Los investigadores de Pillar Security descubrieron la primera explotación real de agente a agente: una inyección de prompt en el repositorio google/adk-python permitió que un agente de IA público controlara a otro con privilegios elevados, comprometiendo la cadena de suministro. Google corrigió el problema pero no pagó recompensa por considerar que requería ingeniería social.
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- Investigadores de Pillar Security hallaron el primer exploit real de agente a agente en el repositorio google/adk-python, con más de 90 millones de descargas.
- El ataque combina una PR envenenada con una inyección de prompt para que un agente de bajo privilegio active a uno privilegiado y ejecute acciones maliciosas.
- Google parcheó el problema pero no otorgó recompensa por requerir ingeniería social, aunque reconoció el informe con crédito.
Primer ataque entre agentes de IA en la cadena de suministro
En un hito de seguridad inédito, los investigadores de la firma Pillar Security descubrieron una explotación que permite que un agente de inteligencia artificial sea utilizado para controlar y comprometer a otro agente con mayores privilegios.
El hallazgo, divulgado en un informe técnico publicado el lunes, apunta al repositorio google/adk-python, el kit de desarrollo de agentes de Google para Python.
Ese kit, de código abierto, registra más de 90 millones de descargas y se emplea para construir y desplegar agentes de IA en flujos de trabajo automatizados.
Según explicó Dan Lisichkin, investigador de Pillar que encontró la vulnerabilidad, se trata del primer método de explotación de agente a agente en el mundo real.
El ataque no requiere conocimientos avanzados de programación: para construir la inyección de prompt, solo se necesita saber inglés, o pedirle a una IA que lo haga.
google ya corrigió el problema subyacente en el repositorio, pero consideró que no alcanzaba el estándar para un pago de recompensa por errores.
Sin embargo, la compañía reconoció el informe con crédito y tomó medidas para reforzar el repositorio, según confirmó Lisichkin a The Register.
El caso expone una nueva superficie de ataque que no existía en el mundo previo a los agentes, y que desafía los modelos de amenaza tradicionales.
El mecanismo de la explotación
El problema se originaba en la forma en que el repositorio ejecutaba dos clases de agentes de IA automatizados con diferentes niveles de privilegios.
Uno era un agente de bajo privilegio, orientado al público, que se activaba cuando un usuario abría una solicitud de extracción (PR) o un problema en GitHub.
El segundo era un agente de alto privilegio, reservado para mantenedores del repositorio, capaz de ejecutar acciones maliciosas.
Ambos agentes compartían sin querer un límite de confianza, lo que permitía que el agente público fuera manipulado para activar al agente privilegiado.
El equipo de Pillar descubrió que el agente de bajo privilegio podía ser inducido mediante una inyección de prompt para transferir la confianza al otro agente.
Esta transferencia se materializaba a través de la mención @gemini-cli, que activaba el flujo de trabajo del agente privilegiado.
Para que el ataque funcionara, un atacante debía primero hacer contribuciones legítimas al repositorio para ganarse la confianza de los mantenedores.
Luego, el atacante creaba una PR maliciosa, llamada PR A, que combinaba una corrección genuina con código malicioso, como un package.json modificado o una dependencia maliciosa.
Un agente orientado al público, vinculado a un token de acceso personal (PAT) de colaborador de alto privilegio, leía el texto de esa PR y la marcaba para revisión.
Con eso, el texto generado por el atacante lograba activar un flujo de trabajo restringido.
En un segundo paso, el atacante abría otra PR, la PR B, que contenía la inyección de prompt.
El agente de triage emitía entonces la transferencia de confianza @gemini-cli, lo que provocaba que el agente privilegiado ejecutara la acción maliciosa.
Lisichkin detalló que el resultado era una pista completa y creíble de que un humano había solicitado una revisión, que Gemini la revisó y aprobó, cuando en realidad nada de eso había sucedido.
La explotación podía exfiltrar un token de GitHub con permiso de escritura sobre pull requests, lo que permitía manipular las PR del repositorio.
Respuesta de Google y limitaciones
Google respondió a las consultas de The Register explicando que el informe demuestra la exfiltración de un token de GitHub con permiso ‘pull-requests: write’, lo que permite manipular una PR.
Sin embargo, la empresa argumentó que aún se requiere que un mantenedor tome la acción de fusionar la PR maliciosa, ya que las PR no se fusionan automáticamente después de una revisión de un bot.
Por esa razón, Google no consideró el hallazgo como una vulnerabilidad recompensable, bajo su política de no pagar por informes que requieran ingeniería social.
A pesar de ello, la compañía reconoció el informe con crédito y aseguró haber tomado acciones para reforzar el repositorio.
Lisichkin señaló que el ataque subraya los riesgos de usar agentes de IA en flujos de trabajo de CI/CD para triage, revisiones de PR y discusiones.
También destacó que los agentes deberían tener su propia identidad, que determine a qué recursos se les permite acceder y con qué pueden interactuar.
En este caso, si Google hubiera dado una identidad de bot al agente de triage inicial, se podría haber prevenido la mayor parte del ataque.
El investigador instó a los equipos de seguridad a modelar la identidad de los agentes y el acceso a los recursos dentro de sus modelos de amenaza.
Implicaciones para la seguridad empresarial
La investigación de Pillar Security expone cómo los sistemas de IA autónomos pueden atacarse entre sí en entornos de producción, algo que no estaba contemplado en los análisis de riesgo previos.
Para los CISOs y profesionales de seguridad, el mensaje es claro: deben comenzar a considerar estos escenarios y calcular el peor caso y el radio de explosión.
La explotación no requiere herramientas sofisticadas ni vulnerabilidades clásicas, sino que aprovecha la interacción entre agentes y la confianza implícita que existe entre ellos.
Aunque Google ya parcheó el problema, el patrón de ataque podría replicarse en otros repositorios que utilicen agentes de IA para automatizar tareas de desarrollo.
La lección principal es que el aislamiento de agentes no es suficiente; se necesita una gestión de identidades y permisos específica para cada agente.
En un mundo donde los agentes de IA se están integrando en cada vez más procesos, esta investigación marca un hito en el campo de la ciberseguridad.
Los flujos de trabajo automatizados que antes dependían de humanos ahora confían en bots, y esa confianza puede ser explotada con simples técnicas de manipulación de texto.
La comunidad de desarrollo deberá adaptar sus modelos de amenaza para incluir el riesgo de ataques entre agentes, una amenaza que ya es real.
Lisichkin presentará estos hallazgos en el AI Village de DEF CON el viernes 7 de agosto, en una charla de póster programada a las 16:00 PDT.
El experto advierte que “nuestro mundo está cambiando rápidamente, y nuevas superficies de ataque no están reflejadas en los modelos de amenaza porque estos ataques nunca podrían existir en primer lugar en el mundo ‘pre-agente'”.
La investigación ya está disponible en un informe técnico publicado por Pillar Security, y muestra el camino para futuras defensas en la era de los agentes autónomos.
El caso también abre el debate sobre la responsabilidad de las empresas tecnológicas al lanzar herramientas que integran IA sin pensar en las implicaciones de seguridad entre agentes.
Por ahora, Google ha corregido el problema en el repositorio, pero la pregunta sigue abierta: ¿cuántos otros repositorios están expuestos?
El primer ataque de agente a agente no será el último, y la industria debe prepararse para un nuevo paradigma de amenazas.
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