Una campaña de observación sin precedentes, con 17 naves repartidas por el sistema solar, habría revelado que una eyección de masa coronal de diciembre de 2024 ocultaba un lóbulo rápido dirigido hacia la Tierra. El hallazgo expone los límites de vigilar el clima espacial desde una sola línea de observación y puede influir en la protección de astronautas y futuras misiones interplanetarias.
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- Según el análisis citado, 17 naves espaciales rastrearon la misma eyección de masa coronal, un récord para este tipo de seguimiento.
- La CME habría tenido dos lóbulos asimétricos: uno rápido pasó hacia la Tierra y otro más lento se desplazó hacia STEREO-A.
- La observación desde múltiples puntos podría mejorar las alertas ante partículas energéticas peligrosas para astronautas y naves.
Una eyección de masa coronal que, según el análisis citado, abandonó el Sol el 15 de diciembre de 2024 habría escondido durante buena parte de su recorrido una nube de partículas cargadas dirigida hacia la Tierra. El fenómeno, descrito como rastreado por 17 naves espaciales distribuidas por el sistema solar, habría mostrado una estructura mucho más asimétrica de lo esperado y dejaría en evidencia los riesgos de observar el clima espacial desde un único ángulo.
Las eyecciones de masa coronal, conocidas como CME por sus siglas en inglés, son enormes nubes de plasma magnetizado que salen de la corona solar después de una llamarada u otra liberación intensa de energía. Aunque pueden producir auroras cuando interactúan con la Tierra, también transportan partículas capaces de representar un riesgo de radiación para astronautas, satélites, naves espaciales e incluso pasajeros de aviones comerciales.
Una erupción con dos trayectorias
La CME habría partido del Sol a las 00:48 UT del 15 de diciembre, según el análisis dirigido por Adrienn Luspay-Kuti, del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins. La investigadora explicó a Space.com que el equipo utilizó observaciones de 17 naves para seguir y caracterizar el evento, una cifra que el artículo presenta como récord y que habría permitido reconstruir con un detalle excepcional la evolución de la eyección.
El récord anterior habría correspondido a observaciones realizadas por 10 naves espaciales. A diferencia de aquellas mediciones, que se concentraban principalmente en una línea aproximada entre el Sol y la Tierra, los vehículos que observaron la CME de diciembre se encontraban a distintas distancias del Sol y también fuera del eje Tierra-Sol. Esa distribución habría permitido identificar dos lóbulos con velocidades y trayectorias diferentes.
El lóbulo rápido habría avanzado por el sector comprendido entre la Tierra y Marte, mientras el lóbulo más grande, aunque considerablemente más lento, se habría desplazado hacia el oeste, en dirección a STEREO-A. El primero habría quedado oculto detrás del segundo para los observatorios situados cerca de la línea Sol-Tierra, de no haber existido una cobertura espacial tan amplia.
El Observatorio Solar y Heliosférico, conocido como SOHO y operado conjuntamente por la NASA y la Agencia Espacial Europea, habría detectado el inicio de la erupción tras más de tres décadas de monitoreo continuo del Sol. Sin embargo, sus instrumentos solo habrían observado el lóbulo lento que se proyectaba lateralmente, mientras el componente rápido dirigido hacia nuestro planeta habría quedado escondido por la estructura más extensa.
Las señales captadas en el sistema solar
La siguiente detección habría ocurrido el 16 de diciembre, cuando la CME se encontraba a 0,35 unidades astronómicas del Sol y pasaba cerca de Mercurio. La misión BepiColombo de la ESA habría registrado ese tránsito antes de continuar su viaje hacia el planeta más interior, cuya órbita alcanzaría en noviembre de 2026.
El componente oculto habría llegado a la región terrestre el 17 de diciembre y habría sido captado por varias naves espaciales. Pese a que la eyección atravesó el entorno de nuestro planeta, el borrador señala que resultó demasiado débil para generar auroras relevantes, una indicación de que no toda CME que alcanza la Tierra produce una tormenta geomagnética visible.
La misión Solar Orbiter, que opera cerca del Sol y se encontraba a aproximadamente 0,94 unidades astronómicas, apenas a 10 grados de la línea Tierra-Sol, no habría detectado la CME. Esa ausencia habría ayudado a los investigadores a acotar la forma y la extensión de la estructura, al establecer un punto adicional donde el fenómeno no dejó una señal identificable.
El lóbulo lento habría alcanzado STEREO-A el 18 de diciembre. La nave se encuentra a una distancia cercana a 1 unidad astronómica del Sol, aunque adelantada respecto a la Tierra en su órbita, y sus mediciones habrían confirmado que la eyección no avanzaba como un frente único, compacto y cohesionado.
Velocidades distintas y frenado en el viento solar
El lóbulo que atravesó el sector terrestre habría registrado una velocidad media de 852 kilómetros por segundo, mientras el componente que pasó por BepiColombo y posteriormente por STEREO-A habría avanzado desde el Sol a una media de 534 kilómetros por segundo. Para cuando el lóbulo lento llegó a STEREO-A, su velocidad habría disminuido hasta cerca de 400 kilómetros por segundo.
Ambos componentes habrían perdido velocidad debido a la resistencia del viento solar, que ejerce una fuerza de arrastre mientras la nube se desplaza por el espacio interplanetario. La diferencia entre las velocidades medidas en distintos puntos habría sido una evidencia clave para concluir que la erupción no se comportaba como una sola pared uniforme de plasma.
Más allá de la órbita terrestre, Europa Clipper habría detectado el lóbulo rápido a 1,19 unidades astronómicas mientras viajaba hacia Marte para realizar una maniobra de asistencia gravitatoria que la dirigiría hacia Júpiter. La participación de esta misión resultaría especialmente significativa porque Adrienn Luspay-Kuti es investigadora principal del instrumento PIMS, diseñado para realizar mediciones relacionadas con el plasma y el campo magnético.
En las proximidades de Marte, la misión MAVEN habría registrado la llegada de la CME entre el 19 y el 20 de diciembre. La combinación de sus datos con los de SOHO, BepiColombo, STEREO-A, Europa Clipper y las demás plataformas habría permitido seguir la perturbación a través de diferentes regiones del sistema solar, en lugar de limitar el análisis a una única dirección.
Una advertencia para las misiones humanas
Para Luspay-Kuti, el hallazgo tendría implicaciones directas para la futura actividad humana en el espacio, porque una CME que no se detecta a tiempo puede traducirse en la pérdida de un margen valioso de alerta. Las eyecciones rápidas generan ondas de choque capaces de acelerar partículas hasta energías muy elevadas, lo que puede poner en peligro a astronautas que se encuentren fuera de la protección de la magnetosfera terrestre.
La amenaza no se limita a las personas, ya que las partículas energéticas también pueden afectar sistemas electrónicos, sensores y operaciones de naves espaciales. Por esa razón, las observaciones desde distintos puntos de vista, incluidos vehículos que no se encuentren sobre la línea Sol-Tierra y misiones planetarias durante sus tránsitos, adquirirían mayor importancia a medida que las expediciones humanas se alejen de la Tierra.
La estructura de dos lóbulos habría sorprendido al equipo y su origen todavía no estaría claro. La investigadora habría planteado que el patrón observado podría relacionarse con la forma en que la erupción se desarrolló en el Sol, aunque la causa exacta de la asimetría continuaría bajo estudio.
Una de las preguntas centrales sería cuán frecuentes son las CME extremadamente asimétricas. Según Luspay-Kuti, el evento se encontraría en el extremo de la variabilidad observada hasta ahora, pero todavía no estaría claro si estas formas son comunes y suelen pasar inadvertidas por falta de cobertura, o si se trata de una rareza auténtica.
La red de observación que viene
Las 17 plataformas que, según el borrador, participaron en la detección o caracterización incluyeron SOHO, BepiColombo, el Observatorio de Dinámica Solar de la NASA, STEREO-A, las cuatro naves de la misión Magnetosférica Multiescala y las dos sondas ARTEMIS. También contribuyeron Wind, ACE, GOES, DSCOVR, Europa Clipper, MAVEN y Solar Orbiter, aunque esta última no detectó directamente la CME.
La diversidad de esa lista ilustra cómo la investigación del clima espacial depende cada vez más de una red distribuida de misiones con objetivos diferentes. Algunos vehículos proporcionan imágenes del Sol, otros miden campos magnéticos o plasma, y las sondas en tránsito hacia otros planetas ofrecen puntos de observación que pueden revelar estructuras invisibles desde la vecindad terrestre.
En el futuro, la misión europea Vigil podría ampliar todavía más esa perspectiva. La Agencia Espacial Europea prevé su lanzamiento para 2031 y ha indicado que la misión operaría desde el punto de Lagrange L5, desde donde ofrecería observaciones fuera del eje tradicional entre nuestro planeta y la estrella.
Las conclusiones del análisis estaban previstas para publicarse en la revista Science Advances el 19 de agosto de 2026. Mientras tanto, el caso de diciembre de 2024 funciona como una advertencia científica y operativa: una tormenta solar puede parecer lateral y relativamente modesta desde un observatorio, mientras una parte más rápida avanza oculta hacia la Tierra.
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