El petróleo volvió a subir con fuerza luego de que ataques militares de Estados Unidos en Irán aumentaran la incertidumbre sobre un posible acuerdo de paz. El mercado sigue atento a las restricciones en el Estrecho de Ormuz, un punto crítico para una quinta parte del suministro global de crudo y gas natural licuado.
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- El Brent subió 3,07% hasta USD $99,09 por barril tras los ataques de EE. UU. en el sur de Irán.
- Marco Rubio dijo que un acuerdo con Irán podría tardar “unos días”, enfriando las expectativas de una resolución inmediata.
- El transporte marítimo en el Estrecho de Ormuz sigue restringido, pese a nuevas conversaciones en Doha y algunas señales de tránsito parcial.
Los precios internacionales del petróleo repuntaron este martes después de que el ejército de Estados Unidos ejecutara ataques en Irán, un episodio que volvió a tensionar a los mercados energéticos y elevó las dudas sobre la posibilidad de un acuerdo rápido para detener la guerra. El movimiento se produjo apenas un día después de una fuerte caída previa, lo que refleja la elevada sensibilidad del mercado a cualquier novedad geopolítica en Oriente Medio.
El crudo Brent, referencia global, avanzó USD $2,95, equivalente a 3,07%, hasta ubicarse en USD $99,09 por barril a las 13:13 GMT. El lunes había cerrado con una caída de 7%, por lo que el repunte de este martes muestra un renovado giro en la percepción del riesgo por parte de los operadores.
En paralelo, el West Texas Intermediate de Estados Unidos cayó USD $3,78, o 3,91%, frente al cierre del viernes, hasta USD $92,82 por barril. Reuters precisó que el WTI no registró liquidación el lunes debido al feriado del Memorial Day en Estados Unidos, un detalle importante para interpretar la variación reportada.
Para los mercados financieros, el episodio vuelve a dejar claro que la guerra en Oriente Medio no solo es un asunto diplomático o militar. También tiene un impacto directo sobre materias primas clave, inflación, transporte marítimo, expectativas monetarias y, en última instancia, sobre activos de riesgo que van desde acciones hasta criptomonedas.
Los ataques reavivan el temor a un acuerdo frágil
El detonante inmediato del movimiento alcista en el Brent fue la confirmación de que fuerzas estadounidenses llevaron a cabo lo que Washington describió como ataques defensivos en el sur de Irán. Esa acción volvió a introducir incertidumbre sobre si realmente está cerca un entendimiento capaz de poner fin a la guerra y restaurar la navegación normal a través del Estrecho de Ormuz.
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, declaró este martes que negociar un acuerdo con Irán podría “tomar unos días”. Esa frase enfrió las expectativas de un desenlace inminente, justo cuando parte del mercado había empezado a descontar una posible desescalada tras reportes de avances diplomáticos.
Giovanni Staunovo, de UBS, resumió esa cautela al señalar que aún esperan más detalles sobre un posible acuerdo. Según indicó, mientras eso no ocurra, siguen observándose tensiones renovadas en Oriente Medio y los flujos a través del Estrecho continúan restringidos.
Desde la óptica del mercado, el problema no es solo la posibilidad de una ruptura total de las conversaciones. También pesa el riesgo de que exista un acuerdo preliminar, pero que su implementación sea lenta, incompleta o insuficiente para normalizar pronto la oferta energética global.
Doha concentra la atención diplomática
Las tensiones militares coinciden con una nueva ronda de contactos diplomáticos en Doha. Allí se encontraban el principal negociador iraní y el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, en conversaciones con el primer ministro de Qatar, en busca de un posible acuerdo con Estados Unidos para poner fin a una guerra que ya cumple tres meses.
Tanto Washington como Teherán afirmaron que se ha avanzado en un memorando de entendimiento que frenaría la guerra y otorgaría a los negociadores un plazo de 60 días para alcanzar un acuerdo final. Ese marco temporal sugiere que, aun si se logra una pausa en las hostilidades, el proceso de normalización podría extenderse bastante más allá de los próximos días.
Ole Hansen, de Saxo Bank, explicó que aunque las diferencias entre las partes se han reducido, cualquier eventual acuerdo de paz probablemente implicaría solo una reapertura gradual. En su lectura, eso significa que las actuales perspectivas de una oferta ajustada podrían tardar meses en normalizarse.
Ese matiz es clave para entender por qué el petróleo reacciona al alza incluso en medio de conversaciones activas. Los inversionistas no solo evalúan si habrá paz, sino cuánto tiempo llevará restaurar de forma segura y sostenida la logística energética en una de las zonas más sensibles del planeta.
Ormuz sigue siendo el gran cuello de botella
El Estrecho de Ormuz continúa en el centro de la preocupación. Teherán ha detenido de hecho casi todo el transporte marítimo no iraní hacia y desde el Golfo desde que comenzó la guerra, estrangulando alrededor de una quinta parte de los flujos mundiales de petróleo y gas natural licuado.
La relevancia de ese paso marítimo es difícil de exagerar. Una interrupción prolongada en Ormuz afecta no solo a exportadores e importadores de crudo, sino también a navieras, aseguradoras, refinerías y países altamente dependientes del suministro energético asiático y de Medio Oriente.
Nikkei informó, citando a una fuente diplomática de Oriente Medio, que Irán retiraría las minas del Estrecho dentro de un plazo de 30 días bajo el acuerdo discutido. Después de eso, buques de todos los países podrían navegar libre y seguramente, y Teherán pondría fin al cobro de tarifas de tránsito.
Sin embargo, esa posibilidad aún está atada a un proceso político que el mercado percibe como frágil. Donald Trump reiteró el lunes su exigencia de que Irán entregue su uranio enriquecido para que pueda ser destruido, una demanda que mantiene viva la posibilidad de un colapso de las negociaciones en la recta final.
Señales mixtas en el tráfico marítimo
A pesar del bloqueo de facto, los datos de seguimiento de buques mostraron algunos movimientos recientes en el Estrecho. En los últimos días, tres buques tanque de gas natural licuado atravesaron la zona con destino a Pakistán, China e India.
Además, un superpetrolero que transportaba crudo iraquí hacia China y que había quedado varado durante casi tres meses también logró cruzar. Estos movimientos ofrecen una señal parcial de alivio, aunque todavía no alcanzan para hablar de una reapertura amplia y estable del corredor.
Para los operadores, este tipo de tránsito puntual puede interpretarse de dos maneras. Por un lado, sugiere que existe espacio para cierta flexibilización operativa. Por otro, confirma que los flujos siguen dependiendo de condiciones excepcionales, lo que mantiene elevado el componente de riesgo geopolítico en el precio del crudo.
Tony Sycamore, analista de mercado de IG, advirtió que esta situación es un recordatorio contundente de que el acuerdo aún podría colapsar en el último momento, tal como ocurrió con los cinco intentos anteriores. Esa observación resume bien el tono del mercado: alivio provisional, pero sin confianza plena.
Por qué importa más allá del petróleo
Aunque la noticia gira en torno al Brent y al WTI, sus implicaciones superan al mercado energético. Un petróleo cerca de USD $100 puede trasladarse a mayores costos de transporte, presión sobre la inflación global y nuevas dudas sobre el ritmo de recortes de tasas de interés en economías clave.
Ese entorno suele influir también en el apetito por activos de riesgo. Cuando los precios de la energía suben por motivos geopolíticos, los inversionistas tienden a reevaluar exposición a acciones, monedas emergentes e incluso criptoactivos, especialmente si el shock amenaza con afectar crecimiento económico o liquidez global.
En ese sentido, el episodio en Irán funciona como recordatorio de que los mercados siguen profundamente conectados. Una escalada militar en el Golfo puede mover el barril en cuestión de horas, pero también alterar expectativas en divisas, bonos, índices bursátiles y segmentos especulativos del ecosistema financiero.
Por ahora, el mercado parece moverse entre dos fuerzas opuestas. La primera es la esperanza de un memorando que reduzca el conflicto. La segunda, y todavía dominante, es el temor a que el proceso vuelva a romperse antes de restaurar plenamente la navegación y el suministro mundial de energía.
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