El llamado AI slop, una avalancha de videos baratos creados con inteligencia artificial para capturar clics y retención, está inundando las redes sociales. Expertos del sector advierten que el fenómeno no solo revela cómo funcionan los algoritmos, sino también los límites emocionales y comerciales del contenido sintético.
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- Expertos afirman que los algoritmos priorizan el comportamiento del usuario y no distinguen entre contenido humano o generado por IA.
- El AI slop prospera gracias a costos de producción cercanos a cero, volumen infinito y formatos diseñados para maximizar vistas y repeticiones.
- Aunque algunos clips logran millones de visualizaciones, la fatiga del usuario y la falta de conexión emocional limitan su valor a largo plazo.
La nueva “comida basura” de internet ya no es una advertencia futura. Ya está presente en los feeds de millones de usuarios y, en muchos casos, pasa desapercibida. Videos extraños, hipnóticos o absurdos hechos con inteligencia artificial están llenando plataformas de video corto y redes sociales, impulsados por una lógica simple: producir mucho, muy barato y optimizar cada pieza para captar atención.
La tendencia ha sido bautizada como AI slop, un término que suele describir contenidos de baja calidad generados con herramientas de IA. Su meta principal no es aportar valor ni construir una audiencia fiel, sino maximizar clics, tiempo de visualización, repeticiones y compartidos. En ese esquema, lo importante no es el origen del material, sino su capacidad para retener al usuario unos segundos más.
Según reportó The Economic Times, el debate tomó fuerza tras varios episodios recientes. Uno de ellos fue un artículo ampliamente leído sobre la soledad y las amistades que se desvanecen, que generó reacciones emocionales en redes sociales hasta que algunos lectores descubrieron que había sido escrito enteramente por IA. Meses antes, también circularon reportes sobre videos animados en los que aparecía un mono generado por IA, los cuales supuestamente obtuvieron casi ₹ 38 crore en ingresos publicitarios.
Esos casos sirvieron como catalizador para una discusión mayor sobre la expansión del contenido sintético de bajo costo. No se trata solo de piezas obviamente artificiales. Muchas veces son clips diseñados para parecer curiosos, tiernos, extraños o satisfactorios. El usuario abre Instagram por unos minutos y termina mirando un tomate hiperrealista discutiendo con un pepino sobre relaciones, bebés generados por IA preparando comida o un perro adorable, también sintético, jugando en un jardín.
La lógica de consumo es conocida. Se desliza, se sonríe, se comparte o simplemente se deja correr el video hasta el final. Luego llega otro parecido, y otro más. Esa secuencia puede parecer trivial, pero revela una transformación importante en la forma en que se produce y distribuye el contenido digital.
La economía de la atención favorece el volumen
Detrás del auge del AI slop está la economía de la atención. Neel Gogia, fundador de IPLIX Media, explicó que el algoritmo es indiferente a si el contenido fue creado por una persona o por una máquina. En sus palabras, el sistema “lee el comportamiento, no el origen”. Esa frase resume buena parte del problema.
Gogia afirmó que su equipo probó en Instagram un video de tendencia generado por IA y que este superó los tres millones de visualizaciones. Según relató, no hubo trato preferencial ni tampoco supresión. El algoritmo, dijo, no sabía ni le importaba que la pieza hubiese sido producida con herramientas generativas.
Ese punto es central para entender por qué este tipo de contenido prolifera. Las plataformas digitales, por diseño, premian señales de rendimiento. Si una pieza consigue que el usuario no abandone la pantalla, repita el clip o lo comparta, gana distribución. En ese contexto, un contenido barato y fácilmente replicable puede competir con materiales mucho más costosos de producir.
Anirudh Sridharan, cofundador de HashFame, describió el fenómeno como un juego puro de arbitraje. La razón, explicó, es que combina costos de producción cercanos a cero con una capacidad de producción prácticamente infinita. Además, está hecho exactamente para satisfacer las variables que miden las plataformas: tiempo de visualización, tasa de finalización, comportamiento en bucle y compartidos.
Internet ya conocía dinámicas parecidas antes de la IA generativa. Ahí estuvieron los titulares clickbait, las páginas de memes y las granjas de SEO. La diferencia es que ahora la tecnología redujo de forma drástica el costo y el tiempo necesarios para fabricar atención. Lo que antes requería equipos, edición o cierta infraestructura, hoy puede ensamblarse en minutos con voces sintéticas, imágenes generadas y plantillas automatizadas.
Las plataformas intentan equilibrar alcance y saturación
Para las plataformas, el crecimiento del AI slop es una ventaja y también un riesgo. Por un lado, aumenta el volumen de publicaciones y puede sostener el consumo continuo. Por otro, amenaza con inundar los feeds con materiales repetitivos, erosionando la experiencia del usuario.
Un portavoz de YouTube señaló que la empresa sigue enfocada en conectar a los usuarios con “contenido de alta calidad” y que trabaja activamente en sistemas para combatir el spam, el clickbait y las subidas repetitivas de contenido generado por IA. Esa respuesta sugiere que el problema ya es lo bastante visible como para requerir ajustes operativos.
Umang Bedi, cofundador de VerSe Innovation, matriz de la aplicación de video corto Josh, ofreció una visión algo más matizada. Señaló que, al menos en Josh, el uso principal de IA sigue siendo asistivo y no totalmente generativo. Es decir, los creadores la usan sobre todo para doblaje, edición, localización y escalado entre idiomas.
Ese matiz importa porque no todo uso de IA en medios digitales cae dentro de la categoría de AI slop. Existen aplicaciones productivas que ayudan a ampliar el alcance de un creador real, sin reemplazar por completo su voz. El problema surge cuando el incentivo económico favorece una cadena masiva de piezas sintéticas diseñadas solo para explotar el comportamiento algorítmico.
Bedi también reconoció que la fatiga del usuario ya es tangible. Según explicó, esa fatiga se refleja en una caída de las tasas de finalización, más conductas de omisión y menor repetición de interacción. Cuando eso ocurre, la distribución se ajusta. En otras palabras, las propias plataformas empiezan a detectar cuándo el exceso de estímulos sintéticos deja de funcionar.
Mucho alcance, pero poco valor duradero
La otra gran limitación del AI slop es su debilidad comercial a largo plazo. Aunque algunos videos sumen millones de vistas, eso no significa necesariamente que generen relaciones estables con una audiencia o marcas interesadas en asociarse.
Gogia fue directo en ese punto. Dijo que, honestamente, la mayoría de estas cuentas no está ganando dinero significativo. De acuerdo con su evaluación, la mayor parte depende de la monetización interna de las plataformas y de ingresos publicitarios, no de colaboraciones de marca serias o sostenibles.
Vinay Pillai, director comercial de Clout, negocio de gestión de influencers de Pocket Aces, comparó este fenómeno con las páginas de memes. La gente disfruta el contenido si conecta de forma inmediata, pero sigue adelante. No se construye una relación, no hay lealtad y tampoco aparece esa sensación de recomendar a una persona específica a un amigo.
Ese señalamiento es importante porque distingue entre captar atención y construir comunidad. Una cuenta puede obtener visualizaciones masivas con piezas automáticas, pero seguir siendo intercambiable. Si el usuario no recuerda quién creó el contenido, la posibilidad de convertir esa atención en una marca sólida cae de forma considerable.
Un creador indio destacado, que prefirió permanecer en el anonimato, comparó el AI slop con la comida chatarra. La analogía resume bien el atractivo y el vacío del formato: consumo instantáneo, gratificación breve y poco valor nutritivo en términos culturales o emocionales.
La barrera que la IA aún no supera
Más allá de la saturación y los ingresos, el debate también toca una inquietud más profunda. Archisman Misra, fundador y CEO de StudioBackdrops, sostuvo que las audiencias empiezan a reconocer el patrón. A su juicio, internet se dirige a un escenario en el que el volumen importa menos que la perspectiva humana.
Esa idea conecta con una ansiedad creciente entre usuarios y creadores. Nadie quiere que cada feed se sienta completamente sintético y emocionalmente liviano. Tampoco hay entusiasmo por ver personajes y universos culturales convertidos en clips infinitos generados por IA solo para mantener a la gente deslizando contenido sin parar.
El artículo pone ejemplos concretos de ese temor al mencionar personajes como Penny de The Big Bang Theory, Jim de The Office o Phil de Modern Family. La inquietud no es solo estética. Tiene que ver con la sensación de que ciertas historias nacieron de experiencias humanas, de un momento preciso y de una carga emocional difícil de replicar con automatización.
La IA puede fabricar contenido en cantidades industriales. Puede imitar estilos, acelerar flujos de trabajo y producir sin descanso. Lo que todavía no logra de forma consistente, al menos según los expertos citados, es fabricar significado.
En un ecosistema digital cada vez más regido por métricas instantáneas, el auge del AI slop funciona como espejo de las plataformas y de sus incentivos. Muestra que la atención puede comprarse con muy poco presupuesto si se entienden bien los resortes del algoritmo. Pero también recuerda que no toda atención vale lo mismo, ni toda visualización equivale a relevancia cultural, confianza o conexión humana.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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