Un análisis de datos de Australia, Islandia y Estados Unidos encontró que la pérdida auditiva se asociaba con más mortalidad, mientras que el uso actual de audífonos se vinculaba con una reducción del riesgo. Una replicación con datos de Noruega corroboró el patrón, aunque los resultados no demuestran que los dispositivos sean la causa de esa diferencia.
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- El metaanálisis reunió a 13.851 participantes con una edad promedio de 61,8 años y asoció distintos niveles de pérdida auditiva con mayor mortalidad.
- El uso actual de audífonos se relacionó con un riesgo 9% menor de mortalidad por todas las causas y 15% menor de mortalidad cardiovascular.
- La replicación con datos de 50.277 adultos en Noruega confirmó el patrón, pero no permite concluir que los audífonos causen una reducción de la mortalidad.
Una asociación observada en varios países
La pérdida auditiva se asoció con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas y por enfermedades cardiovasculares, mientras que el uso actual de audífonos apareció vinculado con un riesgo menor. Esos son los principales resultados de un análisis que combinó datos de Australia, Islandia y Estados Unidos, seguido de una replicación con información de Noruega. El hallazgo aporta evidencia sobre una posible relación entre audición y salud general, pero no demuestra que los dispositivos reduzcan por sí mismos la probabilidad de morir.
El metaanálisis de datos individuales incluyó a 13.851 personas y registró una edad promedio de 61,8 años. En comparación con quienes no presentaban pérdida auditiva, los participantes con pérdida leve tuvieron una razón de riesgo de mortalidad por todas las causas de 1,19; para la pérdida moderada, el valor fue 1,55, y para la pérdida moderadamente grave o peor, 1,56. En términos relativos, esos valores corresponden a asociaciones con riesgos más elevados, no a un aumento equivalente en puntos porcentuales para cada persona.
El patrón también apareció al considerar la mortalidad relacionada con enfermedades cardiovasculares. La pérdida auditiva leve se asoció con una razón de riesgo de 1,18, la moderada con 1,43 y la moderadamente grave o peor con 1,30. Las cifras sugieren una relación entre la gravedad de la pérdida y desenlaces adversos, aunque no forman una progresión perfectamente ascendente en todas las categorías ni identifican por sí solas el mecanismo que podría explicar la asociación.
En el mismo análisis, el uso actual de audífonos se vinculó con una razón de riesgo de 0,91 para mortalidad por todas las causas y de 0,85 para mortalidad cardiovascular. Expresado como diferencia relativa, los resultados equivalen a asociaciones con un riesgo 9% y 15% menor, respectivamente, frente al grupo de comparación del estudio. No deben interpretarse como una garantía individual ni como una reducción absoluta idéntica para todos los participantes.
Los investigadores también contrastaron esos resultados con un estudio de replicación basado en 50.277 adultos de Noruega, que corroboró el patrón general. La amplitud de las muestras y la inclusión de datos de distintas poblaciones permiten examinar la relación más allá de una sola cohorte de adultos mayores. Aun así, la replicación de una asociación observacional no sustituye una prueba de causalidad, y el material disponible no detalla aquí el seguimiento ni las características completas de cada grupo.
Lo que el estudio permite y no permite concluir
La pérdida auditiva afecta a una parte importante de la población mundial. La Organización Mundial de la Salud prevé que casi 2.500 millones de personas tendrán algún grado de pérdida de audición en 2050 y que más de 700 millones necesitarán servicios de rehabilitación. La prevalencia aumenta especialmente entre las personas mayores y se ha relacionado con peores condiciones de salud, menor calidad de vida, depresión y deterioro cognitivo. El nuevo análisis amplía la discusión al estudiar la mortalidad y al incluir también a adultos más jóvenes, un grupo que estudios previos habían dejado relativamente de lado.
La evidencia anterior sobre la relación entre audífonos y mortalidad había ofrecido resultados mixtos, y muchos trabajos se habían concentrado en personas de entre 50 y 80 años o más. Además, buena parte de esa investigación fue observacional y no evaluó de manera prolongada el vínculo entre el uso de dispositivos y la mortalidad en personas con pérdida auditiva. El análisis actual buscó responder a esas limitaciones combinando datos individuales de varios conjuntos y realizando una replicación independiente.
Una explicación posible es que las personas que usan audífonos también tengan mejores hábitos de salud o condiciones que influyan en su supervivencia. El texto que reseña los resultados plantea esa posibilidad junto con otra hipótesis: que la falta de audición funcional pueda relacionarse con procesos de neurodegeneración y, a través de vías todavía no aclaradas, con la mortalidad cardiovascular. El estudio descrito no establece cuál de esas explicaciones es correcta ni confirma un mecanismo biológico específico.
Esta distinción importa porque una asociación estadística no permite afirmar que empezar a usar audífonos vaya a reducir el riesgo cardiovascular de una persona. Aunque el análisis ajustó por variables de confusión clave, la información disponible no enumera aquí todas las variables ni elimina la posibilidad de factores no medidos que contribuyan a las diferencias observadas. Por ello, las razones de riesgo describen patrones entre grupos y no constituyen una predicción clínica individual.
Los hallazgos respaldan la importancia de estudiar la pérdida auditiva como parte de la salud general, además de sus efectos directos sobre la comunicación y la calidad de vida. También dejan preguntas abiertas sobre cuándo comienza la asociación, cuánto influye la gravedad de la pérdida y qué papel desempeña el uso de audífonos a largo plazo. La evidencia presentada justifica nuevas investigaciones, pero no permite convertir una correlación en una recomendación médica basada en una reducción comprobada de la mortalidad.
El estudio fue publicado bajo el identificador DOI 10.1016/j.lanhl.2026.100903. Sus resultados combinan una asociación entre pérdida auditiva y mayor mortalidad con otra entre uso actual de audífonos y menor riesgo, un contraste que merece atención sin perder de vista las limitaciones de los datos observacionales. Para lectores y profesionales, la conclusión prudente es que la relación existe en estas muestras y requiere más investigación antes de atribuir un efecto protector directo a los dispositivos.
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