Por Canuto  

Ford encendió las alarmas sobre el avance de los fabricantes chinos de vehículos eléctricos en Norteamérica. Mientras Jim Farley pide frenar su entrada a Estados Unidos, la automotriz también intenta aprender de BYD para lanzar un modelo eléctrico más asequible y competitivo.
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  • Jim Farley aseguró que China tiene capacidad suficiente para abastecer toda la demanda automotriz de Estados Unidos.
  • BYD duplicó sus ventas en México y ya concentra cerca de 7 de cada 10 vehículos eléctricos e híbridos enchufables vendidos en ese mercado.
  • Ford busca responder con un nuevo plan para fabricar un vehículo eléctrico de alrededor de USD $30.000.


Ford elevó el tono frente al crecimiento de los fabricantes chinos de vehículos eléctricos. Su CEO, Jim Farley, advirtió que la capacidad industrial de China y el respaldo estatal a sus automotrices representan una amenaza seria para la manufactura y para la estructura económica de Estados Unidos.

El ejecutivo hizo estas declaraciones durante una entrevista en Fox & Friends, donde defendió la posición de Ford frente a los costos arancelarios al destacar que el 83% de los vehículos que la empresa vende en Estados Unidos se ensamblan localmente. A partir de allí, la conversación giró hacia el avance de las marcas chinas en el segmento eléctrico.

Farley afirmó que China tiene suficiente capacidad para cubrir toda la fabricación y todas las ventas de vehículos en Estados Unidos. Desde su perspectiva, permitir el ingreso de esos autos al mercado estadounidense tendría un fuerte costo económico para el país.

“No deberíamos dejarlos entrar en nuestro país por el impacto económico”, dijo Farley. Luego añadió que la manufactura es “el corazón y el alma” de Estados Unidos, y sostuvo que perder esa base industrial a causa de las exportaciones chinas sería devastador. También aseguró que no existe manera de considerar este escenario como una competencia justa.

El trasfondo de esta preocupación es el tamaño del mercado global de vehículos eléctricos. De acuerdo con datos de la Agencia Internacional de Energía citados en la nota original, China vendió 6,4 millones de vehículos eléctricos en 2024, muy por delante de Europa con 2,2 millones, Estados Unidos con 1,2 millones y el resto del mundo con 1 millón.

Aunque los autos chinos no pueden venderse en Estados Unidos, sí tienen acceso a Canadá y México. Para Ford, esto crea un problema estratégico inmediato, ya que la compañía puede observar desde muy cerca cómo marcas como BYD ganan terreno en mercados vecinos con ofertas de menor precio.

El avance de BYD en México agrava las preocupaciones

México se ha convertido en un caso de estudio para la industria automotriz regional. Pese a que el gobierno mexicano elevó las barreras comerciales para los vehículos chinos, los autos nuevos de bajo costo han seguido captando participación en el mercado local de eléctricos.

Según un informe reciente de Bloomberg citado en la historia base, BYD duplicó su volumen de ventas en México el año pasado. La marca ya representa alrededor de 7 de cada 10 vehículos eléctricos e híbridos enchufables vendidos en el país, un dato que muestra la magnitud de su expansión.

La situación contrasta con el desempeño de otros fabricantes. General Motors, que produce tres vehículos eléctricos en México, sin contar el Spark EUV fabricado en China, vendió apenas 1.540 vehículos eléctricos en ese país durante el año pasado.

Ford también enfrenta limitaciones. La empresa fabrica el Mustang Mach-E en México, pero lo vende allí con un sobreprecio de USD $10.000 frente a su precio en Estados Unidos. Incluso Tesla, que sigue siendo una referencia en el sector, vendió menos de 4.000 vehículos eléctricos en México en 2024, también según Bloomberg.

Una de las claves del avance de BYD es el precio. En México, sus vehículos se comercializan entre USD $18.000 y USD $53.000 en el extremo más alto, cifras que les permiten competir con fuerza en un mercado sensible al costo de entrada.

Farley vinculó esa ventaja con el apoyo estatal que reciben las automotrices chinas. Según dijo, existen más de 100 compañías automotrices en China con un “enorme apoyo directo”, en un entorno donde el mercado local es de 29 millones de unidades y la capacidad de producción en los países donde fabrican supera los 50 millones.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, firmó una ley que elevó los aranceles a China y a todos los países sin acuerdo comercial con México hasta el 50%. Sin embargo, los concesionarios de BYD dijeron que la firma no subiría los precios en más de MXN $15.000 por unidad, es decir, menos de USD $1.000, de acuerdo con la información citada en la historia original.

Ford critica a China, pero también toma nota de su eficiencia

La postura de Ford combina crítica y aprendizaje. Mientras Farley denuncia que la competencia con China no es equitativa, la empresa también reconoce que parte de la respuesta pasa por reducir radicalmente sus costos y aproximarse al modelo de eficiencia que ha permitido a BYD escalar con rapidez.

Ese cambio de enfoque responde a una realidad incómoda para todo el sector. En Estados Unidos, los vehículos eléctricos siguen siendo mucho más costosos que sus equivalentes de combustión interna. Un informe de 2023 citado en la nota indica que el precio promedio de un vehículo eléctrico supera en unos USD $11.000 al de un modelo tradicional de gasolina.

A esto se suma la expiración del crédito fiscal de hasta USD $7.500 que durante una década ayudó a sostener a la industria. Con ese apoyo fuera del panorama, los vehículos eléctricos han perdido accesibilidad para muchos consumidores estadounidenses.

Ford ya había reconocido las dificultades financieras de su apuesta eléctrica. La compañía dijo que perderá casi USD $20.000 millones en cargos relacionados con vehículos eléctricos durante los próximos dos años, una cifra que refleja la magnitud del reto de sostener la transición sin una estructura de costos más competitiva.

Hace dos años, además, Ford compartió planes para reducir en un 35% su capacidad de producción de vehículos eléctricos. Ese ajuste mostró que el mercado no absorbía al ritmo esperado los modelos de mayor precio, en especial dentro de los segmentos de USD $50.000, USD $60.000 y USD $70.000.

En una entrevista del 15 de diciembre, Farley resumió ese problema con claridad. Dijo que los vehículos eléctricos de gama alta simplemente no estaban vendiéndose, una señal de que la próxima etapa de crecimiento del mercado depende menos del lujo y más de la asequibilidad.

La apuesta de Ford por un vehículo eléctrico de USD $30.000

La respuesta de la automotriz pasa por Kentucky. Farley aseguró en Fox & Friends que Ford ya ha avanzado en su objetivo de desarrollar vehículos eléctricos asequibles que puedan competir de forma más directa con los fabricantes chinos.

La compañía mostró a principios de este año su progreso en el proyecto Universal Electric Vehicle, una iniciativa diseñada para crear un modelo con un precio que la mayoría de los estadounidenses pueda pagar. El propio Farley admitió el mes pasado ante Bloomberg que la inspiración para este programa provino de BYD.

“Creemos que para hacer rentable ese negocio, tenemos que llegar a un costo tipo BYD”, dijo el CEO. Añadió que el proyecto skunkworks llamado Universe Electric Vehicle, que Ford desarrolla en Kentucky, está diseñado específicamente para igualar el costo de BYD en México.

La meta declarada por la empresa es producir un vehículo eléctrico de USD $30.000 en un futuro cercano. Lograrlo exige atacar el componente más costoso del automóvil eléctrico: la batería.

Ford calcula que la batería puede representar hasta el 40% del costo total del vehículo. Por eso, la empresa dice haber reinventado su tecnología de baterías para hacerlas más pequeñas y más eficientes en costos, en un intento por mejorar márgenes y reducir el precio final al consumidor.

Más allá del discurso político y comercial, el mensaje de Ford deja ver una presión competitiva real. La empresa no solo teme el efecto de una expansión china sobre la manufactura estadounidense, sino que ya está adaptando su estrategia para sobrevivir en un mercado donde el liderazgo dependerá cada vez más de producir barato, rápido y a gran escala.


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