Un estudio en una cohorte de ratones mucho mayor de lo habitual encontró que bloquear la activación del receptor de la hormona del crecimiento prolongó la vida y mejoró algunos indicadores físicos, aunque sus resultados no permiten extrapolar el efecto a humanos.
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- La vida máxima aumentó 186 días en machos y 265 días en hembras con antagonismo del receptor de GH.
- Los ratones modificados mostraron menos fragilidad y mayor fuerza de agarre a los dos años, pese a una mayor adiposidad.
- El resultado contrasta con el síndrome de Laron en humanos, que no parece asociarse con una longevidad significativamente superior.
El bloqueo del receptor de la hormona del crecimiento ralentizó el envejecimiento en ratones
Un estudio en ratones modificados genéticamente encontró que convertir la hormona del crecimiento en un antagonista de su receptor puede ralentizar el envejecimiento aproximadamente un 10%, según el método utilizado para analizar los datos. La investigación reportó aumentos significativos tanto en la vida mediana como en la vida máxima de machos y hembras, además de señales de mejor salud física en animales de dos años. El hallazgo aporta evidencia a una línea de investigación que lleva décadas observando una relación entre la alteración de la hormona del crecimiento y la longevidad.
El resultado no equivale a demostrar un tratamiento contra el envejecimiento en personas, ni establece que los medicamentos existentes produzcan el mismo efecto fuera del laboratorio. También debe interpretarse junto con el caso de los seres humanos con síndrome de Laron, una disfunción heredada del metabolismo de la hormona del crecimiento que no parece traducirse en una vida significativamente más larga que la del resto de la población. La diferencia subraya la distancia entre un modelo experimental preciso y una intervención aplicable a la biología humana.
Qué modificaron los investigadores
La hormona del crecimiento, conocida como GH, normalmente actúa como agonista del receptor de la hormona del crecimiento en la superficie de las células: se une a ese receptor y lo activa. En los ratones analizados, una mutación altera la interacción con el receptor y cambia el comportamiento de la hormona, que pasa a funcionar como antagonista. En lugar de activar la señal, se une al receptor sin ponerlo en marcha y bloquea que otras moléculas lo activen.
La lógica biológica detrás del experimento se apoya en múltiples líneas de ratones longevos donde el metabolismo de la hormona del crecimiento ha sido alterado de alguna manera. Sin embargo, esta forma concreta de interferir con la señalización no se había evaluado con suficiente rigor, de acuerdo con la información del estudio. Fight Aging! describió la investigación como un trabajo realizado en una población de animales mucho mayor de lo habitual, una característica que buscó corregir las limitaciones de un análisis previo.
El modelo transgénico utilizado se conoce como ratón GHA y se conserva en el laboratorio responsable desde 1991. Esa línea tuvo un papel central en el descubrimiento y desarrollo de Pegvisomant, un fármaco que bloquea el receptor de la hormona del crecimiento y que se utiliza para tratar a pacientes con acromegalia. La investigación buscó llenar una brecha experimental porque Pegvisomant tiene una afinidad baja por el receptor de GH en roedores y, por esa razón, no se había probado adecuadamente su capacidad para extender la vida de estos animales.
El origen del enfoque se remonta a un descubrimiento de ese laboratorio a comienzos de la década de 1990. Sus investigadores observaron que cambiar un codón correspondiente a una glicina conservada, ubicada en la posición 119 de la GH bovina o en la posición 120 de la GH humana, por distintos aminoácidos, incluida la lisina, podía transformar la hormona de agonista en antagonista. Esa modificación permitió construir un modelo experimental específico para estudiar qué ocurre cuando el receptor recibe una señal de bloqueo en lugar de una señal de activación.
Más años y mejores indicadores físicos
En los resultados principales, tanto la vida mediana como la máxima aumentaron de manera significativa en los ratones GHA machos y hembras. La extensión de la vida máxima alcanzó 186 días en los machos y 265 días en las hembras, cifras que el estudio presenta como evidencia de un efecto sobre la longevidad y no solamente sobre la supervivencia de unos pocos individuos. En términos generales, la desaceleración estimada rondó el 10%, aunque el porcentaje depende de la forma en que se procesen y comparen los datos.
El análisis no se limitó a contar cuánto tiempo vivieron los animales. Una cohorte independiente de ratones de dos años mostró que los machos y las hembras GHA eran menos frágiles que sus controles y conservaban una mayor fuerza de agarre. Estos indicadores apuntan a una posible mejora del periodo de salud, entendido como el tiempo de vida que transcurre con mejores condiciones funcionales, aunque no eliminan otros efectos asociados con la modificación genética.
Uno de esos efectos fue un aumento de la adiposidad en los ratones con antagonismo de GH. La combinación de mayor acumulación de grasa con menor fragilidad y mayor fuerza de agarre evita presentar el resultado como una mejora uniforme en todos los aspectos del envejecimiento. En cambio, muestra que bloquear una vía biológica puede producir beneficios concretos mientras modifica otras características físicas, una consideración relevante para evaluar cualquier eventual terapia orientada a prolongar la salud.
Somavert, cuyo principio activo es Pegvisomant, es actualmente el único antagonista del receptor de GH aprobado por la FDA, según la descripción del estudio, y se prescribe para la acromegalia. Ese antecedente demuestra que existe un fármaco capaz de intervenir en la vía, pero no prueba que su uso prolongue la vida en personas sanas ni que reproduzca el efecto observado en los ratones. Además, su baja afinidad por el receptor de roedores explica por qué el medicamento no servía directamente para comprobar esta hipótesis en ese modelo animal.
Por qué el resultado todavía no permite hablar de longevidad humana
Los hallazgos ofrecen una primera demostración, dentro de este modelo, de que el antagonismo de la GH puede mejorar indicadores de salud y extender la vida útil. Aun así, el estudio no aporta datos de participantes humanos ni permite calcular una dosis, un riesgo o una duración segura para las personas. La biología de la hormona del crecimiento cambia entre especies, y el hecho de que una mutación produzca longevidad en ratones no garantiza que el mismo mecanismo opere con igual intensidad en humanos.
El síndrome de Laron funciona como una advertencia particularmente importante para interpretar los resultados. Las personas con esta disfunción heredada presentan una alteración del metabolismo de la hormona del crecimiento análoga, en algunos aspectos, a la de varios modelos murinos longevos, pero no parecen vivir significativamente más que la población general. Esa observación no invalida el estudio en animales, aunque sí impide convertirlo en una promesa directa de extensión de la vida humana.
También será necesario separar el efecto sobre la longevidad del efecto sobre la calidad de los últimos años. La menor fragilidad y la mayor fuerza de agarre en ratones de dos años resultan relevantes porque sugieren una vida funcionalmente más prolongada, pero el aumento de la adiposidad demuestra que la intervención no es neutral para el organismo. Cualquier evaluación futura tendría que considerar simultáneamente supervivencia, fuerza, composición corporal y otros indicadores de salud, en lugar de concentrarse únicamente en el número de días ganados.
Por ahora, el resultado fortalece la hipótesis de que la señalización de la hormona del crecimiento participa en los procesos que regulan el envejecimiento de los mamíferos. También respalda el interés en los antagonistas del receptor de GH como posibles herramientas para estudiar el periodo de salud, aunque todavía no establece una recomendación terapéutica. La siguiente pregunta científica no es si los ratones respondieron, sino qué parte de esa respuesta puede reproducirse de forma segura y relevante en humanos.
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