados globales, esta señal es relevante. Un BCE más duro puede fortalecer al euro, elevar el rendimiento relativo de la deuda europea y modificar los flujos de capital entre regiones. También puede cambiar la percepción de riesgo en activos tecnológicos y cripto, especialmente si las condiciones monetarias se vuelven más restrictivas durante más tiempo.
Por qué el BCE mantuvo tasas sin cambios el mes pasado
Villeroy también explicó por qué el BCE dejó sin cambios su tasa clave en 2% durante el mes pasado. La razón, dijo, fue la falta de datos suficientes para evaluar si el shock energético estaba generando efectos inflacionarios de segunda ronda.
Entre los indicadores que el banco vigila de cerca figuran la inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, las expectativas de inflación tanto de hogares como de empresas, y la evolución del crecimiento salarial. Esos elementos ayudan a determinar si el repunte de precios es temporal o si amenaza con instalarse en la economía.
La prudencia del mes pasado no implica pasividad a futuro. Más bien sugiere que el BCE quería confirmar la naturaleza del shock antes de actuar. Ahora, con la inflación en 3% y el mercado ya preparado para una subida, el margen para mantener una postura de espera parece más estrecho.
Ese enfoque también es coherente con el mensaje que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, dio a finales de marzo. En ese momento sostuvo que el banco central estaba listo para subir las tasas incluso si el aumento esperado de la inflación resultaba temporal.
Lagarde dijo entonces que si el shock provocaba una desviación al alza grande, aunque no demasiado persistente, respecto de la meta de inflación, podría justificarse un ajuste moderado de la política. También advirtió que no reaccionar en absoluto podría generar un problema de comunicación, porque al público le resultaría difícil entender una función de respuesta que permaneciera inmóvil ante ese escenario.
Más voces dentro del BCE alertan sobre el riesgo
Villeroy no es el único miembro del Consejo de Gobierno que ha expresado preocupación. Durante la Reunión de Primavera del FMI en Washington, Joachim Nagel, presidente del Bundesbank de Alemania, dijo que la volatilidad de los precios del petróleo había dejado al BCE “entre nuestro escenario base y nuestro escenario adverso”.
Esa formulación refleja la incertidumbre actual. Si el encarecimiento de la energía se modera, el BCE podría limitarse a una respuesta contenida. Pero si el conflicto prolonga las disrupciones y contamina otras variables, el banco central podría verse obligado a endurecer con más decisión su postura.
También Martins Kazaks, gobernador del banco central de Letonia y miembro del Consejo de Gobierno, alertó sobre una posible “tarta por capas” de shocks económicos. La expresión apunta al riesgo de que varios impactos negativos se acumulen sobre una economía que ya venía transitando una normalización monetaria delicada.
En suma, el BCE enfrenta una prueba compleja. Debe evitar que un shock energético externo desancle las expectativas de inflación, pero sin sobrerreaccionar ante un evento cuya persistencia aún está en evaluación. Por ahora, el mensaje oficial es inequívoco: si el repunte de precios amenaza la meta de 2%, la institución está dispuesta a mover las tasas para contenerlo.
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