Por Canuto  

Dos investigaciones académicas matizan uno de los temores más repetidos del mercado cripto: que una computadora cuántica pueda derribar pronto a Bitcoin. Según los análisis, un ataque cuántico contra la minería requeriría recursos energéticos y de hardware físicamente inalcanzables, aunque las billeteras antiguas o expuestas sí siguen siendo un riesgo real a largo plazo.

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  • Un estudio estima que un ataque cuántico del 51% contra Bitcoin exigiría cerca de 10²³ qubits y unos 10²⁵ vatios.
  • Otra investigación satiriza los supuestos récords de factorización cuántica y concluye que muchos avances dependen de trucos clásicos.
  • La amenaza más seria no sería la minería, sino las billeteras con claves públicas expuestas en la blockchain.

 


La computación cuántica vuelve a ocupar el centro del debate sobre la seguridad de Bitcoin, pero dos trabajos recientes sugieren que buena parte del miedo actual mezcla riesgos reales con conclusiones exageradas. Aunque las máquinas cuánticas sí representan una amenaza teórica para ciertos componentes de la red, no todos los vectores de ataque son igual de viables.

La distinción clave está entre la minería y las billeteras. En el primer caso, la investigación sugiere que un ataque cuántico contra el consenso de Bitcoin chocaría con límites físicos extremos. En el segundo, el problema es más concreto a largo plazo, sobre todo para monedas alojadas en direcciones antiguas o reutilizadas.

De acuerdo con un reporte publicado por CoinDesk, uno de los análisis concluye que intentar dominar la minería de Bitcoin con una computadora cuántica requeriría una escala de energía comparable a la de una estrella. El otro, con tono satírico pero intención técnica seria, cuestiona la forma en que se anuncian muchos supuestos hitos en factorización cuántica.

Dos amenazas distintas que suelen confundirse

Bitcoin depende de dos pilares criptográficos diferentes. Uno protege la propiedad de los fondos y otro sostiene el proceso competitivo de minería que asegura la red. Esa diferencia es central, porque cada parte enfrenta riesgos cuánticos distintos y con grados de factibilidad muy desiguales.

La amenaza más conocida contra las billeteras está asociada al algoritmo de Shor. En teoría, una computadora cuántica suficientemente poderosa podría derivar una clave privada a partir de una clave pública. Si eso llegara a ser posible a escala operativa, un atacante podría apropiarse de fondos sin necesidad de quebrar el consenso general de la blockchain.

La otra amenaza se relaciona con el algoritmo de Grover, que ofrece una aceleración teórica para búsquedas por prueba y error. Ese tipo de ventaja podría parecer útil para la minería, donde los participantes compiten para resolver acertijos basados en SHA-256 y así producir bloques válidos cada diez minutos.

Sin embargo, los dos trabajos revisados coinciden en que los titulares suelen fundir ambos escenarios en una sola narrativa apocalíptica. Esa simplificación lleva a pensar que Bitcoin podría ser abatido en cualquier momento por una computadora cuántica, cuando la realidad técnica es mucho más restringida.

La minería cuántica se estrella contra los límites de la física

El primero de los estudios, elaborado por Pierre-Luc Dallaire-Demers y el equipo de BTQ Technologies en marzo de 2026, se centra en una pregunta concreta: si una computadora cuántica podría minar más BTC usando el algoritmo de Grover. La relevancia del asunto es evidente, porque la minería es el mecanismo que resguarda a Bitcoin de un ataque del 51%.

En ese tipo de ataque, un actor con suficiente poder de cómputo podría reorganizar el historial reciente de transacciones, gastar monedas dos veces o censurar la red. Por eso, si una plataforma cuántica lograra imponerse a los mineros tradicionales, el problema iría más allá de las billeteras individuales y alcanzaría el corazón del consenso.

Sobre el papel, Grover brinda una mejora en la velocidad de búsqueda. Pero los autores sostienen que esa ventaja se deshace al incorporar las exigencias del mundo real. Ejecutar el algoritmo contra SHA-256 implicaría construir una infraestructura cuántica en una escala que hoy nadie sabe fabricar ni sostener.

Cada paso de esa búsqueda requeriría cientos de miles de operaciones delicadas. A su vez, cada operación necesitaría un sistema de soporte con miles de qubits dedicados al control de errores. Como Bitcoin produce un nuevo bloque cada diez minutos, el atacante tendría además que completar el proceso dentro de una ventana muy estrecha.

Esa restricción temporal obligaría a desplegar enormes cantidades de máquinas en paralelo. Con la dificultad de Bitcoin de enero de 2025, los autores estiman que una flota de minería cuántica necesitaría alrededor de 10²³ qubits y consumiría cerca de 10²⁵ vatios.

La cifra se acerca a la producción energética de una estrella. El estudio señala que ese nivel equivale aproximadamente al 3% de la energía que la Tierra recibe del Sol. Como contraste, toda la red actual de Bitcoin consume unos 15 gigavatios, una diferencia que ilustra la distancia entre la teoría cuántica y la ingeniería posible.

La conclusión del análisis es tajante: un ataque cuántico del 51% no solo sería costoso. También sería físicamente inalcanzable bajo restricciones plausibles para cualquier civilización real. En otras palabras, el problema de la minería no parece ser inminente, aunque el temor siga circulando con fuerza en redes sociales y mercados.

Los récords cuánticos bajo sospecha

El segundo trabajo, firmado por Peter Gutmann, de la Universidad de Auckland, y Stephan Neuhaus, de la Zürcher Hochschule en Suiza, ataca otra parte de la narrativa. Su foco no es la minería, sino los anuncios recurrentes que aseguran que la computación cuántica ya está empezando a romper el cifrado moderno.

Los autores decidieron replicar cada gran “avance” en factorización cuántica de las últimas dos décadas. Lo hicieron usando una computadora doméstica VIC-20 de 1981, un ábaco y un perro llamado Scribble, entrenado para ladrar tres veces. El tono humorístico funciona como una crítica a la calidad real de varios de esos supuestos logros.

La factorización es el problema matemático que sustenta gran parte del cifrado actual. Consiste en descomponer un número muy grande en sus factores primos, una tarea que se considera inviable para números de cientos de dígitos en computadoras convencionales. El algoritmo de Shor es precisamente el motivo por el que se teme que futuras máquinas cuánticas puedan cambiar esa realidad.

Según Gutmann y Neuhaus, muchas demostraciones han “hecho trampa”. En algunos casos, los investigadores eligieron números cuyos factores estaban separados por pocos dígitos, lo que facilitaba encontrarlos con técnicas elementales. En otros, resolvieron previamente la parte difícil del problema con una computadora clásica y luego entregaron al sistema cuántico una versión simplificada.

Los autores prestan especial atención a un artículo reciente que afirmó que un equipo chino utilizó una máquina de D-Wave para avanzar hacia la ruptura de RSA-2048. Ese estándar protege buena parte del tráfico de banca, correo y comercio electrónico de internet, por lo que cualquier progreso real tendría enorme relevancia.

Como prueba, ese trabajo había presentado diez números de ejemplo. Gutmann y Neuhaus los procesaron en un emulador de VIC-20 y obtuvieron las respuestas en unos 16 segundos por número. Según explican, los primos elegidos estaban separados por tan pocos dígitos que podían hallarse con un algoritmo derivado en 1945 por John von Neumann a partir de una técnica de ábaco.

Su conclusión no es que la computación cuántica sea inocua. Lo que cuestionan es el incentivo a publicar resultados vistosos en un campo de alto perfil con pocos éxitos prácticos. Por eso proponen estándares de evaluación más estrictos, con números aleatorios, sin preprocesamiento y con factores mantenidos en secreto para los experimentadores. A su juicio, ninguna demostración conocida superaría hoy esa prueba.

La verdadera preocupación sigue en las billeteras

Ninguno de los dos estudios elimina por completo el riesgo cuántico para Bitcoin. Más bien ayudan a ubicarlo con mayor precisión. La vulnerabilidad más plausible no estaría en la minería, sino en las billeteras cuyas claves públicas ya quedaron expuestas en la blockchain, especialmente en direcciones antiguas o reutilizadas.

Ese punto es relevante porque millones de bitcoin se encuentran en condiciones que podrían volverlos objetivos a largo plazo si la computación cuántica avanza. En esos casos, la amenaza no pasa por rehacer la cadena de bloques entera, sino por robar fondos desde direcciones más vulnerables.

Desde la publicación de estos trabajos, lo que cambió no es la existencia de la amenaza, sino algunas estimaciones sobre la potencia necesaria para ejecutar ataques de este tipo. Un estudio reciente de investigadores de Google sugirió que el poder de cómputo requerido para comprometer el cifrado que asegura la blockchain de Bitcoin podría reducirse de forma drástica, hasta el punto de imaginar un ataque que tomaría minutos.

Aun así, los propios autores reconocen que construir una máquina de esas características sigue siendo físicamente imposible con la ingeniería actual. Persisten obstáculos críticos, desde los láseres usados para controlar qubits hasta la velocidad de lectura y la capacidad de mantener decenas de miles de átomos operando al unísono sin perder coherencia.

También persiste la idea de que el panorama público puede estar incompleto. Algunas investigaciones recientes, según el artículo original, han omitido detalles técnicos importantes. Además, ciertos expertos han advertido que no todo el progreso en este campo necesariamente se compartiría de forma abierta.

Mientras tanto, los desarrolladores de Bitcoin ya trabajan en defensas. Entre ellas se incluyen formas de reducir la exposición de claves y nuevos tipos de firmas diseñadas para resistir ataques cuánticos. El mercado, por ahora, parece tratar el asunto como una amenaza real pero lejana.

Los traders asignan pocas probabilidades a que Bitcoin reemplace su algoritmo de minería antes de 2027. En cambio, conceden probabilidades mucho mayores, de alrededor del 40%, a mejoras como BIP-360 orientadas a reducir el riesgo en las billeteras. Ese contraste resume bien el consenso emergente: el problema cuántico existe, pero su punto crítico no está hoy en la minería.

En síntesis, la computación cuántica no debe descartarse como un riesgo para Bitcoin. Pero tampoco parece justificar las narrativas de colapso inminente. Por ahora, las leyes de la física siguen siendo un aliado inesperado de la red, mientras la prioridad práctica se desplaza hacia proteger mejor las claves y preparar la infraestructura para un futuro post-cuántico.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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